Sábado, 26 de febrero de 2005

¿Es para eso que morimos tanto?
¿Para solo morir,
tenemos que morir a cada instante?
César Vallejo.
En “Amarcord”, una de las películas más bellas de la historia del cine, Federico Fellini nos cuenta la vida de una pequeña población italiana, utilizando un lenguaje muy personal y querido por él y por sus admiradores, a caballo entre el realismo mágico, el esperpento y la nostalgia. De vez en cuando, interrumpiendo la tranquilidad del lugar, un motorista, con unas gafas que le ocultan los ojos y que le confieren un aire misterioso y ridículo a partes iguales, aparece en pantalla sin motivo aparente, se da una vuelta por las calles y las plazas y vuelve a desaparecer de nuevo. Nadie sabe quién es, y mucho menos a dónde va tan deprisa en una población en donde el reloj es un invento anacrónico e inservible para la mayoría de sus habitantes.
Yo conocí la muerte de la mano de otro motorista.
El mío, o, mejor dicho, los míos, mis motoristas, estaban muertos, despanzurrados y semiocultos bajo una manta. Debían de ser soldados que por la razón que fuera se habían salido de la formación en la que marchaban y se habían precipitado contra la barandilla de piedra que existe en el puente sobre el río que está al comienzo del parque de mi ciudad. El copiloto enseñaba los pies y no llevaba botas militares sino alpargatas o zapatillas de deporte, circunstancia que llamó especialmente la atención de mi padre y que he olvidado por completo. El y yo, como tantas otras tardes, nos habíamos dado un paseo hasta allí y en lugar de encontrarnos con niños, animales, flores y árboles nos topamos con dos cuerpos inmóviles tendidos junto al río a pocos metros de donde nosotros estábamos.
Mentiría si dijera que recuerdo algo más que un escalofrío, tal vez una desagradable intuición. Pero aquellos cuerpos me pusieron en contacto definitivamente con lo más tenebroso de la realidad, con ese aspecto de la vida -su exacto reverso- frente al que nadie, ni mis queridos papás, podían hacer nada. No sentí exactamente miedo, sino una cierta resignación ante lo inevitable.
A los seis años tomé conciencia de la pequeñez y la indefensión del ser humano, sea adulto o niño, ante ciertas fuerzas superiores que escapan por completo a su poder y a su control. Supe también que la vida contiene lados terribles y dolorosos. Fue un descubrimiento seco, como cuando debía tomar un jarabe amargo, cuyo sabor y el hecho de necesitar tomarlo, nada tenían que ver con la felicidad de jugar con mi amigo, o sentir el cariño y la protección de mis familiares.
La muerte podía desbaratar todo eso en un instante.
La muerte prescindía de todo sentido del humor.
Era, claramente, otra cosa.
Por: Roberto Zucco | Mi patria es mi infancia. | Comentarios (15) | Referencias (1)
pepe penas | 26-02-2005 14:42:50
Gracias por tu mensaje y por invitarme a visitarte... El post de hoy me ha logradoe stremecer.. ay la muerte... yo es que no le temo, pero me gusta tanto la vida...
Un abrazo
Ju | 26-02-2005 16:46:33
Varios de mis posts hablan de la muerte, pero siempre de seres queridos, muy cercanos. Sin embargo, al leerte me he dado cuenta de que nunca he escrito sobre mi primer encuentro con la muerte, real, doloroso, penetrante y esperado. Fue con doce años y se trataba de mi padre. Aunque era una muerte anunciada, también tuve la sensación de que en un instante la muerte había desbaratado mi vida.
Un hermosísimo post, cada vez me gusta más como escribes y lo que escribes.
Besos irisados.
Iris | 26-02-2005 20:32:59
Si se purificaran las puertas de la percepcion,
todas las cosas resultarian infinitas para el hombre.
Brando Junior | 27-02-2005 01:26:05
Intento, y digo intento, ver la muerte como algo natural porque es así. Nacemos, como yo digo siempre, con ella puesta, un vestido del que no nos libramos ni estando desnudos, ni arropados por otros procurando olvidar que nos espera. Tiene su lado positivo y es que, cuando nos toca de cerca, pone en evidencia lo efímero que es todo, lo que a veces nos preocupamos por detalles mínimos frente a su implacable silencio eterno. Por eso no comprendo cómo el hombre, sintiendose el rey de no se sabe qué, sigue comportándose de manera tan absurda.
Me gusta tu lenguaje directo, volveré a visitarte.
Saludos.
__Berenice__ | 27-02-2005 12:33:45
Qué sensación más triste me ha dejado hoy tu post Roberto! Hace días que no me conecto a internet, hoy después de mirar mi correo y escribir mi post he decidido visitarte y vaya! es verdad que la muerte puede desbaratar todo en un instante y no sólo la muerte como tal sino también la sombra de la misma.
Siento estar hoy tan triste pero ni siquiera el sol que entra ahora por mi ventana logra arrancar de mí ni una pequeña sonrisa. Espero que puedas entenderme. Gracias.
Un beso
Anuski | 27-02-2005 12:54:31
El único muerto que yo he visto hasta ahora era un amasijo apenas reconocible como humano sobre una camilla, un tráfico dijeron al pasar mientras terminaban de cubrirle con una sábana, y yo ni siquiera me di mucha cuenta de eso, me fijé más en los nervios de mi padre y mi tío y en lo rápido que nos metimos en un despacho al que yo sabía que no íbamos; era pequeña, y hasta un tiempo después no logré unir todas las piezas. Nunca más he vuelto a ver uno, en mi casa se cierran los ataúdes, y nunca me acerco en los tanatorios al «escaparate» en donde los ponen. Sé, pero no asumo, que la muerte forma parte de la vida.
PrincesadelGuisante | 27-02-2005 15:16:14
Interesante post que me ha trasladado a muchos años atrás, a una pequeña ciudad costera, recuerdo como si fuera hoy...sentada con mi hermana en un columpio del parque, ver llegar de la playa unos hombres con el cuerpo de un hombre que se acababa de ahogar...no podí a partar la vista, hasta que mi madre nos sacó de allí.
Años después sacarón la caseta de la Cruz Roja del parque infantil, una se pregunta de quién sería la genial idea de que aquella caseta la pusierán allí, donde estuvo muchos años.
Interesante post.
Un beso :)
Grial | 27-02-2005 18:11:11
Yo no recuerdo cuál fue mi primer "encuentro" con la muerte, entendiendo como tal la muerte de alguien cercano. Supongo que sería la muerte de mi abuela, pero yo era muy pequeña y no tengo conciencia de haber sufrido, ni tan siquiera de haber sentido curiosidad. Sin embargo, la primera vez que tuve que estar cerca de un cadáver fue por motivos de trabajo, en un levantamiento. Era todo absolutamente frio, aséptico. Estaban allí el juez, los policías, entrando y saliendo de la habitación, curioseando en sus cosas, y yo sólo podía pensar que el hombre había muerto solo, en su cama, con un desgastado pantalón de deporte, y allí estábamos todos en movimiento, como el mejor símbolo de que todo continúa. Fue una sensación extrañísima.
Pickles, la bruja rural | 27-02-2005 19:09:46
Yo evito en todo lo posible ver personas muertas, no me gusta tener ese último recuerdo de las personas queridas.
Recuerdo que cuando tenía unos diez años un compañero de clase se cayó por el hueco de las escaleras del colegio, el ruido que hizo al caer fue horroroso, un ruido que nunca más he vuelto a oír, el chaval murió casi en el acto, fue una imagen terrible.
Un abrazo
Ararat | 27-02-2005 20:22:59
En cierto modo, podría decir que yo me crié rodeada de la muerte (mis padres tienen una residencia para ancianos) y aún así es algo que sigue siendo difícil de aceptar para mí.
Big | 27-02-2005 21:23:23
La muerte no es nada más que el fin. Y sucede en cualquier momento. Después no hay Nada, del mismo modo que antes tampoco hay Nada. No hay continuidad, sólo queda un montón de carne muerta y un agujero negro en las tripas de la gente que le aprecia. Nada más que eso, una especie de inmortalidad que dura lo mismo que los que te recuerdan. Después... nadie hablará de nosotras cuando ya hayamos muerto.
La muerte es algo inevitable y próximo. Puede ser dentro de un minuto. Y sin embargo, qué de gente piensa que es inmortal, que de gente cree que se puede esperar a mañana, qué existe un mañana. Todo el mundo haciendo planes absurdos para dentro de 10 años sin saber qué va a pasar en los próximos 10 minutos. Mejor así, ¿no? Eso permite creer que, si hacemos un plan para dentro de 10 años es que seguiremos vivos 10 años más ¡qué ilusos!
Me río de la muerte.. el juego se acaba ¿y? ¿qué importa? lo único que cuenta es haber jugado...
Cecilia B. | 28-02-2005 01:43:27
elizabeth | 28-02-2005 07:16:46
Nada tiene sentido sin su antonimo.
La muerte es una dictadura, pero es parte de la vida.
La vida es una democracia, pero es parte de la muerte.
Al fin de al cabo, Somos lo que somos, peregrinos de una putada.
por cierto, Roberto, desde aquí una campaña en contra de la horterada de esa frase maldita, como todos los ejercitos que dice ..."soy un novio de la muerte".
saludos, genio
jacinto | 05-03-2005 23:30:29
es terrible la experiencia de la finitud. yo la tuve a los trece años, cuando mi padre murio,un dia me miro de soslayo y al otro dia, yacia inmovil como una estatua de hielo, indiferente a la sima mas profunda q produjo en mi ser
iggix | 24-05-2006 01:35:06
URL para referencias o trackbacks
C o s t a - D o s - A r r i e i r o s | 2005-09-21 01:05:55
[...] Roberto Zucco e o amigo que me deu pé a escribir o que xamais esquecín dende que o souben.
Por pepe penas |
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En: Lembranzas dun neno
Refe [...]
Cuando era un niño soñaba tener una casa muy grande, llena de libros y de discos. Lo he conseguido. Como pronosticaba D´Annunzio, "he sido devorado por lo superfluo". Ya entonces me horripilaban los abusos del poder, e incluso el poder mismo.
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