Jueves, 16 de junio de 2005
Desde el principio nos anunciaron en el colegio que el día de la Primera Comunión iba a ser "el más feliz de nuestras vidas". Con ello crearon una expectativa que, más tarde, como es lógico, no se cumplió ni por asomo. Por el contrario, estuvo plagado de pequeños accidentes y desgracias y lo recuerdo como uno de los más desgraciados. Si no le hubieran hecho tanta propaganda tal vez hubiera sido mejor o al menos más llevadero.
Los niños y niñas nos preparamos para la ceremonia durante varias semanas en horas fuera de clase. De esa preparación sólo recuerdo los consejos y advertencias que nos dieron sobre la inconveniencia de manipular con los dientes la hostia consagrada, puesto que no era prudente mordisquear el cuerpo de Cristo, y la técnica que debíamos desarrollar con la lengua en caso de que se nos quedase pegada al paladar, que era, entre todos los supuestos más desgraciados, lo peor que nos podía pasar. Ni que decir tiene que cualquiera de estos accidentes, independientemente del grado de involuntariedad de nuestros actos, traspasaba la frontera del pecado mortal, por lo que había que andarse con cuidado no fuera a suceder que ya el primer día que íbamos a tener relación con el Hijo de Dios tuviéramos problemillas con El... En cualquier caso, pasara lo que pasara, lo que teníamos terminantemente prohibido era introducirnos las manos en la boca por muy apurados que nos viéramos. Todas estas advertencias e indicaciones convirtieron aquel acto en nuestras imaginaciones más en un ejercicio de destreza mandibular que en algo relacionado con el espíritu y la religión. Por las noches todos los niños soñábamos que el "pan de los ángeles" se nos iba a enredar entre los dientes, que se nos quedaría atascado en algún punto, que no podríamos dominarnos y que, al introducirnos las dedos para solucionar el asunto, estaríamos abriendo la puerta que nos arrojaría indefectiblemente a los abismos de la condenación eterna. Nos despertábamos sobresaltados percibiendo las llamas del infierno socarrando todo nuestro cuerpo.
Paralelamente a estas meditaciones y estos sufrimientos premonitorios, ensayábamos la ceremonia en sí en donde yo iba a tener un protagonismo especial. Como en ese terreno no tenía competencia, fui elegido para leer en público, en nombre de los demás niños, un piadoso texto en el que dábamos las gracias por haber recibido la sagrada forma. Ni que decir tiene que ensayé hasta la saciedad, me lo aprendí de cabo a rabo, y precisé minuciosamente el ritmo, las inflexiones y el volumen de la voz, ayudado por la hermana Pilar que oficiaba de directora de escena amateur. El oficiante, a petición nuestra, iba a ser el padre B de E, un cura navarro muy relacionado con mi tía M., que frecuentaba la casa de mis abuelos y que estuvo presente en nuestras vidas, familiares, para bien y para mal durante muchos años.
Nos confesamos por vez primera. Yo creo recordar imprecisamente que me acusé de desobedecer a mis padres y supongo que de poca cosa más. Nos compramos el típico traje de marinerito, repetimos mil veces todos los pasos y acciones que haríamos en la capilla del colegio y, por fin, llegó el día señalado.
Por: Roberto Zucco | Mi patria es mi infancia. | Comentarios (12) | Referencias (0)
Pero bueno, ¿esto qué es? Querido Zucco, ¡yo también habia pensado hacer un post sobre mi primera comunión! Ay el tiempo que corre en contra mía (la madre que le parió al dios Cronos). ¿Estaremos interconectados? Ja, ja. Yo lo colgaré la semana que viene. Si es que. Ah, para mi también fue un día de lo peorcito... Uff, te dejo con la intriga.
Besotes, C.
Calamity | 16-06-2005 15:57:40
Excepto el traje de marinerito, que ya hubiese querido yo que me permitiesen llevar, la crónica podría suscribirla yo misma.
Espero impaciente la continuación, que incluso puede permitirnos llegar a jugar a 'encuentra las diferencias'. Que no serán muchas, seguro.
Un beso, mi Zucco.
amanda | 16-06-2005 16:29:48
En el colegio en el que yo estudié, los curas decidieron que, para eviatr agravios comparativos entre niños de distinta clase social, nos pusiéramos sobre nuestros flamantes vestidos de primera comunión un traje de monje de un escalofriante color marrón y con una cuerda por cinturón. Todos, niños y niñas. Para mí fue un alivio porque el vestido que me habían hecho y con el que salgo en la mayoría de las fotos era espantoso. Ya en aquel tiempo me lo parecía. Recuerdo haberme tirado chocolate intencionadamente sobre aquella cosa de raso blanco y a mi abuela dejándolo impecable, ¡condenada vieja!
Cecilia B. | 16-06-2005 16:36:32
Anda!!! Si somos parecidos! Mira por donde, me he sentido identificado con una salvedad. No recuerdo nada. Mi hermana, tres años menor que yo, se acuerda más de mi infancia que un servidor.
Será que no estuve a la altura? Será que no me satisfazo?
pau | 16-06-2005 18:15:44
Pues a mí me pasa lo mismo, del día en cuestión no me acuerdo de nada, sólo me acuerdo de la Iglesia y de la calle que llevaba a la misma. Si me son familiares todo ese tipo de pensamientos con la hostia, que si se te cae, que si la muerdes, es verdad, te veías con un pie en el infierno.
De lo que sí me acuerdo es de los días de catequésis anteriores,allí en los bajos de la Iglesia, esperábamos en una pequeña y divertida algaravía, hasta que venía el cura -le recuerdo joven y con sotana- nos ponía en fila y "p'adentro",
eran muy duros y tenebrosos, pero recuerdo que a medida que se iba acercando el día D, se fueron haciendo más asequibles.
Ha sido un nostálgico recorrido,nostalgia de la niñez, de aquellos compañeros, de los cuales guardo sus nombres en una postal, pero que hace muchos años que no he vuelto a ver.
Un cordial saludo.
Chusbg | 16-06-2005 21:58:57
todas las niñas vestidas de novias, y yo con túnica, la risa...y como eramos impares, y yo la mas alta, atrás que me tocó en el paseillo...Atrás, con túnica y con gafas..¡mierda de dia!La ostia se me pegó, y gracias al tragovino que me meti entre pecho y espalda, como dios...Quizá empezó ahi mi afición a los vinos con tapa
zipi | 16-06-2005 23:12:38
¿ Y te aportó algo ese día? Bueno..todo siempre aporta algo ¿Pero la creíste una experiencia que valiera la pena vivir?
Yo es que no hice la comunión. Mis padres me preguntaron si quería hacerla, y mi sincera respuesta fue: Sí, por el vestido y los regalos.
Así que ahí me quedé. Sin vestido, ni regalos.
illa | 16-06-2005 23:16:08
Ay, la semana de antes, cuando te hacen la misma operación con obleas no bendecidas, yo andaba por allí con una amiga que era más pequeña (con la que me di el primer beso en los labios, esto para redondear; ensayábamos besos delante del espejo, qué cosa más tierna y más tonta), bueno, que estaba con ella cuando me lo acababan de meter en la boca y me pidió que se la enseñara, yo metí la mano, la saqué y vi su cara de miedo. Chica, qué te pasa, ¿qué me pasa, qué me pasa? La Hermana Maria Jesús me había visto, me cogió fuerte del brazo y me dio un sermón que oyéndolo, Amalia (la niña que venía conmigo) mojó las bragas. Yo no, claro. Yo la vi alejarse y me quedé pensando en que igual creía que me había sabido meter miedo.
La donna è mobile | 16-06-2005 23:22:54
No tengo demasiados recuerdos de ese día; lo que me tenía traumatizado era el peligro de tocarle con los dientes o de que se te pegase al cielo de la boca. ¿Quien sería el el tirano que inventó esa forma tan sofisticada de comulgar.?. Hoy creo que aunque le toques con los dientes, al parecer ya no vas al infierno. Fui vestido de paisano, en las aldeas y en mis tiempos no había trajes de marinero...no había ni luz electrica...pero eso si...España era Una, Grande y Libre.
pepe penas | 16-06-2005 23:30:44
¡Anda! pues para ser el día más importante (o eso dicen) yo no me acuerdo de casi nada. Sé el traje que llevaba por las fotos, pero no recuerdo nada más. Sospecho que no fue tan importante o no pasó nada relevante.
Un beso.
ladesordenada | 17-06-2005 00:01:03
Recuerdo que ensayábamos varias veces cómo recibir la hostia, recuerdo el vestido -una desilusión-, el chocolate -gracias a tu post descubro por qué no me entusiasma el chocolate-, la fila...
Sigo leyendo.
Vir | 17-06-2005 05:26:49
Mi dia mas feliz fue cuando mi mama me celebro mi cumpleaños de 9 años con toda mi familia mi papa a lado mio y yo soplando las velas. yo vestida con un traje de dos partes un saquito a cuadros y una falda de cuadros
INGRID NINON | 12-10-2005 00:54:51
Cuando era un niño soñaba tener una casa muy grande, llena de libros y de discos. Lo he conseguido. Como pronosticaba D´Annunzio, "he sido devorado por lo superfluo". Ya entonces me horripilaban los abusos del poder, e incluso el poder mismo.
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