Jueves, 24 de marzo de 2005

Como en la mayoría de las ciudades, en la mía existe una especie de paseo que todo el mundo considera como “el centro”. Ya no lo es. Lo era, efectivamente, a principios del siglo pasado, y toda la actividad confluía entonces en sus porches: bancos, bufetes profesionales, oficinas, correos y telégrafos, farmacias, consultorios médicos, etc. Ahora todo esto se ha ido desplazando a otros lugares, y la gran mayoría de sus habitantes se han ido masivamente a los nuevos barrios periféricos, que, éstos sí, son exactamente iguales que los barrios periféricos de todas las ciudades españolas.
Esta tarde paseaba por ahí con cierta relajación y, de pronto, se ha producido el milagro de la revelación de las cosas obvias y sencillas. Se me ha aparecido así, como quien no quiere la cosa, la condición humana, con sus miserias, virtudes, peculiaridades y contradicciones.
En la puerta de unos grandes almacenes –efectivamente, esos grandes almacenes que estás pensando-, una chica cantaba el Ave María, de Tomás Luis de Vitoria. Por sus rasgos parecía venida de alguno de los países del antiguo telón de acero. Le acompañaban cinco músicos más, a modo de pequeña orquesta de cámara. Ni las condiciones acústicas ni el lugar eran los idóneos, pero lo cierto es que estos artistas callejeros intentaban esmerarse y habían conseguido reunir a un numeroso grupo de personas que escuchaban con suma atención las modulaciones de esa voz inesperada y su acompañamiento instrumental.
Yo me he detenido también, y, durante los tres minutos escasos que ha durado el acto de comunicación artístico, mi cabeza no dejaba de observar las reacciones que esta situación provocaba en mis congéneres.
En primer lugar, esa reacción descrita, educada, sensible, civilizada. Personas que escuchaban atentamente y que habían distraído unos instantes a sus obligaciones, a sus citas de negocios, a sus reuniones personales, etc, para deleitarse con una voz cultivada por el adiestramiento, que ejecutaba razonablemente bien un tema musical muy complejo. Para ellos, el ruido de los coches y la incomodidad de estar forzosamente de pie, no parecían representar impedimento grave para valorar por unos instantes el probable resultado de toda una vida estudiando y perfeccionando unas actitudes que en esa chica se manifestarían seguramente de muy niña, en un país cuyas condiciones materiales han provocado su emigración.
En segundo lugar, estaban los que hubieran querido detenerse pero no podían. Incluso los que no querían hacerlo, porque sencillamente la música clásica les es indiferente, pero que procuraban discretamente no alterar el placer ajeno. Estos segundos pasaban por el lugar como de puntillas, evitando hacer ruido y provocar molestias, como no queriendo deshacerles a los demás un momento de encanto, del que ellos no querían, no sabían o no podían participar. Su actitud me parecía todavía más correcta, si cabe.
En tercer lugar, estaban los que pasaban haciendo ruido, despreciando lo que ocurría, incluso mofándose ostensiblemente de nuestro respeto y nuestra concentración. Estos últimos no sólo parecían insensibles a la música, sino desconocedores de cualquier norma de convivencia.
Sé que simplifico, pero he pensado que el mundo, tal vez, se divide en estos tipos de seres humanos.
Sea como fuere, espero no tener que depender jamás en ningún sentido, ni tener relación alguna, con ningún ejemplar del tercer grupo.
Por: Roberto Zucco | El pequeño filósofo. | Comentarios (16) | Referencias (0)
Yo siempre tengo el recuerdo de cuando era pequeño y, estando en un bar entro un chico marroqui vendiendo alfombras. Habia un hombre que empezo a reirse de el porque no hablaba muy bien el idioma, ya sabes "fombra, fombra", "barato, barato".
Mi padre se puso a hablar con el marroqui y descubrimos que era medico en su pais, pero se vio obligado a emigrar para dar de comer a su familia.
Desgraciadamente, los del tercer grupo no es que sean mayoria, pero se hacen notar.
Sonny | 24-03-2005 19:02:10
No voy a comentar nada, porque tu análisis es lo suficientemente claro: a veces no es necesario entrar en muchos más detalles... Lo que sí voy a decirte es que me encanta Hopper... Vaya. Parece que hay alguna que otra coincidencia entre tú y yo...
(Por cierto...¿has escuchado a Josh Rouse?)
albanta | 24-03-2005 19:47:55
amanda | 24-03-2005 20:29:32
cuando veo a los artistas callejeros, me entra una enorme tristeza y a la vez un fogonazo de rabia:¡ cuanto artista válido se ha quedado en el camino! ¿por que el triunfo es tan selectivo e injusto?. Me consuela pensar que por lo menos son auténticos, que no han vendido su arte a cambio de una nómina, que son consecuentes. Y mientras queden personas que les oigan, vean o sientan, todo tendrá sentido.
(y nunca seran halcones nocturnos)
zipi | 24-03-2005 22:03:18
Me gusta ver a los artistas callejeros..a veces soy del primer grupo, otras del segundo...del tercero no sería capaz...no disfruto riéndome del prójimo
pepe penas | 24-03-2005 23:09:11
En callao, en la zona de compras "preciados" cada día se concentran personas como las que describes, más aún en días festivos como el de hoy o sábados a cualquier hora del día e incluso al anochecer. Yo también veo esos grupos diferenciados cuando paso por ahí, y me sigue sorprendiendo que haya personas que se queden escuchando plácidamente a quien canta, o viendo con aunténtico placer a quien representa cualquier tipo de espectáculo callejero.
Digo esto porque me resulta curioso que después de tanto tiempo y que esto es costumbre de siempre por aquí, aún llamen la atención a los transeuntes. Yo nunca me paro, ya no porque me desagrade o no me llame la atención... es que aquí hay un grupo más al que tú no haces referencia... "el grupo de los carteristas" que siempre aprovechan este tipo de aglomeraciones para adueñarse de lo que no les pertenece.
Un besito, guapo ;)
Perlanegra | 24-03-2005 23:54:41
Big | 24-03-2005 23:59:01
He visto un cuadro que parodia el que ilustra hoy tu post: el hombre que da la espalda es Homer Simpson y se está poniendo morado a rosquillas... En cuanto a esas orquestas callejeras, una de ellas me proporcionó el inmenso placer de escuchar el Canon de Pachelbel mientras miraba libros en una librería ubicada en un antiguo teatro: la conjunción de todos esos elementos no podía ser más acertada ni maravillosa. Besos
Aurora | 25-03-2005 02:23:19
Existe un cuarto grupo. Esas sabandijas que andan en bandas porque solo se asustan hasta de un cambio de semaforo. Esas ratas que al suponer a una persona no española, la emprenden a golpes e insultos.
Desgraciadamente estos forman otro grupo y quizas la voz angelical de esa chica se vea truncada por la acción de una cabeza sin cerebro ni pelo.
Saludos Mi buen amigo
Jacinto
Jacinto | 25-03-2005 12:09:17
no sé si podrás evitar la relación con ejemplares del tercer grupo, pero a mí cada vez me parece más numeroso, o quizá sólo sea que al ser el más ruidoso, molesto y desconsiderado, es el más visible.
PrincesadelGuisante | 25-03-2005 13:18:05
Elena | 25-03-2005 15:59:49
Desgraciadamente existe gente así en todo slados irrespetuosas , que no piensan ni un ápice en los demás y sus circunstancias.
En Septiembre pasado me paso algo así en esa ocasión fueron dos bailarines d etango, era en un paseo maritimo y era de noche y se produjo un momento de esos extraños en que todo parece suceder en un remoto lugar mágico.
Hola en mis paseso vespertinos pasé por tu casa y ha sido un placer la visita.
Saludos
Trini | 25-03-2005 19:01:17
Creo que el número de los componentes del grupo tercero crece día tras día. Y creo también que en el fondo todos somos un poco responsables de ello: demasiadas veces miramos hacia otro lado cuando los vemos actuar.
Un hermoso paseo el tuyo, en cualquier caso.
Besos irisados
Iris | 25-03-2005 20:10:38
Triste es que haya ese tercer grupo, pero ojalá la princesa tenga razón y sean más visibles por lo ruidosos y molestos que por su mayor número, aunque todo apunta a que puede que no. A veces me pregunto porqué hay tanto desprecio y tan poco respeto hacia los demás, sean quienes sean y de donde vengan. Evidentemente es parte de la educación. Algo pasa y no es muy bueno.
Suskiin | 25-03-2005 20:39:06
El tercer grupo da pena, por muchas cosas, por su falta de respeto a los demás, pero sobre todo, por la soberbia de creerse que nunca podrá encontrarse en la piel de un emigrante que tiene que subsister como puede...
Un abrazo. Muralla.
muralla | 25-03-2005 22:53:24
Pues vas listo, compañero. Vete preparando. Cada vez son más y mejor organizados: "Lo que no coincida con lo que me gusta, a reventarlo que es lo suyo.
La diversidad es algo muy molesto. Si no lo entiendo pues lo elimino, lo humillo, lo ninguneo, y ya está.".
Una buena filosofía, sí señor.
Saludos aromatizados por naranjos de la placita de Sta. Marta.
cyránobix | 25-03-2005 23:59:57
Cuando era un niño soñaba tener una casa muy grande, llena de libros y de discos. Lo he conseguido. Como pronosticaba D´Annunzio, "he sido devorado por lo superfluo". Ya entonces me horripilaban los abusos del poder, e incluso el poder mismo.
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