Jueves, 17 de febrero de 2005
Acabo de enterarme de la muerte en Connecticut de Arthur Miller (Nueva York, 1915), que fue, junto a Tenesse Williams y Eugene O´Neill, el mejor dramaturgo norteamericano. Miller mantuvo siempre una posición crítica en su propio país que le creó innumerables problemas, especialmente en la etapa oscura del macarthismo. Fue interrogado por el Comité de Actividades Antiamericanas en 1956, acusado de comunista y condenado finalmente por desacato, aunque posteriormente sería absuelto.
Pero no hay que remontarse tan lejos. Durante los últimos años, los escenarios importantes Estados Unidos, o le dieron la espalda, o él se la dio a ellos. Con este olvido voluntario y culpable, Broadway se manifestó como un lugar exclusivo para los negocios, una gigantesca empresa del espectáculo en donde las voces realmente críticas casi nunca han tenido espacio de expresión. Por eso, sus últimas obras pasaron prácticamente desapercibidas, siendo estrenadas, en el mejor de los casos, en circuitos alternativos, en Universidades y por compañías independientes, con algunas excepciones. Esta anomalía constituye toda una denuncia sobre las peculiaridades existentes en el seno de la sociedad del país más rico e influyente de la tierra.
De Miller nos quedarán para siempre algunos títulos emblemáticos: Todos eran mis hijos (1945), Muerte de un viajante (1949), Las brujas de Salem (1953), Panorama desde el puente (1955), Después de la caída (1963) Incidente en Vichy (1964), El precio (1968) o El arzobispo (1977) y otras, que, además de describir minuciosamente una sociedad norteamericana repleta de injustas paradojas, establecían las bases de una nueva forma de “tragedia contemporánea”, escrita teniendo en cuenta algunos postulados del propio Brecht.
Miller nos presenta en ese teatro extremadamente bien construido, personajes extraídos de la realidad social de su país (inmigrantes, trabajadores, hombres de negocios con pasados turbios, víctimas de las circunstancias, etc) que finalmente representan el lado oscuro del llamado sueño americano, edificado a partir también de la inmoralidad, la explotación y la ignominia. Personajes estilizados finalmente hacia una forma de realismo reconocible, con un marcado carácter de revelación y de denuncia social y política.
En España hemos visto recientemente una versión de “Panorama desde el puente”, con puesta en escena de Miguel Narros, que consiguió varios Premios Max de las Artes Escénicas, y otra de “La muerte de un viajante”, a cargo de Juan Carlos Pérez de la Fuente en el Centro Dramático Nacional. Hace bastantes años aquel mítico programa televisivo “Estudio 1” emitió una versión de esta última obra que muchos recordarán todavía con cariño.
Arthur Miller contrajo matrimonio en 1956 con la actriz Marilyn Monroe con la que vivió hasta 1961. Además de escribir para el teatro, es autor de varias novelas y relatos. Recibió el Premio Pulitzer en 1949, El Premio del Círculo de Críticos de Teatro de Nueva York, y en nuestro país el Principe de Asturias en 2002.
Hoy el teatro está de luto. Pero también debemos estarlo todos los ciudadanos que, como él, luchamos todavía en todo el mundo por las libertades políticas e individuales y, en concreto, por la libertad de expresión de las ideas.
Por: Roberto Zucco | Teatro. | Comentarios (1) | Referencias (0)
Esta noticia es mentira.
Cuando muere un mito no muere empieza su reinado desde el mas alla.
Como dice Brando: Todos somos la suma de nuestra herencia genetica y de nuestras vivencias personales.
Y Miller al igual que el autor de esta cita y al igual que Picasso,Einstein o Alejandro Magno no mueren.
Su materia fisica se va.Porque el hombre es materia.
Pero su legado se queda entre nosotros y entre los que vendran despues de nosotros.
Y asi sucesivamente hasta que esta cadena un dia reviente porque el hombre ya cebado y cegado del todo de su propia ambicion destruya este nuestra maravillosa casa la tierra.
No soy del Greenpeace ni soy simpatizante de ningun partido politico.
Soy eso si amante de lo bello, de lo que vale la pena.
De mis amigos,de mi planeta del arte de la vida.
Porque la vida vale la pena vivirla aunque solo sea por curiosidad.
Y que en ella halla seres humanos que la enriquezcan como este escritor americano del ser humano.
Viva el arte.
Brando Junior | 24-02-2005 14:10:52
Cuando era un niño soñaba tener una casa muy grande, llena de libros y de discos. Lo he conseguido. Como pronosticaba D´Annunzio, "he sido devorado por lo superfluo". Ya entonces me horripilaban los abusos del poder, e incluso el poder mismo.
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