Domingo, 21 de mayo de 2006
He estado este fin de semana en Barcelona, he compartido el tiempo con mis amigos de siempre, he visto a otro que hace tiempo que no veía, y he comido con un gran cantante, ese gran cantante que está presentando su último disco en catalán pero que tiene otros, muchos otros, en castellano. Sí, ese que ha escrito esa canción que tanto te gusta, querido lector, lectora. Pero vayamos por partes.
Barcelona es una ciudad feliz porque acaba de ganar la Champions, con una felicidad similar a la que siente mi querido amigo Javier. Por las ramblas se aprecia el desastre que esos bestias provocaron cuando la celebración terminó, pero la gente parece todavía que flota en ese tipo de estados catárticos en los que une se sumerge cuando la felicidad colectiva conecta con la personal. A mi amigo Joan, sin embargo, esa felicidad le entristece un poco y para expresarlo acuñó una de sus frases maravillosas: “no aguanto las ciudades felices. Prefiero regresar a la derrota de todos los días”. Joan es un poeta, pero es más conocido por ser el director teatral catalán que más talento ha demostrado a lo largo de los últimos años.
Joan es amigo del cantante, y, por fin me lo presentó. Era una deuda histórica, y razones profesionales han terminado consiguiendo lo que la vida no había logrado hasta ahora, a pesar del interés por ambas partes. Nos lo presentó, quiero decir, porque Isabel también estaba, especialmente hermosa, y se mostraba más entera que yo, mitómano empedernido, ante la presencia de un artista muy conocido también en su país. Por eso el cantante le dedicó a ella a lo largo del recital al que asistimos por la tarde una de las canciones más queridas y famosas: esa en la que habla de que pertenece a un mar concreto y que se ha convertido en algo más que un himno para varias generaciones. Y a mí otra: esa en la afirma que al techo no le iría nada mal una mano de pintura... Comimos muy bien, en un restaurante vasco, y la sobremesa se alargó entre orujos y recuerdos. Joan está un poco triste, y era nuestra obligación recordarle que la felicidad, su felicidad, está ahí: a la vuelta de la esquina.
¿Qué le pasa, sin embargo, a Barcelona? Cuando la euforia de la Champions se apague un poco, todo el mundo volveremos a ver una ciudad sucia y descuidada. La ciudad que fue modelo de virtudes y de bellezas está perdiendo personalidad y puntos. Una legión de turistas en pantalón corto la difumina y la vulgariza ante el estupor de sus mejores habitantes y de sus hijos adoptivos, entre los que me encuentro. Estudié una absurda carrera universitaria en ella, y me enamoré de sus diferencias, de ese “seny” aplicado a casi todo, incluso al clima, de ese glamour mediterráneo hecho a partir de un exquisito gusto y un origen rural muy reconocible: Mariscal y Josep Plá. Hoy, sentado con Isabel en la Plaza Real, he visto la degradación de una plaza, en la que siempre hubo droga, borrachos, putas y vicio, pero jamás tanto hortera con posibles, es decir con unos cuantos euros para creerse alguien, antes de regresar a una pequeña ciudad de Inglaterra, o de Holanda, o de Italia a seguir siendo nadie.
Y ayer por la tarde volví a ver a mi amigo Pepe, que mantiene su espectáculo en solitario desde hace más de ocho años en un teatro de las ramblas. Está cojonudo y divertido. Me parece que está enamorado, otra vez enamorado, aunque defiende a capa y espada su soltería. Con Pepe hace ahora quince años planeé una noche de juerga marcharme a vivir a Cuba, pero él se rajó por la mañana, y me abandonó con las maletas preparadas, como a una novia lorquiana. Durante el espectáculo pude comprobar que está en forma, que siendo una bestia del escenario, metiendose al público en el bolsillo desde el primer minuto, y riéndose de la COPE con la que acaba de tener algún que otro conflicto. Pepe ha introducido a lo largo de estos años varios números nuevos, pero me pareció especialmente brillante una curiosa escena que interpreta con una joven actriz en la que llegan a tener un mal rollo espantoso. En mitad de la función tuvo también la gentileza de dedicarme uno de los momentos más divertidos y brillantes. Por eso, lógicamente, regreso a Zaragoza con la autoestima por las alturas.
Ayer, antes de reencontarme con Pepe, comimos con Joan en el Hotel de las Artes con el horizonte del mar tan cerca pero tan lejos. Tal vez esta comida dará pie dentro de unos meses a un “restaurante definitivo”. Isabel, Joan y yo nos sentimos juntos y queridos. Somos amigos los tres, de esos que ya tenemos unos recuerdos que la neblina del tiempo no borra sino que ilumina, como algunas fotografías de Hamilton, también un poco cargantes si se ven todos los días. Joan lloró, no sé si de tristeza o de alegría, o de ambas cosas. Hablamos un poco de mi madre (él leyó magistralmente en su funeral hace tres meses un texto que yo escribí), de mi padre confinado en una residencia de ancianos que le está matando más que su propia edad, de su madre, encorvada y, a pesar de eso, inteligente y hermosa.
Barcelona es mi segunda casa. Allí están algunos de mis mejores amigos. Y este fin de semana los he vuelto a ver. ¿Felicidad se llama a esto?
Por: Roberto Zucco | Ciudades de mi vida. | Comentarios (10) | Referencias (0)
Creo que sí, la felicidad en su punto, con altura y sueños.
Es uan delicia suprema conversar con los amigos de años, lo sé. Es uno de los placeres más intensos.
Barcelona. cuánto me alegra que tus anhelos se hayan materializado. Yo creo que allí está lo divino, en el anhelo realizado.
Alguna vez quisiera conocer Barcelona. Ojalá.
Los ojalás tan ilusos, eh.
Y sin embargo sueño.
Abracito.
Vir& | 22-05-2006 01:17:29
Si.
Se llama maratón de felicidad. Por lo extenso de esa sensación en el tiempo (todo un fin de semana)y por la satisfacción que tienes después de volver a lo cotidiano.
A mi, particularmente, cuando veo, leo o vivo algo muy bonito, estoy unos momentos un poco desorientada, embargada diría yo por muchas sensaciones todas agradables. NO te digo nada si paso así un fin de semana con lo que me gusta a mi compartir sobremesa con gente que merece la pena.
Bueno, si es con ese cantante, ya me muero. Por su humildad, por su honradez por su integridad, por su "seny"...
Siempre a sus pies, venerado Zucco.
amaltea | 22-05-2006 07:41:15
Pues sí, eso, precisamente eso es la felicidad. Es tan fugaz y tan poco habitual como un eclipse de Sol, por eso hay que exprimirla al máximo y quedarse con esa sensación de foto "hamiltoniana" que no pasa pese al tiempo.
Un beso, Zucco querido. C.
Calamity | 22-05-2006 09:52:38
Vas a Barcelona, ese cantante que está presentando su último disco en catalán, aunque tiene muchos en castellano, ese que ha escrito esa canción que tanto me gusta, te dedica la que habla de un mar en concreto en su actuación, te reúnes con tus amigos queridos, cenas delante del mar...eso es felicidad, sin dudas, querido.
Te envidio y me recreo leyendo tu crónica. Pero, sobre todo, te envidio.
Un beso, mi Zucco.
amanda | 22-05-2006 15:56:40
Yo entré en este blog por casualidad. Puse en google, así directamente, “me cago en Alá” y en una de las páginas-resultado apareció Roberto Zucco.
Y en muy poco tiempo me ví enganchado al goteo apasionante de los más lúcidos posts del planeta. Comprobé también el nivel de los ”comensales” y, debo confesarlo, siempre tengo la sospecha de no estar a la altura (en especial en ciertos temas).
Probablemente esta no sea mi segunda casa ni ustedes mis mejores amigos, pero hoy al encontrarme y escucharles he sentido algo que, ¡vaya!, puede evocar a la felicidad. Felicidad cibernética tal vez.
Hoy, celebración del nacimiento de Conan Dolyle y, por lo tanto de Sherlock Holmes, me pregunto como serás ustedes y, sobre todo, ¿quién coño será Roberto Zucco?.
Ambrose Chapel | 22-05-2006 19:17:45
A mí, este cantante no me gusta mucho. No es de mi estilo, pero a Cheli le encanta. Además son amigos, un poco amigos, su hija también conoce a la mía.
Casualidades...
Los urbanistas están trabajando en ello, también los que han diseñado la política de esta ciudad. Andan preocupados por la estandarización, por el turista de excesivo diseño...
Están en ello, y ya sabes que en esta maravillosa ciudad, cuando se proponen algo, lo consiguen.
Pero... ¿quieres que te diga lo que pienso?
Que son ya viejos, tienen mi edad y, para eso, se necesita sangre joven y sin prejuicios.
Un abrazo (Y a ver si la próxima te atreves con uno de mis mojitos)
pau | 22-05-2006 22:42:20
Perdonad si enturbio un poco la felicidad, pero a mi esta ciudad me parece cada vez menos habitable y más parque temático.
Disculpen las molestias...
caravaggio | 23-05-2006 18:15:48
Para mi eres un escritor. Mi amigo zucco, el escritor.Uno tiende a pecar o , dejemoslo en frivolizar cuando generaliza, standariza o clasifica asi que, frivolizaré un poco. Para mi hay dos tipos de escritores, unos , los que me encantan, los que escriben para ellos y consiguen que el lector penetre entre sus lineas y saboree sus historias y disfrute con ellas. Otros, los que menos me gustan, son los que escriben para que los demas les lean. Mi querido zucco, este post entra dentro del segundo tipo . Aun así , sigues siendo unico pero por favor, escribe para ti y deléitame como lo has hecho hasta ahora. Siempre admirado a pesar de los pesares....
linda | 23-05-2006 23:22:57
Ernesto | 24-05-2006 21:07:12
Amigo, comparto tus apreciaciones sobre Barcelona. Si te has animado a leer mis últimas crónicas, verás que mi visión sobre ella es agridulce. Pero hay algo indiscutible: con tus amigos, siempre estás en tu casa. Y pese a todos los males que la asolan, mi Barcelona sigue siendo una ciudad soñada.
rythmduel | 26-05-2006 19:51:44
Cuando era un niño soñaba tener una casa muy grande, llena de libros y de discos. Lo he conseguido. Como pronosticaba D´Annunzio, "he sido devorado por lo superfluo". Ya entonces me horripilaban los abusos del poder, e incluso el poder mismo.
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