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Roberto Zucco

Jueves, 28 de julio de 2005

Mis años sesenta (1)

“Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es”.

Jorge Luis Borges.




En el cumpleaños de M.S.R. la única persona que nunca formará parte de mis recuerdos.


Cuando cumplí quince años, el mundo, Europa y España estaban convulsionados. Pero para convulsión, la mía. Un colegio mastodóntico que iba aburriéndome a pasos agigantados, una expectativa de amor veraniego en la distancia, un chico que comenzaba a despertar a la vida y a encontrarse poco a poco a sí mismo... Tal vez como todos.

La primavera que sucedió a aquel otoño y aquel invierno les trajo a los franceses el llamado Mayo del 68 y a mí un aprobado rapado en quinto curso de Bachillerato. Es evidente que no me enteré de nada de lo que ocurría en las calles de Paris, pero ningún otro acontecimiento histórico ha marcado tanto mi vida como aquel que sucedía mientras yo me debatía en sesudas reflexiones sobre mi propia identidad y me las ingeniaba para copiar diariamente de otros compañeros más preparados las traducciones de griego y de latín. Sólo recuerdo ya en verano y en Torredembarra, el pueblecito donde veraneábamos, que una emisora franquista tildaba de simples gamberros a quienes habían estado pidiendo la luna por las calles y plazas de la ciudad que ahora mismo más amo y en la que más veces he estado posteriormente. Porque desde la perspectiva del franquismo aquello pretendía presentarse como un simple tumulto protagonizado por jóvenes alocados con los cabellos largos (e ideas cortas, si se trataba de chicas) y mugrientos, sin valorar que la cosa iba a tener más repercusiones que las que muchos pensaban, aunque sin duda menos de lo que esos jóvenes hubiesen querido. Ahora estoy convencido de que el mundo cambió por completo después de aquella mezcla de guerra urbana y de fiesta popular, que se saltó a la torera las estrechas estrategias de los partidos oficiales de izquierdas y las convenciones revolucionarias al uso, y que entre los adoquines levantados del Bulevar Saint Germain, además de flores, estaban naciendo formas de ver el mundo que ahora están incorporadas a lo mejor y más democrático de nuestra civilización y nuestra ideología. Fue una revolución que no viví de una manera consciente cuando se estaba produciendo, pero que sentimentalmente he hecho mía con el paso del tiempo.

¿Cómo me iba a enterar de lo que pasaba en Francia si casi no sabía lo que pasaba en mi propia ciudad?. Porque España, durante aquellos años, empezaba a ser un clamor antifranquista. Huelgas, asambleas obreras y universitarias, manifestaciones en las calles, y, no conviene olvidarlo, los primeros asesinatos de ETA, conformaban un panorama que iba deteriorándose poco a poco. Franco había introducido años atrás nuevos cambios. Se había desembarazado definitivamente de los falangistas y nostálgicos de la primera hora y había colocado en el Gobierno a unos señores con formación económica que pertenecían al Opus Dei. Se les llamó muy pronto los “tecnócratas” y sus fórmulas de gobierno sirvieron para que la economía española saliera finalmente de la autarquía y las casas de todos se llenaran de neveras, lavadoras y televisores. También hicieron carreteras y pantanos, pero se olvidaron de traer las libertades políticas que es lo que la oposición, que empezaba a organizarse dentro y fuera del país, reclamaba. En esa oposición empezaba a haber paradójicamente muchos curas, algunos de los cuales fueron encarcelados. Tantos que las relaciones entre la Santa Sede y el Gobierno español empezaron, a partir de 1969, a sufrir enormes tiranteces.

Por: Roberto Zucco | Mi patria es mi infancia. | Comentarios (4) | Referencias (0)

Comentarios

Siga, siga usted, s'il vous plaît, nous attendons.

Portorosa | 28-07-2005 12:01:05

Sólo se enteraban de las cosas los que escuchaban radio Pirenáica y poco podían transmitir, los demás a lo que podíamos, ver películas de joselito y jugar al futbol, y futbolín y leer lo que se podía

Me enteré que había políticos que dirigían además de Franco y Fraga Iribarne cuando entraron los del Opus Dei. Que recuerdos, cuanta cutrez y cuanto ambiente de miedo solapado con trato paternalista.

Chusbg | 28-07-2005 20:09:51

Eran bellos años, seguro. Yo recuerdo que un primo mio tenía puesta la música todo el tiempo, una música excelente: el rock.

Así como en España, México también vivía momentos de recolución, muy duros y difíciles. Los 60' fueron años de grandes cambios, y así se percibió en la literatura.

Un excelente texto, Roberto
Besos

Magda | 29-07-2005 06:49:40

Innovación que nace de la innovación. Golpe mortal a la solemnidad y experimento de vida en comunas. Eso es lo que se me quedó marcado profundamente de aquellos años que como tú revivi en lecturas, en estudios y canciones. A través de la experiencia de mayo 68 y de los movimientos que en los 60's descollaron, miré la vida de otra manera. ¿Qué importan y qué importan los 'éxitos' individuales si en medio de tanto vértigo, pierdes la pespectiva
de la frescura? Aquella solemnidad de los pensamientos cerrados se me hizo tan vacua, que leer a Marx. Cioran, Foucault, y entender que cada uno te da luces para ahondar en la podredumbre de un sistema injusto y lleno de formas, etiquetas y convencionalismos, se me hizo cristalina . Desde
aquellas primeras lecturas, el corsé de las ideas/represión/pecado/corrección ¡se descarrilaron enhorabuena!. Salutes y sigo leyendo

Vir | 30-07-2005 06:47:01

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