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Roberto Zucco

Viernes, 27 de mayo de 2005

Sevilla y mi primo.



Nos llamamos igual y somos de la misma edad. A él en Sevilla y a mí en Zaragoza nos han pasado las mismas cosas, hemos vivido procesos similares y hemos asistido como espectadores de excepción al nacimiento de lo que ahora España es. Ambos compartimos esa peculiar sensación de escepticismo que en otro momento, y coincidiendo con aquella hermosa película sobre la vida del poeta Leopoldo Panero, se vino a llamar desencanto. Durante nuestros primeros veinte años de vida desconocíamos nuestras respectivas existencias, y sólo el encuentro casual por la calle de su padre y mi tío volvió a juntar física y sentimentalmente dos segmentos familiares que se habían desgajado por esas cosas raras y absurdas que hacen que las personas se separen. Desde entonces, además de primos, nos hicimos muy amigos, de esa amistad que el tiempo ni la rutina desgastan.
El se casó con una chica adorable que manejaba el arco y las flechas estupendamente. Tan bien lo hacía que representaba a España entera en competiciones internacionales y olimpiadas. En esa relación la imagen de Cupido fue, desde el primer momento, algo más que una metáfora audaz. Y de esa relación nacieron un niño y una niña, guapos y listos.
Esto ya sería suficiente para escribir un post: las coincidencias, las casualidades, los reencuentros, todo ese material a partir del que Paul Auster suele construir sabiamente su literatura y que tantos admiradores ha conseguido en todo el mundo. Pero yo quiero hablar de otra cosa.
Quiero hablar de un andalucismo lúcido, basado en el conocimiento de una cultura y en el disfrute permanente de sus excelencias y del que mi primo Roberto es un extraordinario representante. Cuando me enseña el pequeño altar de una iglesia barroca, o me introduce en un bar para echar unas cañas y tomar unos tacos de jamón de Huelva o unas deliciosas coquinas, lo hace como lo haría el filósofo cordobés Séneca: con un orgullo modesto y conmovedor, desprovisto de cualquier componente empalagosamente chauvinista, pero alegre de poder presentarme tales maravillas patrimoniales. Es decir, mi primo es la expresión más pura de hombre feliz en su propia tierra, que desde luego no necesita enarbolar banderas diferenciadoras de otras.
Si Sevilla ya en sí misma es un ciudad hermosa y llena de luz propia, a pesar del zarandeo de los tópicos y los folklorismos a los que se ha visto secularmente sometida, estar en ella con él se convierte en una aventura de la sensualidad y la inteligencia. Lo cotidiano se convierte en un pequeño gran milagro, y lo local trasciende a una universalidad compleja, barroca, desbordante.
Escribo en el AVE que me devuelve a mi casa, a mis costumbres y a mis faenas. En este tren que representa con bastante precisión un aspecto de la modernidad de Andalucía, recuerdo nuestro fugaz viaje a Utrera, recorriendo los paisajes de la infancia de mi madre, el Templo de Santiago el Mayor, el teatro municipal Enrique de la Cuadra, la Plaza del Altozano, la Vía Marciala, al lado de la escultura que representa la efigie de Don Clemente de la Cuadra, en donde precisamente vivían mis abuelos con sus hijos. La casualidad hizo que coincidiéramos también con el paso de la procesión de María Auxiliadora. El tiempo parecía detenido. Los costaleros, guiados por un hombre que les marca con precisión el recorrido que ellos no ven con sus ojos, y los pasos exactos que deben dar, representaban, sin saberlo, una suerte de sabiduría tradicional, a caballo entre lo profano y lo religioso, tan claramente visible en la semana santa. Mi anfitrión me miraba de reojo, feliz por mostrarme algo genuino que ni el mismo esperaba encontrar, facilitándome datos y claves para comprender la complejidad de algo aparentemente sencillo.
Dejo atrás la ciudad en la que se desarrolló la vida de toda mi familia por parte de madre. Siempre que vengo por aquí me reconozco en mí mismo una cara interior existente y real, que, sin embargo, casi nadie conoce, pero que yo noto como la mano con la que escribo sobre el ordenador. En buena medida Roberto ha sido quien me ha enseñado a sentir esa faceta genética y biográfica que sólo me procura la serena felicidad de quien se siente internamente diverso.
Gracias, querido primo. Que sigas siempre así de discreto, de justiciero, de amable y sabio anfitrión. Antes eras un rojeras impenitente, y ahora te ha dado por andar por caminos remotos y recónditos buscando alguna quimera cernudiana en mitad del solazo de las llanuras salmantinas. La cosa, como tú bien sabes, es no parar, desafiando a los que se han instalado en la torpe estabilidad del pequeño y único confort del mando a distancia.

Por: Roberto Zucco | Como la vida misma. | Comentarios (16) | Referencias (0)

Comentarios

Bonita reflexión "familiar".
Andalucía es una tierra llena de tesoros a descubrir y tópicos a desechar.
Un abrazo.

Ángel | 27-05-2005 07:55:29

Genial,amigo Roberto.Tus escritos siempre me hacen recordar cosas.
Unha aperta

pepe penas | 27-05-2005 10:12:59

Imagínate qué poco se le hincharía el pecho a tu primo de no querer a su tierra (que no es más que lo que él puede abarcar con la mirada, sin fronteras ni banderas), y qué pocas ganas tendrías tú de hablar ni de él ni de Sevilla si es que te importaran ambos una higa. Ser "internamente diverso" no sé exactamente lo que es, ahí me he quedado planchada, pero (a la vista está) tanto tú como él sí tenéis lo que hay que tener para reconocer la pasión en lo más cercano y cotidiano, en el entorno, y sabéis contagiarla al resto con el sentido común y la pasión en los ojos, que es como mejor se aprende.

Ya sé (yaaaaaaa) que no es la acepción más acertada, que ni siquiera está reconocida, pero ese amor (y ese orgullo, y ese brillo en la mirada, y el pellizco que da saber que se está sacando a la mesa lo mejor de cada casa por humilde que esto sea) para mí es la definición perfecta de nacionalismo.

La donna è mobile | 27-05-2005 12:45:59

Genial como siempre Fratello Zucco.
¡Que vidorra te pegas, haces bien!

Quien tú sabes | 27-05-2005 12:55:33

(Es increíble. Siempre pico.)

La donna è mobile | 27-05-2005 13:24:55

"El único confort del mando a distancia", buah, soberbio. Yo intento huir de él tan deprisa como puedo, pero a veces me atrapa, sobre todo viviendo en un piso compartido con dos personas cuya superficie no supera los 56 metros cuadrados...

Zucco, gracias por la foto. Gracias por todo. Besillos, Cal.

Calamity | 27-05-2005 13:51:19

"Internamente diverso". También en esto me siento cerquita. Siempre me pasa al leerte. "Un calor tan cercano". Gracias por regalarme la emoción del ratito que he estado leyendo este post. Te ha quedado precioso.

Ernesto | 27-05-2005 19:28:14

¡Gracias, maestro!

Gatopardo | 27-05-2005 20:39:51

Ay, ay, ay.... te vas y me dejas tirada. Ya me voy acostumbrando. Me alegro de que las cosas te vayan bien, zuquito.

Elena | 27-05-2005 20:49:36

Pero bueno, ¿"internamente diverso" va a acabar siendo un club privado de personalidad que está vetado para los que vivimos Ebro abajo?

Cruz de hombretones...

La donna è mobile | 27-05-2005 21:02:15

Querido Zucco,
Siempre digo que hay que estar agradecidos por tanto... hacer la rememoranza que haces, es una forma de agradecer y rendir homenage.
Gracias y besos.

Susana | 27-05-2005 23:57:40

Bonita historia, y me hace recordar a mi amigo de San Fernando,(Cádiz) "la isla" como él decía, mira aquí nació Camarón, me enseñaba; y me enseñaba cada rincón y he vuelto, sin él se ve de otra manera.

Chusbg | 28-05-2005 21:50:40

No conozco España. Soy una venezolana que se quedó atrapada en los "hilos de esta red".. He disfrutado momentos extraordinarios leyendo vivencias y fantasías de personas que en su mayoría tienen un acervo cultural súper distinto al mío. Me siento afortunada de haber caído por estos lados...
Un beso Roberto,
Me encanta tu manera de retratar las cosas
=)

kazubi | 28-05-2005 23:24:29

Conocí Sevilla hace unos tres años y se me quedaron grabadas varias cosas... la amabilidad de una gente que sin conocerte de nada, era capaz hasta de acompañarte a esa calle por la que le preguntabas... el intenso olor a azahar que siempre imaginé como una especie de leyenda exagerada, ahora sé que es cierta... el borde del Guadalquivir repleto de gente sentada en sus bancos o sobre la hierba durante horas.

Imagino que todo esto unido a un primo como el tuyo, debe ser una aventura difícil de superar.

Un besito, presioso ;)

Perlanegra | 29-05-2005 03:24:05

Me has emocionado. Muy pocos entienden Sevilla como tu la has entendido. Yo no soy una sevillana típica, por lo menos no soy la sevillana que los de fuera esperan, y como yo hay más en esta ciudad de los que se presupuestan. Pero a veces, camino sin objetivo por alguna calle estrecha, me detengo a oler una esquina, saboreo algo en una barra repleta, y aunque el resto del mundo me siga maravillando, viajo todo los días por mi propia ciudad.

La caminante | 29-05-2005 22:35:44

juer, no he estado en sevilla, pero desde luego tu post es de los que invitan. (bueno, sí que he estado pero no tengo recuerdos al carecer de años por entonces :P).
tu primo creo que me caería bien.
(saludotes)

jio | 30-05-2005 12:13:30

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