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Roberto Zucco

Jueves, 10 de noviembre de 2005

Ha muerto Jordi Mesalles



Siempre pensé que era un director teatral como la copa de un pino, y siempre creí –creímos-, que su talento indiscutible y su peculiar inteligencia y sensibilidad no se llevaban bien con otros aspectos de su forma de ser. No sabía venderse, algo imprescindible en un mercado cultural a veces tan mezquino como el mercado a secas. Metió mucho la pata, enfrentándose con demasiada frecuencia con las instituciones de su tierra, que, como las de todas partes, pasan siempre la factura por los presumibles actos de desacato. Y esa incontinencia verbal le llevó a situarse en una especie de marginalidad supuestamente voluntaria, que, en opinión de los que lo conocían más, le laceraba por dentro y lo alejaba por fuera.

Así las cosas, en los periodos otoñales la depresión en la que vivía sumido subía unos enteros en su intensidad habitual. Ayer se lo encontraron muerto en la bañera de su casa, y cualquier hipótesis, a estas alturas de una tarde lluviosa y desapacible, es desgraciadamente posible.

Recordaré siempre sus carcajadas. No he oído jamás algo parecido, no pasé nunca tanta vergüenza en algunos restaurantes. Cuando se reía, las gambas se removían en el plato, y las señoras de las mesas de al lado creían llegado el fin del mundo.

Recordaré también su biblioteca y su videoteca, desmesurados exponentes de su codicia intelectual. Centenares de libros, de discos, de vídeos y los antiguos cassetes, se apilaban de manera caótica en su piso de la calle Aribau, encima de los cines donde mi padre mataba sus juveniles ratos y en donde él vivió durante algunos años. Era un caserón inmenso, con partes amuebladas y partes desérticas y frías, que respondía muy bien a esa mezcla estética y espiritual que los de nuestra generación hemos cultivado con desigual fortuna, mitad burguesa, mitad permanente mayo del 68. El, además, se dejó siempre el pelo muy largo, en homenaje permanente a aquellos años magmáticos en los que se impregnó de poesía y rock and roll.

Escribió poco pero también en este terreno mantuvo algo más que la compostura. Su obra “Los Beatles contra los Rolling Stones” se estrenó en el embrión de los que después terminó siendo el Teatre Nacional de Cataluña. Era un bello manifiesto sobre el mantenimiento de una supuesta virginidad revolucionaria a partir de la metáfora de dos juventudes, la pija y la suburbial, que coexistían en su ciudad y que representaban dos maneras de ver el mundo. La obra desencadenó la primera dimisión de importancia de un dirigente de teatro público en territorio español, Xavier Fábregas, un intelectual íntegro que decidió proteger el estreno contra las pretensiones del político de turno que, después de leerla, se le ocurrió que era conveniente dulcificar algunas expresiones. Ese acto reflejaba bien a las claras que cierta forma de censura había penetrado en la España democrática, en este caso a través de la acequia de un partido nacionalista más de derechas que la Virgen del Perpetuo Socorro. Muchos años después yo le traduje el texto al castellano para montarlo con los que entonces eran mis alumnos de tercer curso de interpretación.

Dirigía con brillantez, oficio y precisión. Me gustaban su fuerza escénica y su pulso para dirigir a los actores. Su mano pedagógica, entrenada durante tantos años en el Institut del Teatre de Barcelona, se le notaba siempre en escena, y se puede decir que no todo lo que hizo era genial, pero siempre contenía un elevado nivel de interés y calidad.

Mañana sus amigos han organizado un acto en ese lugar emblemático de las artes escénicas catalanas. Yo no estaré porque ni mi espalda ni mis obligaciones, me lo permitirán, pero mi corazón estará allí, junto a ellos y junto a Mariona, su compañera. Una noche fascinante nuestros ojos se reflejaban en un río que brillaba de manera enigmática. Juanito cantó de pronto una canción menorquina, y yo una de La Bullonera:

“Una noche de carnaval,
Mientras lucía la luna,
Se me acercó una muchacha
Que iba vestida desnuda…”

Jordi miraba hacia la luz, con una sonrisa que me pareció teñida de esperanza. Prefiero recordarlo así.

Por: Roberto Zucco | Teatro. | Comentarios (12) | Referencias (0)

Comentarios

Roberto, van por delante las discuñpas del off topic, porque lo importante aquí es la persona fallecida, pero me pica la curiosidad: en ti experiencia profesional ¿conoces de primera mano, en nuestra democracia, algún caso de censura insinuada o manifiesta fuera de los nacionalismos catalán y vasco?

nonwriter | 10-11-2005 19:31:31

Recuérdalo así, con esa sonrisa teñida de esperanza. Ay Zucco querido, cuántos adioses de otoño.
Un beso inmenso.

Iris | 10-11-2005 21:06:52

Lástima que casi todos tus mejores textos sean necrológicas, Roberto.

Portorosa | 11-11-2005 09:48:13

que terrible sufrimento debe sentir una persona para querer morir, y morir! y que bofetada de realidad para su entorno, que no supieron o pudieron hacer nada para evitarlo...que impotencia..
Parece mentira la capacidad de ocultación de sentimientos mas auténticos que tenemos: como una persona con una risa estereofónica puede ocultar un agujero sellado con un nudo enorme muy apretado.
El problema es pensar y pensar...
Lo siento

zipi | 11-11-2005 10:06:30

Conozco por vivido eso que cuentas, esos procesos de auto reclusión, que ahora los posmodernos llaman agorafobia y que no significa más que no puedes soportar mantener el tipo entre integrados.

Supongo que todos en algun momento hemos estado en esas, y en desear morirte egoistamente durmiendo o de un pasmo, no enterarte pero acabar de una puñetera vez.

Espero que lo haya conseguido, no enterarse. Le envidio.

Un abrazo.

M.

Miranda | 11-11-2005 15:20:48

No lo conocía. Y por ello te pido disculpas, disculpas por el atrevimiento "tonto" que me hace sentir triste por esta muerte. Un beso, querido Zucco.

Calamity | 13-11-2005 16:45:02

Bye, master. And thanx. Thanx for all.

Iron | 15-11-2005 12:42:43

Ah, tu emoción y cariño me conmueven. La
sinceridad me conmueve.

Adiós Jordi, a quien he visto por tus palabras.

Vir& | 19-11-2005 07:38:18

jordi mesalles era un hijo de la gran puta
bien muerto este

sandy | 05-12-2005 20:00:20

El sábado 12 de noviembre nos despedimos de Jordi Mesalles en un acto del que salimos reconciliados con ese dolor compartido y hermoso. Supimos que el dolor existe y que nadie tiene la culpa –de eso habíamos hablado con él pocos días antes en el hospital donde estuve doliente e ingresada-. Para mí fue precioso sentir como latía en ese dolor tanto amor y fue extraño también notar que no se me había muerto, se nos había muerto a todos ese ser que adoro y cuya ausencia promete ser inmortal. De las innumerables preguntas que nos hacemos en momentos así, allí en medio del llanto común me pregunté porqué ese amor no fue suficiente para que las cosas tomaran otro rumbo.

Jordi era un ser habitado por preciosas voces – Allen, Nietzche, Bernhard, Mamet, Lacan, Zizek, Berger, Azúa, Marías, Deleuze, Barthes y un largo etcétera donde caben todos los grandes del cine y del teatro. A veces pensé que tantas voces en su interior no le dejaban oírse pero es más cierto que todos ellos le enseñaron un mundo del que me hubiera –nos hubiéramos- podido alimentar durante años. La gran dama lo sedujo y se lo llevó.

Y ahí quería llegar. A esa última dama que me situó en penúltimo lugar. Jordi no se cansaba de repetir que lo más importante lo había aprendido de nosotras, sus mujeres. En esa despedida que tuvo lugar en el Institut del Teatre se sobresignificó -palabra de Mesalles- su aspecto profesional y el empeño que puso en la querencia de un país menos estrecho cuyas ambiciones han sucumbido a la gestión de miedos y seguridades pequeño burguesas.

Me imagino, porque me hubiera gustado, por que a él le hubiera gustado, que esas mujeres de Mesalles, esas otras voces que anidaban no sé si en su cabeza pero si en sus acciones, hubiéramos estado allí, encima del escenario rindiéndole el amor con el que nos inundó una noche, dos meses o 10 años. Entre sus subrayados –que son incontables- encontré este: el amor es dar lo que no tienes a alguien que no lo quiere.

Ver a Jordi feliz, deseante, descubridor, aprendiz, conversador, era una fiesta anhelada si vivías con él y sus voces, que con frecuencia lo desorientaban sobremanera. Quiero decir, porque no pude decirlo en el escenario, que ese Mesalles de todos, era además un hombre de 52 años cargado con una gran bolsa repleta de anhelo, un anhelo infatigable e incorruptible con el que bebió la vida a grandes tragos pensando que después la podría digerir. Fue quizás demasiado consciente de las altas cotas de felicidad –y su reverso- que le regalaba la vida. Por eso quizás le gustó tanto a la gran dama. Porque en el fondo, a pesar de tantas voces, de tanto conocimiento, era virgen.

Te quiero siempre Jordi.

Mariona

mariona | 19-12-2005 21:04:59

el 29 de Marzo del 2004 conoci a Jordi Mesalles, despues de que me lo recomendaron como una persona tosca y uraña, contrariamente me encontre un personaje abierto y claro y con muchas ganas de hacer cosas... mi proyecto con el consistia en una escenografia para un curso de 4° con un texto de un escritor Servio que trabajaria con nosotros... tengo que agradecerle sus ganas de ayudarme.. sus palabras amables y sinceras...de su magica maleta sacaba textos, peliculas, musica... tenia la mania de prestar con placer todo...(personas dificiles de encontrar en este tiempo)..
Mariona no te conoci pero algun dia quiero que me des la oportunidad de hablar un poco de JOrdi..
un abrazo...

Fernando Fernandez.

Fernando Fernandez | 23-01-2006 21:57:15

Soy yo ese escritor serbio, mencionado por FF. Mientras tanto, abandone Barcelona y volvi a Belgrado. Es el lugar donde me entere en muerte de Jordi. Su fallecimiento me impresiono mucho. Paso mas que un ano y me impresiona todavia con mucha intensidad. Es que algunas cosas quedan para siempre. A partir de sus calidades humanas y su (intencionada) falta de perfeccion, algunas obras que ha hecho. Todavia creo que su adaptacion de Fuerza de costumbre (Forza de costum, no?) es la mejor adaptacion de Bernhard que he visto. Antes habia yo escrito solo prosa y la mayoria de cosas que he aprendido de teatro, he aprendido de Jordi, trabajando con el mi drama Els nomades.

Gracias otra vez, Jordi.
Igor Marojevic

igor marojevic | 12-12-2006 11:48:43

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