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Roberto Zucco

Martes, 26 de abril de 2005

El colegio como desarraigo (1)

¡Qué suerte ser mayores y no tener que levantarnos por las mañanas para ir al colegio!

Woody Allen.




Como fui un niño apegado a mis padres, el contraste que sentí cuando decidieron llevarme al colegio fue extraordinario. Había cumplido los cinco años y una tarde fuimos a solicitar una plaza escolar en el colegio de las monjas Carmelitas Descalzas de la Caridad, unos números más allá, en la acera opuesta, de donde vivían mi tío César, su mujer y mis primos. Por tanto, muy cerca también de nuestra propia casa.

No recuerdo nada de los preparativos, pero supongo que por las noches comenzaría a atormentarme la idea de entrar en contacto con otros niños en un contexto totalmente nuevo, del que nada sabía y del que, por tanto, todo serían especulaciones en mi cabecita. Mi padre me había estado preparando "culturalmente" para ese momento. Es decir, me había enseñado pacientemente a leer y a escribir y creo que también conocía ya algunas operaciones aritméticas. A él le debo también otro aprendizaje importante en mi vida: andar. He sabido después, mucho después, que solía llevarme en mi sillita hasta el parque, y allí, en laderas de escasa pendiente, me enseñó a dar mis primeros pasos, con una paciencia que puedo imaginar a la perfección conociendo esa tenacidad que le ha caracterizado durante toda la vida y las dificultades que tiene ese primer acto de autonomía física. Un día no me caí tanto como otros y así debí de ir acostumbrándome a desplazarme por el mundo por mis propios medios, poniendo primero un pié y después el otro.

Esa misma perseverancia fue la que presidió mi encuentro con las letras y los números. Al caer la tarde durante los últimos meses nos habíamos sentado juntos en la mesa camilla del cuarto de estar y allí, bajo su atenta mirada y su ayuda, yo iba escribiendo sílabas y frases en aquellos cuadernos que todavía se usan para que los niños aprendan a escribir con una caligrafía modélica. Esas lecciones eran el único momento de disciplina de un día que se me posaba entre juegos solitarios, berrinches con el vecino de abajo y paseos matinales, y contribuían a otorgarle a mi padre un sello de seriedad y de distancia que sería complicado describir en relación al personaje cariñoso, afectivo y permisivo que representaba mi madre. Fue, por tanto, mi primer maestro. Hoy pienso que el único que he tenido y aceptado a lo largo de una vida marcada por un casi permanente autodidactismo.

La memoria es caprichosa, como iremos viendo. De este periodo no recuerdo casi nada, sólo vaguedades, sensaciones muy genéricas, de miedo, de indefensión, de enfermedad, etc. Pero curiosamente uno de los recuerdos que siempre me ha parecido tener ha sido el del momento en que mi profesor particular me dijo concretamente que la P con la A, formaban la sílaba PA... Lo cierto es que gracias a él iba a evitar en breve que además de una especie de Robinson Crusoe afectivo y autista se instalara en mitad del aula de párvulos del colegio de las Carmelitas un analfabeto completo. Y ciertamente mi maestro se debió esmerar de lo lindo porque a la cita llegué bastante preparado en unas cosas aunque absolutamente nada en otras, dicho esto no en demérito suyo sino, lógicamente, en el mío. ¡Quién iba a decirme a mí, y mucho menos a mi padre, que iba a ser precisamente la perfección de mi lectura la que me iba a ocasionar el primer conflicto serio de mi incipiente vida académica! Pero no adelantemos acontecimientos...

Por: Roberto Zucco | Mi patria es mi infancia. | Comentarios (23) | Referencias (0)

Comentarios

Seguiremos la historia poco a poco es valiente e interesante.
Un saludo.

Chusbg | 26-04-2005 01:36:22

Al clavo que sobresale se le aplasta a martillazos. Es triste. Pero es así.

Muchas gracias por esta bellísima historia. Estoy impaciente ya. Besos, Cal.

Calamity | 26-04-2005 12:26:16

¡ahhhhhhh! como añoro esos años en los Padres Agustinos. Ese sabor de la correa en mi piel. Esas humillaciones cuando mis padres se separaron y sobraba una persona como yo en un colegio cristiano.
Al padre Casimiro diciendome que nunca me desarrollaría sexualmente por mi gordura, todo ello delante de mis compañeros.
Esas misas de mentira.
¡Qué tiempos!
Los añoro, porque me enseñaron tanto de la vida que nunca viviré lo bastante para agradecerselo a cada uno de esos hombres de, negro.

Jacinto | 26-04-2005 12:29:14

No nos dejes así, por favor!!!

Saludos..

didi | 26-04-2005 15:37:29

Me gustan las historias de colegios. Yo no recuerdo nada de de esa época, o las confundo con las que ahora me cuenta mi hija. Aunque en el fondo sé que no tienen nada, pero nada que ver.
Esperando la segunda entrega.
Un beso.

amanda | 26-04-2005 15:47:46

Interesante reflexión sobre la infancia y la educación. Mi verdadero aprendizaje comenzó el día en que decidí ser autodidacta, porque hasta entonces todo fue rutina, repetición, absurdo. ¿Te creerás que aún recuerdo las imágenes que venían a mi cabeza la noche anterior a mi entrada en los Salesianos? Tenía 5 añitos y me lo imaginaba todo muy oscuro, con altas vidrieras, como el interior de una catedral tenebrosa.
Seguiremos tu historia...

Ángel | 26-04-2005 16:14:29

Me gustaría que describieras también un poco el decorado de la clase y lo que se veía por las ventanas. Así me pongo mejor en situación.
Un abrazo

Moniwen | 26-04-2005 17:40:10

Del cole ya recuerdo pocas cosas quizás porque parecen tiempos lejanos.
Un beso

Anuski | 26-04-2005 18:26:53

Que recuerdos me has traido a la mente...
Buen post.
Un beso :)

Grial | 26-04-2005 18:29:48

Yo aprendí a leer sola con 4 años. La profesora llamó a mi casa para "reñir" a mis padres por haberme enseñado, parece ser que la edad correcta para leer estaba estipulada por entonces, en 5 años...

Aliana | 26-04-2005 18:31:56

Mi padre me enseñó a leer en casa para que yo no estuviese todo el día pidiéndole que le leyese cuentos. El resultado fue que la profesora me ponía a mi junto a otros niños para que ellos leyeran en voz alta y yo les corrigiese, con lo cual me gané una fama de pelota terrible. Otro efecto secundario es que allá donde voy llevo un libro conmigo y jamás me siento sola, luego tal vez no es tan trágico...

Aurora | 26-04-2005 18:37:40

Oye, que yo quiero saber ya lo del conflicto serio ;-)

Besos.

Pickles, la bruja rural | 26-04-2005 18:56:30

A mí me enseñó mi madre a leer y a escribir antes de ir al cole. Aprendí a escribir, por cierto, para escribir cuentos, que era lo que le interesaba a una mocosa de cuatro años y medio. Creo que mi madre conserva un "maravilloso" cuento mío, el primero, del que no recuerdo más que el título (más que nada porque ya es una leyenda familiar...) "La niña regando el jardín". Ya ves, querido Zucco, un gerundio en el título, ahí, con un par de narices...

albanta | 26-04-2005 20:02:55

Roberto, leerte es un placer enorme. He disfrutado mucho no sólo por la cercanía contigo, sino también por la claridad y la belleza del texto.¡Cómo me gustaría sentarme a tomar una cerveza contigo y hablar sobre estas cosas!.
Yo tengo un especial cariño al recuerdo de aquellos tres folios de marca Galgo, inmaculados, blanquísimos, con los que fuí al colegio el primer día y entré llorando en la clase de parbulario con mi señorita (mi colegio, gracias a Dios, era laico). Aquellos folios tenían la fragancia de la mesita de noche de mi padre, y era el único aroma de mi casa que de alguna manera, aliviaba la tremenda sensación de abandono de mi primer día de colegio.
Un fuerte abrazo.

cyránobix | 26-04-2005 21:32:44

Yo tengo muy buenos recuerdos del colegio y aunque mis padres me enseñaron mucho, mis primeras profesoras también. Supongo que algo de mérito me puedo dar a mí misma también, no? Intrigada me has dejado ;)

big | 26-04-2005 21:53:58

Yo recuerdo también pequeños retazos, no todos y es curioso como se te quedan cosas grabadas en la memoria y no sabes por qué.

El llanto constante cada mañana al ver a mis tres hermanas irse al colegio y yo no... el llanto cuando ya de más mayor no quería ir... curioso.

Mi padre no me enseñó antes de letras, pero si me enseñó a nadar ya de muy peke... cosa que le agradezco muchísimo.

Un besito ;)

Perlanegra | 26-04-2005 23:17:42

Yo soy mayor y ahora me levanto temprano para llevar a mis hijos al colegio, la cita de Woody es falsa.
Un abrazo desde mi convento.

Fray Barriga | 26-04-2005 23:23:46

Tengo un montón de recuerdos de mis primeros tiempos de colegio; agradable unos, otros no tanto...¡que mal lo pasé cuando tuve que aprender el castellano!..el saludo de algunos niños al verme era todo un poema: ¡hola paleto!...el galego solo lo hablabamos los tontos de las aldeas. Ahora que soy mayor soy un ser afortunado:¡hablo dos idiomas!...¡ah!..los que me llamaban paleto creo que también saben falar galego.

pepe penas | 27-04-2005 00:42:27

Muchas gracias por todo querida Roberto.
Espero muy pronto volvamos a reunirnos.
Te dejo un gran abrazo.

Magda | 27-04-2005 00:47:49

querido, perdon (puse querida)

Magda | 27-04-2005 00:48:30

El autodidactismo es sin duda el mejor maestro...

Marcel·lí | 28-04-2005 02:21:06

Tienes razón al decir que la memoria es caprichosa y selectiva. Esos primeros recuerdos escolares permanecen en una nebulosa que no sé si es real u onírica, aunque mi recuerdo primero más nítido de la escuela es la tijera con la que realizábamos manualidades. Me fascinaba aquel chisme.

Raddle | 06-05-2005 23:56:22

mis padres son los mejores del muno

Byron estuardo | 31-05-2007 01:16:25

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