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Roberto Zucco

Miércoles, 30 de marzo de 2005

Soledades (1). El perro de Goya.

Soledades atractivas, como la de Albert Camus; soledades traicionadas como la de Antonio Tejero; soledades indefensas, como la del perro de Goya... Políticos en soledad, como Francisco Franco o Manuel Azaña; soledades de ficción, como la de Hamlet o Don Quijote, soledades destructivas, como la de Maradona o Marilyn Monroe... Esta sección que hoy se inaugura está dedicada a reseñar ajenas soledades.



Mi hijo dijo al mirarte: “qué indefenso, papá”. Inauguraba así una nueva palabra de su recién estrenado vocabulario, y, desde entonces, siempre que la pronuncia intuyo que su mente se acerca hasta tu desvalimiento, hacia esa cabeza diminuta que sacas de no se sabe dónde para mirar, asombrado, el mundo que aparece detrás de todas las tapias del planeta.

Tu soledad es un poco la de todos los perros. El mío se llamaba Caín, y se pasó la vida entera desmintiendo la ferocidad de su nombre. Le gustaba recostarse a mis pies, pero, de pronto, como obedeciendo órdenes telúricas, me abandonaba y se iba hacia el balcón o la ventana, y se ponía a mirar hacia el discreto horizonte de la casa de enfrente, que para él era una Oceanía más accesible y concreta. Me daba la espalda el cabronazo, me ofrecía su lado más hermoso y vulnerable, y, al confiarme convencido su personal defensa, invertía sin saberlo los términos de nuestro contrato. Entonces me lo imaginaba tan sólo, tan en sus problemas, tan concentrado en sus huesos y raíces, que, no pudiendo comunicarle mi amor con convincentes palabras, yo me transmutaba en perro y buscaba su caricia y su compañía, alimentando aún más si cabe la paradoja.

Tu soledad me produjo un vuelco en el corazón aquella mañana en que, paseando por el Prado en busca de otros goyas más retratados en libros de arte, te encontré de pronto tristemente iluminado, oscurecido por la penumbra y los propios ocres y tierras de tu pintura. Apenas nadie te miraba, atrapados los ojos por duquesas de albas y coloristas juegos cortesanos. Esa personalidad difuminada con la que te vistió el maestro ya muy avejentado y metido de lleno en sus personales negruras, fue como un milagro. Me sentí reflejado, detecté al instante en tu contorno impreciso y casi abstracto el poderoso y demasiado concreto trazo de la muerte, de la vida misma cuando acaba y es tan sólo un hilo de seda, de la misteriosa unión que se dibuja, en esos términos existenciales, entre animales y personas.

Perrito de Goya, qué belleza en tu pletórica insignificancia.

Por: Roberto Zucco | Soledades. | Comentarios (10) | Referencias (0)

Comentarios

Te lo estás poniendo difícil a ti mismo para superar el post del día anterior. Este es verdaderamente especial, felicidades.
Te dejo un regalo: un pedacito de un poema de Luis Cernuda titulado: "Cómo llenarte, soledad"
" ...
Tú, verdad solitaria,
transparente pasión, mi soledad de siempre,
eres inmenso abrazo;
el sol, el mar,
la oscuridad, la estepa,
el hombre y su deseo,
la airada muchedumbre, Por ti, mi soledad, los busqué un día;
en ti, mi soledad, los amo ahora.
¿qué son sino tú misma?"

Besos que llenen la soledad.


Iris | 30-03-2005 08:55:57

Hola Roberto.
A mi me cautivó de tal manera este cuadro cuando entré por primera vez en el Museo del Prado que se convirtió en mi preferido de Goya al momento. ¿No te recuerda enormemente a las pinturas de los más tarde llamados Expresionistas? Me parece de una magnificiencia cuasi divina este lienzo (uy, qué pedante). Como tú bien dices nadie lo mira ya que está rodeado de colorines y pompa cortesana, pero sin lugar a dudas tiene algo mágico.

Besitos, C.

Calamity | 30-03-2005 11:32:03

Mi Zucco, cada vez que paso por aquí, aprendo algo nuevo.

amanda | 30-03-2005 20:51:24

Hay cosas que sin saber por qué vienen una y otra vez a mí. Este cuadro lo miré, observé, admiré cientos de veces, cuando por imperativos (hacer la mili) pasé mucho tiempo en Madrid. Me tocó hacerla en el Palacio Buenavista en Cibeles, en lo que entonces se llamaba el Cuartel General del Ejército. Por suerte disfrutaba de las tardes libres, y para llenarlas, muchas de ellas me iba al Prado, que a los simples soldados de entonces no nos cobraban entrada. Pasé horas ante este cuadro y nunca me supe explicar el por qué. Al acabar la mili me quedé un par de años más én Madrid, por cuestiones de trabajo, y siempre que me acercaba al Museo nunca dejé de visitarlo. Después volví a mi tierra, y siempre que recalo en Madrid, muy poco últimamente, aprovecho para visitarlo de nuevo. Sólo él justifica la visita al Museo.
Al leer tu post he entendido el por qué de aquellas tardes ante él. La clave es "indefenso". Así me sentía en aquellos días, lejos de casa, en una gran ciudad en donde apenas conocía a nadie y en un ambiente, el militar, que me reventaba. Sin más, muchas gracias.

Raddle | 30-03-2005 21:17:45

Hola Roberto, ya tengo la dirección correcta gracias, no recordaba este cuadro de Goya a pesar de haber visto varias veces el Museo del Prado, es muy interesante el cuadro, pero me ha encantado como describes la soledad del perro, y capto que tienes una gran sensibilidad hacia los animales, me encantan los perros. Yo tengo un gato divino "pero gato".
Encantada de pasar por aquí.
Me gustó tu colección de fotos de los Beatles.
Un abrazo

rosa | 30-03-2005 21:40:47

Esa sensación la he tenido mirando el cuadro en un libro sobre Goya. Pero ahora quiero verlo en directo en el Museo. ¿Vamos juntos?

Elena | 30-03-2005 21:41:16

Yo normalmente no veo indefensos a los perros pero algunos tienen la mirada muy triste y eso me pone muy tierna.

big | 30-03-2005 22:32:49

Es un cuadro que hechiza, por eso que tan bien describes, por la indefensión y soledad que muestra.
Goya consiguió en él, ese toque mágico que sólo los genios como él logran plasmar en algo aparentemente tan simple.
Esperamos esos posts que nos harán disfrutar, como siempre de tu genio.
Besos. Muralla.

muralla | 30-03-2005 23:22:23

El perro que asoma el hocico por sobre una ladera de pintura cocida ojos arriba y orejas abajo perdido en el capricho misterioso del genio el perro que anuncia su soledad de perro sin darse cuenta acaso de tantas soledades que convoca en otras tantas miradas que lo ven mirar arriba con las orejas abajo de perro que mira quién sabe qué y que es mirado por quién sabe qué y qué ve quién mira lo que mira que mira el perro que parece triste o que nos parece que parece triste.
Amigo Zucco, estás haciendo un hermoso mapa de caminos y remansos. No me extraña tanto peregrino.
Watt

watt | 31-03-2005 02:51:22

que hechiza???????????????? si a mi hermano de 5 AÑOS le sale mejor !!!! vaya MIERDA!!!!!!!!

maria jose | 10-05-2006 18:43:44

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