Domingo, 01 de mayo de 2005

Los problemas empezaron pronto para mí. La hermana Pilar me dijo que me buscara un pupitre vacío y cuando me pareció encontrar uno resultó que no estaba tan vacío como indicaban las apariencias. Se presentaron Subías y Paniza, cual representantes de la "cossa nostra" en el colegio de Las Carmelitas, y me pusieron al corriente de la situación. Según me contaron hacían acopio de pupitres para sus fines particulares y les importaba un comino que yo no tuviera ninguno. No parecían muy simpáticos y sus palabras me sonaron a la primera amenaza seria que recibía en la vida. No sé cómo se solucionó el asunto.
Me colocaron en "la clase pequeña", con los niños de menor edad y los más retrasados en todo. Poco a poco me fui acomodando a mi nueva situación aunque no podía dejar de pensar en el reino perdido, es decir, mi casa, y, por supuesto, en mi madre. Tanta y tan insoportable debía ser mi nostalgia que decidí llevarme una fotografía suya para mirarla en el recreo, un lugar en donde los niños y las niñas jugaban al fútbol, se deslizaban por un tobogán de cemento gris, que a mí me parecía de una altura prohibitiva, y gritaban enloquecidos mientras hacían burradas, se arrastraban por el suelo o hacían todo tipo de faenas. Aquello me parecía peligrosísimo y salir a aquel patio de recreo suponía una experiencia similar a la de ponerme en medio de un campo de minas en traje de baño. Me sentía desvalido, me arrastraba temeroso por las esquinas, y rezaba en mi interior para que sonara la campanilla que, por lo menos, me iba a devolver al aula, un lugar más seguro, calentito y confortable una vez solucionado el enojoso problema del pupitre. Aún así no pude evitar algún que otro pelotazo, algún que otro golpe, y el permanente desprecio de las niñas mayores, que debían verme como lo que era sin duda: un enclenque arrancado de los brazos protectores de mamá.
En "la clase pequeña" reinaba la "Cara-caballo", una profesora apodada de esta manera desde tiempos inmemoriales. Los niños nos encontramos con aquel mote ya puesto por generaciones anteriores y seguramente nos pareció adecuado, dadas las características físicas de la señora. Tenía las facciones parecidas a las de una yegua, para ser más exactos. No recuerdo qué es lo que nos enseñaba, aunque supongo que un poco de todo y un mucho de nada, y a ella le atribuyo una de las páginas más decepcionantes de mi vida y el prematuro colofón de una afición que, de no haber sido por su estupidez y torpeza, podría haber cultivado al menos por más tiempo y con más dedicación.
Como he dicho antes, yo dibujaba y creo que bastante bien para mi edad. Eso pensaba entonces y eso pensaban también algunos niños a quienes les gustaba lo que yo hacía pues me hacían encargos con una cierta frecuencia. Ni que decir tiene que a mí me encantaba complacerles puesto que esa afición me proporcionaba una buena dosis de autoestima, algo de lo que no andaba muy sobrado y contribuía a que pudiera superar mis inhibiciones iniciales, mis miedos y mi profunda incapacidad para ir por el mundo separado de mis padres. Lo cierto es que un día estaba dibujando en su clase, creo que un soldado romano, cuando unos compañeritos de manera espontánea le llevaron mi obra a la señorita para que diese su opinión, seguros de que ésta iba a ser favorable. Yo, con una cierta modestia, pero muy ilusionado y con el corazón latiéndome a gran velocidad, les acompañé a una prudente distancia. La "Cara-caballo" vio el dibujo, me miró a los ojos y exclamó despectivamente: "¿Y esto es todo?".
Aquí se acabó mi carrera de dibujante.
Por: Roberto Zucco | Mi patria es mi infancia. | Comentarios (9) | Referencias (0)
¿Se acabó tu carrera de dibujante? ¿Gracias a cara-caballo podemos hoy disfrutar de tu carrera de comediante? Pues no hay mal que por bien no venga, mi querido Zucco.
Un beso trabajador y maternal, que hoy celebramos esas dos especies.
amanda | 01-05-2005 15:42:24
Me ha gustado mucho la entrega (¿completa o aún incompleta?) sobre el colegio.
Por cierto, leyendo el periódico me he enterado de que hoy era la última función de "Roberto Zucco" en Bilbao. Si pudiera permitírmelo, de buena gana hubiera ido a verla, aunque solo fuera por analogía con el nombre de este blog.
Un saludo.
El Anacoreta | 01-05-2005 16:41:05
Quizás se ha perdido un buen dibujante....o quizás hubieramos perdido a un buen actor...
Buen post..
Un beso :)
Grial | 01-05-2005 19:34:57
¿Qué más da lo que hubiera podido ser y no fue? El caso es que estás aquí, contándonos esa parte de ti entrañable y tierna, dibujando para nosotros con tus palabras. Hay muchas formas de dibujar, una de ellas con la sonrisa, ya sabes.
Gracias por compartir tus dibujos con nosotros.
Muchísimos besos.
Iris | 01-05-2005 19:56:27
Es verdad, cuando te cierran una puerta se te abre otra. Afortunadamente este tipo de "profesores" cumplen la función de que podamos ir afilando nuestras uñas poco a poco, pero van dejando una huella en nosotros, a veces prematura, de amargura, de ir dandonos la sensación de que el mundo es algo de lo que hay que defenderse. He podido comprobar por la educación de mi hija, que siguen pululando y en igual proporción que antes, muchos; la suerte es, que siempre se encuentran algunos, en mi caso pocos, que te devuelven el amor por el estudio y las artes y que te devuelven la confianza.
Chusbg | 01-05-2005 22:08:06
Dime amigo..Cara de Caballo se parecía a esto:
Cara de caballo
pepe penas | 01-05-2005 22:35:03
Y no solo dibujas bien los dibujos sino que dibujas bien las letras.... y eso ya se lo puedes decir a la cara caballo! besos a mil
lokura | 02-05-2005 16:31:20
Me ha quedado una duda: ¿La Cara-Caballo era monja, o era una "seño" normal y corriente?. Gilipollas seguro.
Yo tenía unas "seños" adorables. Preciosas además.
Ni monjas ni nada. Yo estudié en un colegio laico. A lo mejor por eso conservo la fe.
Tercer abrazo.
cyránobix | 05-05-2005 15:44:28
Raddle | 07-05-2005 00:13:14
Cuando era un niño soñaba tener una casa muy grande, llena de libros y de discos. Lo he conseguido. Como pronosticaba D´Annunzio, "he sido devorado por lo superfluo". Ya entonces me horripilaban los abusos del poder, e incluso el poder mismo.
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