Sábado, 15 de octubre de 2005

Hay una generación de escritores teatrales, nacidos durante las primeras décadas del siglo pasado, que cambiaron por completo la situación y el oficio del dramaturgo en el teatro contemporáneo. Uno de ellos ha sido Harold Pinter.
Renovaron el concepto mismo de la ubicación del texto en el contexto del espectáculo, tanto en su fase de creación como en el resultante del mismo, y para ello se involucraron de una manera activa con compañías y núcleos de creación. Bertold Brecht integraba su trabajo de dramaturgo en el interior del Berliner Ensemble, sometiendo sus propios textos a diferentes reescrituras a partir de lo que él mismo iba constatando en el día a día del proceso como director de escena. El trabajo de actores y directores en el escenario inspiraba, modificaba, destilaba el suyo. Fue una de las formas de creación colectiva, y, tal vez la más fructífera, de la que con variantes y revisiones nacieron otras muchas en diferentes lugares. Helen Cixous en el contexto del Theatre du Soleill, con Ariane Mnouchkine a la cabeza, forman ahora mismo una sociedad especialmente activa e interesante, aunque en el mundo existen otras muchas.
Otros autores también se dedicaron a renovar las formas y los procedimientos. Muchos de ellos incorporaron hallazgos de otros lenguajes literarios, y no literarios, y, en algunas ocasiones sus resultados fueron tan espectaculares como efímeros.
Pero hubo un tercer grupo de escritores que renovaron contenidos y procedimientos, fondo y forma, y contribuyeron al nacimiento de un nuevo teatro, y, lo que es más importante, exploraron nuevos terrenos, incorporaron temas y ampliaron niveles de percepción de la realidad. Uno, indiscutible, magmático, provocador, fue Samuel Beckett, del que Alfonso Sastre en un texto canónico de los años setenta (“Anatomía del realismo”) dijo que había inventado una nueva forma de “realismo profundo”. El otro es, sin duda, quien hace unas horas acaba de ser anunciado como flamante nuevo Premio Nobel de Literatura: Harold Pinter.
Pinter también es un autor teatral realista, y así le gusta definirse a él mismo. Pero la realidad que nos describe es una realidad fronteriza con la irrealidad. Su teatro se instala ahí, justo en el momento en que no es fácil definir los límites: entre la sicología y la política, entre la verdad y lo falso, entre el sueño y la vigilia. Sus textos, sus palabras, son la expresión de la ausencia, de lo efímero, de lo inclasificable, de lo que no tiene contornos y que, por esa circunstancia, puede llegar a ser aterrador y acechante o inocuo y amable. En ese espacio simbólico, sus personajes hablan, pero sus silencios son los que verdaderamente les representan. Unos silencios, no haría falta decirlo, llenos de sentido, llenos de vida. Así como alguien dijo que un director de escena que se acerque a Shakespeare lo primero que tiene que solucionar es como corporeiza escénicamente los fantasmas que aparecen en sus textos, puede decirse que un director que quiera montar una pieza de Harold Pinter debe afrontar que las pausas y silencios son casi más decisivos e importantes que sus parlamentos. Como pasa casi siempre, cuando la crítica no sabe como entender un nuevo fenómeno, suele caer en simplificaciones peligrosas. Por eso, el teatro de Pinter fue catalogado sin más y durante muchos años como una variante del género del “absurdo”, del que sólo participa en realidad, visto con cierta perspectiva, en algunos aspectos formales y epidérmicos.
En la personalidad de este hombre de origen judío, nacido en Londres en 1930, cuya primera obra, “La habitación”, fue estrenada en 1957, y cuya producción total es poco extensa (creo que no llega a treinta piezas en total), hay que destacar un aspecto muy particular: su compromiso con la política. En Inglaterra ha sido a lo largo de estos últimos años una voz de referencia contra la actitud del gobierno laborista de Tony Blair en relación a temas como la guerra de Irak, por ejemplo, convirtiéndose para mucha gente en un icono del inconformismo y la protesta. En 2003 estas fueron sus palabras:
”La Guerra planificada contra Irak es de hecho un plan para el asesinato premeditado de miles de civiles para, aparentemente, rescatarles de su dictador. Los Estados Unidos y Gran Bretaña siguen una carrera que puede llevar únicamente a una escalada de violencia a nivel mundial y, finalmente, a la catástrofe. Es obvio, no obstante, que Estados Unidos revienta de ganas de atacar a Irak. Creo que lo hará, no sólo para controlar el petróleo iraquí, sino porque la administración norteamericana es ahora un animal salvaje sediento de sangre. Las bombas son su único vocabulario. Muchos americanos, los sabemos, está horrorizados ante la postura de su gobierno, pero esto parece ser inútil. Al menos que Europa encuentre la solidaridad, la inteligencia y la valentía como para enfrentarse y resistir al poder de Estados Unidos, Europa misma merecerá la definición de Alexander Herzen (como citó el periódico “The Guardian” en Londres recientemente): “Nosotros no somos los médicos. Somos la enfermedad”.
En mi vida de espectador me he cruzado con textos de Pinter en algunas ocasiones. La última en la sala pequeña del Teatre Lliure, de Barcelona, en Febrero de 2003, en donde vi “Cendres a les cendres”, con dirección de Antonio Simón. Pero la primera para mí constituye un recuerdo inigualable. Fue un espectáculo integrado por “La colección” (1962) y “El amante”(1963), dos textos cortos, pero muy representativos de su universo teatral. Los vi siendo apenas un adolescente, puestos en escena por la compañía de Gemma Cuervo y Fernando Guillén, constituyendo uno de esos resquicios de calidad que la programación apolillada de un teatro de provincias, en mitad del franquismo, incorporaba de ciento a viento. Para mí aquel espectáculo fue la constatación de que otro teatro, no solo era necesario, sino que también era posible.
Por: Roberto Zucco | Teatro. | Comentarios (9) | Referencias (0)
Desde que supe que Pinter era el nuevo Premio Nobel esperaba tu "crónica" con interés, con curiosidad, sabiendo que tus palabras me aportarían sin duda algo nuevo a lo ya leído/visto sobre él.
Y así ha sido: sólo alguien que conozca y ame el teatro como tú lo haces podría escribir tan a fondo en tan pocas líneas.
Gracias por este regalo. Pinter siempre me había gustado, y ahora, gracias a ti, me gusta aun más. Es un personaje interesante y necesario, como lo eres tú para mí.
Muchísimos besos.
Iris | 16-10-2005 10:02:12
Me adhiero completamente al comentario de Iris. Ya Ernesto, en su post sobre Pinter, te cedía el testigo del análisis de su figura y su obra, y muy acertadamente como se puede ver. Estos diez minutitos empleados en leerte me han dado a conocer a un autor para mí absolutamente desconocido que trataré de seguir de forma más atenta. Hasta la próxima, querido compañero de blogsfera.
rythmduel | 16-10-2005 19:23:26
Pues va a parecer que copio, pero te aseguro que estaba esperando que nos hablases de él para conocerlo, e incluso para saber si era un "justo Nobel" (no te ruborices)(aunque creo que todo eso es perfectamente discutible siempre).
Gracias, y un abrazo.
Portorosa | 17-10-2005 00:22:57
Ha merecido la pena esperar (no, no es que hayas remoloneado, al contrario, es que a mí se me ha hecho eterno). Gracias, queridísimo Zucco, por "iluminarme/nos" tal como te pedí. Y por hacerlo de un modo tan "técnico" pero tan asequible a los profanos, tan sugerente (siembras las ganas de acercarse más a él) y tan intenso. Un post bordado (con Portorosa te lo digo: no te ruborices). Es la verdad. ¡Qué bien!. Eres uno de los más felices hallazgos blogosféricos, querido amigo. Todo un tesoro. Recibe un abrazo fuerte.
Ernesto | 17-10-2005 01:37:32
tt | 17-10-2005 10:22:19
Sin olvidar "El sirviente" o "El mensajero" de Losey. Puritito Pinter en estado puro. Para todos los que no conozcan nada de este autor impresionante, estas dos películas pueden acercarle al personal universo del poder dramático de Pinter (sin desdeñar en absoluto el fascinante ojo de Losey).
Cecilia B. | 17-10-2005 13:33:40
Reconozco mi desconocimiento sobre el personaje, no sé si es justo o no su premio, pero algo he aprendido con tu aportación y, además te ha dado pie para que te sientes en el ordenador con más ilusión, olvidándote un poco de tus problemas de espalda.
Un saludo
Chusbg | 17-10-2005 13:34:28
un tipo que recibe la noticia con barba de dos días, gorra marinera y un parche en la frente seguro que se merece todos esos elogios y más
que se mejore vd, mr.zucco
leaosilva | 17-10-2005 22:38:45
Ay, y yo muriéndome por ponerte un comentario (ahora que lo pienso, nada interesante). Vine rebotada del blog de Ernesto (que ahora visitaré de nuevo) para leer con avidez tu punto de vista. Ambos dos me habéis demostrado desde el viernes pasado lo que aún me queda por aprender, que no es poco.
Aprovecharé el momento del premio -con la supuesta afluencia a las librerías de toda la obra del autor-para hacer un repaso a la bibliografía de Pinter.
Un beso muy requetefuerte. Calamity.
PD: Leí tu anterior post también (chico, no puedo seguir vuestro ritmo últimamente). Sólo espero que te encuentres poco a poco mucho mejor. Tu "nueva novia", como siempre suele suceder en esto de los amoríos, te revolucionará al principio de la relación para más tarde pasar a un trato más sosegado, en la que os conozcais los dos casi a la perfección. Más besitos.
Calamity | 18-10-2005 00:00:09
Cuando era un niño soñaba tener una casa muy grande, llena de libros y de discos. Lo he conseguido. Como pronosticaba D´Annunzio, "he sido devorado por lo superfluo". Ya entonces me horripilaban los abusos del poder, e incluso el poder mismo.
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