Jueves, 12 de mayo de 2005

¡Qué soledad en la mirada! ¡Qué desarraigo en mitad de la gran ciudad! Allá quedaron, allá lejos, en mitad de los bosques frondosos de Transilvania, o a la orilla del Adriático en una pequeña población de Montenegro, o en mitad de las estepas de la gran Bulgaria, los recuerdos, los amigos, la familia, los llantos de los pequeños bebés conocidos, esos niños que tal vez acaben también escuchando rap en un suburbio de París, de Barcelona o de esta misma ciudad que han elegido para sobrellevar su enorme e irreversible tristeza de emigrados de tercera. Estas tres personas están todavía allí, en Sibiu, en Budva, en Plovdiv, porque uno siempre está donde su corazón se queda.
En mitad de un bullicio diferente, sus ojos no parecen ver lo de enfrente sino lo de dentro. Tal vez su desarraigo ya dura semanas y hoy es el primer domingo que la madre, envejecida por el trabajo inhumano y precario del que proviene y al que ha llegado, desempolvó su mejor abrigo para pasar unas horas al sol en la Plaza Mayor. La chica luce el pantalón recién comprado en unos grandes almacenes de su barrio, y los tres exhiben una digna limpieza, apologetas involuntarios del humilde jabón lagarto, que no quieren ser asimilados a los mendigos de esta o de cualquier otra zona de Madrid.
No me vieron hacerles la foto, porque no tenían más ojos que para su propia tristeza, sin brizna alguna de esperanza. Están aquí sentados dignamente, de la misma manera que los que se lanzaban al vacío antes de que las torres gemelas se derrumbaran, tratando de salvar sus vidas precipitándose a un oscuro e incierto fururo a muy corto plazo... Los unos volaban, y éstos permanecen petrificados como pequeñas estatuillas contemporáneas. Similitudes y paradojas de todas las huidas hacia delante, de los desarraigos, de las emigraciones forzadas por incendios devastadores, crueles dictaduras y ausencias prolongadas de bienes materiales.
No son turistas. No miran las fachadas monumentales, ni parecen distraerse con el trajinar de otros extranjeros rubios y felices, tan extranjeros como ellos, pero con billete de vuelta asegurado hacia sus casas con calefacción y banales álbumes de fotos esperando nuevas remesas de banalidad fotografiada. Estos no hacen instantáneas, porque no tienen interés en perpetuar su agonía solitaria y socioeconómica. “Mira qué guapa está Irina...”. “Para que veas, Olga, que ha adelgazado mucho Constantin...”. “Hermana, me acuerdo de mis sobrinos”...
Tonterías. Mientras esconden la mirada por entre los adoquines de una plaza que nunca será la suya por mucho que la transiten, reflexionan sobre lo sencillo que es respirar, y lo difícil que es vivir.
Son tres y están muy solos, en mitad de la Plaza Mayor de Madrid, una tarde de invierno, como tantas otras.
Por: Roberto Zucco | Soledades. | Comentarios (16) | Referencias (1)
Que triste se les ve a estas personas... Debe de ser terrible salir de tu propio país y hallarte tan sola.
Tu texto es hermoso, Roberto.
Besitos.
Magda | 12-05-2005 19:47:40
El otro día veía un reportaje fotográfico sobre los españoles que emigraban a Alemania en la época de Franco. Sus miradas reflejaban tanta tristeza y tanto vértigo como las de tu foto. Iban hacia un lugar donde el idioma era una barrera, donde sabían que encontrarían un muro de dificultades, pero iban.
En ciudades como Barcelona o Madrid los colegios empiezan a poblarse de sus hijos, son ya un porcentaje considerable, así que tal vez a esa segunda generación le espere un futuro distinto, tal vez a ellos les veamos una sonrisa de futuro.
Un post hermosísimo, mi querido Zucco. Me gusta visitar tu corazón.
Muchos besos
Iris | 12-05-2005 20:27:46
Preciosa reflexión, Zucco. Estoy muy de acuerdo con lo que apunta Iris, sus hijos quizá tendrán un futuro distinto, porque acuden al colegio desde pequeños, no sólo en las grandes ciudades, en cualquier pueblo son ya una minoría que se nota, y lo disfrutan. Esta tarde, en la Biblioteca infantil, en la que estuve con la nena, casi todos los niños que venían a por libros prestados eran hijos de inmigrantes. Sus padres no hablan todavía el castellano y ellos ya se atreven con las dos lenguas, sus padres quizá no aprendieron a leer y ellos disfrutan con los libros.
amanda | 12-05-2005 20:59:11
Sin duda la misma mirada que tantos españoles (que ahora les miran con recelo)... tuvieron en un tiempo, en las mismas circunstancias.
Que rápido olvidamos..
Buen post
Un beso :)
Grial | 12-05-2005 22:50:54
kazubi | 12-05-2005 23:46:45
No creo que esté muy bien fotografiar a personas y colgar su foto en internet. Ni siquiera por una causa que tú, "posiblemente" con razón, consideras beneficiosa.
Siento decirte esto, pero es lo que pienso.
He conocido inmigrantes magrebís contentos por haber llegado y no volver, generalmente mujeres; y magrebís que esperan con ansia el més de Agosto para ir a su casa y volver cagando leches.
Ya sé que no se puede generalizar, pero ni tú ni yo.
El desarraigo es triste, pero muchas veces, esta gente consigue introducirse en nuestra cultura con la ayuda de otros de su misma nacionalidad; y lo mejor es que no terminan de perder la suya. Creo que esto es la base de nuestra futura riqueza... y de la suya.
En suma, amigo Zuco: Que no hay mal que por bien no venga.
pau | 12-05-2005 23:51:08
Se me antoja mirando esa foto, que en esa plaza, en ese instante había mil historias más que contar, seguramente una por cada uno de los que paseaban, leían o simplemente miraban distraídos el pavimento al calor del sol. Capturar una expresión abatida en un parque cualquiera es lo más fácil del mundo, y eso si que es triste.
Aun así me ha parecido un artículo interesante, tienes un blog muy completo. Un saludo amistoso.
tt | 13-05-2005 02:00:49
Mi corazón se quedó en Estambul. Pero aquí estamos hablando de otras cosas... Que duro emigrar a cualquier parte incluso dentro de tu mismo país. Yo me fui de casa con 17 años, cerca de los 18 y todavía echo de menos el calor de la familia. Es inevitable, por lo menos para mi. La mirada triste acompaña a demasiadas personas hoy en día. Una pena.
Un beso para alegrarnos querido Zucco, C.
Calamity | 13-05-2005 09:10:06
Roberto, sinceramente, creo que lo que haces es una representación de una imagen.
Ciertamente, nadie deja su país por gusto, pero en Madrid como en cualquier otra ciudad de España, esta gente puede encontrar las oportunidades que en sus países no han tenido.
Los adoquines de la Plaza Mayor, son tan míos como del último ruso que vino a vivir a esta ciudad, lo único que se pide, pedimos, es que se integren y acepten las mismas reglas de juego que nosotros.
Dar una imagen de tristeza y lastimera de los inmigrantes no ayuda nada a su integración, es como si ves un ciego por la calle y dices; ¡pobrecillo no ve!, esa no es la solución, haz una ciudad sin barreras y el ciego será un miembro activo más en la sociedad.
Un abrazo
Ararat | 13-05-2005 11:07:07
Elena | 14-05-2005 03:11:18
Me gusta mucho el tema del post, a veces pensamos en los que vienen de fuera a trabajar, como en eso, en fuerza de trabajo, tu les has dado tratamiento de personas enhorabuena.
Chusbg | 14-05-2005 10:38:39
¿Y si estas personas estaban disfrutando de un día de sol en Madrid?
¿Es verdad que una imagen vale más que mil palabras? Yo creo que nononononono.
Moniwen | 14-05-2005 13:46:52
Me he quedado prendida de la imagen y de tus palabras... si, demasiada melancolia y tristeza en esas miradas.
El comentario de Ararat sin embargo, no me parece falto de razón... por mi parte, en mi pais sean todos bienvenidos.
Un abrazo grande!
Ju | 15-05-2005 17:39:28
Las situaciones adversas siempre pueden ser aprovechadas para poner a prueba nuestro propio sentimiento de importancia...Ningún reto mayor que estar cómodo en medio de lo desconocido. Ningún apego mayor que el de la propia imagen.
Quizás la foto revela más que su tristeza, la autocompasión de tu mirada... Y puestos a mirar, se me ocurren otras instantaneas urbanas mucho más crudas. En las princiales arterias turísticas de la ciudad por la que transito se expone y explota a gente mutilada que te pide la voluntad; y las autoridades del "orden" legislan, fiscalizan y persiguen a los músicos que te ofrecen la fuerza de su voluntad.
la9 | 18-05-2005 08:17:44
lo cierto es que hay una situación de expoliación en los países que deben pagar con las vidas de sus habtantes,una inmensa,inmensa deuda externa. De talmanera que salen de sus paises,aún cuando muchos
saben quea donde van, no es precisamente al paraíso.
El desempleo en los países de América del Sur,por ejemplo, tiene niveles alarmantes, que demuestran la necesidad de cambios totales en sus estructuras socio-econ{omicas... Y bien, en países como el tuyo, donde siempre habrá gente solidaria, no es posible afirmar ello respecto a sus gobernantes y demás burocracia...
Un cálido saludo . Hasta pronto.
Vir | 20-05-2005 09:07:00
Estarán lejos de su país y seres queridos pero son una familia que sigue unida y unida afronta el futuro. Son muchos los emigrantes que vienen solos, dejando a su familia lejos, y con escasos recursos (desconocimiento del idioma y cultura, sin apenas dinero, etc.) que tienen que hacer frente al día a día y a la soledad, rodeados por una sociedad que muchas veces les resulta hostil. Tras muchos de esos rostros que nos resultan exóticos, que a diario nos cruzamos en la calle, se esconden verdaderos dramas de soledad y desarraigo.
Gracias Zucco por no ser ajeno al dolor de los demás.
Raddle | 01-07-2005 00:00:05
URL para referencias o trackbacks
Imistery, el portal del misterio | 2005-05-14 04:38:41
http://imistery.net
Cuando era un niño soñaba tener una casa muy grande, llena de libros y de discos. Lo he conseguido. Como pronosticaba D´Annunzio, "he sido devorado por lo superfluo". Ya entonces me horripilaban los abusos del poder, e incluso el poder mismo.
Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com