Jueves, 17 de febrero de 2005
Hay un programa televisivo muy popular que emite Antena 3 desde hace varias temporadas. Ahora se llama “Aventura en Africa”, pero antes se llamaba “La selva de los famosos”. En realidad se debería llamar “Aventuras en la selva de unos cretinos bien pagados”. La cosa va de que se juntan algunos señores, famosos la mayoría porque salen en la televisión con cierta frecuencia sin que nadie sepa exactamente porqué, y se pasan unos días en Africa, viviendo sensaciones y haciendo pruebas y juegos como los que hacíamos en el colegio los días del santo fundador de la cosa.
Es uno de esos programas/secuela, nacidos al calor del éxito internacional de “Gran Hermano”. Por cierto, he leído no sé dónde (en estos temas “las fuentes” no tienen demasiada importancia), que se acaba de inventar la versión de “Gran Hermano Eterno”, o algo así. Es decir, los espectadores envejecerán con los concursantes, a los que verán tener hijos y nietos. Es, sencillamente, aterrador. La tele no proporciona ya solamente diversión, sino también familia, porque en miembros de tal se irán convirtiendo unos personajes televisivos a los que llevaremos viendo treinta años cocinar, discutir y procrear.
Bueno, pues la versión africana de “Gran Hermano” consiste en ver cómo les pican los mosquitos a estos tipos, cómo se ponen muy morenos, cómo lo pasan emocionalmente mal al estar separados de sus familiares y seres queridos, (aunque la tristeza está previamente amortiguada por unos suculentos contratos), y cómo se las valen en un día a día hostil y en las pruebas esas a las que antes me refería. Es como un fin de semana largo y emocionante, televisado para todos nosotros.
Para mí la cosa no tendría mayor importancia si esto se desarrollara en Móstoles, en la provincia de Guadalajara o en el Monasterio de Piedra. Sería otro ejemplo de dudoso interés, de los muchos que se emiten en nuestras teles privadas, en ese estilo de programas/convivencia/concurso.
Por: Roberto Zucco | Como la vida misma. | Comentarios (0) | Referencias (0)
Cuando era un niño soñaba tener una casa muy grande, llena de libros y de discos. Lo he conseguido. Como pronosticaba D´Annunzio, "he sido devorado por lo superfluo". Ya entonces me horripilaban los abusos del poder, e incluso el poder mismo.
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