Jueves, 01 de junio de 2006
Antes devoraba televisiones y ahora sencillamente no las veo. Sin embargo, hago zapping unos minutos y sigo constatando que el mal gusto, la crueldad mediática, el espectáculo antropofágico se mantienen en pleno esplendor.
Hace unos meses escribía sobre la ideología de mi tía M, una mujer de la ultraderecha que tiene la suerte o la desgracia de que cuando pone la radio justamente están hablando del último terremoto en Birmania, la última infección masiva en Badalona, o la oleada de crímenes en Palermo. Por eso, para ella el mundo y la vida son terremotos, infecciones y crímenes. Se cumple así la peor y más inquietante versión bíblica de que el mundo es un valle de lágrimas, a donde venimos fundamentalmente a sufrir, y eso, paradójicamente la tranquiliza bastante. Vivir a partir de certezas, aunque sea esa certeza, es un anestésico que no podemos utilizar los que no sabemos en realidad porqué vivimos. Para rematar el mal fario, hace unos fines de semana un camionero andaluz que estaba tomándose en Zaragoza unas copas en un bar de alterne, murió despanzurrado en la calle como consecuencia de una paliza descomunal. ¿Adivináis dónde? Pues sí, en la puerta de la casa de mi tía M. Tiene cojones.
Pues bien, me pasa como a ella. Pongo distraídamente la tele y no encuentro a un filósofo hablando sobre el imperativo categórico kantiano, o las Cartas Persas de Montesquieu, sino esos abominables programas en donde unos periodistas de la mierda, mantienen algo así como un debate sobre Rocío Jurado, su vida, y su muerte que acaba de producirse tan solo hace unas horas. Esas imágenes, en donde se ve mil veces a esta señora entrando en su casa, enfrentándose a esos mismos periodistas de la mierda, paseando con Pedro Carrasco y con el torero reciente, con la imbécil de su hija Rociito y el tontodelculo de su novio Fidel (que a mí me recuerda mucho a la misma anomalía genética de Bertín Osborne en su aspecto saludable y a Maricahalar en el enfermizo y decadente), me producen arcadas, y me recuerdan a las de la desgraciada Carmen Ordóñez, la última muerta importante y rentable para esos carroñeros. Por lo visto, a Rocío Dúrcal le reconocieron su capacidad para cantar rancheras pero no su calidad de fiambre mediático. Cuando oigo esas tertulias y a esos periodistas de la mierda, en concreto a esa tipeja que se inventó no sé qué sobre la hija desaparecida de Al Bano y Romina, me replanteo a veces que la libertad de expresión habría que regularla de otra manera, y me doy un poco de miedo a mí mismo cuando pienso que esa regulación debería ser a la baja.
La vida y la muerte como espectáculo, vaya. Gran Hermano nos enseña lo peor de España viviendo, y estos programas lamentables, muriendo. Y que conste que no tengo particularmente nada contra esta señora que se desvanecía en los escenarios cada vez que le aplaudían enfervorizadamente o presentaba una nueva canción. No me gustó nunca su estilo, ni su rollo, ni esa voz que maravillaba a todas las porteras de España. Más bien todo lo contrario: no me gustaba, pero me gustaría sin embargo que su imagen, su cuerpo y su memoria fueran respetados, razonablemente respetados.
Pero claro, la realidad es la realidad. Si existen esos programas es porque la gente los ve. Es, por tanto, una manifestación más de que estamos jodidos en casi todo, pero sobre todo en el cruce entre cerebro y sentimientos, estos últimos confundidos con el ternurismo de la peor estofa, y con una inclinación hacia lo morboso que algún día me gustaría que me explicara mi amiga Cecilia B.
Y todo este lamentable circo me vuelve a recordar la muerte en directo del Papa polaco, en realidad el último Papa visible porque a este último no lo veo incluso cuando lo veo: parece su propia sombra sonriendo. Yo creo que Juan Pablo será estudiado en las facultades de Periodismo y Comunicación de todo el mundo como un auténtico renovador de la cosa, en el mismo plano de importancia que dos grandes maestros del género, Marshall Mcluhan y Jesucristo, un teórico y un práctico respectivamente, separados por dos mil años de diferencia. El polaco, como el mismo Mesías, supo vender, hacer negocio y encontrarle una utilidad a vomitar en público, primero, y a morirse después. Contó con una ventaja: su predecesor y jefe supremo no tenía televisiones para exhibir su agonía y tuvo que recurrir a cuatro señores que escribieron libros en un tiempo en el que casi nadie sabía leer. Siin embargo, Juan Pablo movilizó a propios extraños, hizo ganar dinero a las televisiones y al propio Vaticano, y, además, incorporó voluntades a sus propios ideales católicos. Todo un prodigio de conquistas a partir de su propia inmolación.
Por: Roberto Zucco | Como la vida misma. | Comentarios (16) | Referencias (0)
Clap, clap, clap, clap...
Sólo puedo aplaudir. Las cosas claras, amigo Zucco (y el chocolate espeso).
Un beso así (muuuuuuuuuuuak) de fuerte. C.
Calamity | 01-06-2006 12:26:10
Bueno... Simplemente digo que cualquier muerte, de cualquier ser humano que tenga sueños, esperanzas, vida con metas por lograr, me duele. Lo conozca o no.
Sobre el irrespeto y el espectáculo en que se convierte hoy en día la vida ajena, pues no me extraña; porque aunque no sé cómo se dan las cosas por España, aquí en los países del Tercer Mundo, si uno vive en un pueblo pequeño, y algo pasa, uno o cualquier otra persona es la sensación... Tal parece que la gente tiene tan poquito que hacer, que la vida de los demás se convierte en lo más importante para ellos...
Sobre el Gran Hermano, o el Big Brother, como le llaman por estos lares... :-( A pesar de ser algo sumamente malillo, peor aún si analizamos que hay canales que lo transmiten las 24 HORAS DEL DIA... y GENTE QUE LO VE ESAS 24 HORAS... Pero tiene algo de bueno, demuestra la convivencia, muchas veces verdadera, de los ciudadanos en su más sincera forma.. Ahí la hipocresía se ve poco, la gente se pelea cara a cara diciéndose la verdad, y sin apariencias... Bueno, y para los que nunca han vivido fuera de casa, les muestra un poquito de lo que sufrimos muchos que vivimos lejos cuando para estudiar debemos venir a otros lugares y compartir apartamento o piso como le dicen allá, con gente que casi no conocemos o que sí conocemos pero cuyas costumbres no conocemos.. Porque nunca es igual ser tu amigo que vivir contigo, entonces esas mismas circunstancias que ves en un "programa" como este, se viven en una convivencia de 4 o más personas, donde de repente, uno no hace la limpieza bien, o el otro deja todo tirado, o el otro se comió tu comida, o etc...
En fin, hemos caído tan en el fondo, que nuestro entretenimiento se basa tanto en el televisor, que da miedo... Cuando hay tanto por hacer...
Besos "Roberto"
Con Sal en los Labios | 01-06-2006 15:52:24
Los grandes fastos funerarios sólo están reservados, aparentemente, para grandes personajes: reyes, príncipes, nobles, caballeros buscando griales... Para el resto de los mortales, la muerte se ha convertido en algo obsceno, algo que hasta hace bien poco era hasta común. Esas imágenes de la literatura medieval de ilustres caballeros que 'esperan' a la muerte rodeados de los suyos, las campanadas, los días de luto oficial, todo esa parafernalia del dolor que es maravillosa. (Me viene a la cabeza Bergman y el SéptimoSello, ese caballero jugando al ajedrez con la Muerte y ese plano final de la muerte arrastrandole a él y a todos los suyos).
Después, la fase romántica, esa del XIX tan noble, en la que morir era casi un gesto más, el fin de una vida consumada. El suicidio como una de las más bellas artes, esos muertos de Verona, ese Larra disparándose a bocajarro...
Y ahora, la asepsia. Hospitales blancos, muerte oculta, muerte que es pornografía. Para todos menos para la nobleza que sigue disfrutando de fastos funerarios: los presidentes muertos, los reyes muertos, los primeros ministros muertos.
Pero el pueblo llano elige a sus propios reyes. Gente nacida en pueblos con una mano delante y otra detrás. Trabajadores que, cuando han alcanzado el éxito, son generosos y con la memoria intacta, saben de donde han venido. Antes fue Lola Flores, ahora es Rocío Jurado. Todos los países tienen a un rey así: Argentina y Sandro, Italia y Celentano, Francia y Hollyday, por ejemplo. Reyes que merecen tanto fasto o más que todos esos que lo tienen por que son reyes por decreto o porque son un cargo.
Y es una muerte sentida, una pérdida. La misma que sintieron los fans de los Beatles cuando alguien se cargó a John Lennon (¿o es que no hubo fastos de fans enloquecidos en todo el planeta?). O la misma que aún se disfrazan de Elvis y visitan Memphis y que en cada aniversario llenan la fachada de la casa con velas y flores. Ha muerto el que sí es su rey, su reina. Son muertes que no se ocultan, se muestran porque debe ser así. La muerte, la enfermedad, no se esconde detrás de preciosas salas libres de parásitos, sino que se muestra: es una reina mortal, aquejada de una enfermedad mortal. Y en la misma medida que los familiares de alguien enfermo preguntan cómo evoluciona, miles de personas se preguntan cómo evoluciona Rocío Jurado, su reina, su familiar que viene del mismo sitio que ellos y que sigue siendo una persona del pueblo, cercana al pueblo.
La intelectualidad tiende a considerar estos fastos como desproporcionados: sólo era una cantante, tonadillera, blablabla. La intelectualidad urbana cree, piensa, que toda la gente que vive en el país piensa como ellos, creen que la muerte es obscena y debe esconderse, no mostrarse, es pornográfico. La muerte forma parte de la vida, es el fin último. Y enseñar la agonía y muerte de una reina es un último gesto que acerca a ese ídolo con la gente que lo adora.
Los coros de plañideras, las campanas, los trajes de luto, permiten exteriorizar todo el dolor que esa muerte ocasiona. No aparecen chicos del SAMUR o psicólogos de medio pelo a recetar tranquilizantes y que no llores y no grites. Aquí se grita y se llora, algo que es natural. Y toda esa parafernalia fastuosa acerca a esa reina muerta a todos esos miles de admiradores que ven su dolor en los gritos, en el desgarro y en las lágrimas. No, no se oculta nada y es perfecto que sea así.
Lo insano y por lo tanto lo morboso (guesto especial por lo insano), es tratar de ocultar los sentimientos, disimular el hecho de la enfermedad o de la muerte, negar que son dolorosas y que producen pérdidas. Negar el llanto y el grito. Eso sí es morboso por insano.
Cecilia B. | 01-06-2006 16:52:10
Ambrose Chapel | 01-06-2006 19:42:38
Ay Roberto, cuan de acuerdo estoy contigo! Tenemos unas televisiones que enseñan poco más que trapos sucios, verdaderos o falsos no importa, de gente más, menos o nada conocida y que ahora ha encontrado un nuevo filón: pre-muerte, muerte y post-muerte de famosos.Con esto pueden llenar sus parrillas durante semanas sin demasiado esfuerzo.¿Se sentirán esos periodistas-comentaristas orgullosos de su trabajo? Bueno, allá cada cual con lo suyo. Lo bueno de la televisión es que la puedes apagar con un ¡click!
Scarlett | 02-06-2006 10:17:02
Estaba buscando un calificativo más fino, pero no me sale.
Cojonudo, Cecilia.
Por educación pertenezco a los que consideran que exteriorizar los sentimientos es algo de mal gusto. Y he vivido así tanto tiempo que ya casi no lo noto.
Y es malo, y duele, y te reconcome por dentro. Insano. (insania)
Por eso envidio, sí envidio, a los que pueden llorar como locos, a gritos, y por eso además estos espectáculos del dolorerío popular son como una catarsis.
Abrazos.
M.
Miranda | 02-06-2006 12:55:27
A mi el papa ese, Juan Pablo, siempre me pareció la persona más agarrada al poder que he conocido jamás. Capitalizó su sufrimiento, sus dolores, su atentado. La midia lo utilizó o el se hizo utilizar por la midia? Fue el el centro de la iglesia, todo el tiempo de su papado. La religión..bah, la religión! Quien se importa hoy con la religion? Con la fe? Tenemos lideres, padres, pastores, papas. La fe quedó secundaria. Y mirá que quien te dice esto soy yo, atea de padre y madre...o que son los tiempos!!
maray | 03-06-2006 19:22:59
El consejo llega un poco tarde, porque yo creo que lo más gordo ya ha pasado (aunque nos queda un poco lo que te rondaré morena, ya veréis cuando empiecen a exprimir el asunto de la guerra por la herencia entre los distintos herederos y eso...) pero para cuando se produzcan otros óbitos de tanto alcance mediático, lo mejor es apagar la tele y poner en el dvd episodios de la fantástica serie A dos metros bajo tierra. Estupendas reflexiones sobre la muerte, los duelos y todo lo demás. Y muy muy bien hecha...
Besos, Zucco. Aunque nos "veamos" tan de tarde en tarde...
albanta | 05-06-2006 12:04:41
Muy atinados tus comentarios me gustaría añadir que estos días las personas que están pasando el mismo trance de Rocio Jurado están sufriendo el doble a causa de estos reportajes tan cutres, que son reflejo de esa España cutre que todavía está ahí y que va a ser difícil erradicar.
Decía Forges en uno de sus chistes que bien por los descubrimientos que se han hecho en el campo de la genética, a ver si con ellos podemos aislar el gen de la copla y eliminarlo, la copla cañí que personaliza todo lo peor de nuestro país.
Un saludo
Chusbg | 05-06-2006 15:08:17
Es curioso que, en cuanto a alguien no le gusta algo tan banal como la copla, su primer pensamiento sea 'eliminarla'. Esa eliminación, como es obvio, representa a un espíritu libre y de amplias miras en pos de algo que debe ser 'lo moderno' en donde no cabe la copla. Ja!
Y eso de que la copla es cutre o representa lo peor de este país es una barbaridad. Obviamente jamás has escuchado copla. Sería tan burdo como decir que el tango representa lo más cutre y lo peor de la Argentina, aunque las letras de los tangos sean lo más machista de tercera que puedas escuchar jamás. Como es natural no vas a escribir semejante estupidez a no ser que presumas de ignorancia. Algo que, por otro lado, no voy a poner en cuestión.
¡Qué moderno eso de silenciar el dolor y la enfermedad! Tanta dieta macrobiótica, tanta medicina ultramoderna y aséptica y tantos anestésicos y vidas llenas de deportistas y de ideólogos de la vida sana como para que ahora aparezca esa mujer y diga, ¡no sabes como jode tener cáncer de páncreas! ¡duele y mata lentamente! Y los familiares llorando sin anestésicos con la cantidad que hay en las farmacias y con la cantidad de firmas de maquillajes que disimulan ese aspecto desangelado que da el dolor. Y no, no es obsceno. Lo verdaderamente obsceno es no atreverse a mirar el dolor de otro. Aquí no aparece la palabra 'solidaridad' ni 'tolerancia', esa con la que se llenan la boca los intelectuales de pro que odian el dolor y la enfermedad y la muerte. Por supuesto tampoco aparece ni compasión ni pìedad. Basta cambiar de canal y sanseacabó. Como si fuera una película pornográfica. Y es mediático porque los tiempos quer corren usan la televisión y la radio y la Red y no usan pasquines como en el siglo XIX. Ahora cualquier cosa que sale por la televisión es 'fenómeno mediático'. ¿No fue un fenómeno mediático el caso Dreyfuss a finales del XIX en Francia?
Cecilia B. | 05-06-2006 16:50:59
Hombre, estoy hasta el gorro de escuchar la copla española cañí, y que confundan lo "español" con la copla española y que al que no le guste la copla y los faralaes no es español.
Por otra parte, yo, lo que le agradecería a esta cantante que ha muerto, que por cierto era una de las pocas copleras que escribía sus letras y eso tiene mucho merito, le agradecería que, gracias a su cutrerío la iglesia ha quedado donde debe de estar, y ella lo ha puesto de manifiesto,con dinero y un par de ovarios, "mi arma que me quiero casar" pero no puedes le dijeron, como que no puedo, dijo ella, con billetes aquí se cambia lo que sea, que no, que lo que Dios ha unido nadie lo puede cambiar, la decían, y oye dicho y hecho, no se que diría pero ni defensor del vinculo, ni abogado del diablo, ni Cristo que lo parió, lo que Dios unió, se desunió. Viva la Rocio Jurado que se casó dos veces de blanco y porque no se echó otro novio, claro la hija por el mismo camino, daría algo por saber lo que la costó.
Y eso de cambiar el canal, querrás decir irte al Canal de la Mancha porque ya me dirás a que canal te podías ir, pero el cutrerío está ahí, yo no cambie de canal sencillamente cerré la tele, el estilo Nieves horrores, digo Herrero, no me va, lo siento.
Y nada oye si lo que te gusta es ver como se degrada una persona y no dejarla en paz, pues me parece bien, a mi no me gusta que la copla española folclórica sea la seña de identidad de lo español, parece ser que a Forges tampoco, para gustos están los colores, de mi nunca sacarás un insulto aunque a veces uno esté tentado.
Un saludo
Chusbg | 05-06-2006 23:59:56
Desde luego prefiero la copla cañi que las canciones de unos ingleses o de unos estadounidenses. Ya no digo nada de los copistas de esos ingleses o estadounidenses. Que yo sepa, la copla no es seña de identidad de nada, es sólo otro rasgo cultural como tanto otros: las fiestas salavajes de los pueblos, los toros, el aceite de oliva, las formas gastronómicas del país, la matanza del cerdo, las procesiones de semana santa, las cacerías de conejos y perdices, la forma de los caseríos de Euskadi, o la forma especial de hacer los matrimonios en determinadas regiones del país, el flamenco, los cantos de las minas, el trato a los muertos... Eso es cultura del país. ¿Que no te gusta? ¡Eso es que la has probado poco!
Cecilia B. | 06-06-2006 20:44:28
De acuerdo con Roberto.
En desacuerdo con que cuando se critica lo que él ha criticado se esté pidiendo que la muerte se oculte, o que no se muestren los sentimientos. Me parece llevar la discusión a un tema parecido, pero en absoluto el mismo.
Además, pensar que los que ven esos infra-programas están algo remotamente parecido a dolidos por la pobre Rocío Jurado me parece absolutamente equivocado.
Saludos.
Portorosa | 08-06-2006 12:31:30
Línea 12 | 10-06-2006 15:52:21
¡Madre mía cuanta razón tienes! Muy buen post por no decir artículo de opinión. Estoy totalmente de acuerdo contigo en todo lo que criticas. ¡Bravo! Es el primer día que entro a tu página pero no dudes que te seguiré leyendo.
Comella | 13-06-2006 15:50:07
Hay algo que emllama la atención: el que algunos ew deslumbren por el buen uso del lenguaje, el sarcasmo, la dureza y el enredo.
No sé o si sé...
El moralismo o el exceso son tan parecidos.
Vir& | 14-06-2006 08:09:57
Cuando era un niño soñaba tener una casa muy grande, llena de libros y de discos. Lo he conseguido. Como pronosticaba D´Annunzio, "he sido devorado por lo superfluo". Ya entonces me horripilaban los abusos del poder, e incluso el poder mismo.
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