Lunes, 09 de enero de 2006

Hacía mucho tiempo que no me sentía cerca de las llamadas “autoridades”, pero las declaraciones del alcalde de La Almunia de Doña Godina, una población de la provincia de Zaragoza, hicieron que me sintiera bien, al menos por unos instantes. Fueron unas palabras justicieras, amables, integradoras, al calor de un triste acontecimiento sucedido en ese municipio y escuchadas de improviso, haciendo zapping entre dos noticias estúpidas.
Hace unos días, una inmigrante ucraniana llamada Mykhaylina, y afincada en esta población, fue arrollada por un automóvil cuyo conductor se dio posteriormente a la fuga. Esta mujer tenía 43 años, trabajaba en una fábrica y tenía todos esos papeles inverosímiles que destrozan vidas y cuerpos en regla. Era una ciudadana integrada plenamente en un contexto diferente al que la vería nacer, con unas costumbres, una comida y unas normas sociales totalmente diferentes a las suyas. La muerte iguala a los seres humanos y su cuerpo, despanzurrado en la calzada, fue encontrado a la mañana siguiente por un agricultor que transitaba por la zona. Estaba muerta desde hacía bastantes horas. Hasta ahí los datos objetivos de un siniestro más de los muchos que suceden periódicamente en las carreteras de nuestro país y de todos los países.
Aunque detrás de ese nombre, esa edad, esa escueta biografía y esos papeles, habrá una vida humana construida a partir del desarraigo y el sufrimiento, esa para mí no es en esta ocasión la noticia. Nada de eso lo es ya por desgracia. Si lo es, sin embargo, el tono y el significado de las palabras del edil de ese municipio que venía a decir algo así como que su presencia nos dignificaba a todos. Su trabajo tal vez nadie lo quería hacer. Ese puesto de trabajo era, por tanto, para ella.
Desconozco a qué partido pertenece ese señor. Pero me gustó mucho lo que dijo y el tono con el que lo dijo. La presencia de “los otros” siempre, o casi siempre, nos dignifica a los de este lado de la vida y de la historia. En buena medida porque nuestra tierra, sin ánimo de hacer demagogia barata y digan lo que digan los nacionalistas de todas las especies y latitudes, no es exactamente nuestra, sino exactamente de todos.
Por: Roberto Zucco | Como la vida misma. | Comentarios (11) | Referencias (0)
Exagerada | 09-01-2006 10:28:53
Eso es una burda falsedad. El rey sólo es rey de los 'españoles'. El partido que gobierna sólo es elegido por 'españoles' y sólo gobierna sobre los 'españoles'. La constitución es la de todos los 'españoles'. Los ucranianos (los extranjeros) se regulan por una ley propia, distinta, una ley que es inaplicable a mí como española, ya que mis leyes no son para 'todos ellos'. Europa es xenófoba, brutal y asquerosamente xenófoba. No es cierto ni mucho menos, que ese 'todos' incluya a todos los que residen en un territorio. Es gracioso ver como se llena la boca cualquiera con todas esas cosas y después, a la hora de la verdad, defiende una especie de pseudonación formada por blancos nacidos en un determinado territorio y nombre propio bastante hispano, que defiende una constitución o una monarquía o una república en la que los residentes extranjeros no pueden votar más que en determinadas elecciones supranacionales. Nunca en las que eligen a sus gobernantes, a los que se supone que gobiernan. Pero eso sí, que vengan, que los necesitamos para trabajar en cosas que ya no no nos gustan, pero que no vengan para poder votar o ser ciudadanos de pleno derecho. Que vengan a pagar la seguridad social, pero que no nos pidan pensiones vitalicias. Que paguen impuestos, pero que no voten ni se puedan presentar en una lista electoral. Quie vengan, pero con el derecho de reunión o asociación limitado. Que vengan , pero que no sueñen con que los tratados europeos son aplicables a ellos (esa libre circulación de personas que suena tan bonita cuando se es de la UE). Que vengan, que les vamos a dar un permiso de trabajo limitado a una determinada provincia y para un determinado puesto para el que tienen que demostrar que tienen un contrato. Y que no sueñen con cambiarse de trabajo o de ciudad, porque tiene que ser así durante un año al menos. Que vengan y que se integren. No hagamos ningún esfuerzo para que sea al revés, más bien tienen que saber cómo hacerlo. Sí, todo es muy bonito...
C.B. | 09-01-2006 12:50:48
Roberto Zucco a C.B. | 09-01-2006 12:54:43
De acuerdo contigo, Roberto.
No es, claro que no es; pero debería. Me parece evidente que ése era el sentido del texto.
Portorosa | 09-01-2006 13:56:19
Nada que añadir ni a tu texto ni a las palabras de Cecilia. Totalmente de acuerdo con ambas (parece que se nos ha olvidado que España fue/es un país de emigrantes -tanto dentro como fuera del territorio nacional- y un país contínuamente conquistado por "otros" a lo largo y ancho de la Historia).
Un beso. C.
Calamity | 09-01-2006 15:00:38
Athena | 09-01-2006 18:41:11
Camarada Bakunin | 09-01-2006 21:51:02
Ahora estan los del pais, los que no hablan o profesan la ideologia religiosa del pais 8el nacionalismo) y los inmigrantes (en este ultimo sector incluiria a los Carod Rovira en adelante, mas moros, sudacas, etc.
¿Donde esta el modelo de pais o sociedad?. Posiblemente en la mezcla. Hemos abandonado el modelo franquista (nacionales, deportados por opiniones, emigrantes a Alemania y otros). Deberiamos reflexionar hacia donde nos dirigimos y ejercer la tolerancia. Y lo peor ¿este es otro problema de la derecha? o tal vez las dificultades son "transversales".
un saludo. Espero que hayas comenzado el año con buen pie... pues sera movido.
juan re
juan re | 10-01-2006 09:06:31
La xenofobia es transversal. Es algo europeo, una marca de la casa. Una seña distintiva. Negarlo es negar la historia europea de los útimos 500 años. No me refiero sólo a la época del imperialismo. Es ahora, hoy. Esos franceses quemando coches es hace un mes, no hace siglos. Y es Francia, 'la cuna' de la Ilustración... ¿Te imaginas a un ministro francés negro? ¿no oyes gritos de protesta cuando gana un alemán en las municipales de algún pueblo de Almería? Ahí está la Marca de la Casa. Y no, no es un problema de la derecha...
C.B. a juan re | 10-01-2006 11:34:37
Hace ya algunos años (cuando estuve casada y tenía una granja en África) en una de esas visitas para tomar café que se hace a las amigas alineadas de vidas cuadriculadas, quiso el azar que acabáramos, debido a una capa de pintura que invalidaba la casa de la titular, en la de una maestra de escuela.
Limpiando la parte de abajo de la casa, subía y volvía a bajar con un barreño limpio una señora ucraniana de unos cuarenta y cinco o cincuenta años. Daba gloria mirarla porque tenía un pelo precioso, brillante y limpísimo. Toda ella parecía recién sacada de la lavadora. Esplendía. Por lo visto era su primer dia, la dueña de la casa estaba bastante pendiente de ella.
A los pocos días me enteré, cosas de los pueblos pequeños, que la ucraniana tenía nombre (que ya no recuerdo), que era profesora de piano, concertista en su país, y que la hijica de su madre de la maestra de escuela era tan limpia, tan limpia, pero tan limpia, tan limpia, que para dejarlo todo como los chorros del oro tenía que limpiar con agua, amoníaco y lejía. Es decir, quemando la piel de las manos a todo aquel que desconociera qué estaba echando en el agua.
Lástima de manos preciosas que valían un imperio. Lástima de sensibilidad y seguramente de corazón roto. Lástima de mal rayo aleatorio que no cae donde debe. No se me olvidará nunca.
La donna è mobile | 10-01-2006 21:32:19
Las mujeres como la que murió arrollada, como la que limpiaba con lejía sin guantes, los muchachos que tocan en los metros, esos 'sudacas' a los que se mira conmiserativamente, mas se olvida cuando de leyes de amparo se trata,
ah, seres desamparados
como si debieran rogar
el planeta es uno y los prejuicios y el dinero lo dividen...
Un mujer violentamente muerta y nada, la vida continúa...
*
salutes gratísimos mi querido Roberto Zucco.
Vir& | 13-01-2006 23:37:06
Cuando era un niño soñaba tener una casa muy grande, llena de libros y de discos. Lo he conseguido. Como pronosticaba D´Annunzio, "he sido devorado por lo superfluo". Ya entonces me horripilaban los abusos del poder, e incluso el poder mismo.
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