Sábado, 26 de marzo de 2005
"Todo lo que queda de la infancia cabe en una cajita oxidada"
("Amelie", película de Jean-Pierre Jeunet)
Fui un niño solitario, carente de una relación normal con hermanos, primos u otras personas de mi misma edad, y protegido en el interior de una burbuja en donde unos padres y unos familiares cercanos estaban extraordinariamente volcados hacia mí, complaciendo mis deseos, obsesionados por mi precaria salud y dispuestos a cualquier sacrificio para que nada me faltara.
Hasta que fui a mi primer colegio no tuve esa relación normal, y me costó mucho sufrimiento, mucho miedo y muchas lágrimas conseguirla. En aquellos tiempos todavía no existían guarderías y centros infantiles que acelerasen el acercamiento a la sociedad de los niños a la manera como las encontramos ahora en cualquier esquina y en la ciudad más perdida de la geografía española. Si tenías la desgracia de ser un hijo único, contabas de entrada con muchos números en el sorteo de una personalidad adulta llena de taras, traumas y complejos. Es bastante claro que no he terminado siendo el violador de Boston y que, por el contrario, he crecido como una persona más o menos normal, pero creo firmemente que mis primeros cinco años fueron decisivos, para bien y para mal, para mi desarrollo posterior y, no creo que exagere ni un ápice, si digo que para el resto de mi vida.
Por mi cuenta y riesgo tuve que inventarme unos juegos solitarios, en donde imitaba con demasiada frecuencia las voces de personajes inexistentes que nacían al socaire de una imaginación muy peculiar, de una exacerbada fantasía y una tendencia innata a inventar teatralizando las cosas, las situaciones, los mismos incipientes recuerdos. Por eso, empecé al revés, es decir ¡redactando mis memorias antes casi de haberlas vivido!. Unas memorias tituladas con bastante exactitud "Mi vida empieza".
Esos mismos juegos, esas conversaciones, y esa manera de percibir el mundo, solitaria, distorsionada a veces, "novelada", la he seguido cultivando, también para mal y para bien, durante toda mi vida.
Uno de esos juegos solitarios, tal vez de los que más placer me proporcionaba, era dibujar. Creo que mi padre ha dibujado siempre bien y desconozco si existen otros precedentes familiares. En cualquier caso todavía posee una letra magnífica y clarísima, muy cuidada y muy redonda. En eso no nos parecemos ni nos hemos parecido nunca, puesto que la mía siempre ha sido más angulada, menos académica, tal vez más parecida a la de mi madre, aunque, sin duda, bastante más desgarbada e incomprensible que la de ella, curtida al fin y al cabo por el ejercicio de inscribir, con la mayor nitidez posible, el nombre y los apellidos de los recién llegados a este mundo en los librotes del Registro Civil.
Como todos los niños, primero pintarrajeaba todo lo que encontraba a mi alcance: libros, paredes, periódicos, etc. Un libro en donde plasmé mis primeras impresiones sobre la vida fue precisamente "Reflexiones en Santa Elena", del mismísimo Napoleón Bonaparte, que, por cierto, ha sobrevivido a todos los cambios de domicilio, y que todavía conservo aunque hecho un verdadero asco.
Entre máxima y máxima del militar francés, instalé mi aportación, intercalando todo tipo de locomotoras de vapor, con el humo que subía hacia los cielos y con su laborioso maquinista echando carbón en su caldera, pequeñas casitas campestres, y múltiples garabatos dispersos.
Por: Roberto Zucco | Mi patria es mi infancia. | Comentarios (14) | Referencias (0)
Hay veces que, por una u otra razón, no encajas con el entorno que te rodea.
En mi caso, puede decirse que he sido un perfecto asocial hasta que llegué a la Universidad, más por propia elección que por otra cosa, la verdad. Vamos, que prefería quedarme en casa que "socializar" en un entorno de falsas relaciones.
En cualquier caso, me ha servido mucho para desarrollarme como persona, y desde luego, para desarrollar otras habilidades que acaso siendo un niño "socializado" jamás hubiera desarrollado.
Una de mis pasiones han sido los mapas, que miraba compulsivamente, hasta el punto de conocer prácticamente cualquier localidad de cualquier país del mundo. Leer, leía bastante, pero dejé tan saludable hábito a los 14 años más o menos, tal vez el mayor error de mi vida (ahora intento reengancharme). Dibujar, pues llevo haciéndolo desde los 3 años, cuando llenaba cientos de cuartillas de coches. Luego me aficioné por la creación de personajes caricaturescos, totalmente autodidactas, con lo cual he creado mi "estilo propio", que espero algún día poder explotar. Por lo pronto, cada día dejo varios en los pupitres de la facultad. Y bueno, podría seguir enumerando actividades durante un buen rato, pero me basta con sintetizar en lo útiles que considero que han sido para mi desarrollo como persona, pues de esos mapas, libros y cuartillas depende gran parte de lo que actualmente soy.
El Anacoreta | 26-03-2005 01:04:21
Supongo que el ser hijo único habrá tenido mucho que ver en mi forma de ser... Tímido y reservado.
Una amiga dice que a los hijos únicos se nos distingue a leguas... Lo malo es que suele acertar :)
Nachete | 26-03-2005 02:14:58
Yo no soy hijo unico. Aun asi, nunca he encajado en casi ningun sitio. Vivo en un pueblo pequeño, donde todos son iguales. Todos menos yo. Por culpa de eso nunca he tenido algo que realmente se puedan llamar amigos. No salgo mucho. Sigo esperando algun dia encontrar un grupo con el que compartir mis aficiones. Aunque cada dia que pasa mas me convenzo de que probablemente el problema sea yo.
Sonny | 26-03-2005 10:34:58
Yo también soy hija única y siempre me refugié en la imaginación...hablaba con seres imaginarios, escribía cuentos para contarmelos después, dibujaba y tenía todo tipo de animales de compañia, como las hormigas de mi jardín o algún que otro grillo.
Es difícil encontrar nuestro lugar en el mundo, pero siempre está ahí...
un saludo
Maria Guilherme | 26-03-2005 12:21:33
Es muy hermoso lo que escribes hoy. Insisto: pareces dos personas distintas. El que escribes con precisión sobre la guerra del golfo y sobre Aznar, para escándalo de sus fieles, y éste otro de hoy:hijo único, solitario y soñador. Le doy la mano al primero y le mando un besicurri al segundo.
Elena | 26-03-2005 16:44:53
Un post precioso, me ha encantado. Bueno, la soledad y la necesidad de crear un mundo propio no es exclusivo de los hijos únicos, aunque ciertamente se dé más en algunos de ellos.
La infancia es una patria, sin duda, y demasiadas veces se convierte en la única posible. Pero creo que, al menos en tu caso, has sabido crearte nuevas patrias y abrir horizontes.
Besos llenos de admiración.
Iris | 26-03-2005 19:31:55
Querido Roberto:
Por coincidir, lo hacemos hasta en los sentimientos acerca de la infancia, por cierto, parecida a la tuya, aunque por temas que un día te contaré, tengo prohibido hablar de ella por consejo judicial.
Debo decir que mi infancia no fue mi patria, sino una condena que aún estoy pagando.
Un abrazo, amigo.
Jacinto
Jacinto | 26-03-2005 23:26:12
Encantada de conocer al niño que fuiste y que dio origen al hombre de hoy.
A todos nos marca la infancia y la familia, pero lo importante es lo que somos y todavía podemos llegar a ser.
Besos. Muralla.
muralla | 27-03-2005 17:15:13
infancia patria lejana del dolor madre unica para su hijo unico cuanto sufrimiento desdicha bochorno y egoismo has engendrado .-
jose pedro cardoso | 06-12-2005 20:58:05
He escuchado que a los hijos unicos se les mal educa y se les consiente demasiado, pero en mi caso mis papas me abandonaron con mis abuelos durante los primeros 11 anios de mi vida y cuando por fin vivi con ellos me hicieron una vida miserable porque quisieron vivir con mi vida esa vida que ellos no fueron capaces de vivir, creo que el punto no es ser o no ser hijo unico, sino la manera en que los padres se acercan a los hijos.
karla | 12-01-2006 18:27:54
Hola parece que la vida de los que somos hijos esta estandarizada, yo también sufro de traumas para socializarme, cuesta iniciar una relación sentimental con alguien, mas que todo se da por la inseguridad de compartir momentos y espacios con una persona, y parece que la vida de ermitaño es lo que imaginamos con frecuencia para un futuro, la socialización para nosotros se da a consecuencia de la rutina, ya sea por el trabajo o por estudio y muy rara vez por impulso propio. Yo también cree personajes imaginarios para no sentir que estaba solo, cuando tenia de unos 6 a 8 años a una pared la bautizé con el nombre de aldo y con aldo jugaba mucho ya que en el hacia rebotar una pelota de tenis y yo me lanzaba al piso para demostrame a mi mismo y a aldo que era un buen portero, y aldo se termino cuando mis padres mandaron a pintar aquella pared y me dijeron que ya no tenia que mancharla era como si algun amigo se iba algun pais para nunca mas volver. A si de solitaria es nuestra vida
Y por general los libros y las mascotas son nuestros fieles compañeros
Saludo para todos.
Fabricio Maita | 22-01-2006 19:54:53
Soy chica de 25 años vivo en albacete,
A mi me pasa exactamente como a vosotros paso de
falsas relaciones, soy hija unica, me gustaria establecer un lazo de hermandad, asike a olvidar el pasado y llamarme dejo esta direcion
mmarioo_2@hotmail.com.
Ana | 01-03-2006 13:14:59
Mario | 19-04-2006 17:38:38
Yo que puedo decir, si lo que leia me recordaba...a mi!!...Yo tambien soy hija unica...y se perfectamente que es eso...asi que lo entiendo.
Y te econtre ironicamente...buscando una foto de Amelie...y ha sido un placer..recordar.
Leeme en http://amelie-fotografabipolar.blogspot.com/ poco comentado, no tanto como el tuyo...pero bueno.
Saludos desde Mexico.
Ironica Amelie | 30-09-2006 09:09:15
Cuando era un niño soñaba tener una casa muy grande, llena de libros y de discos. Lo he conseguido. Como pronosticaba D´Annunzio, "he sido devorado por lo superfluo". Ya entonces me horripilaban los abusos del poder, e incluso el poder mismo.
Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com