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Roberto Zucco

Viernes, 04 de marzo de 2005

La primera vez que vi París (2).



Al día siguiente hacía mucho frío. Sólo recuerdo nuestra excursión a la Cartoucherie, al Este de París, muy cerca del Chateau de Vincennes. Llegamos en metro y tomamos una “navette” gratuita que nos dejó a las puertas de donde residía la mítica compañía francesa que había ido deslumbrando desde hacía lustros con cada uno de sus espectáculos. La zona, como su propio nombre indica, era un antiguo depósito de municiones que el ejército francés había cedido al ayuntamiento de la ciudad, y éste a varias compañías teatrales, entre las que estaba la mítica de Le Soleil. Ariane Mnouchkine había construido un proyecto artístico y humano de una coherencia y un interés modélico, austero en lo ornamental y rico de intenciones estéticas, dentro siempre de una perspectiva política profundamente de izquierdas. Uno de sus primeros trabajos se titulaba precisamente “La ciudad revolucionaria es de este mundo”, toda una declaración de intenciones ideológicas.

Y es que aquello era una pequeña ciudad comunista, en donde, en principio se intentaba valorar por igual todos los trabajos que reúne y hacen posible la actividad teatral. Actores, técnicos, músicos, e incluso la propia directora, parecían convivir en un micro-mundo supuestamente no jerarquizado, en donde la voluntad de ausencia de “divismo burgués”, tan visible y frecuente en España y en casi todas partes, nos llamó poderosamente la atención. Dos ejemplos que entonces nos dejaron boquiabiertos: antes de empezar la representación los espectadores teníamos la oportunidad de ver a los actores cómo se vestían y maquillaban en una especie de gran camerino compartido, situado debajo de las gradas en las que más tarde nos acomodaríamos. Otro: en el intermedio de la representación, eran los propios actores los que nos servían las bebidas o los bocadillos en un bar situado en el interior del edificio. En realidad estos rituales se han repetido en todos los espectáculos a los que después he tenido la oportunidad de asistir, algunos, como “La Indiada”, de una duración cercana a las doce horas.



Ariane Mnouchkine.

Años más tarde, la trayectoria teatral del Theatre du Soleil me sigue pareciendo fascinante y aleccionadora. En otros lugares y en otros tiempos se ha imitado mejor o peor ese modelo de organización teatral, y, por tanto, ya no resulta novedosa. Además, en el mundo han aparecido otros modelos de producción que seguramente propician el nacimiento de espectáculos también muy interesantes. Por otra parte, a lo largo de los años siguientes, esa organización material e ideológica se fue resquebrajando y cuestionando por alguno de sus miembros, dando lugar a revueltas de actores que dejaron de creer en la mística que se les imponía y que en un momento de sus carreras les pareció oportuno adoptar. Yo asistí en una edición del Festival de Aviñón al desmembramiento más traumático de la historia de la compañía cuando la mitad de los actores se negaron a compartir escenario a la hora del saludo final con aquellos otros que habían cuestionado públicamente el escaso salario que cobraban, comparado con los que percibían la media de los actores franceses, el inmenso esfuerzo y dedicación que se les exigía, y que abarcaba en realidad la jornada diaria completa, entre ensayos y representaciones, a cambio de incrementar, en su opinión, la leyenda personal de Ariane Mnouchkine. Es decir, la acusaban de practicar un encubierto “divismo de izquierdas”.

Sea como fuere, los espectáculos de esta compañía eran maravillosos y situaron una cima y un ejemplo moral y estético que han sido decisivos para conformar el teatro europeo de nuestro tiempo. Aquel “Mephisto”, con sus escenarios enfrentados que nos obligaban a los espectadores a cambiar nuestra perspectiva una y otra vez, con la fantástica interpretación de todos los actores del reparto, con una puesta en escena sobria y, al mismo tiempo deslumbrante, seguirá siendo un recuerdo imborrable en mi memoria como espectador teatral. Y aquel lugar, al que he vuelto en numerosas ocasiones, uno de los que forman parte de mi corazón.

Por: Roberto Zucco | Ciudades de mi vida. | Comentarios (6) | Referencias (0)

Comentarios

Ohhhhh, yo quiero!!! Qué bonito! xxxxxxxx

Big | 04-03-2005 12:05:29

Te devuelvo la visita y el cumplido (que en mi caso no lo es, y confío que en el tuyo tampoco). Vamos, que mola tu blog. Volveré, te lo aseguro.

albanta | 04-03-2005 17:59:41

Roberto, muchas gracias por tu visita a mi espacio que me ha dado la oportunidad de conocerte y conocer a tu blog.

Bienvenido siempre.

Magda | 04-03-2005 18:23:29

Gracias por prestarme tu mirada para recorrer Paris. No hay nada como llevar una compañía como la tuya para comprender la belleza.
Besos irisados.

Iris | 04-03-2005 18:39:06

Que maravilloso viaje!!!!
Gracias por transportarnos con tus palabras a esos parajes aún desconocidos (aunque no tanto) para mí.
Un besazo

Anuski | 04-03-2005 21:40:03

Hola!! Te devuelvo la visita en plan rapidisimo hoy pq estoy con prisas, pero ya te tengo entre mis favoritos asi q te leere con mas calma los proximos dias :)

Un saludo

LLuVia | 04-03-2005 22:14:29

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