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Roberto Zucco

Domingo, 21 de agosto de 2005

Buenos Aires (1).



Escribo estas líneas en el aeropuerto de Buenos Aires. Tengo un inesperado amigo argentino: un taxista de veintiséis años llamado Maximiliano Buccio, hijo de madre española y padre italiano, que me recogió hace dos días y concerté con él que viniera a buscarme a mi hotel para iniciar el viaje de regreso. Me hace un examen. Los argentinos preguntan mucho sobre las impresiones que la ciudad y ellos mismos provocan en los extranjeros. Ayer, otro taxista mayor, que me hablaba del “Nano” Joan Manuel Serrat con gran familiaridad en mitad de un gigantesco atasco de tráfico, me preguntaba también mi veredicto, antes de se ponerse muy triste cuando le dije que Joaquín Sabina había dejado de beber: “Estará insoportable”, apostilló.

Maximiliano es padre de un bebé de ocho meses, que le ha cambiado la mentalidad y la vida, y se quiere venir a vivir a España. Otra característica de los argentinos: se quieren ir, aunque están enamorados de su tierra. Le cuento que he visto a muchos niños trabajando de manera infame por las calles: vendiendo claveles en los bares por la noche, haciendo malabares en la calle Corrientes de madrugada, o tocando instrumentos musicales a la puerta de los restaurantes caros de Recoleta. Los niños de la calle como síntoma de que algo no marcha bien en este país. Una chica muy joven, boxeadora por afición y camarera por necesidad, madre de dos hijos, me cuenta que no hace mucho se encontró con el cuerpo tirado de un niño de cinco o seis años en la puerta del club nocturno donde trabaja. Nadie fue a verlo al hospital, pero el pobre crío se salvó.

Un camarero del hotel se sabe de memoria todos los jugadores de fútbol que ha tenido y tiene el Real Zaragoza: Gabi Milito, Leo Ponzio, Luciano Martín Galleti, etc. Me acompaña a la terraza del hotel para hacer fotos desde ella, le doy dos pesos, y me cuenta su vida. Desde la terraza se ve parte la impresionante concentración de parados y paradas que tienen la ciudad colapsada. Están delante de la Casa Rosada, que ha sido protegida con vallas metálicas y cientos de policías. Llevan aquí varios días y su actitud despierta la inquietud general. Cuando regreso al hotel por la noche han encendido hogueras y tocan tambores. También forman piquetes y se presentan en cualquier lugar de Buenos Aires, cortando el tráfico. El Presidente del Gobierno, Nestor Kirchner, dice por la televisión que no representan a nadie, el camarero no se atreve a decir lo que piensa, y otro taxista sostiene que alguien les está pagando para que protesten.

Pero Argentina entera anda conmovida por la reaparición en carne mortal de Diego Armando Maradona. Esa es la gran noticia de la semana. Al fin y al cabo, Maradona es dios, y para él los milagros forman parte de la rutina diaria. Pero en este caso, dios se ha pasado de milagroso. Maradona ha perdido todos aquellos kilos que le convertían en un ser patético; está guapo, juvenil y jovial. Qué imagen tan distinta a la de ese gordo de los últimos años, o a la de ese hombre airado que le pegaba perdigonazos a los periodistas desde su casa de no sé dónde. En el programa que ahora presenta en la tele, Maradona invita a sus amigos: exfutbolistas, como Pelé o Batistuta, cantantes como Diego Torres. Pero anuncia que pretende traer al programa a su amigo Fidel, e incluso al Presidente de la República que no creo que esté estos días para muchas frivolidades. Todos felices por verlo así, y Maradona achacando a sus hijas el milagro de su reaparición. Cuántas veces pronunció antes el nombre de sus hijas en vano. Otro taxista, en un tono más escéptico, me contaba, mientras cruzábamos el señorial barrio de Palermo, que esta vez el ídolo de la Bombonera, la mítica cancha de Boca Juniors, no debería desperdiciar este último e inesperado tren.

Busco un texto de Griselda Gambaro: “Los siameses”, obra de teatro que me ha recomendado David Amitín. Las librerías de Buenos Aires son increíbles, llenas siempre, y, en bastantes casos, con mesas para tomarte un café mientras lees o conversas. Dan ganas de pasarse la vida en ellas, indiferente a la realidad concreta y cotidiana de las calles y de la vida, y sumido en la lectura de los imperecederos textos de Borges o de Cortázar. No la encuentro, aunque me compro otras piezas de esta vigorosa anciana, y alguna otra de Steven Berkov. Recuerdo que en los tiempos de Franco, los libros de teatro de Stanislavski y Bertold Brecht entre otros venían a España de una forma casi clandestina de la mano de traducciones publicadas por editoriales argentinas.

Aquellos tiempos ya pasaron, como los del conflicto de las Malvinas. Mi amigo Maximiliano conduce rápido por la gran autopista que nos va llevando hasta el aeropuerto. Me muestra inmensos barrios de chabolas, y bromea diciendo que en ellos se entra vestido pero se sale en pelotas, si te descuidas, y aunque no te descuides. Lo que más le duele es que, según él, muchos de los que las habitan han perdido toda la ilusión por crecer, formar familias estructuradas, progresar económicamente. El mismo se pone como ejemplo contrario: su bebé le ha proporcionado la estabilidad que buscaba, quiere venirse a España, como ya hizo su hermana hace tiempo, casualmente a Zaragoza, comprarse un coche y acordarse todos los días de su Argentina querida.

Por: Roberto Zucco | Ciudades de mi vida. | Comentarios (8) | Referencias (0)

Comentarios

Che, pasáte por Lanús, y saludás mi barrio querido.

Gatopardo | 21-08-2005 20:50:47

Cuidado Zucco, no vayas a encontrate a Calamaro saliendo de su casa "re-coleta" junto a la Biela y comprendas que desde allí todo es más fácil.

Saluda a plaza cortázar de mi parte

leaosilva | 21-08-2005 21:37:53

Muy bien, Roberto (no es un bien de aprobación, que no osaría, es de admiración); me encantó. Venga, sigue contando.

Un abrazo.

Portorosa | 22-08-2005 00:38:32

Al leer tu esperado artículo, no puedo menos que pensar en lo triste que debe ser amar a tu tierra sin ver esperanza en ella, pensando en irte fuera, sabiendo que el precio que pagarás por un futuro mejor para tí y los tuyos será la añoranza constante.
Un abrazo Roberto, y bienvenido a "Madre Patria".

audreyrose | 22-08-2005 02:32:43

si me voy pasado mañana.... tiene que ser super interesante hacer un viaje contigo....

besazos y deseame suerte

La Divina Gilda | 22-08-2005 19:33:45

No puedes ni imaginar lo contenta que estoy de que estés de vuelta ya. Y además feliz al comprobar que sigues relatando tan bien como siempre, o quizás mejor si es que eso es posible.
Muchísimos besos.

Iris | 22-08-2005 23:32:54

Se pasa el tiempo volando, y yo perdiendome los relatos. Este es estupendo seguiré con el resto.
Un abrazo.

rosa | 24-08-2005 21:12:56

Imagínate Roberto Zucco, a Fidel riéndose con Maradona. Bárbaro.

Ciudad hermosa con sus abismos.
Niños en la calle,trabajando, de día y de noche...
Algo que forma parte del 'paisaje urbano': algo terrible.

Un gran salute para ti, Roberto Zucco.

Vir | 25-08-2005 04:49:56

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