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Roberto Zucco

Miércoles, 28 de septiembre de 2005

La primera vez que vi Nueva York (3) El teatro.



El teatro es la actividad que he dedicado más tiempo en todos los viajes que he hecho a Nueva York desde este primero que estoy describiendo. También en esto, el primer viaje fue iniciático porque entendí de golpe la respuesta a algunos secretos y se destrozaron de un plumazo bastantes prejuicios.

En primer lugar se desbarató el prejuicio de que allí sólo había medios y escaseaba el talento. Nada de eso: en los escenarios de Broadway hay mucho de las dos cosas, aunque es verdad que, por encima de cualquier otra consideración, nos encontramos ante un negocio perfectamente montado a cuyos beneficios todo se supedita. Aclarado esto, hay que reconocer que la inmensa mayoría de los actores son excelentes, con una técnica habitualmente conseguida en escuelas extremadamente especializadas, la dirección va más encaminada a organizar y armonizar signos generales que a dirigirlos a ellos, y que la factura final es indiscutible, aunque a veces excesivamente encaminada a “deslumbrar”. En Europa hay un equilibrio mayor en el resultado escénico, armonizando mejor los niveles en los que se sustenta, porque los medios pero también las propuestas y la organización del trabajo son otros. Otro día escribiré sobre esta diferencia que, sin duda, viene de lejos y sobre la que hay abundante teoría escrita.

El público espectador está compuesto “grosso modo” en un sesenta por ciento por turistas de todo el mundo que deciden incorporar un musical a su nómina de emociones, en especial “El fantasma de la ópera”, “Los miserables”, y en ese momento “Cats” que ya llevaba doce años en escena.

Pero junto a ese teatro musical, que en muchos casos es excelente y en otros artificioso y demasiado ingenuo, la cartelera de Nueva York siempre te depara sorpresas extraordinarias que no puedes perderte por nada del mundo. En el propio “Broadway, habitualmente podemos encontrar auténticas lecciones de las que en otro momento me detendré también. Adelantaré algunas de las que yo he tenido personalmente la suerte de ver: la increíble presencia escénica de Dustin Hoffman interpretando “El mercader de Venecia”, de Shakespeare, la elaborada técnica de Al Pacino haciendo “Arturo Ui”, de Brecht, la voz potente y hermosa de Katellen Turner encarnando a la madre de “Los padres terribles”, de Cocteau, o la lección de Stanley Tucci en una obra de Terry McCnally. Todos ellos provocaron en mí las mejores sensaciones interiores como espectador y persona.

En aquel primer viaje tuve la suerte de ver una versión de “Tommy”, que ya había sido llevada al cine y que estaba basado en la música de Peter Townshend, del grupo inglés The Who. La producción era nada menos que de George Martín, el colaborador y maestro de los Beatles. Me hizo vibrar más que otros espectáculos, aunque reconozco que “El fantasma” me sorprendió por su sabia y calculada espectacularidad. Con “Los miserables” me pasó un poco lo mismo, aunque en menor escala, y de “Cats”, que muy sintomáticamente se acaba de estrenar en España, aguanté solo la primera parte porque me recordaba demasiado aquellos programas de Valerio Lazarov. Aquello me pareció ampliamente superado, pero ahora veo palpablemente que el negocio y la estética son cosas bien distintas.

Junto al “Broadway” nos encontramos la franja de espectáculos llamada “Off-Broadway”. No es el equivalente ni mucho menos a lo que en Europa y en España conocemos como teatro independiente, pero pudiera ser una referencia para entendernos. En cualquier caso, algunas propuestas podrían pertenecer al primer nivel, incluso si hablamos de medios, aunque existe una mayor voluntad de primar lo artístico sobre el negocio en sí. Hay espectáculos musicales (como “Stomp”, en el Orpheum Theatre de la segunda avenida, que lleva muchos años en cartel), performances como “Villa, Villa”, de los fantásticos argentinos De La Guarda”, o experiencias interlingüísticas más o menos rigurosas como “Tubes”, de Blue Man Group, interesantes pero más comerciales. La revista “Time Out” se convierte en herramienta imprescindible para conocer la cartelera de la ciudad, especialmente en este apartado, en donde no es difícil encontrar buenos trabajos a partir de textos de Woody Allen, David Mamet, e incluso Arthur Miller y otros contestatarios de la escena norteamericana. El Living Theatre (después de la muerte del gran Julian Beck), y La Mamma, serían ejemplos ilustres, aunque su actividad y capacidad de seducción hayan bajado muchos enteros.

Por último entramos en el apartado “Off-off-Broadway”. Aquí nos encontramos de todo. Jóvenes compañías que visitan la ciudad, garajes convertidos en teatros, performances en la calle, restaurantes en donde entre plato y plato, se representa una pieza inspirada en algún suceso de actualidad y escrita por algún joven dramaturgo. A veces no es nada fácil encontrar el lugar exacto, y a esta circunstancia le debo muchos paseos gratuitos e involuntarios por la ciudad que, a su vez, me ha compensado con paisajes no previstos. La última vez que estuve en uno de estos espectáculos (junio 2004) en un pequeño comedor puede ver la sucesión de unos monólogos extraídos de la vida misma, de personajes que contaban su experiencia personal el día en que se derrumbaron las torres. Las habían recopilado varios taxistas, y algunos de ellos nos helaron el corazón a los escasos doce o trece espectadores que los vimos y oímos. En la puerta de la sala no había luces de neón, ni grandes anuncios, ni la obra estaba interpretada por actores famosos, a diferencia de lo que ocurría a unos kilómetros al norte. El teatro en Nueva York a veces se convierte en pequeño, aterriza en la escala de lo humano, y recobra una fuerza poderosa para contar historias que, a su vez, extrae de nosotros mismos. Recobra entonces una dimensión política y movilizante que llega a sorprender por su sinceridad y su coraje.

Por: Roberto Zucco | Ciudades de mi vida. | Comentarios (3) | Referencias (0)

Comentarios

Si lo cuentas así, vas a conseguir que me aficione.
Esta "Trilogía de Nueva York" es una maravilla, Zucco querido.
Muchos besos.

Iris | 29-09-2005 22:03:08

Suscribo lo de Iris. Todo da envidia, todo es interesante.
Un abrazo, sin apretarte mucho.

Portorosa | 30-09-2005 14:11:36

Roberto Zucco, qué diversa es Nueva York.
Lo que una en apuntes mentales veía , ahora se ha ensanchado al leer tu post, pleno de reminiscencias que ilustran con frescura escenas de tu travesía en esta intensa ciudad.

Ver a Al Pacino, a Kathlen Turner, Dustin Hoffman y a los actores desconocidos, actores plasmando experiencias como la de las Torres , es un referente
que particularmente me ha llevado a una reflexión
acerca de cuán vasta e infinita es la capacidad humana para interpretar realidades , salidas de la mente o que sucedieron, y nuestra capacidad para interiorizar lo que espectamos.

Una vida como la tuya, Roberto Zucco es gratificante.
No sólo has visto tanto sino lo has aprehendido para tu imaginario , el cual describes ofreciendo a tus lectores una experiencia vital.

Salutes y sonrisa.

Vir& | 01-10-2005 20:27:10

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