Jueves, 22 de septiembre de 2005

Esta mañana un médico traumatólogo –me parece una buena persona y un excelente profesional-, me ha conducido hasta uno de esos aparatos iluminados en los que ves perfectamente las radiografías, y con una cara en donde he creído adivinar que cabía un gesto de conmiseración, me ha enseñado a mí mismo, o por lo menos una parte de mí, detalladamente reproducida: se trata de una vértebra que ha decidido iniciar un camino por su cuenta.
Esa vértebra, no me acuerdo bien cuál, claramente diferente, volcada hacia delante, amenazadora hacia la de abajo, mala compañera de vecindario, distraída con respecto al dibujo total de mi columna... Le he escuchado atentamente sus palabras: primero inyecciones, después rehabilitación, y, si no hay más remedio, intervención quirúrgica, sin especificar demasiado esta posibilidad. Cuando ha llegado a este último lugar del probable recorrido, yo, aunque seguía escuchándole, agradecido por su sinceridad no exenta de sencillez y calor humano, escuchaba también una voz imaginaria (la de césar Vallejo, querida VIR), que me susurraba una vez más “Los heraldos negros”, ese poema terrible que nos recuerda dónde estamos, lo frágiles que somos y lo perecedero de nuestra condición.
Recapitulo: me iba a Japón, y no me he ido. Por el contrario. Mi futuro inmediato queda anclado al reposo, a los cuidados, y, sobre todo, a la incertidumbre de qué pasará, de cómo evolucionará ese pequeño lugar óseo, rebelde y autónomo, que ahora centra mis expectativas y, porqué no reconocerlo abiertamente, mis temores.
A lo largo de mi vida me han pasado cosas extrañas, como a todo el mundo, algunas de las cuales he contado a través de este diario eléctrico, y que cambiaron el ritmo natural (¿natural?) de mi existencia. No sé porqué recuerdo ahora que a los veinticinco años me iba a Moscú a estudiar técnicas de payaso en una de las mejores escuelas del mundo (lo juro), y que la declaración de una súbita enfermedad de la persona que me iba a acompañar en esa aventura acabó con una opción profesional y humana que a mí mismo a estas alturas me parece tan lejana y absurda como divertida. ¿Qué haría yo a estas alturas tal vez en el circo Atlas, si es que existe, haciendo reír a los niños, entre el número de los leones y el de los trapecistas?. ¿Ese hubiera sido mi futuro? Lo cierto es que aquello se acabó radicalmente y mi vida experimentó un giro de ciento ochenta grados, tanto en el horizonte profesional como en el personal.
La vida da una volteretas tremendas, y entre una y otra parece que no nos acordamos de que estamos en mitad de una pirueta. Nos da tiempo para pensar, hacer planes instalados en el espejismo de que van a cumplirse, nos instalamos en una normalidad cotidiana y perdemos la perspectiva de que eso, en un momento, puede cambiar, y, de hecho, cambia.
No oculto que estoy perdido en el temor, obnubilado por una nueva revelación de la fugacidad y la endeblez de mi cuerpo, de la suerte (la mala suerte, vaya) y la casualidad de la vida. Caprichosamente me vienen a la cabeza también las toneladas de hierro que cuando tenía poco más de veinte años descargaba desde el techo de una furgoneta en mi aventura por el teatro independiente antifranquista. Sin protección adecuada, sin la musculatura necesaria, asumiendo un sobreesfuerzo para el que no estaba preparado. ¿Será ese el origen de esta dolencia que ahora se manifiesta, acrecentada por la inmensa cantidad de horas mal sentado ante ordenadores, en incómodas sillas de oficina, en butacas de director de teatro, en bancos universitarios decrépitos, en taburetes inhóspitos de bares y lugares de mala muerte? ¿El mal teatro aquel de los años setenta y la mala vida consecuente vienen ahora a pasarme una factura retrospectiva? ¿El fantasma de Franco, como el Cid después de muerto, viene ahora a vengarse? ¿Este es el resultado tangible y cabrón de haber elegido una vida, una profesión, una manera de ser?
Perdón por mis desvaríos: ¡Qué importarán ahora las causas si ya me encuentro instalado en el terrreno de los balances!.
Esa vértebra cabrona parece como que sea el resultado de lo que hasta ahora he sido. Ojalá no se convierta en la causa de lo que a partir de ahora seré.
Por: Roberto Zucco | Como la vida misma. | Comentarios (14) | Referencias (0)
La experiencia pasa factura, mi Zucco. Este año no vamos a pasar la ITV con nota. El próximo será.
Un beso fuerte y animoso.
amanda | 22-09-2005 23:59:07
No desesperes, querido Roberto, no te pre-preocupes demasiado.
Pero, dinos una cosa: si así fuera, si esto te dejase con molestias crónicas (porque de ahí no pasará), ¿habría merecido la pena?
Un abrazo.
Portorosa | 23-09-2005 00:00:27
Por lo que leo, debes tener un disco jodido... yo tengo otro. Un día, haciendo de buen padre, levanté al energúmeno de mi hijo para tirarlo al agua.
Crac!! Se oyó... la jodimos.
Al poco, en un viaje en barco, una ola me lanzó de lado a lado de la cabina.
Crac!! Se oyó... la rejodimos.
Por ahora, lo he solucionado solito, haciendo una gimnasia a espaldas de los médicos... y que dure.
pau | 23-09-2005 00:47:47
"Si no fuera por la Segunda Guerra mundial los aliados jamás habrían soñado en ganarla".
Una frase de Monterroso, que creo que dice que te ha estallado la guerra en la columna para que tu como siempre la ganes, y estoy seguro que la ganarás. Animo y a por la vertebra que es pequeña y cobarde.
Un saludo
Chusbg | 23-09-2005 01:19:33
Verás, cuando vas a dar a luz (espeeeeeeeeera, no pongas esa cara, ¿soy o no soy la de los comentarios inteligentes, Zucco dixit?) cuando es la primera vez, dependiendo de quien te diga qué se puede esperar de un parto tienes dos, tres, mil opciones: desde querer morirte a desear pasarlo lo antes posible, pasando por abrirte la tripa a bocaos. Hay mujeres que hacen de eso un arco de iglesia, que parece que sujetaban el globo terráqueo con la chepa, y otras que cuentan que antes que dolerle algo, sentían severas preocupaciones por una mosca que había en el techo. En fin. Lo mismo sucede con el dolor de muelas según quien te lo cuente. O el dolor de oidos según quien te lo cuente. El dolor de la regla, el dolor de riñones, todos. Pero tienes que pasarlo tú, y serás tú el que valore lo que te cuesta, lo mucho o lo poco.
Sabes (mírame, lo sabes querido) que siempre es menos de cuanto se te advierte, que los médicos siempre se curan en salud y te preparan para lo peor, por si acaso. Que es posible que tengas que pasarlo mal, y con dos cojones, con tres si quieres uno mío, lo pasarás. Cuando no hay más remedio, se apechuga. Ya verás como puedes con todo, de sobra (lo creo firmemente) y cuando no, (que no suene hueco porque es verdad) cuenta conmigo para sujetarte.
Sé fuerte, ten paciencia. Pienso en ti.
La donna è mobile | 23-09-2005 02:41:21
Roberto Zucco | 23-09-2005 03:08:30
Ánimo, Roberto, que por lo que se de ti, serás capaz de sacar partido de la situación.
Como bien dices, son giros inesperados que da la vida, inesperados para quien los padece, pero ¿quien sabe desde cuando y porqué se gestan? No se trata de culpabilidad o responsabilidad.
El destino es terco, recuerdo la película "Erin Brocovitch", ¿en qué situación límite tuvo que verse una pobre chica sin estudios ni trabajo ni dinero y con tres hijos que mantener para presentarse como una desesperada en el bufete de abogados que la representó para pedir empleo? y ya sabemos la historia, basada en la realidad, aquello fué su destino. A ver, son cosas que se me ocurren, pero quien sabe si a lo largo de su vida de Miss yo no se cuantos no supo ver las señales que le indicaban que aquel no era el camino.
Bueno, en fin, que a cuidarse.
Abrazos cautelosos pero no menos cariñosos. ;)
audreyrose | 23-09-2005 07:26:15
¿Después de todo lo que has pasado te vas a achantar por un huesecillo anárquico? No me lo creo. Vamos, no es que no me lo crea, es que no me lo puedes hacer creer.
Sé fuerte corazón. Aquí estamos todos con nuestro lenguaje de ceros y unos para brindarte nuestro más sincero apoyo. Un beso. C.
Calamity | 23-09-2005 10:01:39
Hace unos años cuando tuve la comprobación de mi hernia cervical ( somos intimas, hoy, casi amigas) creí que el mundo se acabava. Hoy creo que quien se acaba soy yo, entonces pasé a hacer todo lo que me gusta. Un cambio de punto de vista que me fué, de manera paradoxal, una abertura para un mondo más feliz. Piensa con cariño en acupuntura y reeducación postural. Hacen más milagros do que sueña nuestra vã filosofia..o cirurgia...
un abrazo
maray | 23-09-2005 18:14:47
Estoy de acuerdo con Maray, piensa en medicinas alternativas antes de la intervención y no sufras por algo que se resolverá favorablemente, estoy segura.
Este revés traerá para ti cosas positivas, ya lo verás...
Muchos bicos de una con ciática también pegada a una esterilla.
Muralla.
Muralla | 23-09-2005 22:31:18
Siento lo que te pasa , pero recuerda : ahora lo pasaras un poco mal para luego pasarlo muy bien.Después de algo malo siempre viene algo bueno.Es un período de tu vida , no tu vida entera .No te dejes vencer , creo que eres fuerte y sabes luchar .A la enfermedad siempre hay que mirarla de frente .Ponte en manos de especialistas y verás cómo todo sale bien .¡Ánimo !
Saludos
Gatito viejo | 24-09-2005 00:25:07
Vaya con la vértebra! ya sabes reposo, calorcito y paciencia, eso es un coñazo pero los que tenemos la espalda fastidiada sabemos lo doloroso que es.
Venga un abrazo!
Ararat | 24-09-2005 14:22:57
¡Ánimo! seguro que todo te saldrá bien.Yo no tengo una vertebra tengo dos lumbares, hechas polvo. Mi traumatólogo, fue muy antipático, me dijo: esto es de estar tanto tiempo sentada de mala postura. Lo va Vd. a pasar muy mal. Solución, operar de momento no, Haga estas tablas de ejercicios 15 minutos todos los días, estiramientos y más estiramientos. Estoy un poco mejor sin te sirve de consuelo.
Un abrazo.
rosa | 25-09-2005 23:36:10
Querido Roberto, eres entrañable para muchos. Los blogueadores te dejan mensajes tan cálidos..., convocas afectos y los acrecientas. Toda esta armazón afectiva es algo grande. Cuando estés malito, recuerda que la soledad en tu caso es algo imaginario, secuencial, temporal... y que esos dolores se tornarán motivos de nuevas miradas. No es nada grato estar aquejado por algo que altera el cuerpo, y que en
esa alteración corporal, el alma sufre la inclemencia, mas esto que parece trágico -o que muchas veces lo es- creo que es otra experiencia para quienes de una u otra manera creamos. Recuerdo indistintas veces que he estado en una clínica, desde que era niña(por una sarampión con neumonía...perdona por estas personales referencias: un día cuento sí, los pormenores., que hasta tienen su comicidad... F
Fracturas mexcladas a las fracturas del alma, etc) y viendo en retrospectiva, de todo extraje fuerzas, y aprendí, a veces sin darme cuenta que aprendía.
Tú, a donde vayas, serás querido, y te digo, creo que esa es la más grande fortuna que se pueda tener. Vas a pasar esta travesía, y aún en medio de salas frías, algo cálido saldrá y si en lgún momento todo te pareciera terrible, cierra los ojos y recuerda a quienes amas: allí están recordándote ...y varios están en tu España: podrán dar un salto y ver a Roberto Zucco,el blogueador, el hombre, el ser, el amigo.
Ahora ninguna duda me asalta: existen los afectos vía blogs. Ahora sé que Roberto Zucco es un afecto
de posts, imágenes, palabras reales, tiempo blogueado, panorama real, cielos surcados por la imaginación.
Y esta fragilidad humana de la que hablaba Vallejo
es como un gran instrumentos musical de sentimientos, que se torna fuerte y nos arranca de la nada, y del desamor.
Un abrazo, Roberto.
Vir& | 26-09-2005 22:03:38
Cuando era un niño soñaba tener una casa muy grande, llena de libros y de discos. Lo he conseguido. Como pronosticaba D´Annunzio, "he sido devorado por lo superfluo". Ya entonces me horripilaban los abusos del poder, e incluso el poder mismo.
Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com