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Roberto Zucco

Jueves, 02 de febrero de 2006

Resfriado en París



De este viaje a París me traigo una gripe molesta y contumaz, de esas que te dejan hecho polvo, tirado en el sofá, confundido entre las sábanas de la cama y diluido entre tus propios dolores y alteraciones, escalofríos y trastornos corporales. Llamo a mi trabajo para decir que mejor me quedo en casa hasta el lunes. Se lo digo a mi compañero Javier, que, lejos de sentirse avergonzado por la eliminación de su equipo a manos del mío, me dice no sé qué de errores arbitrales... Por una vez el árbitro se equivoca a favor del débil y el Zaragoza se cuela en semifinales de la Copa en donde se enfrentará al Real Madrid. Temblad blanquillos.

Regresemos, sin embargo, a París. Frío, cielo despejado, y la presencia de Frank, mi amigo actor. Siempre me estimulan su conversación y sus inteligentes reflexiones sobre el teatro. Comemos juntos en LIPP, la cervecería alsaciana que tanto frecuentaba Luis Buñuel, situada enfrente del Café de Flore, en el corazón de Saint Germain. Allí recibo un cariñoso mensaje de mi querida amiga Miss Calamity. Como hago siempre, pido el codillo con choucrut que han hecho mundialmente famoso este lugar de culto gastronómico. Frank me habla de sus anhelos y esperanzas, de su forma lenta de montar los espectáculos que a mí me admira y me horroriza a partes iguales, de su amistad con Jacques Weber, el actor francés nacido en 1949 con el que él trabajó hace unos años en el teatro. Frank, cuando era un actor jovenzano, tuvo el privilegio de compartir el escenario del Palais de Papes, de Avignon, nada menos que con María Casares, de la que se hizo, según me cuenta siempre, muy amigo.

Y ambos venimos de mi cita profesional. No diré el nombre de la persona que me había recibido por la mañana, pero a buen entendedor... Se trata del dramaturgo permanente de Peter Brook, uno de los nombres más indiscutibles de la dramaturgia internacional, autor también de los guiones de varias películas del cineasta citado. Nos acogió gentilmente en su casa, un edificio extraordinario que, según nos cuenta, fue un antiguo burdel. La habitación en donde conversamos es de grandes proporciones, y todos los objetos que hay en ella parecen ser de un extraordinario valor artístico. Son objetos que no decoran nada, sino que están ahí, formando parte de la propia casa. Como en las obras de Brook, en esta casa no hay nada superfluo o decorativo.

Nuestro hombre es amable, plácido, y transmite en la expresión de su mirada una inteligencia especial. Como es comprensible, gracias a su vinculación con Buñuel, conoce a la perfección los elementos de la cultura popular aragonesa, como los tambores de Calanda, que el cineasta introdujo sabiamente en algunas de sus películas más emblemáticas. Estas coincidencias y alguna anécdota que le cuento sobre el día que Don Luis llegó a mi colegio de Jesuitas de Zaragoza cuando yo apenas tenía once años, hacen que nos vayamos acercando suavemente al tema que tenemos que tratar.

Cuando termina la entrevista y Frank y yo nos despedimos después de comer, veo con cierta desesperación que las cosas interesantes de la cartelera no las puedo ver: o acaban de terminar o se estrenan la semana próxima. Es un mal día, en todos los sentidos. A pesar de ello, me acerco hasta el Theatre de la Ville para ver si suena la flauta, pero, como era de esperar, no queda ninguna entrada para el espectáculo y nadie parece dispuesto a desprenderse o revender la suya. Por eso, comienzo un largo paseo desde Chatelet hasta las inmediaciones del Museo Grevin, me compro varios discos en la FNAC, y, como se ha visto posteriormente, me voy poniendo malo poco a poco porque el frío es muy intenso. Entro en un restaurante árabe y coincido en la mesa de al lado con una chica andaluza con la que muy pronto intercambio unas palabras. Tenemos profesiones similares. Nos damos nuestras respectivas tarjetas. El cous cous de pollo, que ella también había pedido, está sencillamente delicioso.

Al día siguiente tenía previsto levantarme pronto y darme un paseo por las Galerías Lafayette. Me quedo leyendo hasta muy tarde un texto magnífico que me ha pasado Gatopardo y se me hace tardísimo. París siempre me despierta el insomnio. Por eso, a la mañana siguiente, prefiero quedarme perezosamente en la cama, y levantarme para salir directamente en dirección al aeropuerto de Orly.

En el aeropuerto vuelvo a pensar lo de siempre: esta es la ciudad de mi vida, en la que más cómodo me siento, en la que más me reconozco a mí mismo.

Por: Roberto Zucco | Ciudades de mi vida. | Comentarios (18) | Referencias (0)

Comentarios

París siempre ha sido inclemente para los resfriados.
Eso es una rabieta mía, puesto que me da pena no haber podido visitar esta maravillosa ciudad con Cheli.
Está bien eso del choucrut... yo creía que es un plato típico alemán, una verdura que me encanta... porque es una verdura, no?

pau | 02-02-2006 21:51:04

Otro viaje al que no me llevas... ¿Y van...?

Elena | 02-02-2006 23:04:47

Es una especie de col. Es decir, verdura. De origen alsaciano, también la e comido en Alemania. Exquisita. Abrazos.

Roberto a Pau | 02-02-2006 23:06:40

Esta vez hay que felicitarte por la victoria ante el Barsa, espero que jueguen igual de bien con el Madrid, aunque tendran ganas de resarcirse de la última final entre ellos, suerte.
Un saludo

Chusbg | 03-02-2006 04:37:29

Bienaventurado, nienaventurrado, bienaventurado.

Vir& | 03-02-2006 06:46:26

El resfrío, se coló... como en lo más bello, se cuela algo siempre...


BIENAVENTURADO.

Vir& | 03-02-2006 06:48:29

Mi última visita a París me regaló una sinusitis. Se ve que esta ciudad es tan bella que no nos deja disfrutarla del todo para evitar que suframos el síndrome de Stendhal. Me alegro de tu vuelta, cuídate con caldito. Besos.

Exagerada | 03-02-2006 09:24:59

compartiendo gripe, mi querido zucco.El mío lo encontré en un monasterio cisterciense y caló bien hondo.

linda | 03-02-2006 10:07:05

Aunque no guardo grandes recuerdos de París (luna de hiel por medio), hay que reconocer que leyéndote apetece volver. Pero mejor en primavera y caminar, con la alegría de unas cervezas en el alma, por las orillas del Sena; rumbo a Le deux Magots (se dice así?) donde una tarde de junio de 2000, en la terraza, me volví loco de atar.

Un abrazo Mr. Zucco

Ambrose Chapel | 03-02-2006 11:36:15

Lo mío con Buñuel es curiosamente extraño, como que hubiera una conexión entre el más allá de él y el más acá mío (no es que me siente como Belle de Jour, faltaría más, aunque no me importaría tener su belleza, claro)... Me sorprendió que cuando "hablamos" vía móvil estuvieras en el Lipp. Me recorrió por todo mi sistema cardiovascular una envidia tremenda, así de repente. Saint Germain, cómo me gusta (aunque prefiera la Isla de la Cité, tal vez por su antiguedad y su Saint Chapelle).

No me hubiera importado lo más mínimo traerme un resfriado a España si eso suponía un paseo por la placita de Montmartre (tú lo sabes).

Un beso, Zucco. Recupérate pronto. Calamity.

PD. Mira que echarnos de la Copa del Rey, ay, ay, ay. Lo que me acordé de ti viendo el partido de fútbol. ;)

Calamity | 03-02-2006 12:33:30

paris siempre es una buena opción... como decía Sabrina...
un beso

elisa de cremona | 03-02-2006 17:50:27

Paris, que gran ciudad.
Me enamoró la primera vez que fui.
Y se que esa no será la ultima que nos veamos.
No me extraña que sea la ciudad de tu vida.
Aunque acuerdate de no poner los cuernos a New York..

Brando Junior | 04-02-2006 02:51:49

París no deja indiferente a nadie, dos veces la ha visitado, y no quiero dejarlo ahí.
Recuerdo una tarde de verano al lado de Les Halles, delante de la iglesia de San Eustache, a más de mil kilómetros de mi hogar, sentada en una placita con mi hijo de seis años merendando confiado a mi lado. Sentí una profunda paz y equilibrio, aunque no sabía la dirección del hotel que precipitadamente había dejado por la mañana para beberme la ciudad, aunque no me acordada exactamente de la estación de metro a la que tenía que llegar.
Yo era una mujer que hacía pocos años había tocado fondo, y que en esos momentos estaba sentada en medio de París.
Yo era la reina del mundo.

reina | 04-02-2006 20:09:57

¡Virgen de Cortes! ¡Se ha vengado París!
¿Tú te crees que se puede ir impunemente a Paris a comer tortilla a las cuatro de la mañana y...?
Te ha atizado con un resfriado, ¡qué menos!
Ah, si la jeunesse savait...ah, si la vieillesse pouvait!

Gatopardo | 05-02-2006 02:34:06

París bien vale un catarro.
Queridiño, descansa y vuelve pronto (aquí y a París) sin catarro.
Besísimos.

Iris | 05-02-2006 10:13:52

hace poco qeue he estado en Paris, habre pisado la ciudad de la luz al menos 6 veces en mi vida... y sin embargo y por mucho que me guste que me encanta.. no consigo hacer mia esa ciudad.. algo que no me pasa con otras ciudades... la veo fria y distante..

La DiviNa GiLda | 05-02-2006 15:04:10

Echo de menos saber de ti, a pesar de seguir tus avatares con más o menos asiduidad en tu blog... ¿El catarro va mejor? Muchos besos y cuídate.

albanta | 05-02-2006 18:58:46

Hola otra vez:
algo me provoca decirte querido Roberto Zucco:

creo que aunque París con sus gentes fuera fría, para mí, que no podría pasar por europea, -lo que tampoco me interesa- fusionando la hermosa ciudad luz con su imagen cinematográfica, no podría sentirme extraña en ella.
Pesa tanto el cinema, tanto en el amor a una ciudad...

Vir& | 05-02-2006 23:53:46

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