Jueves, 17 de febrero de 2005
Esta mañana un sujeto dentro de su coche y debajo de mi balcón se ha puesto a tocar el claxon como un bárbaro del norte. Supongo que alguna poderosa razón tendría para hacer tal cosa, pero yo, que todavía estaba medio dormido, le he deseado que por lo menos se le pinchara una rueda. También me he acordado de su señora madre, que, sin duda, estaría durmiendo a esas horas, ajena por completo al arrebato sonoro de su propio hijo.
Más tarde, ya desayunando y con la cabeza más fría, he empezado a disculpar a ese anónimo ciudadano, pensando que el pobre hombre se habría encontrado alguna dificultad para sacar su coche, que tendría prisa por alguna razón personal, etc, y hasta me he arrepentido de desearle males matinales diversos.
Y es que, seguramente, tanto él avalanzado sobre el claxon, como yo enroscado en la almohada, nos hemos obnubilado.
Y pienso: qué frágiles somos los seres humanos que por un quítame allá esas pajas estamos siempre al borde de mandar a la mierda al vecino. Y esa reflexión adquiere tintes terribles cuando se refiere al comportamiento de unos pueblos contra otros, enrabietados por profesionales de la cosa. Por ejemplo, algunos políticos nacionalistas.
Bueno, dejemos el asunto. Ojalá el señor del claxon haya llegado a tiempo a su cita, a su trabajo o a Logroño, si es que ese era su deseo y su objetivo para hoy.
Por: Roberto Zucco | Como la vida misma. | Comentarios (1) | Referencias (0)
muy bueno tu comentario, sucede que a veces tenemos que ser caustos en actitudes, por sobre todo observar, mirar, y saber ver.
e
estar obnubilado, no significa estar ciego, en todo caso el pobre hombre, seguro que tiene una madre que lo único que ha hecho es parirlo...ja ja
jose luis | 05-10-2006 09:45:33
Cuando era un niño soñaba tener una casa muy grande, llena de libros y de discos. Lo he conseguido. Como pronosticaba D´Annunzio, "he sido devorado por lo superfluo". Ya entonces me horripilaban los abusos del poder, e incluso el poder mismo.
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