Jueves, 17 de febrero de 2005
Visita al Berliner Ensemble.
El Permagamonmuseum nos ofrece sus tesoros a primera hora de la tarde. Salas inmensas, llenas de maravillas de la antigüedad. Nos impresionan de manera especial la Puerta del mercado de Mileto, y el impresionante Altar de Pérgamo, en torno al que se organiza todo el museo.
Si puedo, suelo preparar los viajes de trabajo con tiempo y antelación. Este viaje a Berlín fue excusa para ver espectáculos grabados en canales alemanes, dirigidos por grandes hombres y mujeres de ese país. Estando ya en la ciudad, el tiempo y las distancias hacen que deba moderar mis deseos de conocer teatros míticos como el Volksbüne, o el Deutsches Theater, con una programación interesante y rompedora.
Pero, por fin, vamos a conocer el Berliner Ensemble.
Cuando terminamos nuestra visita al cementerio donde descansan Bertold Brecht y Helene Weigel bajamos andando en dirección a Bertold Brecht Platz comentando lo que habíamos presenciado. Veinte minutos más tarde estábamos ahí, delante del edificio construido en 1891 por Henrich Seeling, en donde Brecht asentaría su trabajo creando una compañía estable. Allí iba a poner en práctica sus teorías sobre la distanciación y la interpretación antiaristotélica como fundamentos de su “teatro de la era científica”.
Ese día la compañía pone en escena una versión de “Leonce y Lena”, de George Büchner, obra escrita en 1836, con dirección de...
Debo advertir que normalmente el director de escena de un espectáculo es el dato que recabo con mayor interés a la hora de decidirme a entrar en un teatro. En esta ocasión, obnubilado por el deseo de conocer el interior del edificio y el trabajo actual de la compañía, no me di cuenta de que el responsable de la puesta en escena era Bob Wilson, alguien que nunca me ha gustado demasiado.
Pero el espectáculo es extraordinario. La puesta en escena es de un vigor y una solidez indiscutibles, aunque lo más impresionante es la coherencia y la homogeneidad de la interpretación. Todos los actores juegan a lo mismo. También todos los demás elementos escénicos, incluida la música de Herbert Grönemeyer, interpretada en directo, son piezas sutiles de un puzzle perfecto. Tal vez hay que destacar el trabajo del actor que interpreta a Leoncio: Markus Meyer. Yo no había visto jamás algo igual: cuerpo, voz, presencia, economía, expresividad, sabiduría escénica.
Salimos con la sensación de haber recibido una verdadera lección. Las sospechas de que el Berliner se ha convertido en un museo con telarañas se han manifestado totalmente infundadas. Es un teatro vivo, renovado, contemporáneo. Este “Leoncio y Lena” va a formar parte de mis mejores recuerdos teatrales el resto de mi vida.
Salimos a la calle. Es mi última noche en Berlín y el clima es fresco y agradable. Hay abiertos multitud de bares, cafeterías y galerías de arte. Cenamos en un acogedor restaurante cercano. Las mesas están abarrotadas por personas que acaban de asistir a una representación teatral o participado en un acto cultural de los centenares que esta enorme ciudad ofrece hoy a sus cuatro millones de habitantes.
Una ciudad a la que quiero regresar pronto.
Por: Roberto Zucco | Teatro. | Comentarios (1) | Referencias (0)
Hoy que redescubro estos estupendos tres artículos te doy las gracias. Gracias eternas querido Roberto. Iré seguro a ver a Brecht (me encantó la obra de teatro del otro día; prometo correo electrónico en cuanto tenga dos minutos libres).
Un beso. C.
Calamity | 21-12-2005 18:47:53
Cuando era un niño soñaba tener una casa muy grande, llena de libros y de discos. Lo he conseguido. Como pronosticaba D´Annunzio, "he sido devorado por lo superfluo". Ya entonces me horripilaban los abusos del poder, e incluso el poder mismo.
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