Jueves, 17 de febrero de 2005
Apenas unas horas de que las llamas del pavoroso incendio del edificio Windsor, en pleno centro de Madrid, se apagaran, y esa estructura arquitectónica carbonizada apareciera en todo su dramatismo, sin pretenderlo en absoluto ya he tenido la oportunidad de oir y ver tres perlas cultivadas a través de diferentes conductos. Vivimos en un país que presenta como chiste y/o chascarrillo en menos que canta un gallo la peor de las tragedias, o, por el contrario, las convierte en algo de lo que avergonzarse o en algo de lo que enorgullecerse.
La primera de estas perlas la leí distraídamente en un blog similar a éste. Alguien relacionaba la candidatura de Madrid como ciudad olímpica y la ocurrencia de haber hecho un pebetero gigantesco, original y visible a muchos kilómetros de distancia. El amigo o amiga, como arrepentido de su propio comentario, sin que nadie le pidiera muestra alguna de contrición, se excusaba inmediatamente diciendo que “de momento no se habían registrado víctimas”. No me cabe la menor duda de que, si se hubieran registrado, el chiste hubiera sido otro, pero también hubiera sido inmediato y chiste.
La otra perla.
Durante el incendio, una emisora de alcance nacional anunciaba en primicia absoluta que el Windsor estaba a punto de derrumbarse. Venía a decir que “estos primeros rascacielos no estaban construidos con los medios actuales”. Que eran una caquita, vaya. Pues bien, como todo el mundo ya sabe, el edificio sigue pero que muy derecho, aunque ya está anunciada su demolición.
Por último, la tercera perla en sentido opuesto. Va un arquitecto en un diario regional que no mencionaré y, después de detenerse en tecnicismos varios sobre la descripción estructural interna del edificio, y hablar sobre los diferentes “comportamientos” del hormigón y del acero, dice algo así como que el edificio ha aguantando porque los arquitectos españoles son fantásticos, aunque con menos fama y predicamento que los extranjeros, que son unos divos de la cosa y unos peseteros (o unos “eureros”, si trabajan en nuestro continente). Toma ya. Este señor hablaba, lógicamente, de la comparación entre la resistencia de este edificio madrileño y las torres gemelas del Worl Trade Center, que se cayeron al suelo en un pis pas el 11 de Septiembre.
Sin conocer nada de arquitectura, creo que se olvidaba en su análisis apresurado de que en Nueva York dos avionazos, recién salidos de aeropuertos cercanos, y, por tanto, con las reservas de combustible a tope, se estrellaron intencionadamente contra dos edificios de los que eran conocidos sus esqueletos arquitectónicos.
En definitiva, o el chiste lepero, o el complejo de inferioridad de siempre, o el triunfalismo patriótico recurrente. Tres gafas para ver la misma cosa y elevar un discurso extensivo sobre la vida en general.
No sé si estas opciones de ver la realidad son buenas o malas. Son, en cualquier caso, síntomas. Puestos a elegir, me quedo con el chiste, que a pesar de ser un síntoma reduccionista y facilón, a veces hasta puede ayudar a digerir las cosas de la vida.
Por: Roberto Zucco | Como la vida misma. | Comentarios (0) | Referencias (0)
Cuando era un niño soñaba tener una casa muy grande, llena de libros y de discos. Lo he conseguido. Como pronosticaba D´Annunzio, "he sido devorado por lo superfluo". Ya entonces me horripilaban los abusos del poder, e incluso el poder mismo.
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