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Roberto Zucco

Sábado, 05 de marzo de 2005

La primera vez que vi París (y 3).



El otro día leía en las memorias de Fernando Savater que él, más que viajero, se siente un regresador. Le entiendo perfectamente porque a mí me ha pasado siempre lo mismo. Me gusta ir, pero todavía me gusta más volver, para recordar y asumir las cosas que he visto en el viaje y sentirme feliz entre mis cosas, mis paisajes cotidianos y las personas a las que quiero y me quieren. Nunca ha decrecido la sensación de que la mía es una ciudad habitable, cómoda, y, hasta cierto punto, hermosa (aunque debería serlo todavía más), por muchas excelencias que haya encontrado en la lejanía.

Así me pasó con aquel primer viaje a París, aunque tal vez esta ciudad y la primera, sean, por razones bien diferentes, lo mismo: parte de mí.

Después de aquel viaje vinieron otros, sólo o acompañado. París siempre me ha despejado las dudas: la persona que resiste estar allí conmigo supera, sin saberlo, una prueba difícil. Mi gratitud también por eso hacia esa ciudad es inmensa. Creo que Hemingway decía que París “siempre valía la pena, y uno siempre recibía algo a cambio de lo que allí dejaba”. Estoy absolutamente de acuerdo. A mí me ha permitido conocer y frecuentar decenas de veces su Café de Flore, donde Sartre, Camus y Simone de Beavoir charlaban y escribían, Le Deux Magots, a pocos metros, y enfrente de la Brasserie Lipp, con su cerveza y su choucrout alsacianos, todos ellos en Saint Germain, o Le Select, La Rotonde o La Closerie des Liles, en Montparnasse. París me ha serenado muchas tardes en sus Jardines de Luxemburgo, uno de mis lugares favoritos, en sus Tuileries, en su Museo Carnavalet, lleno de recuerdos pequeños y grandes de la historia de la ciudad, o me ha mostrado la sonrisa realmente enigmática de “La Gioconda”, o la grandeza de la “Libertad guiando al pueblo” de De la Croix, ambos en el Louvre, o el “Ángelus”, de Millet, en Orsay, o las cuadros de Picasso, Juan Gris o Braque, en el Centro Pompidou.



París me ha deleitado también con los insuperables profiteroles de La Coupole o del Café de la Paix, al lado de la Opera Garnier, o con el paté del Café de Commerce, con esos pájaros que sobrevuelan sin molestar a los clientes mientras comen, o de Le Train Bleu, el restaurante de la Gare de Lyon, del que Buñuel decía que era el lugar del mundo donde más le gustaba estar.

Me ha enseñado discretamente sus cementerios, llenos de tumbas queridas, como la de Molière, en Pere Lechaise, la de Koltés, que descubrí por casualidad una fría mañana de invierno buscando la de Jouvet, en Montmartre, o las de Ionesco, Serge Geinsbourg, Beckett, Sartre, Baudelaire o César Vallejo, con sus versos esculpidos en la lápida gris, en el de Montparnasse. Y también sus nuevas y viejas estaciones de ferrocarril, como la de Saint Lazare o la de Austerlitz, a donde alguna vez he llegado aterido de frío, o sus transitados y elegantes boulevares, sus lugares recónditos y mágicos, como la Place Dauphine, la de Les Vosges, o la Isla de San Luis, en donde parece que la vida se desentiende del caos circulatorio y del bullicio, o en callecitas, como la Rue du Bac, la Rue Jacob, etc, repletas de tiendas y librerías, en la orilla izquierda del Sena, atravesado por tantos puentes en los que me detuve para ver pasar sus barcos repletos de parejas de novios que se besaban sin saberse mirados. Alguna vez ese novio fui yo y me deje observar desde esos mismos puentes por otros enamorados de Paris asomados a sus barandillas, como el que aparece en la famosa fotografía del Pont Neuf, realizada por Denise Bellon. También me ha proporcionado por unas horas el calor de sus hoteles, sus bares, sus terrazas, sus estaciones de metro, sus barrios vanguardistas, sus palomas, sus cloacas, sus calles peligrosas, sus niños con juguetes, sus chicas, sus grandes almacenes, sus catacumbas, sus vagabundos...

Pero París, sobre todo, me ha dado sus pequeños y grandes teatros en donde he disfrutado como en ningún otro sitio del mundo: La sala Richelieu de la Comedie Francaise, o el Odéon, o el de la Puerta de San Martín, o L´Atellier Louis Jouvet, o le Theatre de la Ville, o, evidentemente Le Theatre du Soleil, en los que he tenido la ocasión y la suerte de ver a lo largo de mi vida decenas de magníficos espectáculos, que, como aquel primer “Mephisto”, han dejado en mí una huella indeleble como profesional, como espectador y como persona.

Por: Roberto Zucco | Ciudades de mi vida. | Comentarios (9) | Referencias (0)

Comentarios

Holaaaaaaaa :)

Ya ando por aquí como antes. Espero que me sigas viendo amenudo... porque casi, casi que tengo todo listo para relajarme a diario ya.

Un besote ;)

Perlanegra | 05-03-2005 01:34:51

Me ha encantado tu post, gracias por rescatar de mi memoria los recuerdos perdidos de esta ciudad.
Un saludo.

Aliana | 05-03-2005 15:55:49

Vaya, me despisto unos días y me encuentro con tantísimas cosas que leer. Será mejor que me ponga a ello, ya estoy tardando. Ala, voy a perderme en tus letras. Saludos!

KENDRA | 05-03-2005 16:56:28

Una preciosa serie de post para una ciudad especial..
Un beso :)

Grial | 05-03-2005 18:56:26

Muy bonito recuerdo! Yo antes viajaba mucho más, ahora menos, pero aún así estoy de acuerdo con tu observación sobre "la vuelta"! ;)

Big | 05-03-2005 19:44:05

ROberto yo en realidad pienso, que cuando viajas a un sitio en el que te sientes como en casa, en realidad no es un viaje de ida, sino un regreso.
Es como visitar tu página. Estar en casa

Jacinto | 05-03-2005 23:24:56

Sigue, Roberto, sigue hablando de París, leyéndote es como si todos estuviésemos allí.
Un beso.

amanda | 06-03-2005 11:41:40

Pues que puedo decir que no hayan dicho ya...
Has hecho una crónica preciosa...lo demás me lo guardaré para mí.
Saludos.

KENDRA | 06-03-2005 13:51:19

Me voy a Paris por primera vez, tengo 55 años y siempre ha sido un sueño para mi. Tu mensaje me ha gustado mucho y la filosofia de "Me gusta ir, pero todavía me gusta más volver, para recordar y asumir las cosas que he visto en el viaje y sentirme feliz entre mis cosas" me hara bien cuando tenga que despedirme.
Un saludo,
Miriam

Miriam | 15-09-2005 15:25:41

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