Viernes, 25 de febrero de 2005

Como no puedo ir frecuentemente a las salas de exhibición, veo mucho cine en mi propia casa, a horas imposibles, frecuentemente de madrugada. Acabo de ver “Las invasiones bárbaras” (2003), del director canadiense Denys Arcand y todavía ando por el pasillo con el corazón al ritmo de la felicidad. Qué belleza, qué inteligencia, qué lección...
¿Habéis visto esta magnífica película? Seguro que sí, y el retrasado soy yo. Por si acaso hay alguno/a todavía en el furgón de cola, le diré que se trata de una especie de segunda parte de otra titulada “El declive del imperio americano” (1986), en la que participaban los mismos actores/personajes. Entonces eran obviamente más jóvenes y respondían al retrato robot de intelectuales lúcidos de comienzos de los ochenta, y con gran parte de sus prometedoras vidas por delante, cuando todavía muchos muros estaban a punto de caer. Ahora los vemos envejecer, pero, a diferencia de la tónica general de este tipo de películas que relatan historias generacionales, envejecer bien, cada uno en su estilo y manteniéndose fieles a sus virtudes y defectos.
Creo que es sencillamente una obra de arte. De arte, además, útil, porque encierra un trasfondo de optimismo vital, a pesar de todos los pesares. (A mí al menos me ha alegrado la noche). Siento la misma reciente sensación de alegría que me dejó también hace muy poco Eliseo Subiela, el cineasta argentino, con varias películas y en especial con su maravillosa “Despabílate amor” (1996), otra crónica generacional positiva que os recomiendo a gritos.
En medio de la oscuridad de nuestro tiempo, es posible la lucidez hasta el final. Es posible el pacto. Son posibles los pactos entre opciones vitales, políticas e ideológicas diferentes. El hijo capitalista ayuda a diseñar la mejor muerte posible para su padre, un crápula, amante de la vida, del vino y las mujeres, y cultivador hasta el final de sus propias pasiones, con el que está enfrentado desde hace tiempo. Sin embargo, su dinero contribuirá a crear un clima material y espiritual en torno al enfermo, representante de los valores de, tal vez, la última generación humanista todavía con cierto presente, y que surgiría directa o indirectamente de aquel feliz mayo del 68. Una generación y unos valores que a él, yupi de postín, le son completamente ajenos por edad y convicción.
Es posible el pacto del capital y del hedonismo inteligente. De la filosofía y de la concepción práctica de la existencia. Y ambos, de manera razonable y sin alharacas, contra un enemigo común: la intransigencia global (política, ideológica, económica, moral), personificada en el pequeño/gran dictador del momento: George W. Bush.
Entiendo la película como un alegato a favor de la libertad individual, pero también de la posible construcción de un mundo real, basado en un concepto político democrático y tolerante, en donde la vida sea verdaderamente un valor innegociable. Pero no una vida cualquiera. Una vida de calidad, y para todos.
Y por cierto... En apenas dos meses he visto por casualidad, en el cine o en mi casa, cuatro películas y un mismo denominador común: “Mar adentro”, “Million Dollar Baby”, “Goobye Lenin”, y ésta última, “Las invasiones bárbaras”, nos cuentan extrañas (duras, dulces, poéticas o desgarradoras) historias en las que unos/unas ayudan a bien morir a las personas que aman.
¿Se trata de una casualidad o es que la eutanasia va a ser el gran tema de reflexión universal a partir de ahora?
Por: Roberto Zucco | Cine. | Comentarios (12) | Referencias (0)
Ha quedado muy bonita tu blog. Y es muy comoda para buscar por temas. ¡Que sana envidia! Typepad veo que tiene limitaciones... la cita me devora lo superfluo, me parece excelente. tengo 2 hijos, el mayor de 18 ayer me contaba los deseos generacionales. Es terrible -segun el- el nivel politico o cultural de esta generación. las juanis son una mancha de aceite que nos ahoga en lo garrulo.
Un saludo amigo. espero que des mucha guerra desde tu nuevo pais. ¡Todos somos emigrantes!. te seguire leyendo
juan re
retratodelinfierno
juan re | 25-02-2005 12:20:54
No sé si tanto como «el gran tema de reflexión universal» pero es evidente que el avance en la ciencia hace que ahora se den situaciones impensables hace años. No sé si te ocurrirá a ti, a mí hasta hace poco, cuando pensaba en «eutanasia», pensaba en gente mayor, desahuciada, gente con capacidad para decidir que quería morir y dejar de sufrir ejerciendo su libertad, aunque precisasen asistencia para ejecutarla; sin embargo, leí hace poco un reportaje sobre la eutanasia infantil, bebés que antes serían inviables y que ahora se pueden mantener artificialmente con vida en medio de sufrimientos espantosos... Desde luego, en mi opinión merece un debate abierto, amplio, y una regulación estricta y garantista.
En cuanto a las películas que citas, me apunto las que no he visto.
Un beso.
PrincesadelGuisante | 25-02-2005 13:48:22
Pickles, la bruja rural | 25-02-2005 17:15:08
Tuve la suerte de ver también, hace unos días "Las invasiones bárbaras", de la que tenía referencias muy buenas. Me pareció fantástica, y creo recordar que mi imprseión fue la misma. Alegría, además de por ver buen cine, por la gran historia que nos estaba contando.
Un saludo, Roberto.
amanda | 25-02-2005 20:23:59
Ararat | 25-02-2005 20:43:36
Gran tema de reflexión ayer, hoy y mañana. Es algo complicado y podría estar horas hablando sobre ello sin llegar a entenderlo del todo porque, como tantos temas más, una cosa es comentarlo y otra, vivirlo. Me alegro de verte por aquí, que soy lenta y te descubrí tarde.
Big | 25-02-2005 22:22:27
No he visto ninguna de las películas que mencionas pero alguna (no todas) caerá sin duda. También a mí me gusta ver películas en casa, la mayoría de hecho.
El tema de la eutanasia creo que debería ser de obligada reflexión. Ya que no se nos pide opinión para poner el pie en este mundo, creo que es justo que, por lo menos, tengamos la posibilidad de decidir libremente cuando lo abandonamos.
Besos, muchos.
Iris | 25-02-2005 23:43:00
Hay una cosa de las Invasiones... que me resultó molesta. El padre ingresado en un hospital público con la gente hacinada en los pasillos. El hijo le ofrece ir a Estados Unidos, a una clínica privada para no tener que "convivir con toda esa gente" que se agolpa esperando que un médico pueda atenderles. El padre, vehemente, casi colérico, dice que jamás irá a una clínica privada en Estados Unidos, pero sí acepta disponer de una planta para él sólo en ese mismo hospital. Me resultó estremecedor, inmoral.
Respecto a la eutanasia ni hay ni va a existir debate jamás. Lee cualquier libro de caballerías, cualquier novela romántica: la muerte está casi considerada como una etapa más de la vida, todos los familiares y amigos viendo agonizar al caballero o al campesino, todos preparando el Último Viaje. la muerte es ahora obscena, se oculta, se deshumaniza. ¿Quién lleva luto ahora por la calle? Casi nadie. Y cuando vemos a alguien de luto nos parece anacrónico y perturbador. Si la muerte natural nos parece eso, ¿cómo vamos a empezar a hablar del suicidio ode la muerte asistida? Yo estoy absolutamente a favor del derecho inalienable al suicidio y, por extensión, al suicidio asistido o como quiera llamarsele. Lo de la "garantía" es un eufemismo para limitar ese derecho. Ninguna compañía de seguros paga las pólizas de un seguro de vida en caso de suicidio.
Cecilia B. | 26-02-2005 02:16:04
Lo que realmente me molesta del padre y que no me molesta en absoluto del hijo es que el padre, bohemio, vividor y, por encima de todo, burgués, desprecia el trabajo del hijo, lo considera inmoral. Luego no duda ni un segundo en aprovecharse de las habilidades del hijo para tratar con el dinero. Al padre se le olvida que el dinero no tiene moral, que son las personas y lo que hacen con él. El padre acepta su existencia burguesa siempre y cuando exista alguien que haga el "trabajo sucio", alguien a quien puedes permitirte el lujo de juzgar. De verdad, me pareció inmoral la actitud del padre, inmoral e inmunda.
No, ese no es un humanista, no es más que un ególatra aburguesado que acepta sin rechistar la corrupción, la desidia, la vulgaridad. En ningún momento el padre le pregunta al hijo qué ha tenido que hacer para poder disfrutar de esa situación de privilegio en la que pasa sus últimos días. El compromiso moral del Hijo, sin embargo, me parece insuperable. No importa cuánto cueste, todo lo hago por mi padre al que quiero. ¿Quién es peor, el que soborna o el que acepta el soborno? Desde mi punto de vista siempre el que acepta, el que se vende por encima de cualquier consideración ideológica. El dinero no tiene ideología, es sólo dinero.
Cecilia B. | 26-02-2005 11:52:29
Precisamente lo que digo en mi comentario es que la película me demuestra que es posible un pacto, independientemente que me gusten más o menos las personas que lo hacen y sus respectivas ideologías. Ninguno de los dos me cae especialmente bien, aunque creo que el padre, con sus defectos, tiene una visión del mundo más abierta, aunque sea un profundo egoista. Tu optas entusiasticamente por el hijo, que a mí me parece un gilipollas con dinero, que puede obrar por amor al padre o para lavar su mala conciencia. Pero yo no opto por el padre, que me parece tan despreciable como su hijo. Opto por el pacto. Por otro lado, creo que decir que el padre no duda en aprovecharse... Es una lectura subjetiva (y un poco tendenciosa): el padre, al menos lo que a mí me pareció, no se da cuenta demasiado claramente de lo que le ocurre, y, aunque se diera cuenta, me parece que aceptarlo es profundamente inteligente por su parte.¿O debería haberle dicho a su hijo que se fuera a la mierda?
Creo que ambos obran bien, uno ofreciendo y el otro aceptando. Eso es negociar inteligentemente.
Roberto Zucco | 26-02-2005 22:43:54
El padre me parece inmoral sólo porque por razones "ideológicas" de una moral de sofá y habano opta por no ir a Estados Unidos. Desprecia al hijo por el trabajo que tiene y por lo que, desde su punto de vista, le parece burgués y absolutamente contrario al hedonismo que desde su púlpito rosa va difundiendo por aquí y por allí. Pero el hijo no duda en sobornar a los sindicatos para que no pongan problemas para utilizar la planta vacía, consigue heroína y a una mujer que se la inyecte al padre para que no tenga dolor, no duda ni un segundo en pagar a alumnos para que el padre siga en su nebulosa y se sienta apreciado. No duda en financiar a alguien que le proporcione una muerte digna. Sólo al final, el padre reconoce todo lo que hace el hijo, y lo hace con la boca pequeña. Porque la gran pregunta es si todo ese hedonismo y filosofía de salón contempla la posibilidad de hacer lo mismo que hace el hijo, es decir, si ese padre moribundo hubiera hecho lo mismo que el hijo con el fin de conseguirle una "muerte digna" (eufemismo que aborrezco profundamente). Y yo creo que no, porque supedita su ego y su moral de libros y palabras (que no de hechos) a lo que es la vida.
A mí la filosofía del padre me gusta, la practico constantemente, pero uso los métodos del hijo si es necesario para que un amigo/a no sufra. No tengo conflicto. El diner no me da asco, sólo lo uso. Puedes intentar sobornarme a mí, por ejemplo. Ya lo han intentado y cómo Mefistófeles dije: "Lo acepto, pero para que no tengas la sensación de que no lo has intentado todo".
Cecilia B. | 27-02-2005 21:21:08
Hola! alguien me haria el favor de decirme cual es el titulo de la cancion y quien es la interprete que suena cuando comienza a pasar los creditos de Las invasiones barbarsa
Alfonso | 27-09-2005 21:54:17
Cuando era un niño soñaba tener una casa muy grande, llena de libros y de discos. Lo he conseguido. Como pronosticaba D´Annunzio, "he sido devorado por lo superfluo". Ya entonces me horripilaban los abusos del poder, e incluso el poder mismo.
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