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Roberto Zucco

Miércoles, 11 de enero de 2006

Soledades (6) La mía...



Como Karina, echo la vista atrás (algo que, según ella, es bueno a veces…) y me encuentro solo, pero felizmente solo. Cuántas noches echando de menos a alguien, a “alguienes” de los que ya ni recuerdo el nombre, ni la cara, ni nada. Energía inútilmente gastada. En el mejor de los casos, una ráfaga de ojos, un olor, el lejano murmullo de una voz otrora cálida y querida. Sin embargo, queda diáfana, amarga, lamentablemente triste la soledad que nace precisamente de no querer estar solo. De adolescente escribí un poema premonitorio que se titulaba “Un hombre solo camina en silencio por las calles”, aunque supongo que todos los adolescentes escriben este mismo poema, con diferentes versos, en las noches de verano de sus primeros años.

Esa soledad es la que siente un novio al que le acaba de dejar su novia, un marido al que le han puesto los cuernos, una madre que ha perdido a su hijo en unas maniobras de la antigua mili. Es una soledad imposible de olvidar y de rellenar con otras presencias, aunque esas presencias acaban siendo decisivas para superar sus efectos destructivos de las ausencias.

Hay otra soledad: la de los aviones, los trenes, los viajes. Es una soledad con truco, porque al final sabes que te esperan las personas y los paisajes que amas. El desarraigo es, por tanto, provisional, y muchas veces he obtenido placer al sentirme lejos sabiendo que soy esperado en casa, en mi casa, en alguna casa. Yo, que no sé aprender y que, como dice también de sí mismo mi querido amigo Jaime, tampoco sé pensar, balbuceo pensamientos de manera involuntaria pero con una pasmosa facilidad en aeropuertos y estaciones mientras paseo la mirada distraídamente por viajeros, situaciones, facciones hermosas. Recuerdo en particular el aeropuerto de Belgrado, en donde pasé en total diez o doce horas, viendo el exceso de belleza femenina más increíble de toda mi vida. De pronto, en ese tipo de espacios me sorprendo a mí mismo: he pensado algo casi sin darme cuenta. Algo que terminará siendo un proyecto, una esperanza o simplemente la concreción de comer un filete con patatas en el restaurante cercano. En esos lugares sin personalidad definida me encuentro a mí mismo con bastante naturalidad y placer, me reconozco, me saludo, me abrazo, hago planes, escribo cartas, mando mensajes, me siento bastante vivo y feliz.

En Nueva York y París he vivido muchas veces esa soledad buscada, y últimamente en Madrid y Buenos Aires. Recuerdo que una noche en mitad de Manhattan estuve al borde de un ataque de ansiedad. Los ruidos del tráfico en la séptima avenida, el rumor de las tuberías, las sirenas de las ambulancias empezaron a organizarse en una especie de extraña sinfonía que logró horrorizarme. Me sentí demasiado pequeño en la tripa de una inmensa ballena construida de cristal, de hormigón, de aluminio. Fue literalmente una experiencia terrible, y pensé marcharme de manera intempestiva de un hotel cuyas paredes y cuyos adornos me parecían sencillamente irrespirables. Era una cuestión física pero también estética. Sin embargo, al día siguiente, primero por las calles y más tarde en el teatro, me volví a sentir bien, relajado, tranquilo, esperado y querido a ocho mil kilómetros: muy lejos en términos de distancia física y muy cerca en términos de distancia emocional.

Y hay una tercera soledad a la que me he pasado la vida temiendo. Mi vida ha ido solapando con demasiada frecuencia mis relaciones personales, tal vez como síntoma de un horror al vacío que me parece ridículo y sin fundamento real. Creo que precisamente ahora me costaría un enorme esfuerzo compartir mis peculiares costumbres, mi tendencia a escuchar la música a todo volumen en mitad de la noche, a compartir el ordenador desde el que ahora mismo estoy escribiendo, o la nevera, o el orden de los libros y de los discos. Me siento una persona solitaria, en mitad del fragor de mi trabajo, de una ciudad que será siempre la mía, y de unas personas, cercanas y lejanas, por las que daría algo más que la vida. Me siento Robinson Crusoe, me veo en el espejo y me encuentro un cierto parecido a Alcestes, el Misántropo que Molière pariera en 1666, y me gusta mucho esta especie de soledad acompañada de la que llevo huyendo torpemente toda la vida, a pesar de unos riesgos que siempre me he empeñado a sobredimensionar de una manera un tanto cobarde.

Por: Roberto Zucco | Soledades. | Comentarios (40) | Referencias (0)

Comentarios

La soledad es convertirse en un sol con el paso de los años. Por eso cada vez da menos miedo porque aprendes a ser tu propio combustible.

Exagerada | 11-01-2006 10:22:18

Tienes razón. Por cierto, intento entrar en tu blog y no lo consigo.

Roberto Zucco a Exagerada | 11-01-2006 10:39:50

Querido Zucco:
Ultimamente mis amigos hablan mucho de la soledad, y me da un poco de miedo, porque no sé si tiene que ver con el hecho de ir sumando años... Aun así, creo que no debes tener mucho miedo... La peor de las soledades es esa de estar deshabitados por dentro, y tus interiores están muy amueblados, por cierto...
(Te echo de menos)

albanta | 11-01-2006 11:02:04

Lo firmo.
Es un estado cojonudo y voluntario, absolutamente.

Hace poco murió Javier Urquijo, un pintor conocido por aquí (el marido de Mariví Bilbao G.), pobrecico, pues bien, un día que estábamos en Aritza montando una exposición me preguntó sobre mis parejas y eso...y que si pensaba casarme o vivir con alguien. Yo le dije que tenía, que sí, pero que también tenía la sensación de que iba a vivir sola. Que me gustaba la soledad, esa sensación envolvente de tu propio yo y de tu sistema vital como un caracol contigo. Y añadí que por mi manera de vivir y de ser siempre me había sentido un poco Robinson.
¿Sabes qué me contestó? "Oyes, genial, y yo de vez en cuando seré Viernes".

Lo mismo te digo, Roberto.

Beso.
M.

Miranda | 11-01-2006 11:33:22

La soledad se sufre cuando se te impone, pero si la buscas por ti mismo es un regocijo, un caldo de cultivo muy creativo.
Decía Leonardo da Vinci que era un tio muy listo que si estás solo serás todo tuyo, y si estás acompañado por una sola persona, será medio tuyo,aunque nunca hay que olvidar lo que decía un escritor llamado Paul Valery "un hombre solo es siempre una mala compañía" y de todos es sabido que hay que evitar en lo posible las malas commpañías.

Yo pienso muchas veces que la verdad, la verdad es que todos estamo solos, el no sentirse solo es más una sensación subjetiva y que nuestros esfuerzos y nuestros actos estan encaminados a combatir esa soledad.
Un saludo.

Chusbg | 11-01-2006 11:55:39

Las situaciones tienden a cristalizarse, sean las que sean. A mí lo de la soledad siempre me ha parecido un estado provisional, que he intentado llevar lo mejor posible sin limitar mi vida y mis aspiraciones.
Pero la cuestión es que se van adquiriendo unas costumbres y unos hábitos, que a ver quien es el guapo que los aguanta, o a ver quien es el guapo que hace que renunciemos a ellos.
En mi caso me invade una especie de hastío, de desgana, de estar de vuelta de muchas cosas, no se si es un poco de depre, o simplemente que me estoy haciendo mayor.
Un abrazo, Roberto Zucco.

reina | 11-01-2006 12:27:45

Naces solo, mueres solo, y por el camino entre ambos actos, la soledad es algo no buscado, al reves, temido generalmente.A mi me aterra, pero no la soledad fisica, sino la emocional, el imaginar que un dia no tengo a nadie quien llamar o nadie que me llame, con complicidad, con cariño y con respeto.Nada que ver con pareja ni visual( ver alguien a tu lado)Es auditivo y sensorial.Me gustan los abrazos, me gustan los"hola que tal estás".A veces eso ocurre con tu pareja, y otras, con tus amigos...
Seguro que no estás solo,lo tuyo es independencia...

zipi | 11-01-2006 14:27:20

Vivir sola es todo un lujo. Antes de hacerlo, lo intuía. Ahora que ya llevo cinco años así, lo confirmo: compartir los espacios vitales -y para mí una casa lo es- te resta independencia y una deja de ser una para convertirse en lo que quieren los otros de ella...

Y por supuesto, aunque mucha gente piensa que es una circunstancia incompatible, el tener pareja y no vivir con ella es de lo más recomendable: los límites están mucho más definidos y la intimidad -ésa que acaba cargándose por completo cualquier rastro de misterio o magia- te resguarda de las míseras propias y ajenas, para poder vivirlas como a una mejor le plazca.

Saludos -y gracias por incluirme en la felicitación navideña-.

Bambo | 11-01-2006 14:29:15

No puedo añadir ni una coma a lo expuesto por Bambo.

Un saludo a todos.

A tus pies, venerado Zucco.

amaltea | 11-01-2006 15:02:45

¿me permites poner la letra de una cancion?...

Si pudiera recordar qué estoy buscando pararía a descansar,
si supiera en realidad que estoy pensando ya podría respirar.
Si escuchara atentamente tus consejos cuando intentas explicar,
entonces es cuando ya estoy tan lejos que sólo escucho soledad.
Cuando paso cerca de un colegio y me pongo a recordar
siento que hoy estoy mucho más viejo y mi mente empieza a hablar:
qué sólo estás, qué solo estás, contigo no cuenta nadie ya.
Si mirara más hacia el espejo y menos a la ciudad,
si alguien me llevara aún más lejos quizás puediera olvidar.
Qué sólo estás. Qué sólo estás. Contigo no cuenta nadie ya, nadie ya.

zipi | 11-01-2006 15:10:15

Genial Bambo!
Asin asin és.

Somos privilegiadas las que podemos hacerlo, no sólo el tener una casa para nosotras, sino también en el poder gozar de lo mejor de tener una pareja. Asin és.

jeje, ¿recuerdas aquella canción del Kiko? lo mismo te echo de menos lo mismo....queantestechabademás....

Jo!, que palpable eso de echar de más...que presiónaza!.
Beso enorme.

M.

Miranda | 11-01-2006 15:20:44

Bambo tiene razón, lo mejor es tener pareja pero no vivir juntos, yo conviví hace años y la experiencia fue más bien mala, así que ahora estoy mucho mejor...

Pero Valéry tenía razón..., no es bueno que el hombre esté solo, y la pseudofilosofía de los singles es negativa. Tengo miedo de la soledad, y eso no lo alivian los cacharros de que estamos rodeados.

lukas | 11-01-2006 18:05:15

Creo que ese miedo a la soledad en realidad es miedo a morir en completa soledad y no ser añorado por nadie. Morir en la cama y que nadie reclame tu cuerpo. Que tu ausencia sea indiferente a todo el mundo. Quizá sí sea bueno tener pareja y no convivir porque, de alguna forma, te aseguras de que al menos una persona te extrañará y encontrará tu cadáver antes de que se descomponga. Al menos alguien se preocupará de tu cuerpo sin vida. Alguien, al menos durante un rato, te echará de menos o de más. Pero realmente todo eso es indiferente, porque muerta no sientes ni padeces. Realmente nadie hablará de mi cuando ya esté muerta. ¿importa? ¡No, claro que no! Así que a disfrutar de la soledad, que esto se acaba pronto!

C.B. | 11-01-2006 20:04:56

No sé, no me encaja lo que dices.
Yo conozco muchos miedosos de la soledad que no lo son por la muerte, sino por la vida.
La mayoría mujeres, esa es la verdad.
Los hombres que no aguantan vivir solos generalmente es por indefensión, no se saben apañar bien con la intendencia, eso y la vagancia, claro, porque para saber llevar una casa o cocinar y limpiar lo indispensable no hay que ir a Oxford precisamente. Los demás viven felices, generalmente con fámula.
La mujeres que yo conozco que temen la soledad la temen porque estan solas. Necesitan ruído y necesitan gente, porque de lo contrario estan literalmente solas y eso se aguanta mal, me refiero a dejadas; dejadas solas.
Eso crea además una especie de touch en ellas, una especie de nervio, no sé cómo definirlo, el caso es que no van a dejar de estarlo, es como una señal, un radar, que los tíos detectan y salen por piernas. Sólo suelen quedar apechugando los amigos homos (o similar) y los sosias abandonados, que se hermanan en la vivencia. Es una vida dura la de las chicas solas.
Claro, que siempre les quedará internet...la mayoría de los blogos femeninos se alimentan de mujeres abandonadas, eso que salimos ganando los lectores cotillas.

M.

Miranda | 11-01-2006 20:35:44

Mi solitario Caballero, me ha encantado tu post y me ha recordado muchísimo (para bien) al poema de Cernuda que se titula "Cómo llenarte, soledad". El poema me gusta entero pero te dejo su final para que lo disfrutes.

"Tú, verdad solitaria,
transparente pasión, mi soledad de siempre,
eres inmenso abrazo;
el sol, el mar,
la oscuridad, la estepa,
el hombre y su deseo,
la airada muchedumbre,
¿qué son sino tú misma?

Por ti, mi soledad, los busqué un día;
en ti, mi soledad, los amo ahora."

Mucho más que un placer leerte. Infinitos besos.

Iris | 11-01-2006 21:08:02

Vaya.. mi querido Roberto...

Me está gustando de más, cómo escribes... Debo sincerarme, ma está gusatndo a montones!!

Me sentí como mirándome en un espejo cuando leí: "Creo que precisamente ahora me costaría un enorme esfuerzo compartir mis peculiares costumbres, mi tendencia a escuchar la música a todo volumen en mitad de la noche, a compartir el ordenador desde el que ahora mismo estoy escribiendo, o la nevera, o el orden de los libros y de los discos."

La verdad, opto también por mi espacio, no soportaría a un hombre desordenado, ruidoso, que no tenga modales, o sea un vago... No lo puedo resistir, me transformo en alguien casi "non-grato" con solamente pensarlo.. Me gusta acomodar al igual que tú, mis cosas a mi manera, no importa si es al derecho o al revés, si es para adelante o para atrás, pero están en mi orden... Igual no me ha gustado nunca que se metan en mis cosas, no las personales sino las "cosas" desde mi armario, hasta mis gustos en ese sentido.. No podría vivir con alguien que escuche música desagradable todo el día (como un amigo).

En fin, muy sentido lo que has escrito, pero en realidad me has hecho pensar en algo mucho más profundo; yo que sé de soledades, te digo que a pesar de disfrutarlas, a veces se necesita sentir una caricia, más permanente que de ocación, o por compañía, no sé bien definirlo, pero es más compañía que la simple visita de un rato, por más bello que sea ese rato... Talvéz porque ni yo misma logro explicarme, sea necesidad, de no estar siempre totalmente solos, saber que alguien quiere compartir tu espacio, y que deseara aunque no se pueda estar siemrpe a tu lado... Ironías, no lo sé, pero al mismo tiempo, que no se quedara siempre...

Un abrazo, por tan bello y sincero post...

Por cierto leí anteriormente que no puedes ingresar a mi pequeño blo, y yo que muero por recibirte en mi "casa de paz". Intenta copiar el link http://consalenloslabios.blogia.com

Será un verdadero placer recibirte!

Con Sal en los Labios | 11-01-2006 21:48:35

Mi Zucco querido, tú sabes que nunca estás solo, porque siempre habrá alguien que piense en ti. Y esa compañía, en la distancia, no suele traer ningún problema de convivencia.
Me gusta lo que has escrito. Besos grandes.

amanda | 11-01-2006 22:09:43

Lo que dan las mujeres solas es mucha mieditis, me parece a mí.
Y un poco de envidieja igual también.
Hay mucho rollo peliculero en eso de contar la propia vida de pareja como La Casa de la Pradera, sobre todo entre las mujeres, esa es la verdad. Luego la vida es otra cosa, claro, pero a las Antoñitas Fantásticas siempre les quedará internet.

One | 11-01-2006 23:03:53

La soledad por si sola no es tan mala. Los pensamientos que vienem a uno quando solo, estos si, por veces pueden ser terribles. Y se te sentis solo, pero muy solo, siempre tendrás la musica.

maray | 12-01-2006 00:19:25

Caro Zucco,

¿Cómo lo haces para dar siempre en la diana, para hacer un comentario sobre algo que nos toca en la fibra, en el momento justo? No hay más que ver las respuestas...
Efectivamente, Peter Pan se hace mayor, y duda de que pueda acomodar su vida con la de otros. Se hace cómodo, se aburguesa. No quiere compartir sus juguetes ni su espacio. Aunque el reloj que se ha tragado el cocodrilo siga marcando los segundos: tic, tac, tic, tac. Quizá cuando decida hacerse sociable sean los otros los que lo rechacen. Es su apuesta, él verá. :-)
Por cierto, Miranda, yo también soy *de-Bilbao- de-toda-la-vida*. Compartí noches de vino y rosas con Javier Urkijo, cuando todos éramos jóvenes e inconscientes (nunca con Mariví al mismo tiempo ;-) ) Excelente tipo, mediocre pintor. Siempre me pregunté por qué alternaba solo. ¿Lo sabes tú?

gecko | 12-01-2006 01:35:13

Yo no creo que el hecho de vivir sola sea por no acomodar la vida a la de otros, porque esos 'otros' también deben hacer un esfuerzo por acomodarse a la mía. De hecho vivir sola es casi una necesidad física, la misma que, cuando era pequeña, me hacía desear tener mi propia habitación en la casa de mis padres, con mis pósters, mis cajones y mis armarios. Algo que, por otra parte, no sucedió jamás en su casa. Y ahora que lo tengo, ¿por qué habría de compartirlo con un desconocido/a? ¿para que me resulte más barato el alquiler o la hipoteca? ¿para delegar tares ingratas a 'otro'? ¿para cenar juntos viendo la televisión sin hablar de nada? No siento esa necesidad de tener mi espacio vital ocupado por nadie. No necesito de otra persona en mi espacio. Cuando lo necesito, cuando necesito el contacto de un desconocido, bajo a un bar o hablo con la gente o me intereso por cualquier cosa aparentemente banal. Si no fuera así, ¿para qué la existencia de tanta puerta cerrando las puertas de las habitaciones a las miradas de los otros? ¿para qué tanta separación de espacios físicos en las casas? ¿para preservar la intimidad? ¿qué intimidad, qué privacidad? Yo creo que el miedo a vivir solo sólo nace en las sociedades colectivistas y ésta no lo es, nunca lo ha sido. Si tengo un hijo con mi pareja pero no vivo con ella y criamos al hijo cada uno unos días fijados de la semana ¿es que estamos separados?

C.B. | 12-01-2006 09:53:52

Y de alguna forma creo que la gente que escoge vivir con otro durante una larga temporada sin mantener su propia casa o espacio es más por cuestiones de poder y de posesión que de otra cosa. En la misma medida que determinados libros deben estar en determinadas estanterías y no puedes soportar que alguien las cambie de sitio, el hecho de que dos personas vivan juntas les hace creer en la ilusión de que existe un vínculo más fuerte entre ellos, una relación de mutua posesión. Un constante juego de poder. Si alguien viene a vivir a mi casa, le pido que se adapte. No explícitamente, tácitamente debe aceptar que esa casa, ese espacio, me pertenecían antes de que él/ella entrara en él. Y lo mismo sucede si yo me mudo a la casa de él/ella. Quizá la solución pase por una casa compartida y nueva, en empezar desde cero. Y si eso es así, todo se reduce a un juego de poder. Yo vivo en un hotel, así que absolutamente nadie quiere vivir conmigo aunque sí me invitan a que lo abandone y me vaya a vivir a sus casas: que me dejarán un armario, unos cajones, un espacio en el cuarto de baño. Ninguno me pregunta si los muebles que están ahí me gustan: debo aceptarlos tal y como son. ¿es esa la adaptación que esperan de mi?

C.B. | 12-01-2006 10:06:23

Soledades buscadas, soledades encontradas, solos en la multitud, a solas...Intento mantener una armonía entre mi soledad y las personas de mi entorno, sin depender demasiado ni de lo uno ni de lo otro. Aunque sí existe el pequeño temor de un día decir "hola" y que no haya nadie que te conteste.

Scarlett | 12-01-2006 10:37:52

Hay otro caso de soledad, que me parece dolorosa y bastante desagradable: la de la gente que vive bajo el mismo techo pero que no comparte nada más que eso. Mal rollo, mal genio, aguantarse las manías, envejecer sin nin guna alegría. La ley del divorcio corrigió esto en cierta medida. Yo prefiero morirme solo que mal acompañado, como viene a sugerir C.B.

Roberto Zucco | 12-01-2006 12:02:26

C.B. lo ha dicho mejor que nadie: vivir acompañados, en una relación de poder/ sumisión, eso no es vida, y así mejor estar solos, cada uno manteniendo su intimidad, que es tan necesaria como el respirar. Las mujeres que no saben estar solas, que tienen que estar llamando a sus amigos homos, con su musiquilla por el piso, son unas petardas insufribles... Hay que aprender a vivir solo, a vivir solas. Y que luego cada cual busque sus contactos y compañías, pero no en plan revuelto.

lukas | 12-01-2006 12:09:11

Jajaja!!! el Lukas, que dardo!.
¿Puede que sea una cuestión de madurez?.
Conozco miles de ellas que han salido de su casa, de las faldas de su momó, para casarse con el abrasado. Y hablo de abrasado porque generalmente han sido unas brasas con el de turno hasta que han llegado al casorio.
Hijos, evolución y divorcio. Y llega el asumir lo inasumible. No tienen vida propia. No han tenido nunca independencia, no me refiero sólo a tener un trabajo que las mantuviera a ellas a sus hijos y hasta a su marido (cosa que visto del otro lado parece lógica y que desde su perspectiva es impensable) me refiero a independencia intelectual.
Y ahí empieza esa especie de crisálida de la neura que se transforma en una hipótesis de trabajo (nunca mejor dicho) y que en realidad nos muestra un fracaso vital basado en falsas premisas y en una realidad...tirando a cutre...y ya tenemos esa mujer, digamos, tensa, que se monta películas, que se inventa su propia vida, que sueña los recuerdos de los demás...y que a más abundamiento no suele callar ni debajo del agua.
Tela. Menos mal que hay internet...
De la gente que dice roberto hay legión. Apechugan con una soledad compartida que se puede cortar, apechugan con lo insoportable (casadas con borrachos, con cerdos de bellota) por no quedarse solas con su propio yo vacío...y ellos porque les sale mejor pagar esa chacha y guardar las formas que un divorcio sangrante. Vidas ejemplares.
Ayer dajaba en casa de Ernesto un comentario sobre lo de las feromonas, la labor social que hacen impidiendo con furia nuestra necesidad (la de algunos, está claro) de independencia, haciendo que necesitemos estar con el objeto amado...y que cuando se retiran ya está todo consumado, matrimonio, hipoteca, descendencia...y a apechugar.
Química finalmente.
Respecto a lo que comentan de la música es otra coincidencia. Estoy convencida de que no hay nadie que soporte escuchar la música de otros. Nadie aguanta estar soportando las elecciones subjetivas, correspondientes a un intransferible estado de ánimo, que hace alguien, así que escuche pop, clásico o los tambores de Burundi. Es decir, nadie soporta que te metan en vena una sensación subjetiva. Por eso nos irrita hasta la saciedad las música del vecino o del otro.

De todas formas creo que la capacidad de vivir solo, felizmente, es algo que se trabaja desde la infancia, a parte de que puede que sea genética. Hay gente humano-dependiente hasta para respirar, gente que enciende la tele, pone la radio y enciende luces porque en realidad su propia soledad le abruma, no puede con ella, así que sea escogida. Cojos sentimentales.

Gecko, Javi vivía una especie de vida de Viernes pero sin Robinsón. Hacía su vida porque era inseguible, y eso que Marivi tiene correa y leguas en la espalda. Yo casi nunca he estado con ellos juntos, hasta que tuvo lo del pulmón. Y eso que se vinieron a vivir a Algorta a una calle de la mía. Yo creo que tenían un buen acuerdo. Basado en lo que en su momento fué una gran historia de amor.
Y hablando de todo. Tuve un gecko precioso que me hizo muy feliz por muchas cosas, sobre todo porque aprendí a criar grillos y a manejar con soltura todo tipo de gusanos. Era de Madagascar, creo, ese verde con lunares fosfis. Que remajo!!!.
Beso.
M.

Miranda | 12-01-2006 13:14:20

Sí que me acuerdo de la canción, sí. Sentir como va llegando el moscardón que te avisa de que comienzas a "echar de más" a alguien es bastante agobiante: te debates entre la hipocresía social de mantener las formas -necesaria también cuando se comparten espacios, por mucha confianza que exista- y la necesidad, cada vez más urgente, de largar al amigo-amante-compañero -o lo que sea- a tomar el viento fresco a la farola de Málaga.

Estoy con C.B. en que vivir con alguien -y no sólo en pareja, que la casa familiar tiene su aquél- es una lucha de poder constante. Todavía recuerdo la frase con la que mi madre acallaba mis protestas porque no me dejaba colocar posters y fotos en mi habitación: "ésta es mi casa y se hace lo que yo diga; cuando tú tengas la tuya, la empapelas, si quieres, de arriba a abajo con papel de plata; pero aquí no".

Miranda, repasando lo que cuentas sobre algunas mujeres que no soportan estar solas: siempre he sospechado de la gente a la que le faltan horas en el día porque tienen tantas cosas que hacer que no llegan a casi ningún lado. Y sobre todo, si esas cosas que tienen que hacer no son obligaciones -de ésas, deberíamos tener las justas; a contar con los dedos de una sola mano- y tienen más que ver con actividades culturales o de ocio, tipo salidas, copeteo, sesiones de cine, etc., etc., etc. Me abruman... Me recuerdan mucho a las señoronas de la rancia aristocracia, años cincuenta, en plan merendola en café céntrico o rastro benéfico. Eso sí, vestidas de rigurosísimo progre, aunque el estilo hipioso les siente como una patada en el culo -perdonad el exabrupto, pero es que ando sufriendo un acoso y derribo de ese tipo-. Por cierto, que yo disfruto mucho estando sola, y no lo cambiaría por nada, pero hay ratillos en los que una se toca y no termina de encontrarse... No sé si me explico. Aunque me da en la nariz que eso tiene más que ver con una desorientación temporal...

La soledad, cuando es escogida, es una bendición.

Saludos

Bambo | 12-01-2006 14:01:20

Anda, Miranda, nos hemos cruzado, :-D

Escribiendo a la vez...

Abrazotes, guapa.

Bambo | 12-01-2006 14:02:42

A mí me gustaría hablar de un tipo de soledad que no ha salido a relucir por aquí: la soledad impuesta. Me explico.

Si algo he deseado más que nada en lo que llevo dándome cuenta de lo que es la vida es estar sola (que no sentirme sola. Esto último es horrible, de lo peor, aunque también tiene su lado bueno). Llegar a mi casa y hacer lo que me viniera en gana. Si quisiera fregar, lo haría. Y si no, también. Andar en pelota picada en verano y montarme unas sesiones autodiyei con la música a toda pastilla (yo también la escucho bien alta para desgracia de mis vecinos). Traer a mi enano pelirrojo -el perro- a casa sin tener que pedir permiso a arrendadores y compañeros... Ver o no ver la tele, montar una fiesta con los colegas o encerrarme en las cuatro paredes en plan anacoreta-no-existo-para-nadie...

Eso.

Pero no puedo. Tengo que compartir piso, por desgracia. Si vivo en casa de mis padres, con mi madre (que vive sola y lo lleva fatal. No sabe la suerte que tiene). Si vivo aquí, en el zulo madrileño, con una especie de xinffonier humano que ni siquiera dice buenos días cuando se levanta o buenas noches cuando se va a dormir. ¡Y eso que hemos ido juntos al colegio toda la vida! Es una especie de seta (molesta de diregir e incluso venenosa para el ánimo, añado).

Opciones: pocas. Ayer por la tarde, a raíz de este magnífico post tuyo, caro Roberto, tuvimos una discusión más o menos encarnizada mi chaval y yo. Es difícil que alguien entienda que ni quiero casarme, ni quiero tener niños, ni quiero vivir con nadie. Es duro decirle a tu "pareja" que no es que no le quieras, que le adoras y precisamente por eso no quieres vivir con él (aún sabiendo que nos iba a ir de perlas casi con toda seguridad). Porque lo que yo quiero es aquello que dice Sabina : "morirme contigo si te matas. Matarme contigo, si te mueres. Porque el amor cuando no muere, mata. Porque amores que matan nunca mueren". Porque cada uno en su casa y dios en la de todos, coño.

Me fastidia tenerme que ir a vivir con "tu pareja" porque es la mejor opción a la que puedo aspirar.

Perdón por el desahogo. Adoro la soledad escogida. Aborrezco sentirse solo estando en compañía (con lo fácil que habría sido decir sólo esta frase).

Un beso que te lo has ganado por leer toda esta parrafada. Cal.

Calamity | 12-01-2006 17:07:15

Calamity, si señora!
Tu sí que sabes y qué cierto es todo lo que dices.
Y qué difícil que te entiendan eso, cuando te aman.

Pero no bajes la guardia eh?, imposiblelalemán.

Un abrazo.

M.

Miranda | 12-01-2006 18:33:35

Ya era hora de que el maestro Sabina apareciera!!!!!!!!!!!!!!!!!

Si hay alguien que sabe expresar sentimientos de soledad (de la no buscada, de la compartida, de la impuesta...) de amor-desamor, de echar de menos o de "echar de más" como alguien decía anteriormente en los comentarios, sin duda es él. Atina siempre y no puede decir más llanamente lo que otros poetas más líricos no expresarían con tanta claridad.

Yo os aporto una pequeña parte de una canción suya:" ese camión de mudanzas con los muebles del amor" y otra: "todos los finales son el mismo repetido" y otra, y otra, y otra más, interminables verdades que aunque dentro de esa canción estén en el contexto debido, se pueden extrapolar a cualquier situación cotidiana y desde luego, encaja perfectamente.

Perdón si me he desviado un poco del tema pero se me hace muy raro que Sabina no esté más presente en estos comentarios. Tal vez mis gustos no sean del agrado de los que nos entrecruzamos por estos pasillos de la casa de Roberto. En ese caso, me voy calladita para "que no me echeís de mas".

Un abrazo a todos.

amaltea | 13-01-2006 10:07:05

Miranda, ahí más arriba lo has dicho perfecto, cuando decías eso sobre las mujeres que no tienen independencia intelectual.

Lo que más detesto: las petardas que apenas llegan a su casa ponen la "música" a toda pastilla. Yo las encerraba en una habitación, a pan y agua y con un zumbido aterrador durante treinta y seis horas seguidas.

lukas | 13-01-2006 10:41:39

“La soledad es aquel dolor que no se puede aislar en una parte determinada del cuerpo, sencillamente, porque lo ocupa entero”. El expreso de medianoche.

Yo, que también le tengo mucho miedo a la soledad y procuro dormir acompañado (ni bien, ni mal: acompañado), he sentido, no obstante, ese placer que produce no depender de nadie para nada. Una sensación plena y brillante como una terde a las orillas del sena, ebrio de cervezas y feliz como un garçon con zapatos nuevos.

Yo creo que me gusta mucho más estar acompañado pero en paralelo, como a unos tres metros de distancia. Cuatro. Ahí me sentiría acompañadamente solo.

Un abrazo maestro. (Danos hoy nuestro pan de cada día, Zucco)

Ambrose Chapel | 13-01-2006 12:53:14

Totalmente de acuerdo con Bembo, es lo mejor.
Saludos

Ararat | 13-01-2006 13:45:54

La soledad puede ser maravillosa si es buscada..., si no lo es puede ser el peor de los infiernos.
Buen post!
Un beso :)

Grial | 13-01-2006 19:08:47

La soledad sólo le sienta bien a quien no necesita esconder lo esencial de sí mismo, y no teme su propia compañía.
Por cierto, dile a tu secretaria qe te recuerde que tienes que grabar tus textos para Radio Mai, porque si no los destrozaré yo con mi voz de azafata de aeropuerto, y no te lo mereces.
Un abrazo tiernísimo.
PD. La semana que viene espero poder ir a Zaragoza.

Gatopardo | 14-01-2006 13:32:58

COMPARTIR: comer de un mismo pan , que tiene su mérito, requiere amor, respeto y conocimiento (nada que ver con sentirse acompañado)
RECORDAR: volver a pasar por el corazón
(me gustaría vivir MI) SOLEDAD: recordar que bueno estaba el pan!
El resto quizás sea tristeza o no saber dónde meterse en uno mismo

caravaggio | 14-01-2006 18:20:19

es la condicion del ser humano fuertes y crativos soberbia y arrogantementes libres dependiendo las circustancias y en otras suplicantes en busca de un poquitin de atencion humana .

pere | 16-01-2006 04:13:49

Las soledades se van diversificando y depurándose naturalmente. Es cuestión de formación, concepción de la vida: todo confluye, ¿sí mi querido Roberto Zucco?

Cuando creíamos que ya éramos felices, asoma esa sombra, esa verdad y se va la dicha.

Sólo queda acompañarse con uno mismo y ser grato con el prójimo, como queremos sean gratos con una/o.

Vir& | 22-01-2006 00:56:46

A mí me da más miedo esa otra soledad... la que te conecta con el vacío existencial, la que te hace sentirte infinitamente solo en medio de una multitud. La que consigues que, aún teniendo unos ojos donde mirar, no veas tu reflejo en ellos...

La soledad física tiene fácil solución. La soledad del alma no se cura, no.

Fatima | 02-02-2006 05:42:59

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