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Roberto Zucco

Sábado, 29 de octubre de 2005

Derechas e izquierdas. (1).



Primera reflexión.

Existe una práctica política en España por la cual, cuando un presidente de un gobierno deja de serlo, lo sigue siendo en la sombra o en la distancia. ¿Este hecho debemos considerarlo como una concatenación de actos aislados, desvinculados de la práctica política general de los partidos a los que pertenecen?

Sin duda esta práctica tiene la virtud de irritar a todo el mundo: al nuevo presidente, o presidente real, pero, sobre todo, a su heredero político directo, que normalmente está en la oposición y que de esta manera se ve como desautorizado por el propio antecesor en su propio partido, que, a modo de Pepito Grillo, no cesa de restarle protagonismo y de marcarle el territorio desde la lejanía. Esta costumbre me parece recordar que la empezó Felipe González en aquellas conferencias que pronunciaba en todo el mundo, para estupor, tanto de José María Aznar, como de Joaquín Almunia, primero, y de Joseph Borrell, después.

Aznar está haciendo ahora lo mismo, en una versión corregida y aumentada, aunque él dijo en su momento que lo que hacía Felipe le parecía fatal. Lo hace un poco en “plan somarda”, aprovechando la firma de un libro, echando una partida de dominó en su pueblo, etc, o, en plan declaración solemne, utilizando para ello alguna plataforma de opinión, habitualmente creada a tal efecto, como la FAES.

Sin embargo, empiezo a pensar que esta circunstancia no es solo la expresión aislada y subjetiva de unos teóricos expolíticos que no se resignan a perder personalmente el poder y el protagonismo, sino que tiene otra lectura de más calado. Si sencillamente fuera lo primero, creo que los propios partidos deberían diseñar órganos correctores o disciplinarios eficaces que garantizaran el silencio y la discreción de sus peces gordos, supuestamente sedientos de un protagonismo recientemente perdido. Por eso, tengo la impresión de que con estas declaraciones posteriores sucede algo parecido que con lo que ocurre en los congresos y reuniones de las secciones juveniles de estos mismos partidos: que en ellos se dice la verdad, o, que, al menos, se expresa con más sinceridad lo que de verdad se piensa, o es la ideología real de un partido, sin las caretas que es necesario ponerse en la arena política real en donde no sólo se hace necesario pactar y ceder, sino dar una imagen suficientemente totalizadora como para no peder los apoyos y los votos de millones de personas de diferentes sensibilidades. Los cachorros de Convergencia i Unió o del PNV, por ejemplo, dicen sin ambages que quieren la independencia de Cataluña y el País Vasco, mientras que sus mayores no cesan de negociar ventajas a cambio de no conseguirla. Esta coordinación complementada entre sinceridad y victimismo, entre pedir la luna y conformarse con una cuantas prebendas mientras supuestamente llega la primera, ha marcado la política española a lo largo de las últimas décadas.

Por eso cuando Aznar diagnostica, en unos términos que parecen extraídos del Apocalipsis, que España está al borde del precipicio, o que el Estatut de Cataluña fomenta la poligamia, me parece ver algo más que la expresión aislada de un señor extraordinariamente reaccionario, que no solo se ha ido del Palacio de la Moncloa sino del bolo.

Segunda reflexión.

En España existe como un cierto pudor social a reconocerse como una persona de derechas y casi nadie reconoce que lo es.

Además, cuando después de varias elipses de lenguaje y varias piruetas intelectuales de dudoso rigor, se reconoce ser “algo de derechas”, casi siempre se hace por contraposición a lo poco convincentes y caducas que son, en este momento de la historia, las ideas de la izquierda, y no tanto como defensa de las excelencias de la ideología propia. Es decir, la afirmación de ser de derechas es la consecuencia de una falta de modelos alternativos y no tanto del entusiasmo provinente del convencimiento y la defensa de una manera de pensar, de estar en el mundo, etc.: “Soy de derechas porque ser de izquierdas es absurdo, anticuado, imposible, etc”.

Hablo tanto a nivel individual, como al nivel colectivo que representan de manera preferente los partidos políticos. Sin embargo, si alguien cruza los Pirineos y observa la situación política española a trescientos metros de la frontera, nadie duda que el Partido Popular representa aquí a la derecha oficial, y el Partido Socialista es la izquierda oficial. Esto, que puede ser una simplificación bipartidista y que, sin duda, lo es, contiene una cierta dosis de verdad, por lo menos de una “verdad política suficiente”. Pero en el interior del país, el propio PP no reconoce esta circunstancia, y en las consultas electorales se autoproclama un partido de centro la mayoría de las veces, y de “centro-derecha”, cuando le conviene.

Sin embargo, mi querida tía M, más de derechas que Franco, a pesar de los subterfugios, de las caretas, y de las piruetas intelectuales aludidas, no se confunde: como las luciérnagas se orienta en mitad de la oscuridad de la noche, y va a los mítines del PP y no a los del PSOE y vota posteriormente en consecuencia. La recuerdo en mis paseos infantiles hablando maravillas del Caudillo, pero jamás la he oído decir, una vez muerto el dictador, que sea o se sienta de derechas, y mucho menos que el Partido Popular sea el recipiente en donde ella deposita sus aspiraciones personales y colectivas cada cuatro años.

¿De dónde y porqué nace en mi tía M esta suerte de pudor?

Por: Roberto Zucco | Política nacional. | Comentarios (18) | Referencias (0)

Comentarios

Pues fíjate que yo ahora veo todo lo contrario.
Veo con asombro que gracias a la rehistoria, los tibios, los conservadores de la hipoteca y las deudas ahora se proclaman de derechas con un gesto rumboso de perdonavidas.
Sacan faltas de todas las tonterías que hacen los políticos de izquierda (hay materia) y santifican y justifican cualquier felonía (indecencia político/social, guerras, torturas, mentiras) que hagan los economistas que votan. Porque ellos se engañarán...lo necesitan algunos, pero en realidad los votantes de derechas (varias) lo que votan son economías. Me consta que entre sus votantes hay muy diversas morales (hasta el vacío), el meme aglutinante es la soldada. Podríamos hacer una encuesta o un muestreo. Yo apuesto a que el noventa por ciento del funcionariado vota derecha, salvo en la enseñanza, ahí tengo mis dudas...y luego estan los que votan a la contra. Contra este, contra aquel...contra lo que vota mi suegro, etc...

Pues eso...que sigo con mis conexiones ya tengo puesto el equipo...ahora sólo me queda limpiar la colección Austral (casco fijo de polvazo asesino), luego vengo, bueno, luego vienen mis mocos...y yo detrás.

M.

Miranda | 29-10-2005 14:29:56

He leído días atrás tu elegía por Haro Técglen. Yo lo conocí, como tú. Y te garantizo que lo que dice hoy Gregorio Morán en La Vanguerdia es verdad. Admiro tu bonhomía, pero no tu ingenuidad. Como eres honrado no pagaste a la Barral.

Una seguidora de tu blog Desconocida, aunque me conoces



SABATINAS INTEMPESTIVAS
Evocación sarcástica del impostor


LAS VILEZAS DE Eduardo Haro Tecglen contra Buero Vallejo podrían figurar en la enciclopedia de la infamia

GREGORIO MORÁN
Cuando en 1980 murió Steve Mc-Queen, aquel actor con hermosos ojos de hiena, todo Hollywood se deshizo en recordatorios elogiosos. Se lo acababa de llevar para siempre un maldito cáncer y apenas si había cumplido los cincuenta. En aquel coro de ensalzadores de uno de los tipos más despreciables, como persona y como actor, que diera un lugar tan poco propenso a la solidaridad y el encomio como la Meca del cine, hubo un individuo que afrontó las cámaras de los informativos en una de las más sublimes improvisaciones interpretativas. Era Jack Nicholson, el canalla tierno, que no se cortó un pelo para decir de su colega fallecido: "Era un hijo de perra. Pero a mí no me gusta que se tenga que morir nadie, ni siquiera un hijo de perra".

Me he acordado de esto el otro día ante el fallecimiento de Eduardo Haro Tecglen y no he resistido la tentación de escribir sobre ello, impresionado hasta el pasmo por los homenajes varios y sobre todo por las coronas verbales que se engancharon al féretro, vacío por expresa voluntad del finado, que decidió ceder a la ciencia (sic) su espigado cuerpo de ochenta y un años cumplidos. He leído con emoción no exenta de cierta perplejidad irónica que, según su segunda esposa, albacea de todo en vida y no digamos a partir de ahora, que las córneas de Eduardo Haro han ido a instalarse en un receptor que las necesitaba. Me dicen los profesionales del ramo oftalmológico que tal hecho es difícil, tratándose de persona tan longeva y de vista tan deteriorada, pero no me extraña, porque sería la penúltima mentira del impostor consensuado, o lo que es lo mismo, todos los que saben quién era Eduardo Haro Tecglen me los imagino desternillándose de risa de sus propias palabras a la hora del homenaje, del artículo, de la remembranza.

Nunca pensé que iba a escribir una línea sobre Eduardo Haro Tecglen. Me lo había prohibido hace muchos años, exactamente en 1985, cuando me mandó una carta en la que, haciendo gala de su cinismo blindado, me señalaba que no recordaba nada del pasado y menos aún de los sucesos españoles hacia 1959 y 1960 sobre los que él siempre se había jactado y yo quería ratificar. No era un mentiroso, era algo peor; era un cínico. Un cínico de la escuela de Madrid, para diferenciarlos de los de la escuela de Atenas. Y después de haberme prometido no escribir una línea, resulta que el otro día me encuentro abocado a un dilema metafísico. De metafísica española posfranquista. El de... ¿lo escribo o lo metabolizo?

Pertenezco a una generación que llega a la literatura, a la historia o al periodismo, o a lo que sea, apenas terminada la era del cólera, con Franco muerto pero oliendo mucho y unas colas de espanto que despedían a la momia. Y si esperamos tanto, no fue porque éramos más tontos ni menos inteligentes ni menos cultos ni menos nada, salvo menos cínicos, menos cobardes y, sobre todo, muy ingenuos. España es el único país de Occidente donde la ingenuidad está considerada un delito social. La transición democrática, de cuyo éxito ahora se hacen cruces los que la boicotearon, elevó a la categoría de bien público la doblez y el cinismo. El periodismo de la era franquista sólo se diferencia del periodismo de Mussolini en que terminó bien y hubo tiempo para todo. El dilema metafísico generacional de los cincuentones como yo se reduce a una pregunta: ¿lo escribo o lo metabolizo? Como en general tendemos a metabolizarlo, porque salen como hongos los chicos de la Congregación para recriminarnos algo así como el resentimiento o la ira o la indignación, uno no puede menos que echarse a reír. ¡Estúpidos, si mi generación es privilegiada! Cómo habríamos de quejarnos, si el que quiso se montó al carro y se instaló, sin que nadie le preguntara nada, e incluso con un halo de heroísmo que le sirvió para sacar pecho. Hace años, cuando mis hijos estaban aún en edad de enterarse de algo, cada vez que aparecían en la televisión el presidente y el vicepresidente de la compañía Iberia, me estoy refiriendo a la pareja Irala-Mullor, yo les convocaba para una reflexión histórica y les decía: "Pensad, hijos, que estos dos caballeros que capitanean la Empresa Emblemática de la Españolidad en el Mundo, el primero es hijo de un importante agente de la CIA, el mítico Antón de Irala, nacionalista vasco y ciudadano de Estados Unidos; y el otro, Ángel Mullor, fue miembro del aparato del Partido Comunista de España, a las órdenes entonces de un coronel de tanquistas del Ejército Soviético, Francisco Romero Marín, entre nosotros El Tanque.¿Acaso, hijos míos, hay cosa más emblemática de lo que fue la transición española que ésta?".Ni niño republicano, ni rojo fetén, ni periodista incorruptible, Eduardo Haro Tecglen, como muy bien sabían sus hijos y no se cansaban de repetir a quien quisiera escucharlos - nuestros hijos son el espejo cóncavo de nuestras vidas-, era un periodista típico del franquismo, lo que entonces se denominaba periodista de empresa. Hacía lo que le mandaban y un poco más, para ganarse el plus de confianza. El que a los veinte años, en noviembre de 1944, escribiera aquel Dies irae en el que baboseaba a Franco y a José Antonio, estaba en la dinámica de la situación y si hubiera sido un hombre cabal lo hubiera admitido sin más, pero lo justificó como los delatores de las novelas alegando que lo había hecho para salvar a su padre, condenado a muerte. Aún recuerdo la indignación de un condenado a muerte de verdad, como el dramaturgo Antonio Buero Vallejo, ante la impostura y el desparpajo de Eduardo Haro; incluso le hizo despreciable personaje de una de sus obras en la figura de un crítico de arte, daltónico inconfeso. Las vilezas de Eduardo Haro contra Buero Vallejo podrían figurar en la enciclopedia de la infamia.

Lo que nadie quiere contar, porque buena parte de la profesión hoy académica y circunstancial empezó ahí, creció ahí y trepó ahí, es que Eduardo Haro Tecglen fue uno de los muchachos creciditos de la cantera de Víctor de la Serna y Espina, hijo de doña Concha Espina - qué cruel es el destino de los novelistas gozosos, acaba de pasar su centenario y nadie se ha acordado de ella, la única escritora española que fue capaz de exigir a Franco que se cambiara el nombre de un pueblo, en Cantabria, para que se llamara como su novela, Luzmela, y lo consiguió-. Don Víctor, cuyos nietos a lo que creo aún ejercen y bien, era un erudito de la gran cantera cántabra. Escribió mucho y en ocasiones bien, pero pasaría a la historia por hechos tan sencillos como dirigir el diario pronazi Informaciones,por un consomé del restaurante Horcher, en Madrid - que no sé si seguirá en la carta y que se decía consomé Don Víctor - y por varios chistes que circularon en los años cuarenta. "Mein Fhürer, ¿cómo marcha la guerra?", le preguntaban a Hitler. Yel dictador respondía: "No tan bien como dice Víctor de la Serna, pero...". En ese caldo fructificó Eduardo Haro y luego fue corresponsal en París, y representante internacional de la prensa franquista (con el padre del ex presidente Aznar viajó a Gran Bretaña para mostrar lo libres que eran los periodistas españoles en la España franquista de 1952).

Luego vino Tánger, el diario España,que acabó como el rosario de la aurora, en su caso no tanto por el ahogo periodístico sino por la famosa trampa del número de la lotería premiado. Una historia digna de Balzac o de Dumas que obligó a salir corriendo de Tánger a Eduardo, que era un implicado de menor cuantía, y a otros de mucho mayor fuste como don Antonio Pedrol Rius, futuro presidente de los abogados de toda España, y Andreu Abelló, político socialista con notables intereses financieros. En la revista Triunfo se acogió a la buena voluntad de dos levantinos, Ezcurra y Pepe Monleón, y allí hizo de todo. Lo leíamos en sus innumerables heterónimos, porque escribía a destajo para cubrir a familia tan numerosa, pero es radicalmente falso que él descubriera y publicara a Manolo Vázquez Montalbán y sus emblemáticas Crónicas sentimentales de España.Retuvo el texto durante meses con una frase suya característica, que algunos supervivientes recordarán mejor que yo, "¡Estos jóvenes, qué van a

MESEGUER saber de la España de posguerra!", en referencia implícita a que desconocían las paellas con puta en Riscal, las farras en Pasapoga y las fiestas de Perico Chicote.

Me conmueve el silencio de tantos de los afectados por la malevolencia y el miedo de Eduardo Haro, que deben estar pasmados ante el rebomborio de su libertad, de su valor y de su audacia antifranquista. Fue un cobarde toda su vida. Echó, por rojos, a Nicolás Sartorius de Triunfo - no una, sino dos veces- y aprovechó un accidente del entonces militante Eduardo García Rico para despedirle. En 1978, tres años después de la muerte de Franco, prohibió que yo mismo escribiera en Triunfo,después de la primera colaboración, porque consideraba que mi vieja militancia comprometía a la revista. Convertido en un juguete roto, lo recogió Juan Luis Cebrián, procedente como él de la cantera de Informaciones,para las críticas de teatro en El País,donde su desvergüenza alcanzó lo inenarrable porque parecía una condición inevitable el hecho de que contrataran a su segunda esposa, Concha Barral, en lo que en el gremio teatral era conocido como "el impuesto revolucionario de Haro", y de cuya eficacia se puede comprobar juzgando las críticas con impuesto y las críticas sin impuesto.

Nunca me interesó demasiado la impostura de su posición de rojo, republicano, de perdedor. A quienes estábamos en el secreto nos parecía la última careta del cínico que siempre fue, y si algo había de patético era escuchar las loas de tanto desinformado elogiando el valor y la audacia y la independencia genuina de este dechado de malignidad. De sus seis hijos, cuatro murieron en esas atroces circunstancias - drogas o suicidios- que le echan a cualquier padre una dosis de responsabilidad amilanadora. No fue el caso. Quizá con el suicidio último de su hija pasó a la faceta de herido por la vida que no se creía ni él.

Se construyó en los últimos años un personaje que tenía su gracia, porque era tan representativo de la gran impostura de las biografías posfranquistas que, casi casi, se podía decir que modélica. Tanto, que un buen puñado de almas cándidas se lo creyeron. De los que escribieron las necrológicas y lo conocieron de verdad, puedo asegurar que ni uno.

Desconocida | 29-10-2005 15:43:48

Mira Roberto, como tu tía M.
Mira que pudor, que discretura y que feminidad la de "Desconocida".
¿Vendrá de nuevo ejemplarizando? con lo que yo necesito aprender de la verdadera mujer española...(sin coñas, bebo de esas enseñanzas y he aprendido un congo desde que navego en la nautica internauta)

Ya va la sexta vez que veo este artículo. Lo voy a pegar en la pombera, no sea que se tengan que matricular para hacerlo.

M.

Miranda | 29-10-2005 16:59:27

Yo también me pregunto lo mismo, Roberto. Creo que en ese querer disimular que se es de derechas hay un poco de todo: vergüenza por un pasado ya no tan reciente pero tampoco tan lejano, intranquilidad de conciencia por el individualismo liberal a ultranza que la derecha representa, miedo a quedar como un egoísta, como un retrógrado, un racista o un intolerante (cuando a menudo, se es. Por ello muchos no asumen su opción política conservadora con elegancia, discreción y sentido común, como ocurre en otros países. Prefieren la arenga, el sarpullido, la profecía apocalíptica. Tienen mal perder, malas pulgas y ninguna comprensión por los que defienden ideas dispares.

Yo soy de izquierdas, no me avergüenzo de proclamarlo, pero no lo hago ni a voz en grito ni soltando espumarajos a la cara de mis vecinos. Y soy lo suficientemente lúcido para que no me gusten muchas de las cosas que perpretan los que hoy, en el poder, dicen representar mi ideología. Porque la clase política española y su discurso cotidiano son cada día más pobres, y porque no sólo de buenas intenciones se construye una nación: necesitamos menos advenedizos y más personas solventes, preparadas, juiciosas y trabajadoras. Ya sabes, Roberto: coge la indirecta y ¡al tajo!

rythmduel | 29-10-2005 20:12:51

Por cierto, mucho, muchísimo mejor que yo lo dice Serrat:

Probablemente en su pueblo se les recordara
como cachorros de buenas personas.
Que hurtaban flores para regalar a su mama
y daban de comer a las palomas.

Probablemente que todo eso debe ser verdad,
aunque es mas turbio como y de que manera
LLegaron esos individuos a ser lo que son
ni a que sirven cuando alzan las banderas.

Hombres de paja que usan la colonia y el honor
para ocultar oscuras intenciones
Tienen doble vida, son sicarios del mal
entre esos tipos y yo hay algo personal.

Rodeados de protocolo,comitiva y seguridad
viajan de incognito,en autos blindados
A sembrar calumnias,a mentir con naturalidad
a colgar en las escuelas su retrato.

Se gastan mas de lo que tienen en coleccionar
espias,listas negras y arsenales.
Resulta bochornoso verles fanfarronear
a ver quien es el que la tiene mas grande.

Se agarran a los pelos,pero para no ensuciar
van a cagar a casa de otra gente
Y experimentan nuevos metodos de masacrar,
sofisticados y a la vez convincentes.

No conocen ni a su padre,
cuando pirden el control,
ni recuerdan que en el mundo hay niños
Nos niegan a todos el pan y la sal
Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Pero,eso si, los sicarios no pierden ocasion
en declarar publicamente su empeño
en propiciar un dialogo de franca distension
que les permita hallar un marco previo.

Que garantice unas premisas minimas
que contribuyan a crear los resortes
que impulsen un punto de partida solido y capaz
de este a oeste y de sur a norte.

Donde establecer las bases,
de un tratado de amistad
que contrubuya a poner los cimientos
de una plataforma donde edificar
un hermoso futuro de amor y paz.

rythmduel | 29-10-2005 20:18:47

Es así. Acebes y Zaplana son lo que representan -unos fascistas a la vieja usanza- pero jamás les he oído decir que sean "de derechas". eso nunca: son centristas, de centro-derecha, y todos los eufemismos posibles. La razón es evidente: confesarlo supone entroncar con el pasado directo de la derecha española, y eso pasa por asumir, sin ir más lejos, la responsabilidad de la guerra civil española. Nadie les acusa a los actuales derechistas de serlo, pero tampoco pasaría nada por ubicarse correctamente y confesar abiertamente una adscrpción ideológica. En ningún país europeo ser de derechas es algo vergonzoso. Aquí sí e innecesariamente.

limón | 29-10-2005 21:30:08

Estamos en el pais de las asociaciones condicionadas: si llevas la bandera de españa, eres de derechas, si eres de derechas también eres pro dictadura franquista.Ser de izquierdas es ser socialista, y por ende, de felipe..y asi hasta mil.Me preocupa la asociación que hay entre religión y derecha,históricamente, y curiosamente los ideales de la derecha no tienen nada en comun con los de la iglesia católica por mucho que los mandamases de la misma se empeñen en ligarlos, y condenan al pecado mas absoluto si se vota a un partido que legaliza el aborto(legaliza, no instiga a ).
Ser de derechas o de izquierdas no es pertenecer a un`partido, es tener una linea de pensamientos acorde con tus acciones.Curiosamente,hay politicos que ejercen politica mas propia de otro partido.Asi recuerdo a Solchaga, ministro socialista de economía que hizo una politica propia del PP,neo liberal,alejada de los valores sociales que la izquierda promulga.
Sobre las denominaciones de los partidos,en realidad las denominaciones se han movido a la izquierda: la derecha se denomina centro, el centro es izquierda, y la izquierda..se ha caido por el precipicio, ya no queda nombre...En fin, que lio...

En psicología laboral hay una patología llamada conflicto de rol, que es cuando una persona tiene que realizar una labor o tarea que no considera adecuada a su satus o cargo:claramente, estos maceteros ex-presidenciales no aceptan sus nuevas tareas de floreros.Están majaretas.

zipi | 29-10-2005 23:06:42

De acuerdo con zipi……. ¿por qué será?

Uno no puede ser de iquierdas teniendo un patrimonio consolidado, viviendo en un buen barrio y mandando a sus hijos a estudiar al extranjero o a un colegio de pago.Uno no puede ser de izquierdas si es empresario (lo he sido durante ocho años y me han tachado de pertenecer a “la patronal” como si eso fuera un pecado).Uno no puede vivir en la periferia y ser de derechas.La izquierda madrileña todavía se sorprende de cómo pudo perder las ultimas elecciones municipales en Mostoles.
Si la Oposición persigue al gobierno, estamos en democracia.Si el gobierno persigue a la oposición, estamos en una dictadura.
Estamos majaretas.
No hay izquierdas ni derechas.Hay intereses e…..¡ infantilismo ¡.

linda | 30-10-2005 11:08:43

Normalmente llegues muy pronto al grano de los temas que tocas. Ésta vez veo un paso lento... Pero voy a seguir con mucho interés éste y otros debates en tu blog, que para mí, desde Holanda, es un encanto haberlo descubierto gracias a mis recuerdos de artículos de Eduardo Haro Tecglen que yo solía leer en los años setenta cuando era muy activo en el movimiento de solidaridad con el pueblo chileno. En mi blog escribo de cosas personales, pero mi último post es más político y trata un asunto que te debe interesar: los 11 refugiados quemados en un centro de detención para personas extranjeras buscando asilo en Holanda.
Es muy interesante ver como tu blog y otros blogs españoles funcionan como una especie de prensa alternativa en donde los lectores participan y contribuyen cada uno de su manera.
Disculpas por mi castellano "holandés". Un saludo desde Holanda.

giovanni | 30-10-2005 11:56:53

En principio cuando alguien dice lo que "desconocida" ha dicho de Haro, como lo ha dicho, se descalifica a sí misma y entra de lleno en la definición que se hace en el post de la gente de derechas, si se dice eso hay que decir muchas cosas más, por ejemplo, quién es quien lo dice, pero claro quizás luego sabríamos por qué.

Pasa con los de derechas que, está todavía muy cercano el tiempo de la dictadura, hay un gran complejo de culpa, es difícil estar en democracia cuando ni se ha creido ni se cree. Pasarán generaciones y podremos llegar a tener personas de derechas sin complejos. Quizás personajes que todos conocemos, están cambiando todo lo que pueden la historia para que los de derechas estén orgullosos de serlo y no les llamen, como ahora les llaman los agitadores,"maricomplejines", la mejor forma de llegar a ser esa derecha no creo que sea la que están tomando esos agitadores.
No están bien vistas ahora mismo las ideologías, ni de derechas ni de izquierdas, pues lo que hay en el pueblo español es muchas ganas de paz, y, los votos están en el centro, por eso creo yo, los que quieren gobernar se arriman tramposamente hacia él, una vez arriba yo veremos lo que se puede hacer. Esto simplistamente explicaría la política real, y al mismo tiempo ficticia de dos bloques enfrentados, lo que no nos deja resquicio a un acercamiento sino que obliga a una confrontación o eres de estos o de los otros.
Hace poco en Cataluña unas personas poco sospechosas de nada malo, sino convencidos demócratas y además perseguidos por ello, dijeron que, querían un partido en el que expresar sus ideas, y que había que hacerle pues ellos no veían donde se podrían expresar, fueron vapuleados por la izquierda y por la derecha en este caso nocionalistas ambas, pero no fueron defendidos por nadie. Tuvieron que callar.
Estas ideologías prágmaticas de un lado y de otro confian en el mercado ambas.
Como concepción del mundo, por otra parte, ser de izquierdas significaría para mi, aspirar a mejorar la sociedad para hacer cada vez más iguales a los seres humanos en lo que respecta a sus derechos y deberes individuales y colectivos. Las izquierdas propugnan una revolución que objetivamente resulte destructora de las diferencia sociales que existen, mientras que el compromiso de las derechas, mantiene siempre la existencia de diferencias sociales definidas por el estatus económico.
La idea de revolución no va adscrita a una transformación violenta, sino a cambios profuundos en las sociedades establecidas.
Implica cierto dogmatismo esta idea de izquierda, pues quiere definir qué es lo mejor y qué es lo peor y parece tener un sentido totalitario, pero, en el orden práctico, supone la democracia.
un saludo

Chusbg | 30-10-2005 19:41:18

No existe eso que llamas 'derecha' ni eso que llamas 'izquierda' y lo único que existe es un centro, un punto medio. En ese punto medio, un punto lleno de gente de clase media, trabajadores en empresas de servicios, con una casa comprada e hipotecada y un coche, con uno o dos hijos, sólo existe el centro. Un centro que puede estar más sesgado hacia lo que es algo que puedes llamar 'derecha' y que acepta con más reservas a los emigrantes, que acepta con más o menos reservas el derecho a abortar o a investigar con células madre y que acepta con mayor o menor gracia que determinadas regiones pidan la independencia o la cosoberanía. Dentro de este grupo se encuentran los que ven al gobierno como un gestor, alguien que maneja el país como si fuera una empresa buscando maximizar los resultados económicos aunque ello suponga el perjuicio de ciertas minorías o de grupos cuasi parasitarios. Hay otro grupo, los que se podríoan alinear con algo que es la 'izquierda' que presumen de tolerancia pero que en algunos temas tienen las mismas tesis que algunos que se alinean con la 'derecha'. Difieren en el papel del estado y creen que los impuestos deben pagarlos los que más tienen. Creen que el gobernante debe ser un político más que un gestor y no están tan preocupados por el papel que nuestro país debe tener en la esfera internacional, especialmente en la resolución de conflictos bélicos. En muchos casos, coinciden con esos que votan PP en temas como el aborto, los límites a la inmigración o la práctica con células madre. Muchos incluso lo hacen con la eutanasia y con cientos de cosas más. Pero todos, en todos los casos, se encuentran en una franja de ingresos que no establece demasiadas diferencias, todos pertenecen a eso que se llama 'clase media'. Y esa clase media es el centro político. La clase media es terriblemente egoísta, aunque muchos (casi todos) presumen de generosidad, así que si un gobernante les garantiza o les prporciona mejor calidad de vida (ya sea por la fijación de tipos bajos en las hipotecas o por bajadas de impuestos o por subidas de las pensiones), votarán a ese grupo. Ese 'centro' es mayoritario, de ahí que existan alternancias en el poder inequívocas.

Los más viejos del lugar, los que han pasado gran parte de su vida bajo el franquismo, se identifican más claramente con uno o con otro. Los que se encontraban cómodos con el dictador ahora votan PP aunque no necesariamente son franquistas. Simplemente no pueden votar a un partido que procede del comunismo que, hasta el fin de la guerra fría, es lo único que aparentemente existía. Y otros, perseguidos durante el franquismo, jamás podrán votar a un partido que tiene o ha tenido a miembros del régimen, a hijos de miembros del régimen. Y sobre todo hay mucho prejuicio por los dos lados. Alguien escribe 'economía neoliberal' y ni siquiera sabe qué está escribiendo, como si eso fuera intrínsecamente malo o , peor aún, ¡de derechas!

Pero no, aquí no existe 'derecha' ni 'izquierda', sólo hay centro. Un centro más conservador, más tradicional, menos propenso a 'moderneces' y otro un poco más abierto, más apegado a la tecnología como forma única de progreso y algo menos tradicional en aspectos simples como la educación de los hijos, el concepto de familia o la importancia del matrimonio. A lo mejor parece 'progre' defender el matrtimonio de los homosexuales, por ejemplo, y sin embargo es la constatación de una tradición y un conservadurismo que a mí me aterran.

Sigue, que esto promete...

Cecilia B. | 31-10-2005 00:53:35

Con respecto a lo de Haro, a quien yo apreciaba como columnista y al que halagué aquí y en su blog cuando murió basándome sólo en sus columnas de los últimos años, me parece un poco absurdo atacarse por cómo se le juzga, porque en general se está hablando de hechos contrastables; habrá que saber qué hay de cierto en ellos, y ya está. Nadie es intocable, a priori.

En cuanto a tu post, R., la verdad es que lo que dice Cecilia B. me parece muy acertado: creo que la inmensa mayoría se interesa por la política en la medida en que ésta, con sus decisiones, les afecte directamente; lo cual supone una falta general de carga ideológica (centro) en sus preferencias. Hay otra parte de la población que no, claro, que sí tiene sus teorías, sus preferencias claras, y que para llegar a ellas se basa en su manera de pensar, de ver la sociedad, y en sus prejuicios, of course.

Ser de derechas en España es, en la práctica, vergonzante. La razón principal (que no única) es el franquismo y, en menor medida, la Guerra Civil, que para muchos es más o menos lo mismo; es decir, la razón principal es que la derecha fue durante décadas claramente no democrática. Esto lleva a no reconocerse de derechas, en la misma medida en que lleva a los de izquierdas (ojo, esto hay que reconocerlo también) a no admitir como normal que alguien se diga de derechas. Por un lado, vergüenza, y por otro intolerancia; y ambas reacciones son un síntoma claro de que nuestra vida política todavía no está del todo normalizada. Pero todo se andará, espero.
Sin embargo, la derecha parece haber encontrado una fórmula alternativa, que es decirse liberales (con sus múltiples variantes más o menos americanizadas). Eso ya no suena igual, suena incluso muy moderno y cosmopolita. Pero es lo mismo, quizá con la diferencia, no casual, de que se enfatiza el carácter económico de la “adscripción”. Y digo no casual, porque yo creo que, salvando algunas cuestiones que van desde lo moral hasta lo cuasi-folklórico (y entre las cuales las hay muy respetables), la derecha, los políticos de derecha, cada vez prescinden más de razones tradicionalmente políticas para serlo y se centran en su caballo de batalla, la economía. La economía es la madre del cordero para todos, evidentemente, pero yo veo en nuestra derecha (quizá esté muy influido por el caso gallego, que es paradigmático) una preocupación cada vez más exclusiva por el dinero (incluso en el buen sentido, no es una acusación de deshonestidad).

Casi personalizando: el político del PP gallego es un tío, generalmente empresario, al que la política “teórica” se la suda hasta decir basta, y está en política, incluso si es honrado y trabaja por los demás (que debe de haberlos), para defender exclusivamente causas económicas.

Ojo, las críticas se le podrían hacer, y muchas, a otros partidos, empezando por un PSOE que en muchas ocasiones parece tan poco serio, tan prolijo en escenas de cara a la galería y demagogias. Porque parece también que ser de izquierdas consiste en ser lo más guay posible, en decir a todo (lo anecdótico) que sí, aunque después en los temas de fondo apenas haya diferencias. Y tampoco es eso.

Para terminar: una cosa es la ideología que uno tenga, si es que la tiene (las ideologías me parecen esquemas que te tienes que tragar enteros, sin digerir, sin matices, o los tomas o los dejas), y otra la elección que haga a la vista de quiénes representan la suya. Yo, por ejemplo, puedo admitir o comprender ideas de derecha, pero veo al PP actual y se me ponen los vellos como escarpias. También veo muy loables muchos de los planteamientos más de izquierdas (es un decir), pero habla Llamazares y la mitad de las veces no doy crédito a lo que oigo. Se supone que me decanto por el PSOE (por descarte...) pero tampoco puedo ver a Pepiño Blanco o a Rubalcava.

Ya. Perdón.

Portorosa | 31-10-2005 10:03:50

No hay nadie libre de alguna culpa. No hay nadie perfecto. Quién se puede atribuir el derecho de tirar la primera piedra? Gregorio Morán, tal vez? Qué risa!
Buero Vallejo? Más risa aún... Gregorio, por lo menos, tiene la excusa de la idiotez, Buero no.

Izquierda y derecha... Suarez era de derechas o izquierdas?
Abril Martorell hizo una política sensiblemente más zurda que Boyer y, sobretodo, que Solchaga... Sí, aquel que dijo que España era un país de camareros y que luego, Alavedra desmintió, consiguiendo que lo hecharan del gobierno al perder la mayoría.

Los gobiernos ya no son de derechas o izquierdas. Por lo menos, en los países con democracias sólidas.
Aquí o en Italia, donde la gente, democráticamente, aun anda en pañales; no. Aquí no. El PP ha demostrado lo que es una derecha reaccionaria y fascista...
Será verdad que tuvimos suerte de tener un Rey?
Es posible que fuera verdad que estuvimos a punto de sufrir una Fujimorada?
Estoy seguro que sí.
Alguno de nosotros sabe a qué se dedicaban los ex ministros, de jóvenes y no tan jóvenes?
A qué se dedicaba algún locutor famoso y pepero?
Y me digo... Estaré, tirando yo la primera piedra?
Pero pienso que si fuera un ex, el energúmeno; pues tiene un pase... habrá cambiado, digo yo. Dos, pues es más difícil pero... podría ser.
Perooo casi todos???
No, eso no. España ha sido gobernada por un atajo de fascistas que se equivocaron de época al nacer.

Y entonces es cuando nos parece, sin apenas serlo, tan distinta la derecha de la izquierda. Zapatero y el actual PSOE parecen izquierdistas y no... lo único que ocurre, es que no son fascistas.

pau | 31-10-2005 15:17:04

¿Importa a qué se dedicaron los ministros antes, cuando eran jóvenes? ¿No es eso tan burdo y fascista como el Certificado de Antecedentes Penales? ¿Si uno es hijo de un general franquista, debe pagar por los 'pecados' de su padre? ¿si asistió a las manifestaciones del 20-N o lloró cuando el dictador murió, lo inhabilita para ejercer ningún cargo en un partido político? ¿No es eso defender la idoneidad del Certificado de Antecedentes Penales, la imposibilidad de adaptación a nuevos tiempos? ¿No es eso fascismo puro y duro, eso de pensar que ninguna redención es posible, que no es posible evolucionar en el pensamiento o en la ideología y adaptarla a los nuevos-viejos tiempos?

Cecilia B. | 31-10-2005 15:50:13

En este caso, no lo dudo.
Pero si su trabajo era apalizar, cometer actos de vandalismo y quemar librerías... para después, presuntamente, organizarse y asaltar el poder de un partido político.
Pues no sé que decirte, no sé lo que es más fascista, si lo mío o lo suyo.

pau | 31-10-2005 19:05:11

El énfasis es natural a los enfáticos como la sífilis a los sifilíticos, sean de derechas o de izquierdas: y como los actores que sobreactúan, me produce una incomodidad física y estética insoportable.
He dicho

Gatopardo | 01-11-2005 10:55:12

Quien creen algo con convicción, lo que implica sinceridad, será enfático sin proponérselo necesariamente, porque subrayar las sutancia d elo que piensa le es natural.

El que no sabe dónde al menos no estar en ciertas cuestiones que son de vida o muerte -así de tremdendo es en verdad y si soy enfática, no lo lamento- creo que sólo se perderá en divagaciones.

Ser de derchas o de izquierdas responde a ideales, básicamente y a praxis esencialmente.

Muy apasionante post Roberto Zucco.

Vir& | 05-11-2005 21:47:05

En referencia al periodísta que, tanto admiran algun@s: Gregorio Morán, quizás algún dia habran de situarlo en el mismo paralelo que a Haro.
Es solo cuestión de tiempo, es cuestión de descubrir al periodísta (digámoslo así) más tramposo que ésta España ha parido. Recordad: "estudió teatro en París", un actor, alguien que va con una colección de máscaras por la vida, no puede ir dándo lecciones de ética.

Basurilla | 11-01-2006 18:07:41

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