Martes, 22 de noviembre de 2005

Mi amigo Joan Ollé fue el responsable de una instalación que hace unos años recordaba en Barcelona una efemérides relacionada con una popular emisora de radio. En la misma se hacía un recorrido con imágenes diversas, y, de modo especial, a través de fondos sonoros, de lo que había sido la historia contemporánea de España. Jon Berrondo, que era el creador escenográfico de la instalación, había colocado unas botellas de champagne vacías justo en el área expositiva en que se contaban cosas sobre la muerte de Franco y el comienzo de la transición.
Me contó Joan que, cuando el Rey la inauguró, se paró unos instantes delante de este punto y preguntó discretamente: “¿Y estas botellas…?”. Joan le contestó algo así como: “Majestad, la noche del 20-N alguna botella se abrió en España…”
La anécdota me parece divertida. Aquella noche del 20-N y los días siguientes a la muerte de Franco había muchas incógnitas en el panorama interior y exterior. Entre las últimas, la actitud que precisamente iba a tomar un joven rey a quien todos veíamos como la pieza principal en el puzzle sucesorio que Franco había compuesto para que su régimen se perpetuara después de su desaparición física. Era, por tanto, un sospechoso.
Pero eso no era lo fundamental. Mientras las colas se sucedían en el Palacio Real para ver de cerca el cadáver, nosotros vivíamos en mitad de la euforia y ese temor de carácter casi metafísico sobre lo que iba a pasar. Era un clima especial, irrepetible. Las horas se clavaban en nuestros cuerpos, y los minutos nos hacían cosquillas. Se oía hablar de negociaciones políticas que se estaban produciendo en Francia, en donde lo más presentable de la derecha española en el exilio y en el interior pactaba con el partido comunista un asalto democrático a las instituciones. Se oían a todas horas los sables de los militares, que, por cierto, no dejarían de sonar a lo largo de los años siguientes. Las bombas y atentados de ETA dejaron de producirse como en una especie de paréntesis sonoro. Parecía uno de esos momentos de engañosa tranquilidad que preceden a las grandes catástrofes, a los grandes acontecimientos. Era una calma inquietante, como de película de suspense, una pausa tensa, un momento en donde nos imaginábamos que cualquier cosa podía producirse, y que, por eso, nos ilusionaba y aterrorizaba a partes iguales.
Vivir todo eso con poco más de veinte años le confería un carácter especial. Era una juerga, algo excitante y divertido. También era un acto de responsabilidad histórica, un privilegio. La libertad estaba amaneciendo y a mí me cogió en una buena edad y con una predisposición favorable a desentrañar sus misterios. Nos estábamos acostumbrando a ser libres.
Por: Roberto Zucco | Política nacional. | Comentarios (7) | Referencias (0)
Creo, amigo Zucco, que la transición española siempre será un misterio, incluso, para sus más íntimos protagonistas. Cada uno tiene su versión y está seguro de ella.
Torcuato murió callando. Suarez se apaga con un Alzheimer terrible y, cuando podía, contó lo justo, o sea, nada. Gutierrez Mellado, procurador en Cortes y valedor militar de la democracia, murió de accidente sin decir ni mu. Fraga aun no sabe lo que ocurrió, puesto que, por suerte, todo se hizo a sus espaldas. De la oposición más vale ni hablar; esos, por cada paso que daban, el Rey y Suarez daban dos.
Siempre pensaré que la verdadera transición comenzó cuando Carrero murió. Cuando unos etarras lo mataron pensando que todo había sido idea suya. Cuando el gobierno no mandó sus divisiones al Sáhara cuando la marcha verde, ni atacó a Marruecos. Cuando en Portugal hubo la revolución de los claveles. Cuando, a la vez, la derecha francesa, tan solo venció en los comicios por un uno por ciento.
Ayer, Magda recordaba que en su casa todos lloraron. Yo recuerdo no haber celebrado nada, ni reir ni llorar, no lloré porque me cuesta un cojón el hacerlo.
Estoy seguro que cuando Fidel muera, muchos cubanos llorarán de alegría, otros lo harán de pena... más de los que parece, otros reirán y lo celebrarán. Y muchos se amargarán de rabia y vergüenza, por no haber podido ni sabido sacárselo de encima en vida. Este es mi caso.
pau | 22-11-2005 18:38:23
Suscribo hasta la última coma de lo que dices, pau. La transición es un misterio, incluyendo el 23 F. Un abrazo.
Roberto a Pau | 22-11-2005 19:22:45
Como yo, seguramente muchos habrán intentado entrar a tu bitácora, Roberto y no había acceso, por lo que volvíamos hasta que soy la que encuentra abierta la ventana de comentarios.
El pase de una etapa a otra, es como una especie de
puente alambrado y si se corre hay peligro de herirse y sin embargo hay que pasar sin temor y arreglar los alambres salidos a diestra y siniestra.
Es el despelote a la vez.
Y época tan ebulliciosa te tocó vivir.
Bienaventurado Roberto Zucco.
Vir& | 23-11-2005 07:30:13
Siempre paso por tu casa, Roberto.
Todavía sigo descalzándome ante todos vosotros.
Acerca de estos días no puedo emitir ningún juicio, era demasido pequeña. Sí que recuerdo que era todo gris,no entendía el ambiente de mi casa, tan contenido. Y hacía mucho frío...
A sus pies Zucco.
amaltea | 23-11-2005 10:21:16
Yo estaba en París. Y como jamás me he podido tomar dramáticamente lo que he podido tomarme a choteo... Allí tenía a la Plata-Junta (¿os acordáis?) para darme una somera idea de lo que sería la Ley de Punto final disfrazada de Amnistía, los planes milimétrcos del dictador para su sucesor y los negocios donde se intercambió el Sahara y Guinea por prebendas...
ya sabes quien soy | 23-11-2005 15:45:53
¿La platajunta democrática?
Cahuen!!! que cosas.
La plana mayor estuvo aquella vez que el Luis Iturri y una servidora montamos aquello que montaron F.F Gómez y Massiel.
Sólo que en Bilbo y en el Consulado, creo recordar...
Que tiempos...no olvidaré luego en Pamplona, en el Lebrel Blanco, durmiendo en una habitación en La Perla que no la habían limpiado desde que estuviera el jemingüei...que hambres y qué fríos...Y el Iturri por la calle estafeta con Davo Pinilla paseando con un bocata de jamón que se le salían las lonchas...casi mato...
Y en estando actuando va el Iturri y dice...Oh Alemania pfa!!...
Y se le salió la funda de un piño y después toda la primera fila buscando el trofeo.
JOJOJOJOJOJOJOJO!!!!
M.
Miranda | 23-11-2005 19:54:23
El principio, el arranque, después de la muerte de Franco, una vez pasada la primera euforia, no expresada con la misma rotundidad en todos los lados, fue todo una incognita, todos cruzabamos los dedos y la verdad se solucionó mejor de lo que todos nos temiamos, el miedo era mucho, los reaccionarios estaban ahí, y daban avisos por todas partes. Alguna alineación de planetas o uno no sabe que pero no salimos tan mal parados para lo que estabamos acostumbrados a esperar. Que dure la paz, eso es lo que importa.
Saludos
Chusbg | 23-11-2005 19:54:45
Cuando era un niño soñaba tener una casa muy grande, llena de libros y de discos. Lo he conseguido. Como pronosticaba D´Annunzio, "he sido devorado por lo superfluo". Ya entonces me horripilaban los abusos del poder, e incluso el poder mismo.
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