Martes, 12 de abril de 2005

Veo estos días una tras otra las películas de François Truffaut: “Los cuatrocientos golpes”, “El amor en fuga”, “Domicilio conyugal”, “El último metro”, etc. Dos cajas de DVDs las contienen y pienso que el cine, como probablemente el fútbol, es algo que ya consumimos normalmente en casa y excepcionalmente en las salas, que vemos a través del “tercer ojo” situado en nuestro sofá, con el alcanzamos latitudes alejadas, nos introducimos en los interiores más profundos y satisfacemos, en definitiva, todas nuestras necesidades: ver, oír, comprar, informarnos, divertirnos, etc.
Qué cosas. Truffaut en mi casa, sin necesidad de hacer colas, sin necesidad de quedar con nadie en la puerta.
Pero Truffaut ha envejecido. Yo diría que ha envejecido mal. Que me disculpen los que verdaderamente saben de cine, y sobre todo los especialistas en su filmografía, pero trato de ponerme en mi propia piel de socio de cineclub setentero, entusiasmado con los hallazgos y sorpresas, con las audacias formales de la “nouvelle vague” que en su momento tanto me interesaron y tanto defendí porque me parecían revolucionarias, y esas novedades me parecen ahora pasadas de moda, un poco apolilladas, fruto de una necesidad coyuntural de rebelarse contra esquemas anteriores de hacer cine. Houdebine decía con razón que el destino o la maldición de un lenguaje alternativo, en literatura, pintura o teatro, es consolidar, muy a su pesar, el mismo lenguaje del que se erige como alternativa, y efectivamente lo que más me interesa de ese cine de Truffaut son los aspectos menos supuestamente renovadores. Por debajo o por encima de ellos, aparece un cineasta sólido, que construye sabiamente personajes y situaciones, que se implica en la construcción del guión, que elige a la perfección los encuadres y los lugares encuadrables, y que dirige muy bien a los actores, especialmente a los buenos actores. Resplandece Truffaut cuando, traicionando sus propios planteamientos intelectuales, se despoja de su necesidad de renovar nada. Entonces entronca con los grandes contadores de historias en el cine.
Cuando estamos inmersos en algo, lo que más nos llama la atención de las cosas es su elemento diferenciador, sea para aplaudirlo de manera entusiasta o, por el contrario, para rechazarlo. El tiempo, sin embargo, opera a la perfección de experto y razonable jardinero, podando sabiamente lo superfluo, separándolo de lo sustancial. Eso me ha pasado con el cine de Truffaut y con la “nouvelle vague”, en donde me parece increíble la presencia constante de un actor tan mediocre como Jean-Pierre Léaud, y, sin embargo, donde resplandecen otros maravillosos como Gérard Depardieu o Fanny Ardant en “La mujer de al lado”. Probablemente en su momento mi juicio hubiera sido exactamente el contrario. Y ahí Truffaut entronca con los maestros, de los que, para su bien, no se diferencia demasiado, esos que no pretendían innovar mucho sino “sólo” contar adecuadamente historias interesantes desde la perspectiva de la intriga, de la emoción o de la razón intelectual.
Un director teatral de vanguardia me dijo un día algo aterrador: ver “Mujercitas” por la televisión le había cambiado en parte su percepción del cine y del teatro. Decía que la emoción que procura una película bien contada, con una historia bien trabada, e interpretada desde luego por buenos actores, es la base de todo. Lo demás se le apareció de pronto como accesorio.
Me ha costado muchos años darle la razón.
Por: Roberto Zucco | Cine. | Comentarios (13) | Referencias (0)
Mira que he visto cosas de Truffaut, y sin embargo siempre termino por acordarme (no sé por qué) de la peli aquella ¿La chambre verte? en la que el protagonista enciende velas y más velas por todos los amigos muertos. Supongo que lo de la perpetuación de la memoria que es algo tan humano.
De todas formas plenamente contigo. Me temo que tiene una mala vejez, pero no es el único, que menudas decepciones se lleva una de vez en cuando con algún libro.
albanta | 12-04-2005 09:38:31
Dios, qué sintaxis. No me lo tengas en cuenta. He pasado una noche casi sin dormir y ni siquiera termino las frases... Obviamente quería decir "De todas formas plenamente de acuerdo contigo". Cielos.
albanta | 12-04-2005 09:39:49
Querido Zucco: yo con la Nouvelle Vague no puedo... Supongo que si lo hubiera visto en su época junto al contexto que rodeó a estos cineastas, pensaría diferente. Es una pena. Para mi el cine de Truffaut tiene mala vejez, lástima.
Calamity | 12-04-2005 09:52:09
Lo de la vejez en una película me parece un tanto absurdo. Sólo las películas coyunturales, esas que no tocan temas "universales" y que están excesivamente condicionadas por la realidad política o social de un país concreto tienden a envejecer(algunas de Bertolucci, en este sentido, han "envejecido" mucho peor que cualquiera de Truffaut). Creo que los 400 golpes sigue siendo formidable, del mismo modo que La Noche Americana o El Pequeño Salvaje.
¿Envejecerán también las novelas o sólo lo hacen las películas? ¿Es Tati un tarado que pretende hacer comics al estilo Hergé o es un genio? ¿habrán envejecido sus películas también o siguen siendo un punto de referencia, otra forma de narrar? Desde mi punto de vista Truffaut es un narrador sublime. Respecto a la nouvelle vague sólo una pregunta: ¿Será Godard el equivalente a Jarry en el teatro?
Cecilia B. | 12-04-2005 13:58:46
netesfera | 12-04-2005 16:13:38
Excelente...Me quedo con "Los cuatrocientos golpes" ejemplo inmejorable de nouvelle vague...
Y disfrute del excelente libro de entrevistas a Alfred Hitchcock "El cine según Hitchcock"
Un beso en la punta de la nariz!
Agua | 12-04-2005 16:57:52
Te voy a confesar que no he visto nada de Truffaut, así que no podría dar aquí una opinión al respecto, pero sí felicitarte por tan interesante descripción del paso del tiempo sobre el arte. Se tilda con demasiada facilidad de "obra maestra" a algo que muchas veces está muy relacionado con la época en que se realiza pero, pasados los años, descubrimos que queda anacrónica. Nuestra sociedad va tan rápido en sus formas que el "arte objetivo" cabe cada vez menos.
Y otra cosa, aunque yo siempre defendí las salas de cine como contexto ideal para ver una película, he de admitir que la televisión es la prueba de fuego, ya sin lo espectacular de la pantalla grande y el sonido cine, para que un film se mantenga en su laureada cumbre o, por el contrario, se venga abajo despojado de lo superfluo.
Un abrazo.
Ángel | 12-04-2005 18:12:35
Estoy de acuerdo con tu amigo, el director. La base de todo es la emoción de la película bien contada y bien interpretada. Lo demás son adornos y esos adornos son, normalmente, los que necesitan de una sal grande para ser apreciados. La buena película sigue siendo buena en casa, sin estridencias. Y te lo dice alguien defensora a ultranza de ver el cine en su sitio, o sea, el cine.
Un beso.
Pickles, la bruja rural | 12-04-2005 23:10:45
es decepcionante cuando en un rincon de tu memoria tienes un sitio de honor reservado a una pelicula o un libro y cuando los vuelves a recrear...pluf, no te gustan.¿somos nosotros o son ellos?Un poco de todo.Nuestros gustos van evolucionando,completando y llenandose de información.Nos hacemos mas críticos.Y esa criba no la pasa cualquier obra.No todo vino está destinado a ser un gran reserva y no todos los paladares aprecian por igual las diversas notas que lo componen
zipi | 13-04-2005 00:23:39
uy, yo a la nouvelle vague llegué tarde, tanto como para que recuerde que la primera vez que vi a Truffaut fue en «encuentros en la tercera fase»; pero aún entonces me contaron con bastante reverencia quien era, qué eran les cahiers du cinéma... luego vi algunas de sus películas, o de Godard, Vadim, Malle..., pero sin deslumbramiento.
Respecto a la anécdota con el director teatral, a veces lo que más cuesta es vencer los prejuicios ¿verdad? ;)
PrincesadelGuisante | 13-04-2005 00:40:06
Yo aprovecho la ocasión para reivindicar a mi Nathalie Baye y decir que todos envejecemos, absolutamente todos, y que aquéllos que más nos hemos significado somos quienes peor y más notoriamente lo hacemos: un suéter negro, un pantalón azúl o una camiseta blanco envejecen mucho mejor que un pantalón de cuadros o un jersey de rayas.
Au revoir!
Antoine Doinel | 13-04-2005 13:25:53
Yo no entiendo nada de cine, el otro día entré y leí este post. Iba a dejar este comentario, pero luego no tuve tiempo, así que hoy vuelvo para dejar el coment que no me dio tiempo a dejar el otro día.
La primera vez que oí hablar de Truffaut fue el año pasado en “el festival de cine de Gijón”.
Yo era la intérprete de Tsai ming liang, director de cine taiwanés nacido en Malasia al cual se homenajeaba. Quiso la casualidad que Tsai fuera un admirador de Truffaut y que todo el mundo le preguntara en las entrevistas sobre si era una de sus fuentes de inspiración.
Así que ahí estaba yo. Hablando de un director de cine francés del que jamás había oído hablar antes. Hablando sobre la película de 400 golpes la cual nunca había visto, y de un niño que corre hacia la playa y se da la vuelta para mirar a la cámara justo cuando llega a la orilla.
Tsai hizo que yo apreciara este tipo de cine que de otra manera nunca me habría parado ni a mirar el titulo. Y es que el punto de vista de un directo de cine es tan diferente del espectador.
Lo que hace esto de saber idiomas y la de conocimientos que se adquieren. Inolvidable mi experiencia con Tsai. http://servicios.elcomerciodigital.com/pg041202/pr...
hnh | 24-04-2005 10:21:30
Desde mi modesta posición, permiteme que te lleve un poquito la contraria en cuanto a lo del envejecimiento.
Yo tengo 20 años, por lo que en los 60, los años del nacimiento y explendor de la Nouvelle Vague y la política de autor, yo no estaba ni pensada; es más, diré que es el año en que nació mi madre.
Por eso digo que no ha envejecido mal, porque para mi, descubrir la Nouvelle Vague fue eso, un descubrimiento. Una concepción diferente del mundo del cine de la que carecemos ahora. La experimentación con el lenguaje sin miedos, sin trabas... la libertad del creador ante su obra en definitiva.
Quizás Godard, que aparentemente estaba más loco que Truffaut, todavía es más fresco, más pícaro, más arriesgado y provocador. Pero al igual que sus colegas de promoción son un manatial del que aprender, un atajo de locos que no tenían miedo a provocar a los grandes clásicos desde su conocimiento.
Ya te digo, es mi modesta opinión; la de alguien que ha crecido entre Tiburones, Aliens y Guerras de las Galaxias, y que quizás hecha muy a menudo de menos un poco de sencillez formal y algo más de sensatez argumental.
Un saludo
brujilla | 23-01-2006 23:58:09
Cuando era un niño soñaba tener una casa muy grande, llena de libros y de discos. Lo he conseguido. Como pronosticaba D´Annunzio, "he sido devorado por lo superfluo". Ya entonces me horripilaban los abusos del poder, e incluso el poder mismo.
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