Jueves, 17 de febrero de 2005
Acabo de ver en un canal de televisión "Eres mi héroe", de Antonio Cuadri, filmada en 2003. No conocía ninguna otra de este director, ni me había enterado de la existencia de esta película, que me parece honesta y de buena factura. En ella se narra la pequeña historia de la transición de un niño a la adolescencia, en el contexto de otra transición: la de este país hacia la democracia.
A los pocos años de la muerte de Franco se hicieron varias películas emblemáticas sobre el mismo asunto, cuyos títulos será prolijo enumerar. Pero la verdad es que yo no veía ninguna otra desde hacía mucho tiempo. Esta, como digo, no tiene el relieve y la brillantez expositiva de otras. Es sencillamente correcta, está bien interpretada, especialmente por el chaval que la protagoniza, el joven actor Manuel Lozano, y por otros niños de su misma edad. Se sustenta en un buen guión y algunos elementos, como la banda sonora que recoge canciones de aquellos años (Hilario Camacho, Alameda, etc), que funcionan perfectamente.
Mientras la veía, inevitablemente me veía.
Mientras la veía pensaba lo lejano que todo aquello queda. La distancia que hay entre nuestra vida actual, cuando faltan tan pocos días para decidir si votamos o no la constitución europea, y aquella otra en la que no existían las libertades que ahora parecen instaladas desde siempre y Europa era, sobre todo, una frontera política, física y psicológica infranqueable. Qué espejismo de la memoria. Qué suerte de amnesia histórica la de olvidar el pasado reciente.
Mientras la veía pensaba lo cercano que, sin embargo, está todo aquello. La ausencia de libertades era una brutal realidad. Los últimos fusilamientos de Franco, las manifestaciones universitarias, las huelgas obreras, la patética concentración última en la Plaza de Oriente, los partes de aquel equipo médico habitual, la muerte del dictador en unas condiciones precarias que mucho más tarde conoceríamos… Basta visualizar otra vez aquella versión un poco de diseño de la hoz y el martillo para acordarnos de la legalización del PCE, la llegada de Carrillo y aquella rueda de prensa en donde el viejo líder comunista aparecía delante de la bandera bicolor. Basta escuchar unos momentos la voz de Suárez para que todos los mecanismos interiores se activen, a semejanza de lo que le ocurría al famoso perro de Pavlov.
Por: Roberto Zucco | Cine. | Comentarios (2) | Referencias (0)
Cuando era un niño soñaba tener una casa muy grande, llena de libros y de discos. Lo he conseguido. Como pronosticaba D´Annunzio, "he sido devorado por lo superfluo". Ya entonces me horripilaban los abusos del poder, e incluso el poder mismo.
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