Sábado, 23 de abril de 2005

El teatro me ha hecho y me ha deshecho. Me ha dado todo lo que tengo y me ha quitado tal vez muchas otras opciones en la vida. Siguiendo sus rastros he viajado por buena parte del mundo, ya sea en calidad de espectador, de artista o de promotor. Incluso ha habido veces que el teatro ha puesto en peligro real mi vida, o me ha hecho vivir situaciones increíbles, privilegiadas, excepcionales.
En Jerusalem fui entregado como si fuera un paquete por actores palestinos a actores judíos. En Argelia estuve tres días protegido por cuatro guardaespaldas, ellos más asustados que yo, porque mi cabeza había sido expresamente solicitada por los integristas. En Bulgaria coordiné un extraño congreso de directores de escena que estaban dispuestos a matarse entre sí y a quienes yo apenas conocía. En Transilvania hablé sobre la obra de Lorca y vi un espectáculo maravilloso en su homenaje. En Eslovenia vi el mejor Shakespeare de mi vida. En Sarajevo compartí emociones desbordadas con Susan Somtang, en el Kamerni Teatar 55, el lugar donde el teatro y la dignidad sobrevivieron a los misiles serbios. En París conocí a Peter Brook. En Aviñón le di un plantón a Ariane Mnouchkine, pero me estremecí de placer viendo a Pina Bausch. En Berlín sostuve entre mis manos algunos libros de la biblioteca de Brecht. En Nueva York lloré viendo a Dustin Hoffman interpretar “El mercader de Venecia” y sentí un escalofrío escuchando la voz profunda e inigualable de Kathleen Turner en una obra de Cocteau…
Muchas veces he pensado cuál es la razón de fondo por la que finalmente me he dedicado a este menester. Siempre suelen preguntarme sobre antecedentes familiares y todo eso. La verdad es que, con alguna excepción colateral, esos antecedentes no existen propiamente, aunque en el ámbito de mi infancia, mi abuela materna, con su imaginación desbordante y su inmensa capacidad lúdica, ofició de excepcional embajadora en un arte que ella misma desconocía.
Suelo responder que me he dedicado al teatro como una especie de venganza personal. Es una manera radical de decir que mis compañeros de colegio tenían organizado un pequeño grupo teatral en el que jamás me dejaron participar. A su vez, esta actividad escénica les permitía a ellos frecuentar a las chicas del colegio vecino, con lo que la defensa del monopolio, por su parte, y la irresistible tentación, por la mía, se multiplicaban de manera recíproca y en proporción geométrica.
Así las cosas, las razones habría que buscarlas en otros ámbitos.
Por ejemplo, en el intelectual. El teatro es un lugar de privilegio artístico en la medida que hace coincidir en su interior varias corrientes artísticas diferentes. No es la suma de todas ellas, sino el encuentro organizado al servicio de un propósito único, estéticamente coherente. Palabra, música, danza, gesto, e incluso pintura y escultura, en grandes o pequeñas dosis deben cruzarse al servicio de una idea teatral, conformando un acto de comunicación inevitablemente social e interactivo. Ese poder de síntesis me parece fascinante.
Pero hay razones también de carácter sensorial. Nada ha conseguido emocionarme más que una buena interpretación sobre un escenario, sea éste el modesto y destartalado de un barrio rural, o el extraordinariamente rico de un teatro en el corazón de Broadway. No es ajeno a esa capacidad la característica de “arte colectivo” que el teatro tiene. Hasta en un espectáculo hecho por un solo actor y consumido por un solo espectador han colaborado muchas otras personas y a muchas otras personas va a afectar, aunque no hayan ido a verlo.
Peter Stein, director alemán de enorme talento, fértil experiencia y gran cultura, decía, refiriéndose al acto de comunicación teatral, que “hay veces que una bola de plata atraviesa el escenario. A veces tarda años en pasar, y se produce en unos segundos de un espectáculo. Otras veces, las menos, es un espectáculo completo. Pero las veces que esa bola atraviesa el escenario, nuestro placer es tan intenso que justifica la espera de semanas, meses y años”.
Esa bola de plata a la que alude Stein es la justificación de mi dedicación a las artes escénicas. La he visto pasar suficientes veces como para esperarla con anhelo, como para recorrer teatros, ciudades y países en su búsqueda. El desencanto, todo hay que decirlo, suele ser frecuente, y sin embargo, como sé el placer que me produce su majestuoso paso, sigo esperando con auténtica expectación e interés. Las decepciones son muchas, pero el placer las borra todavía por completo.
Es curioso que lleve escritos en este blog unos setenta artículos y que, sin embargo, apenas le haya dedicado al teatro dos o tres escritos. Es el momento de abrir una nueva sección dedicada a él, y a referir las mejores sensaciones que he sentido en la penumbra de una sala, cuando la presencia de una bola de plata me ha dejado sin apenas respiración, cuando me he sentido reconfortado con la humanidad y sus mejores anhelos, cuando me he sentido algo más que un pobre insecto, y unos actores han conseguido convencerme de que todos podemos ser un poco mejores.
Por: Roberto Zucco | Teatro. | Comentarios (13) | Referencias (0)
A mí el teatro, el juego de los actores en un escenario repitiendo un texto, me suele dejar indiferente. Sin embargo, reconozco que me enamoran las puestas en escena de Brook, las de Bieito (magnífico el Lear que montó o el Macbeth), las de Sellars... pero en general, me aburre. Me encanta la danza, no se si estuviste en Wupperthal viendo alguna vez a la Bausch o alguna coreografía de la Graham. La danza es lo más bello, no así el ballet que siempre veo artificioso y bastante inocuo. Pero la danza... no sé cuántos emocionantes momentos he visto encima de un escenario, cuerpos que hablan sin palabras... He viajado sólo para ver un espectáculo de danza, sólo para ver cuarenta y cinco minutos de poesía encima de un escenario un montón de veces... ¡Danzad, danzad malditos!
Cecilia B. | 23-04-2005 22:29:38
Bueno, no sé si era una bola de plata o qué, pero sí que la primera vez que fui a ver una obra de teatro algo pasó que hizo que me quedase pegado a la butaca y desde entonces aprovecho para ver teatro todas las ocasiones que puedo, por desgracia muy pocas últimamente, y por lo general en la tele. Se trataba de "Equus" de Peter Shaffer, en el Teatro Calderón creo, de Madrid, a donde había llegado para hacer la mili. Su protagonista femenina era Victoria Vera pero no recuerdo a los otros actores. No sé que fue, si el impacto de ver un desnudo en escena o el hecho de que al haber escaso público y mi cercanía al escenario, tuviese la impresión de que los actores me miraban al recitar su texto, o que en determinados momentos sentía que tenía que levantarme y darle réplica aquel siquiatra que no entendía nada, el caso es que me pasé mis años madrileños de teatro en teatro. Aún me rio recordando a Concha Velasco, haciendo de puta coja en la obra "¿Yo me bajo en la próxima, y usted?", con Adolfo Marsillach. Recuerdo aún la gran presencia en escena de Agustín González en "Las bicicletas son para el verano"... Después, volví a mi tierra, a la familia, al trabajo, al día a día, y ya no fue lo mismo. Creo que la bola de plata la llevamos nosotros dentro, solo tenemos que abrirnos, ser como esponjas, para verla.
Raddle | 24-04-2005 00:11:47
Esas bolas de plata de las que hablas (aparte de otras muchas cosas) son las que hicieron que amara el teatro profunda y absolutamente por encima de cualquier otra realidad y de cualquier otra ficción.
Precioso post. Besos
didi | 24-04-2005 17:19:13
Yo he leído más teatro del que he presenciado, desgraciadamente.
De lo poco que he visto y más me han impactado fue hace unos años, Lola Herrera, en "Cinco horas con Marío" la actriz sola en el escenario durante toda la obra lo llena....y Rafael Alvarez "El Brujo" en "El Lazarillo de Tormes" en una versión de Fernando Fernán Gomez, increible!!
Buen post..
Un beso :)
Grial | 24-04-2005 17:31:31
el teatro ha sido una maravilla desde sus orígenes, pertubante y extaciante (la mayoría de las veces).
Aún cuando veo obras de Shakespeare pienso en que jamás debió ser un pobre innoble sin estudios... debió ser un cortesano, erudito que se mescló con el pueblo para escribir de él, o no?
en fin.. desvaríos...
un beso
elisa de cremona | 24-04-2005 19:58:35
Querido Zucco: la misma sensación tengo yo con la Música. Las sensaciones más maravillosas de mi vida están, casi todas, asociadas a ésta: lloro, canto (mal), bailo o me quedo inmóvil. La Música es capaz de hacerme sentir lo mejor y lo peor de mi misma, de sacar la felicidad más absoluta o hundirme en la miseria o provocar ira (sobre todo si es mala música).
Y precisamente por eso soy incapaz de escribir algo que considere decente sobre Música. Entiendo, pues, tu sensación de "vértigo" a la hora de inaugurar tu nueva sección de Teatro. Bienvenida sea.
Besitos, C.
Calamity | 25-04-2005 10:06:17
Plas, plas, plas.
Que bella manera de narrar tu romance con el teatro.
Creo que podrias preguntar a cien actores y cada uno te diria una manera diferente de entenderlo. Como hay cien maneras diferentes de actuar en un mismo papel.
Un beso
lola | 25-04-2005 15:14:23
En el colegio solíamos hacer teatro. A mí me gustaba porque había que preparar cosas inventadas por nosotros para después comprobar el resultado en las caras de tus compañeras y eso era una auténtica satisfacción. Nunca olvidaré una sesión televisiva que inventamos y en la que recreamos un telediario y una serie famosa por aquel entonces "con ocho basta"... pusimos música de telediario y nos disfrazamos de cada personaje en cuestión, tanto de las noticias como de la serie a interpretar... era algo cómico y ver como reían los que nos miraban atentos, para mí fue una experiencia única.
Es una tontería, lo sé... pero para mí con aquella edad, resultó algo maravilloso.
Un besito ;)
Perlanegra | 25-04-2005 19:26:31
Me encanta leerte cuando hablas de teatro por la pasión que pones en ello así que esperaré ansiosa esa sección. Besos
Anuski | 25-04-2005 20:22:32
Acabo de sentir una bola de plata leyéndote. Me has sorprendido. Todo lo que has conocido, madre mía.
Moniwen | 25-04-2005 21:11:05
Yo también he visto y sentido la bola de plata alguana vez. Te animo a escribir sobre el teatro. Saludos, Tracey
Tracey | 25-04-2005 23:32:26
Uf, me has dejado sin palabras.Has vivido algunas de las cosas por las que yo daría trozos de mi presente. Si dedicas alguna sección a esas vivencias y las quieres compartir seré una chica muy feliz. ;-) Mi abuela también se llamaba Carmen y era una comedianta de estar por casa.
Muach.
El angel azul | 26-04-2005 19:59:25
Hola Roberto, mi ombre como lo dice esto es Humberto Fabrizzio, soy ciudadano Méxicano que vive ne la cápital del territorio mexicano, conocído como el DF, dentro de mis actividades estan las artes, mi profesión va muy de la mano a ésto, actualmente trabajocomo profesor de arte escénico en un colegio y además cuento con un gaceta que informa, expresa y sobre todo imparte información, cultura y arte a la unidad en donde vivo, hemos caido por casualidad a tu blog, y me encanta la forma que descirbes tu pasiónpor el teatro, quiciera pedirte autorización para públicar lo escrito dentro de nuestra gaceta, obviamente con acotaciond e tus datos para darte el crédito correspondiente.
Esta gaceta es interna dentro de la comunidad donde vivo y no tiene níngun costo es solo el deseo de hacer algo y compartirlo, espero tu respuesta y te envió un saludo fraternal,
de antemano gracias.
atte.
H. Fabrizzio
Humberto Fabrizzio | 08-05-2005 21:58:22
Cuando era un niño soñaba tener una casa muy grande, llena de libros y de discos. Lo he conseguido. Como pronosticaba D´Annunzio, "he sido devorado por lo superfluo". Ya entonces me horripilaban los abusos del poder, e incluso el poder mismo.
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