Martes, 11 de octubre de 2005
El solo nombre de “sociedad del bienestar” me produce desde hace tiempo una especie de reacción instintiva, a caballo entre lo racional y lo emocional. 
Se trata de una extraña sensación, precisamente de malestar, pero de un malestar que tiene que ver con mi propia conciencia como persona, como ciudadano, como residente y nacido en este país que llamamos España, pero sobre como habitante del planeta. Viene de lejos, y participa en cierto modo de aquel “malestar de la cultura”, y de aquella otra “náusea” sartriana que tanto me afectó en mitad de la adolescencia. No termino de acostumbrarme a oír eso del bienestar, cada vez con más frecuencia, en labios de políticos de todos los partidos, todas las ideologías y en todos los lugares. Tal vez precisamente en eso es en lo único que todos se parecen, o todos coinciden, o todos están realmente de acuerdo: es necesario no perder las conquistas de “la sociedad del bienestar, bla, bla, bla...”. Ese consenso, sin duda, debe ser lo que más me molesta: hace mucho tiempo que no leo en ningún sitio un discurso que desde la política, la ética, y ya no digamos desde la economía, se cuestione ese principio, que empieza a ser, por tanto, el eje vertebral de todas las promesas electorales, primero, y todas las prácticas políticas posteriores, sea en los gobiernos o en las múltiples oposiciones.
Y de pronto ocurre lo que ocurre en la frontera con Marruecos, y pienso que, si nos quedara todavía en el interior de nuestros corazones una mínima capa de aquello que venía a llamarse “humanidad”, y ya no digamos de conciencia crítica, el concepto de “sociedad de bienestar” estallaría en nuestras trompas de Eustaquio como una especie de petardo de feria: estridente, desacompasado, inoportuno, y, a la vez, extraordinariamente revelador. El horror se cuela de pronto en nuestras vidas, la puerta de la muerte se abre intempestivamente en mitad de la noche.
Nos cuentan que una madre con su niño pequeño atravesó a pie cinco países africanos para llegar a estrellarse contra una alambrada de varios metros de altura, llena de pinchos, que, naturalmente, no pudieron atravesar ninguno de los dos. Nos cuentan que varios cientos de inmigrantes son empujados hacia el desierto por el ejército marroquí, a golpe de fusil y vigilados por helicópteros, para posteriormente abandonarlos literalmente a su suerte. Nos cuentan que cientos de hombres, mujeres y niños, desesperados y hambrientos, se estrellan contra esa última barrera que los separa precisamente de esa “nuestra sociedad del bienestar”, a la que parece poco probable que jamás puedan acceder. Morir en el intento para cualquiera de ellos es una hipótesis bastante asumida, o tal vez el estado de necesidad en que se encuentran obnubila otra capacidad humana que no sea, precisamente, estrellarse contra esa alambrada fatídica, como los mosquitos se aplastan y achicharran en verano contra esos artefactos infernales, produciendo además un ruidillo inconfundible.
Ante este hecho terrible, que sucede a las puertas de nuestras casas, hay dos opciones: mirar o no mirar. Normalmente no miramos, y, si miramos, no vemos. Los canales de televisión, y el resto de los medios nos informan, y la información es desde hace ya mucho tiempo, ya sea por saturación o falsificación, una suerte de sofisticada y culpable desinformación. Suspiramos y dejamos de mirar muy pronto, sumergidos como estamos en nuestros graves problemas autonómicos (El Estatut, por ejemplo), personales (mi vértebra, por ejemplo) y laborales (mi trabajo, por ejemplo). Al fin y al cabo también se nos olvidó muy pronto el tsunami, el 11 M, el 11S, la invasión de Afganistán, etc. Lo de Irak todavía no podemos olvidarlo del todo, entre otras cosas porque nos dijeron que acabaría muy pronto y todavía está en pleno fragor, pero es cosa de un poco más de tiempo. Tenemos unas tragaderas estupendas para olvidarnos del horror que provocamos, o el horror que provocan los gobiernos a los que votamos o no votamos pero son nuestros gobiernos, o las coaliciones internacionales en las que estos gobiernos a los que votamos, o no votamos, nos meten. Serían ya demasiadas preocupaciones.
Pues bien, no. No puede ser. No podemos aceptar que nadie más hable de “la sociedad del bienestar” sin interpelar abiertamente sobre qué significa exactamente ese concepto, dónde está la trampa que encierra, y, sobre todo, a quienes y a cuántos concierne esa supuesta maravillosa conquista. Porque no deberíamos aceptar unos privilegios si estos nacen precisamente de la ausencia de los mismos privilegios en otros lugares. Es decir, si sospechamos que nuestra riqueza no es desgraciadamente la consecuencia lógica de nuestro grado de civilización y progreso, de nuestra suerte o de nuestras capacidades para sobrevivir en el planeta. Sino que nuestra riqueza es la consecuencia exacta de la pobreza y el subdesarrollo a los que condenamos a los demás para prevalecer sobre ellos. Nuestro éxito es nuestro fracaso, nuestra virtud es el resultado de nuestro fracaso. Europa es Europa y EEUU es EEUU porque Africa es Africa, y hay entre continentes una diabólica relación de causa/efecto, es decir, de explotación pura y dura, que pocos ingenuos deberían poder seguir obviando.
Por: Roberto Zucco | Política internacional. | Comentarios (15) | Referencias (0)
Creo que no se puede decir mejor, Roberto. Ojalá en lugar de esta tribuna, a la que accedemos sólo algunos, tuvieses otra, porque me parece que leer esto vale verdaderamente la pena.
Como tú sabes, desde el cinismo podemos desacreditar incluso las buenas palabras como las tuyas, pero en el fondo sabemos que de opiniones así sale todo lo bueno que se está haciendo.
Nos rebelamos ante la idea de que nosotros estemos aprovechándonos de nadie, pues no nos vemos más que como pequeñas piezas sin voluntad de una enorme cadena. Pero nos olvidamos de que también se peca por omisión; y no sé qué santo decía que ésa era la peor forma (la más cobarde, interpreto yo) de pecar.
Un abrazo.
Portorosa | 12-10-2005 12:28:53
Coloco el enlace a este artículo en "Espero vivir lo suficiente", y sé que si podemos hacer algo si no nos callamos, si esto se convierte en una epidemia de indignación con la atrocidad en todos los blogs donde escriba alguien con un mínimo de decencia.
Un abrazo, maestro Zucco, y gracias por coincidir.
Gatopardo | 12-10-2005 13:59:23
Quisiera ponerme en marcha.
Saber por dónde empezar.
Empezar a cambiar las cosas, antes de que sea demasiado tarde, porque hay tiempo. Hay tiempo mientras estemos vivos para intentarlo.
¿Por dónde empezamos?
¿Por dónde?
Saf | 12-10-2005 15:11:27
Pide la cabeza de los sátrapas que gobiernan esos países, pide que abandonen el país ya, que dejen a esos pueblos libres de sus tiranías psicóticas. Empieza por ahí, por pedir que esos sátrapas dejen de explotar a su propia gente, que dejen de hacer barbarie, de construir barbarie. Empieza por gritar que quieres la cabeza de todos los presidentes de esas repúblicas, esos enloquecidos visionarios que destruyen todo lo bueno de un país. Pide la cabez ade Mugabe que ha rechazado todo tipo de ayuda para prevenir el SIDA en Zimbawe como protesta por el neoliberalismo de los Estados Unidos (el 40% de la población de Zimbawe está enferma de SIDA y cada semana mueren 3.000 personas por enfermedades relacionadas con el SIDA en ese país). Pide la cabeza de todos los que son como él, que hay decenas en Africa, casi uno por país. Ese es el primer paso. Después, todo es más sencillo. Al respecto es interesante que estudiéis el caso de Botswana cuyo rey, un individuo realmente sensible, ha logrado que su país tenga una tasa de crecimiento muy superior a la de Argentina o Uruguay.
Así que ya sabes por dónde empezar. Por los cimientos.
Cecilia B. a Saf | 12-10-2005 17:48:43
Pues sí, en Zimbawe, cada año es como si hubiese un tsunami, segun dicen, el desastre natural más grande de la historia. Curioso cinismo el mío, no?
Curioso cinismo el de los marroquies y españoles que con la maniobra del desierto han conseguido que, gente dispuesta a morir por llegar a nuestra maravillosa tierra, esa maravilla en la que atamos perros con longanizas, esa gente desee volver como sea a sus países de orígen.
En Melilla nunca cruzan ciudadanos de Mali ni de Senegal; ahora, ante la opción de ser deportados o ser abandonados, ha salido un momtón. Esos volverán a su casa en avión, los demás, vete a saber... pero segun leo, por lo visto, ante tamaño desastre, los demás gobiernos están solucionándolo con el marroquí.
La policía de este país, tan solo deja hacer una llamada a los deportados. Invariablemente, esta consiste en... No vengais, no vengais!!!
Lo que ocurre en Liberia, en Congo, en Nigeria... todos lo sabemos. Pero, qué ocerre en Senegal, en Burquina, en Mali... para que se jueguen la vida así?
Nada, no ocurre nada. Tan solo, falta de esperanza y promesas telefónicas.
Los inmigrantes que consiguen pasar los engañan, no pueden permitirse reconocer su fracaso, es una vergüenza demasiado grande, han pedido dinero prestado, han hipotecado la familia, ahora deben demostrar que han triunfado... triunfado vendiendo CDs por la calle, perseguidos por las mafias y la policía.
Esa es la verdad y contra ello hemos de luchar.
Hoy veía en la tele a Angelina Jolie repasando sus notas sobre el terreno para buscar soluciones.
Por otro lado, me entero que hay actrices que se operan los pies para poder calzarse unos zapatos que, con su precio, podrían dar trabajo a mil malienses.
Angelina Jolie está mal vista por el gobierno de su país, los deja constantemente en evidencia. También está mal vista por multitud de ONGs, es de suponer que por lo mismo.
Las actrices de los zapatitos, no, esas no, esas cenan con el presidente y dan dinero a la ONG de turno, supongo que debe desgravar mogollón.
No es fácil la solución, pero es posible. Se empieza por ir de turista a estos países y gastar, hablar, comprar cosas de la gente normal, coger un taxi, visitar aldeas sencillas.
Luego... Nunca se sabe.
Nosotros comenzamos así y, hoy, con cuatro duros, damos trabajo a más gente que cualquier ONG.
pau | 12-10-2005 19:11:04
Todos hemos escrito algo al respecto en nuestros respectivos blogs, pero tu análisis es, según mi opinión, el más serio y completo. La aportación de Pau es muy interesante y válida.
Hemos de proporcionar recursos, pero sobre todo, cultura: me refiero a desterrar la ignorancia y formar a los pueblos para que aprendan a generar conocimiento y riqueza. Que aprendan también tolerancia, respeto, honradez. Abolir etnias, guerras tribales, luchas de poder. Gestionar los recursos de cada país con manos propias y no dejarlos en las fauces de hienas ajenas. Generar hogares y no campamentos de refugiados. Educar en la sanidad y en la contracepción. Demostrar que amar es infinitamente mejor y más provechoso que maltratar o matar. Y que un niño feliz y esperanzado es y será siempre la resplandeciente garantía de un futuro mejor.
rythmduel | 12-10-2005 21:02:04
La Divina Gilda | 13-10-2005 01:22:07
¿abolir etnias??????? ¿Ese es el sistema, abolir etnias??????? Y además, cultura occidental ¿no?. ¿qué cultura quieres enseñar? ¿crees que la suya está 'desfasada' o que es una cultura 'intrascendente'? ¿crees que cultura es tecnología o estamos hablando de modificar la tradición de decenas de miles de años? ¿crees que la cultura occidental es superior a la cultura ancestral de las etnias que pueblan Africa?
Para enseñar a los pueblos, ya sabes, eso de enseñarles a hacer algo que aparentemente ellos no saben hacer, primero deberías saber si realmente son tan ignorantes como crees que son.
¿abolir etnias????????????? ¿abolimos a los serbios o a bosnios para evitar más conflictos en los Balcanes?
Cecilia B. a rythmduel | 13-10-2005 01:53:42
¡Eso es, querido Zucco!. Eso es. Estoy de acuerdo con Portorosa: qué pena que un artículo tan, tan, tan perspicaz y contundente no sea aireado en tribunas más concurridas. Un fuerte abrazo, amigo.
Ernesto | 13-10-2005 03:45:41
Calamity | 13-10-2005 13:56:52
Yo, como Cecilia B., no me atrevería a afirmar que podamos enseñarles algo a esos pueblos y estoy segura de que ni siquiera somos un buen ejemplo. Sin embargo, creo que no había una interpretación de limpieza étnica en ese "abolir etnias" que rythmduel ha utilizado. Quiero creer que se refería a las desigualdades entre etnias y a las matanzas que algunas de ellas perpetran a otras. En cualquier caso, también eso lo hacemos en este mundo civilizado y culto en el que vivimos.
Caballero Zucco, ya te lo he dicho pero repito que es un excelente artículo el tuyo. Sabes bien que no creo en la humanidad pero mientras te leía casi he creído en la posibilidad de que algo fuera diferente.
Muchas gracias y muchos besos.
Iris | 13-10-2005 19:05:32
Un buen artículo, no puedo añadir nada a lo que ya has dicho tu.
Me quedo con la profunda sensación de impotencia que quizás esconda la misma hipocresía de tantos..
Un beso :)
Grial | 13-10-2005 19:42:58
Creo que fue ayer cuando Carod Rovira dijo algo que muchos otros piensan pero callan; "Cataluña no puede pagar la sanidad de África" y "la inmigración puede hacer que nuestro país reduzca su grado de bienestar".
Cuando la gente que piensa como tú (y muchos de los que han comentado en este blog) seamos mayoría, se solucionarán los grandes problemas de nuestro malestar por el bienestar.
Saludos y un placer leerte.
Juan Cosaco | 16-09-2006 12:35:27
excelente palabras bien dichas y faciles de comprender, palabras q tambien me hacen sentir culpable por pertenecer a ese estado anonimo q ignora ese lado del continente........ En el fondo todos estamos hambrientos de conciencia y humanidad es una verdadera pena.
leidis | 09-10-2006 00:45:31
Lo más insultante es ver en la tele las sandeces norteamericanas y como viven del cuento muchos parásitos y el circo mediatico que arman con nelson mandela. Es hipocresía pura.
adri5 | 04-07-2008 02:02:38
Cuando era un niño soñaba tener una casa muy grande, llena de libros y de discos. Lo he conseguido. Como pronosticaba D´Annunzio, "he sido devorado por lo superfluo". Ya entonces me horripilaban los abusos del poder, e incluso el poder mismo.
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