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Roberto Zucco

Jueves, 17 de febrero de 2005

Ibarretxe tiene un plan.

Cuando hace unos años leí los Diarios de Manuel Azaña, el Presidente de nuestra II República, me percaté de que uno de los temas recurrentes de nuestra historia como país es el de los nacionalismos. Es algo que ya, personalmante, me irrita, me aburre, me hastía, y del que me olvidaría muy felizmente si no fuera por las connotaciones sangrientas que tiene.

Los nacionalistas me parece que son unos señores que creen que todos somos nacionalistas, aunque sea de otro nacionalismo. Y, claro, con esa longitud de miras la cosa ya empieza mal: si no somos del suyo, somos, inevitablemente, enemigos. Pues no, señores, existe otra manera de pensar: democrática, laica, internacionalista, cosmopolita, global, en el mejor sentido de la palabra, que no aspira, por otra parte, a liquidar ningún nacionalismo, aunque le molesten a diario sus monsergas victimistas y sus reivindicaciones cavernario-folklóricas.

Lo del Plan Ibarretxe me importaría un rábano si no fuera por la manera como se ha aprobado: con los votos de Batasuna, por una parte, y en una situación de falta de libertad para la mitad de la población, por otra. Esos dos aspectos (que no son solo formales) lo deslegitiman.

Algo me llamó la atención. Una vez aprobado, se levanta Ibarretxe y con esa cara que pone cuando cree decir algo trascendente para "la causa vasca", anuncia que va a llamar a Zapatero para pedirle que se abra un periodo de negociaciones. Es decir, eso es lo que quería: trapichaer privilegios, negociar cosas, competencias, prebendas, aunque esta vez con las cartas más marcadas que nunca. (Con sinceridad confieso que hacer trampas jugando a las cartas me ha parecido siempre más emocinante que jugar al guiñote con limpieza...). Pero jugar a las cartas utilizando muertos ajenos, bandas criminales, votos de partidos estigmatizados por el crimen, y poniendo al resto de los jugadores al borde del precipicio, es una especie de canallada sin gracia.

Ah, y todo esto para decirles que yo, también personalmente, no tengo nada en contra de que el pueblo vasco, o el extremeño, o el canario, quieran abandonar España si no "están cómodos", como acabo de leer no sé dónde. Yo, que tengo amigos entrañables por el país vasco, a lo largo de mi vida, he estado más veces en París que en Bilbao. Y eso habla clara y estadísticamente de mis intereses personales.

Por: Roberto Zucco | Política nacional. | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

Comparto tu mirada sobre el nacionalismo y, como tú, no lo soy de ningún sitio (aunque los nacionalistas no puedan concebirlo). Lo que pasa es que vivo aquí, en el centro del "mapamundi vasco" y, eso, me obliga a tomar partido, aburrido, dolorido y hastiado, en defensa propia. Si en algún momento no tienes nada mejor que hacer, te invito a pasar por mi blog "euskal show". Lo escribo para desahogarme y, claro, me gustaría que alguien me leyera. Y, ya puestos, si me enlaza... aquí un amigo para toda la vida. Un abrazo.

Ernesto | 12-03-2005 03:25:33

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