Jueves, 03 de marzo de 2005
Le tomo prestado a Richard Brooks, pero a la inversa, el título de su famosa película de 1954, para describir en tres capítulos la experiencia que supuso para mí conocer la ciudad en donde más he gozado a lo largo de mi vida. Se los dedico a todos aquellos que llevan París en su corazón.

Iglesia de Saint Séverin.
“Si tienes la suerte de haber vivido en París cuando joven, luego París te acompañará, vayas donde vayas, todo el resto de tu vida, ya que París es una fiesta que nos sigue.”
Ernest Hemingway.
Hay ciudades que conocemos sin haber estado en ellas, y amamos sin necesidad de haber transitado por sus calles. Yo, desde muy niño, tenía dos: París y Nueva York, pero principalmente París.
Las dos eran como me las había imaginado, y, sin embargo, me sorprendieron profundamente, superando con creces mis mejores expectativas. Extraña y paradójica circunstancia en los dos casos. Si la teoría de la caverna platónica tiene algo de verosimilitud, yo, o algo de mí, antes de nacer y vivir en Zaragoza, lo había hecho en ambos lugares.
París era ya la ciudad que más muertos poseía con los que me hubiese gustado haber vivido. Muchos años después, Nueva York se presentó ante mis ojos como la desmesura y el caos, pero perfecta y armoniosamente controlados, hasta un cierto punto, claro está... Ambas son ya parte de mi vida, y las conozco mejor que algunos lugares en donde he llegado realmente a residir. Seguro que es porque básicamente las he ido conociendo sólo y sentimentalmente.
Llegué a París un atardecer de invierno de 1982, después de un viaje largo e incómodo, realizado en coche y con una extraña y coyuntural compañía, de la que sólo recuerdo con algún cariño a Luis Felipe A., mi amigo y compañero de proyectos teatrales por aquel entonces. Los otros dos eran unos pesados que, en el fondo, no sabían exactamente a dónde iban. El viaje tenía un objetivo concreto: ver un espectáculo del Theatre du Soleil, estrenado el verano anterior, dirigido por Ariane Mnouchkine y que era una adaptación de la novela “Mephisto”, del escritor alemán Klaus Mann. Para mí el otro objetivo era, sin duda, estar allí por primera vez, conocer ese lugar y declararle mi amor eterno.
Casi veinticuatro horas de transitar por carreteras secundarias de Francia no pudieron impedir que las luces de la ciudad nos dieran la bienvenida, y que en pocos minutos estuviéramos alojados en un hotel de la Place Saint Michel. De allí me escapé nada más dejar el equipaje, y, sin rumbo fijo, anduve por el barrio latino y entré en la iglesia de Saint Séverin, situada en la rue Saint Jacques, a escasos metros del cruce con el Boulevard Saint Germain. Era un jueves santo, y, como en todas las ciudades de Europa, en esa maravillosa iglesia de estilo gótico flamígero se celebran los oficios religiosos. Imagínatelo: se escucha el órgano, los feligreses abarrotan los bancos, los confesionarios, los rincones. Y en el centro...
En el centro de aquella iglesia, una anciana desarrapada y enloquecida, con el pelo blanco y revuelto, cuya imagen he asociado después a la de mi abuela cuando estaba a punto de morir y su pelo se esparcía desordenadamente por las sábanas, sin despertar más curiosidad y más sorpresa que la mía, me da la bienvenida bailando una danza imposible, al son de los acordes de aquel órgano...
En ese momento me di cuenta de que París era París, de que aquello sólo podía pasar allí. Como dice Vila Matas, “muchas veces los locos anuncian lo que ha de suceder”...
Ya por la noche continuaron las ceremonias de iniciación. Por pura casualidad entramos en un bar llamado Polly Maggo, situado justo enfrente de la iglesia. El tipo de la barra nos atendió con una cierta amabilidad, y creo que lograba articular algunas palabras en español. En cualquier caso, conocía muchos discos de Paco Ibáñez, al que muchos años después visitaría con Rosa L. en su pequeño taller de la Rue Molière, al lado de Beaubourg. El Polly Maggo estaba lleno de clientes que algo habían tenido que ver con la revolución del 68. Era, por tanto, un sitio ideal, nuestro primer bar en esa ciudad, y un lugar al que prácticamente he vuelto todas las veces que he regresado a París. Hace muy poco sufrí la profunda decepción de ver que ese minúsculo y acogedor sitio había desaparecido para siempre, aunque cerca de allí, en la misma acera, una especie de cafetería moderna había heredado por lo menos su nombre. No quise entrar. Aquella primera noche salimos del Polly Magoo completamente borrachos, a pesar del elevado precio de los licores y las cervezas, y lo exiguo de las raciones que nos servían, comparadas a las que Manolo nos tenía acostumbrados en el “Bonanza” (1).
Medio amanecía cuando Luis Felipe y yo empezamos a patear por la zona, ebrios de alcohol pero también de alegría y de felicidad por hacerlo en calles donde tantos artistas e intelectuales que admirábamos lo habían hecho mucho antes que nosotros. Sin pretenderlo, llegamos hasta el Sena, más o menos a la altura del Pont des Arts. Al otro lado, medio iluminado por los primeros destellos y las últimas sombras, apareció un edificio que nos dejó impresionados por su grandiosidad y su belleza.
Cuando preguntamos a alguien que se dirigía a su trabajo que qué era “aquello”, nos contestó escuetamente, y con cierto desprecio, que “aquello” era el Museo del Louvre. Estábamos en París.
(1) “Bonanza” es un bar auténticamente maravilloso, ubicado en el corazón de mi ciudad. Ha albergado siempre una clientela fiel de pintores, escritores y artistas. Su dueño, Manolo, un melómano empedernido es, a su vez, el digno creador de tal oasis de libertad.
Por: Roberto Zucco | Ciudades de mi vida. | Comentarios (12) | Referencias (0)
Con esta crónica, y con 'Ventanas de Manhattan', que estoy leyendo, se me están poniendo los dientes largos, muy largos...Envidia. Sana, pero envidia.
Un beso.
amanda | 03-03-2005 11:33:45
Sí, París es una ciudad inolvidable. ¿Has leido Rayuela? ¿No sería Berthet Trepart (no sé si se escribía así) la mujer que te recibión en Saint Severin?
París y Rayuela van unidos para mi. Fue un libro que me leí un verano en la ciudad en la que se desarrolla y todavía pasear por sus páginas es pasear por Paris.
puagh | 03-03-2005 11:57:29
Mi primera vez la recuerdo con ojos infantiles, tendría siete años.
Las pocas cosas que recuerdo de aquella vez son; el chocolate con bollos que tomaba por la mañana en una cafetería, la dueña era una señora muy grande y gorda pero muy simpática.
También recuerdo que me gustaba saludar a los barcos que pasaban por el Sena, siempre devolvían el saludo.
Un abrazo
Ararat | 03-03-2005 12:22:23
Leyendo tus palabras me doy cuenta de que tenemos más cosas en común de las que imaginaba. Siempre he sentido especial adoración por esas dos ciudades en particular. He estado en Nueva York pero sigo teniendo pendiente un viaje a esa ciudad que desde siempre me ha fascinado y es París. Espero poder volver algún día a la Gran Manzana porque allí viví unos días maravillosos y también anhelo pasear por las calles parisinas y embriagarme de París.
Un beso
Anuski | 03-03-2005 16:47:10
Paris un preciosa ciudad de locos....también es una de mis favoritas, a pesar de los franceses, que diría un amigo mio ;)
Un beso :)
Grial | 03-03-2005 19:11:08
qué bonito ver París a través de tus ojos. Yo no tenía ninguna fijación especial con esta ciudad antes de conocerla, pero la primera noche que pasé allí me atrapó para siempre.
Un beso.
PrincesadelGuisante | 03-03-2005 19:14:58
A mí también me encanta París y sé que me encantará algún día Nueva York. De París me quedo con dos cosas, el Sacre Coeur y el Louvre. Me faltaron días de Louvre, pero ver la Victoria de Samotracia donde no la esperaba, al salir de una galería, es algo que no olvidaré nunca.
Pickles, la bruja rural | 03-03-2005 19:59:27
¿Teoría sobre el "suicidio de Lorca"? Naturalmente que accedo a contártela, y además seré muy breve: no existe.
No te preocupes, entiendo que pasen estas cosas por no conocernos. Nos falta background, ni siquiera podemos matizar con aspectos no verbales la contundencia de nuestros mensajes. Cuando he realizado tal afirmación en la bitácora imprescindible de Ararat, yo pensaba, compruebo que demasiado alegremente, que era muy evidente la negra, amargada y dolorida ironía en la que envolvía, o así lo pretendía, mis palabras.
Dentro del contexto y sentido de mi respuesta, y sabiendo algo de mí (me da la impresión de que el resto de amigos ha entendido el significado), hago esa amarga referencia denunciando que al final, hábilmente manipulada por unos cuantos, va a cambiar la historia, la verdad va a comenzar a ser opinable, y hasta el mismísimo gran Federico va a dejar de ser víctima de un levantamiento militar asesino para convertirse (de nuevo este cinismo es ironía) meramente un pusilánime maricón suicida.
Ignoro qué te parecerá mi aclaración, pero estés de acuerdo o no con ella, era eso lo que quería decir. Un abrazo fuerte.
yambra | 03-03-2005 20:05:31
Ay qué recuerdos han venido a mi cabeza loca leyendo tu relato! He estado varias veces en París, pero nunca olvidaré la primera vez. Nueva York, en cambio, casi lo contrario, la primera vez me dejó un poco indiferente pero la segunda vez ya me quedé "agilipollá" y encantada ;)
Big | 03-03-2005 20:42:13
No conozco París, quizá por eso la parte bohemia que llevo en mí hace que me la imagine como el perfecto lugar para dejar que se embriaguen tus sentidos. Si algún día la conozco, comprobaré si es cierto este pensamiento, mientras tanto seguiré soñando y anhelando que sea así.
Saludos!
__Berenice__ | 03-03-2005 22:16:39
Antes de ir a París pensaba que fijo que no sería para tanto como contaban, no sé, tenía la impresión de que estaba supravalorada. Pero en cuanto pisé París me quedé alucinada de lo guapísima que es y el encanto que tiene. Es la ciudad más bonita que he visto en mi vida pero.....me quedo con el encanto de Londres.
Besitos mil
Carol B | 04-03-2005 11:38:34
Hola Roberto. Yo me voy a París por primera vez esta Semana Santa. Estoy impaciente ya (me compré dos guías hace más de un mes, justo un día después de saber que me iba).
Lo peor de todo es que sólo voy tres días y que ya estoy pensando en cuándo volveré (me pasa lo mismo con Roma y con Estambul y eso que en ambas estuve más tiempo).
Besitos, Calamity.
Calamity | 14-03-2005 18:40:40
Cuando era un niño soñaba tener una casa muy grande, llena de libros y de discos. Lo he conseguido. Como pronosticaba D´Annunzio, "he sido devorado por lo superfluo". Ya entonces me horripilaban los abusos del poder, e incluso el poder mismo.
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