Jueves, 17 de febrero de 2005
Veo en Canal Sur uno de esos debates en donde el público aplaude cuando uno de los participantes dice algo seguido y, sobre todo, gritando. Da igual lo que diga. Al cabo de un rato el presentador solicita que la gente levante la mano si está con él/ella y casi nadie lo hace. Eran los gritos y la aparente convicción lo que impresionó a la parroquia.
El tema, nada menos, era el de la conveniencia de que las parejas homosexuales puedan adoptar niños. El espectáculo de siempre: los católicos militantes y los representantes de la derecha política dicen que ni hablar, o lo que es lo mismo: que es mejor que los niños/niñas abandonados en hospicios se mantengan allí, puesto que una pareja homosexual ni es pareja ni es nada, y en ella no se dan los referentes masculino/femenino/papá/mamá. El adoptado a la larga se puede hacer un lío.
¿A usted le gustaría que su hija fuera prostituta para no morir de hambre?, le preguntaban en otra televisión a un campesino latinoamericano. “No –contestó el atareado señor-, pero preferiría que fuera puta a que estuviera muerta...”, matizó posteriormente.
Pues no, no, no. La doctrina reaccionaria de siempre argumenta que mejor, mucho mejor, muerta que puta. Mejor solos y abandonados que con dos padres o madres del mismo sexo atendiéndoles con cariño y esmero. Dónde va a parar.
Por: Roberto Zucco | Como la vida misma. | Comentarios (3) | Referencias (0)
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Un saludo
José Luis | 18-02-2005 05:51:53
Iván Francisco Sierra | 25-02-2005 11:56:36
Carlos | 16-03-2006 16:14:23
Cuando era un niño soñaba tener una casa muy grande, llena de libros y de discos. Lo he conseguido. Como pronosticaba D´Annunzio, "he sido devorado por lo superfluo". Ya entonces me horripilaban los abusos del poder, e incluso el poder mismo.
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