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Roberto Zucco

Lunes, 06 de marzo de 2006

Apócrifos (11) The pretending skill



De todos es sabido que hay gente que disimula muy bien. Pero son disimulos habitualmente conocidos, aceptados, que entran dentro de lo que consideramos normal. Por ejemplo, que el expresidente Aznar disimuló durante mucho tiempo que hablaba catalán en la intimidad, o que el político catalán Carod Rovira vive disimulando el hecho de que algunos miembros de su familia pertenecían a la Guardia Civil.

El pudor o la vergüenza suelen ser los motores y las causas del disimulo. Pero a veces hay personas, o incluso animales o plantas, que disimulan de un modo extremo, por razones que nadie podía sospechar ni de lejos. Disimular entonces puede llegar a ser un verdadero arte, una actividad que precisa de enormes dotes de astucia y de inteligencia, o que entronca directamente con lo que conocemos como factores de supervivencia de las propias especies. Algunos casos extremos nos situarían incluso a las puertas de los llamados casos paranormales.

Esa y no otra es la conclusión a la que han llegado los autores de un libro increíble, ameno y distinto, titulado “The pretending skill” (“El arte de disimular”), aparecido en Inglaterra la pasada semana y que veremos en las estanterías de nuestro país a comienzos del próximo mes de Mayo. Este libro, de más de quinientas páginas, está batiendo todos los records de ventas y acapara la atención de magazines culturales del país No es para menos. Sus capítulos acogen numerosos casos de personas o entidades humanas y animales en sorprendentes actitudes de disimular. Además, en él sus autoras, una pareja de jóvenes periodistas, Marie Bengoo y Emma Laghune, incluyen algunos casos sucedidos en nuestro país.

Podríamos destacar muchos, pero enumeremos tan solo algunos de los más llamativos.

El universo deportivo está plagado de casos de personas que diciendo que sabían jugar a algo llegaron a ser incluso campeones olímpicos sin saber realmente jugar a eso. Es el caso del rumano Ilia Nastase, que según confesó al final de su triunfal carrera tenística que no tenía ni idea de cómo se cogía una raqueta. Lo suyo era, según parece, cantar canciones folklóricas de la región que le vio nacer en Transilvania. O el del nadador italiano Tancredo Tortellini que confesó después de ganar los campeonatos de natación de la Cerdeña que sencillamente no sabía nadar. Un día él mismo se olvidó de su carencia y se ahogó en un estanque de patos delante de sus sobrinos que no paraban de reirse.

Pero hay más casos deportivos. Por ejemplo, el del pívot de la selección ucraniana de baloncesto, Vladimir Peticov, que disimulaba nada menos que con su propia altura. En realidad apenas medía un metro cuarenta centímetros, pero conseguía saltar mucho y nadie se dio cuenta jamás de su verdadera condición de bajito saltarín.

En el mundo laboral encontramos casos pintorescos. Uno de los jóvenes botones de la oficina central del Bank of America, en el corazón de Manhattan, llevaba años disimulando que no iba a trabajar ningún día porque en realidad vendía perritos calientes en otra ciudad de los Estados Unidos. Para ello utilizaba un ingenioso y sofisticado sistema en el que se recogía su propia imagen y la proyectaba en una pantalla de agua vaporizada que instalaba en la puerta del establecimiento financiero. El botones se ganó una fama de hombre distante, y es que, efectivamente, no estuvo nunca cerca.

La esfera familiar también acoge abundantes casos de interés. Por ejemplo, un honesto padre de familia en Baviera disimulaba su condición de marido de sesenta y cuatro señoras en diferentes lugares del mundo, con las que tenía a su vez familias y multitud de hijos e hijas. Pero el asunto no acaba ahí. Cuando fue descubierto confesó públicamente su homosexualidad.

Como decíamos, España a lo largo de los últimos años ha producido alguno de los más importantes y sorprendentes casos de disimilo. Veamos algunos de ellos:

-Eduardo Punset lleva disimulando desde hace décadas que es profundamente gilipollas, aunque no lo parezca en absoluto.

-En Puertollano, una monja teresiana lleva disimulando toda la vida su verdadera condición de gamba a la plancha. Esto se descubrió cuando una noche en el dormitorio colectivo de la orden comenzó misteriosamente a oler a gambas a la plancha.

-El arzobispo de Logroño, Monseñor Depedro, llevaba disimulando que no era el arzobispo de Logroño, sino el de Astorga. El caso fue descubierto por un monaguillo, que, a su vez, disimulaba su condición de ración doble de berberechos en vinagre.

-El popular presentador de televisión, Matías Prat, lleva disimulando toda la vida que es un hombre de raza negra. Su padre ya fallecido parece ser que era en realidad un rotulador de color naranja.

Y así, como decimos, hasta setecientos veintitrés casos recogidos minuciosamente por estos profesionales de la información. Ellas, Emma y Marie, han demostrado que disimular es algo más que meterse las manos en los bolsillos del pantalón, silbar y mirar para otro sitio.

Por: Roberto Zucco | Apócrifos. | Comentarios (9) | Referencias (0)

Comentarios

hahahahahahahahahaahhahahaahha (no me estoy riendo)



Gracias Sr. Roberto

Ambrose Chapel | 06-03-2006 13:40:54

Vaya... Debo confesar que me gustaría leer el libro, quizá lo haga.. Pero de los casos que has mencionado, los desconozco, pero sí personalmente y no lo digo con orgullo, conozco a gente que sí es capaz de engañar por muchos años en su vida, y a todo el mundo, con caras de inocencia, manipulando, siendo víctimas, etc.. y muchas veces tienen otra persona totalemtne diferente guardadita adentro.. Lástima dan pena...

Con Sal en los Labios | 06-03-2006 21:54:20

Veo que estás en forma, Zucco. Y sabes que me alegro mucho. Eso sí, disimulo...
No, en serio. Besos, muchísimos...

albanta | 07-03-2006 09:10:13

Aquí Marie Bengoo y Emma Laghune. Bueno no sé quien soy de las dos. Si que disimulo bien mi vocación, me la disimulo hasta a mí misma.....si soy periodista!!!!

Espelunciecha | 07-03-2006 10:10:54

"¿La ilusión? Eso cuesta caro. A mí me costó vivir más de lo debido."
Rulfo

Zucco, mago, iré a formar cola desde hoy a la librería más cercana: ¡no vaya a ser que pierda mi ejemplar!

Ernesto Reaño | 07-03-2006 10:15:06

Otra vez vuelve la alegría tu blog. Me alegro por tí. La más fiel de tus fans.

Elena | 07-03-2006 11:38:59

Hola Roberto, he dejado comentarios en tu blog pero no sé porque razón no me ha dejado introducirlos.
Vuelves con tus apócrifos hilarantes, me ha hecho reir. Intentare encontrar el libro.
Un saludo

Chusbg | 07-03-2006 20:01:55

Brindo por los simuladores enamorados, por aquellos que por diversas circunstancias ante quien quieren, sólo les queda una presunta sobriedad y un orgullo legítimo.

Vir& | 09-03-2006 01:18:09

Desternillante (¡ay!, la de tiempo que hace que no me reía). Lo he sacado con la impresora y lo he pinchado en el corcho del cuartucho donde tomamos café y ya nadie fuma. Éxito atronador, amigo mío. Reminiscencias de "La Codorniz"...

Ernesto | 10-03-2006 20:59:27

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