Jueves, 05 de mayo de 2005

El anterior post sobre las maneras de leer venía a colación de mi reciente lectura de “Ventanas de Manhattan”, de Antonio Muñoz Molina, un libro aconsejado hace tiempo por mi querida Amanda en su siempre atractivo blog "Siempre nos quedará París" (amanda.bitacoras.com).Puede ser un ejemplo de libro “mal leído” por mí. A pesar de esa mala lectura, discontinua, acompañada de otras obligatorias y aburridas, etc., el libro ha resplandecido ante mis ojos por su belleza y su interés.
Debo decir que soy un devorador de libros sobre la ciudad de Nueva York, pero me resistía a leer el de Muñoz Molina. El último que leí fue el que escribió el diplomático francés Paul Morand muy poco tiempo después del crack de 1929 y que publicó hace un par de años Espasa en su apetitosa colección “Relecturas”. Un libro hermoso, muy bien documentado, que combina de manera excelente la reflexión bien informada de un intelectual cosmopolita, curtido en la refinada cultura europea, con sus impresiones personales.
Molina, por su parte, escribe sus “Ventanas” conmocionado por la caída de las torres gemelas, sucedida durante su estancia en la gran manzana. Aparte de radiografiar literariamente ese día fatídico y los inmediatamente posteriores, el escritor andaluz se pasea, como Morand, por las calles, por los puentes, los restaurantes, los museos y las bibliotecas del Nueva York del tercer milenio, estructurando una crónica literaria y humana sutil y apasionante.
Por mi parte, he descubierto a un hombre que ha vivido experiencias similares a las mías en esa ciudad, y las ha sabido contar. Especial interés me han producido sus capítulos dedicados a pintores contemporáneos, cuya obra es expuesta en diferentes museos de la ciudad, y en especial en el Metropolitan, el MOMA, el Whitney Museum, o el Gugenheim, lugares en donde me he pasado tardes enteras mirando a lo mejor un par de cuadros sin apenas conciencia del paso del tiempo. Memorables los capítulos dedicados a Edward Hopper, a Richard Estes, a Mark Rothko, etc. Me encanta su mirada sobre la pintura, una mirada humana y literaria, como no podía ser de otra manera.
Otro aspecto memorable es la descripción que hace Muñoz Molina sobre los españoles que viven en Nueva York, pertenecientes casi todos ellos a cátedras le literatura española en diferentes universidades. Españoles en un exilio dorado, que, a pesar de no sufrir penalidades ni privaciones como la mayoría de los inmigrantes, llevan España en el corazón y cualquier reunión puede convertirse en una fiesta en la que consumir productos de la mejor cocina española, adquiridos en los animados mercadillos del Soho, o escuchar canciones de Serrat.

Por último me gusta cuando Molina describe la importancia de la música en Nueva York, y de la indeleble relación afectiva que se establece entre algunas melodías y las personas que las escuchan. “Las canciones no hablan de quien las ha compuesto y ni siquiera de quien está tocándolas sino de quien las escucha, de quien se reconoció en una de ellas nada más descubrirla y se vio comprendido y explicado por la forma pura de la melodía, por esas palabras que ya le pertenecen incluso cuando sólo las ha comprendido parcialmente”. También se detiene en algunos lugares en donde se escucha jazz. Me conmueve recordar el Village Vanguard, lugar de culto en donde han tocado la totalidad de los grandes instrumentistas del género, situado en la séptima avenida sur, y en donde me he tirado horas y horas saboreando, por cierto, unos deliciosos y mínimos gin tonics con abundante hielo picado, sentado en uno de los taburetes de su pequeña y discreta barra, situada al fondo y casi oculta a las miradas de artistas y de clientes. No quiero hacerme el interesante, pero recuerdo con gran placer que el dueño me ponía la bebida en cuando me veía aparecer por la puerta. Sentirse alguien en Nueva York es muy, pero que muy importante...
Al final del libro, cuando el escritor y su familia han regresado ya a España, incluye un capítulo que es una delicia, en donde describe su extraña situación: “No estoy allí, pero tampoco acabo de estar del todo aquí. Las presencias cercanas se me vuelven borrosas”. Y es que, efectivamente, Nueva York es una ciudad difícilmente borrable de la mente y del corazón: sabores peculiares, olores intensos a perritos calientes, a basura, a humedad salina proveniente del mar cercano, un ruido interrumpido de tuberías, sirenas de ambulancias, metros que atraviesan el subsuelo en todas las direcciones, aspas de helicópteros, bocinas de coches de bomberos, etc. Algo sencillamente inigualable, una explosión de vitalidad, de “joie de vivre”, que puede también resultar agotador si no se toman precauciones. Eso es, al menos, lo que a mí me producido esta ciudad extraordinaria cada vez que he tenido la oportunidad de visitarla, abrumándome con su exhaustiva oferta cultural, con sus inmensas posibilidades de recorrerla en metro o en taxi, atravesando sus puentes a pie, descansando en las laderas de Central Park, o de uno de mis lugares favoritos, el Bryan Park, al lado de la Biblioteca Pública y bajo la silueta cercana y majestuosa del Empire State Building.
Le pido prestada esta frase a Paul Morand para expresar bien lo que yo hago con torpeza literaria: “Son necesarios varios meses para comprender la grandeza desleída en humedad de Londres; se necesitan varias semanas para experimentar el seco encanto de París; pero haceos conducir al centro del Brooklin Bridge a la hora crepuscular, y en quince segundos habréis comprendido Nueva York”. Exactamente eso me pasó a mí y Muñoz Molina me lo ha recordado. Gracias, Amanda.
Por: Roberto Zucco | Literatura | Comentarios (15) | Referencias (0)
Nueva York es mi asignatura pendiente por mi admiración por Woody Allen. Lástima que de momento no pueda ir, ya que sufro de agorafóbia, aunque la voy superando, asi que en el momento que pueda y tenga "lo que hay que tener" iré.
Además dicen quienes han estado, no sé si tu lo corroboras que una cosa es Estados Unidos y otra muy distinta Nueva York.
En fin, como siempre un placer leerte, querido amigo.
A mi me quedara en mi memoria siempre a Audrey Hepburn desayunando mientras mira el esparate de Tyfannys, o las imagenes de Nueva York en "Manhattan" al son de Gershwing. En fin... iré.
Jacinto | 05-05-2005 17:18:52
Siempre he pensado que hay puntos en común entre un buen vino y un buen libro. En ambos casos el tiempo y el maridaje son imprescindibles para poder disfrutar de la experiencia en toda su suntuosidad si lo merece. En el caso de los libros, sin embargo, no es el libro el que mejora con la edad, sino nosotros mismos los que en muchas ocasiones maduramos con el tiempo hasta tener la visión adecuada del mundo para paladear aquel volumen que tal vez no nos dijo nada 10 años atrás. Otras veces, tal como apuntas, abrimos ese mismo libro y no lo acompañamos del estado de ánimo adecuado para que su contenido nos abstraiga de todo lo que nos rodea ¡Qué se le va a hacer! Siempre podemos intentarlo de nuevo.
rat | 05-05-2005 19:49:28
Te estaba leyendo y no podía prestar atención a lo que cuentas porque me gusta muchísimo la prosa de Muñoz Molina: no veía el momento de terminar con tu post y recomendarte Sefarad, porque la capacidad de este autor para transmitir sentimientos y sensaciones y mostrar el mundo interior de las personas sencillas es increíble. Tiene una prosa que para mi es una paradoja, porque es muy hermosa sin emplear palabras artificiosas, ni estructuras rebuscadas: es un vocabulario de la calle, asequible, pero no coloquial porque tiene un no sé qué que qué sé yo cautivador e hipnótico. Me encanta este autor.
Aurora | 05-05-2005 20:26:28
Gracias a ti, mi Zucco, por pensar que una recomendación mía valía el intento.
Coincido plenamente con Aurora. Sefarad es una de mis favoritas.
Besos.
amanda | 05-05-2005 20:52:13
Ararat | 05-05-2005 23:03:45
Una bella reflexión sobre Nueva York y creo que voy a buscar el libro, me gusta este autor y sólo he leído artículos de él, que son muy interesantes y amenos casi siempre.
Chusbg | 05-05-2005 23:05:04
Grial | 05-05-2005 23:31:14
No sé si me siento reconfortada o me está empezando a dar la claustrofobia sólo de pensar en estas cuatro paredes que me aislan del mundo exterior... New York, New York, esa asignatura pendiente para los que andamos contínuamente en números rojos...
Leeré a Muñoz Molina para ver si consigue transportarme a la ciudad de los rascacielos.
Zucco como siempre genial. Un besazo, C.
Calamity | 06-05-2005 10:18:54
No he leído este libro de Muñoz Molina, pero en general me gusta mucho lo que escribe.
De todos modos yo quería darte las gracias por este par de posts...porque leer es lo más grande del mundo
TOM | 06-05-2005 11:08:15
Nueva York tiene q ser muy bonito, y tiene tanto q ver. Museos, edificios emblemáticos,... Recuerdo q cuando iba a clases de inglés nos hicieron leernos un librito muy pequeño y era de la ciudad de Nueva york, donde te explicaban la historia, los restaurantes, los lugares de interés, la estatua de la libertad, y lo q más me llamó la atención fue q en el centro había un mapa dibujado con sus barrios y diferentes zonas. Era como un dibujo. Y podías como trazar una ruta, e imaginarte por dónde irías si hicieras una visita a esta ciudad.
Un besito.
Meriel | 06-05-2005 12:06:03
Desconozco el libro y tampoco sé si me identificaría porque a lo mejor miro Nueva York con otros ojos. Me ha gustado la última frase ;)
big | 06-05-2005 14:34:47
Fray Barriga | 06-05-2005 15:25:44
De Muñoz Molina sólo me gusta Plenilunio, Beltenebros y algo de El Jinete Polaco. Sin embargo, esta no me gustó nada. Me pareció casi vulgar, casi una obra de encargo escrita con cierta prisa, casi un accidente, una recopilación de servilletas escritas en el cuarto de baño. No sé, me dejó fría. Quizá esperaba más. Exactamente lo mismo que fue ver Peggy Sue Se Casó de Coppola: correcta, por momentos entretenida pero muy alejada de la capacidad narrativa y visual de Coppola.
Cecilia B. | 06-05-2005 18:37:28
Bueno, bueno… gracias a Amanda por su inicial recomendación y gracias a ti por elaborar una visión tan seductora de Nueva York. Yo, que he salido poco de mi tierra salvo para viajes esporádicos, aprecio muchísimo esas maravillas que nos describes y la visión de una ciudad a la que odio y admiro al mismo tiempo. Cuando a mi amigo Eduardo Cortils le compraron una obra los del Metropolitan, yo abrí la carta donde se lo comunicaban y me entraron unas ganas tremendas de viajar a la gran manzana. Recuerdo que dábamos saltos de alegría. Posteriormente, Eduardo me invitó a ir a casa de su hermana, que trabaja en Nueva York como diseñadora (pasada total), pero mi destino es “no tener un duro”, jajaja… así que los llevé a Barajas al avión y yo me volví a casa. Arggg, qué envidia insana sentí en aquel momento!!!
Ángel | 07-05-2005 19:53:00
Primera vez que entro en tu blog y me han encantado tus comentarios acerca del libro y sobre Nueva York.De hecho has despertado mi interés en el libro de Muñoz Molina. Conozco París y Londres,pero no he estado semanas ni mucho menos meses en ninguna de ellas. Nueva York es toda una tentación que deseo saborear desde hace mucho tiempo.Cuando vaya me sentaré en la hora crepuscular en el Brooklyn Bridge a ver si comprendo a esa maravillosa ciudad en segundos. Saludos
Cruz | 25-10-2007 10:29:31
Cuando era un niño soñaba tener una casa muy grande, llena de libros y de discos. Lo he conseguido. Como pronosticaba D´Annunzio, "he sido devorado por lo superfluo". Ya entonces me horripilaban los abusos del poder, e incluso el poder mismo.
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