Jueves, 17 de febrero de 2005
Las sociedades avanzadas tienen funcionarios públicos a su cargo que deben resolver diferentes tareas precisamente para que el conjunto de los servicios funcionen adecuadamente. Por eso, las sociedades avanzadas deberían estar orgullosas y satisfechas de sus propios funcionarios.
Los funcionarios deberían ser felices. Primero, por sentirse queridos por sus conciudadanos y por el estado que, a cambio de su esfuerzo, les garantiza una seguridad económica que les va a permitir vivir si zozobras y estabilizar una estructura personal, familiar, etc. Estabilizados ellos deberán luchar por estabilizar a los demás.
Hasta ahí la teoría. Vayamos a la práctica.
Los funcionarios son frecuentemente odiados por la ciudadanía y considerados como unos privilegiados que, habitualmente abusan de su poder. A su vez, éstos tratan inadecuadamente a las personas y no resuelven sus problemas. Además, en cuanto se convierten en tales, están más atentos a mantener sus prerrogativas y privilegios personales y corporativos que en conseguir los objetivos que les han sido encomendados.
Vista la distancia entre la teoría y la práctica, ¿no habría que cuestionarse en serio el sentido de la funcionarización en las sociedades avanzadas?
Por: Roberto Zucco | Como la vida misma. | Comentarios (1) | Referencias (0)
Hola Roberto, nunca había leído tu blog y hoy casualmente buscando información sobre la obra de Napoleón "Reflexiones en Santa Elena" me he topado contigo.
Me ha enganchado tu forma de escribir y tus opiniones, sin embargo tengo que discrepar contigo respecto a este tema.
El funcionariado es un grupo muy heterogéneo de profesionales y me parece un error generalizar diciendo que son personas que en la práctica tratan inadecuadamente a las personas y no les resuelven sus problemas, por no hablar sobre que sólo les preoocupa mantener sus privilegios.
Yo soy funcionaria, profesora de Historia en un instituto de Educación Secundaria y Bachillerato y te puedo asegurar que vivo mi profesión con pasión. Para mí, mi centro, mis alumnos y su educación son prioridad en mi vida y, por suerte, no soy la única que lo siente así.
Existen muchos profesores, médicos, enfermeros, jueces, policías, etc. que aman su profesión y cada día se esfuerzan por desarrollarla mejor.
El mero hecho de ser funcionarios no nos hace ser gente comodona y vaga.
De todas formas, es cierto que los profesores tenemos privilegios que muchos otros no tienen, pero también tenemos responsabilidades diferentes: la labor docente hoy por hoy no es precisamente un terreno cómodo.
Por otra parte, si la Educación ha de ser un servicio público, tiene que ser desempeñada por empleados del Estado, es decir, funcionarios, ahora bien, quizá el cargo no debería estar tan blindado y debería revisarse la idoneidad del funcionario para mantener su puesto de trabajo.
Isabel | 06-11-2008 18:20:48
Cuando era un niño soñaba tener una casa muy grande, llena de libros y de discos. Lo he conseguido. Como pronosticaba D´Annunzio, "he sido devorado por lo superfluo". Ya entonces me horripilaban los abusos del poder, e incluso el poder mismo.
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