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Roberto Zucco

Jueves, 08 de junio de 2006

Personajes que me inquietan (6) Mi propia sombra

Al contrario de lo que pudiera parecer, en esta ocasión no fue sencillo contactar con el personaje inquietante elegido: “Mi propia sombra”. Llevamos en Zaragoza unos días nublados, y el sol aparece y desaparece entre las nubes dificultando la aparición de casi todas las sombras. Lo intenté en interiores iluminados, pero el resultado era siempre lamentable. En esas condiciones, “Mi propia sombra” se ponía de una mala leche tremenda.



Finalmente, un miércoles por la mañana nos bajamos ambos a la calle, y delante de la tapia del Colegio de las Hermanas Carmelitas, lugar donde yo fui parvulito hasta los ocho años, mantuvimos una tensa entrevista de la que reproduzco lo más importante.


-Cuántos cigarros se fuma usted entre polvo y polvo.
Mira, pedazo de cabrón. Antes de contestarte a esta estupidez de la que pareces sentirte tan orgulloso, te diré que hubiera preferido ser antes la sombra de Adolfo Hitler que la tuya. Por lo menos él era una persona clara en su maldad. Me pareces un pedante, un gilipollas integral, y me has hecho pasar unos ratos pésimos a lo largo de mi vida. Además, tu insomnio y tu tendencia a trasnochar, sin contar con los días nublados que en esta ciudad son tan frecuentes, han conseguido que mi vida sea prácticamente irrelevante y que mi existencia dependa de tus caprichos. Dicho esto, contestaré a esta memez que me planteas: me fumo los mismos cigarros que tú y en cuanto a los polvos… Esa maldita costumbre occidental de follar a oscuras, o con poca luz, o con esas ridículas velitas que aprendisteis en las películas francesas, además de cursi, han convertido mi vida sexual en inexistente.

-Ultimo libro, último disco, última película.
No leo, no escucho música y, evidentemente, no he ido al cine, un lugar sin luz natural, en toda mi vida. Sin embargo, a través de tu retorcido cerebro me llegan las impresiones que recibes cuando haces todo eso, siempre en la penumbra. Personalmente leo mucho los anuncios de la calle, los graffitis, incluso las señales de tráfico. Es una manera de matar el rato.

-Virtud y defecto que le definen.
Soy discretísima, apenas se me ve. No molesto nunca, excepto en la piscina, en donde casi todo el mundo intenta evitarme. Pero como tú has ido tres veces a una piscina y tu contacto con la naturaleza ha sido como el de una vaca lechera con el museo del Prado, eso me ha ocurrido pocas veces.

-¿Un pesimista es un optimista informado?

Otro tópico estúpido. Yo soy el pesimismo personificado, porque me dedico a observarte cuando no me ves. Si la esperanza de la humanidad está representada por tipos como tú, escépticos, ateos, malhumorados y bajitos, la cosa va fatal. Mira Roberto, no tengo nada contra ti personalmente, aunque te parezca otra cosa, pero yo quiero preguntarte ahora: ¿no te hubiera ido mucho mejor en la vida, intentando ganar más pasta y oyendo menos música de Mozart? ¿No serías más feliz siendo el director de una agencia del Banco de Santander, saliendo por la mañana temprano de tu casa, conmigo al lado, que haberte aficionado a los gin tonics en los bares más arrastrados y a las señoras a altas horas de la madrugada?

-Lo que más le gusta de las mujeres.
Soy lesbiana y tú lo sabes. Me gusta casi todo de ellas. Hace unos años mantuve una relación estable con la sombra de una maceta que tenías en el balcón de tu casa de la calle Cádiz, pero esa es otra historia. (1) Nos veíamos poco, por tu culpa, porque por las mañanas dormías plácidamente mientras ella se exhibía a los viandantes, pero saber que estaba ahí, reflejada en la pared de enfrente, me llenaba de felicidad. Desde entonces soy muy romántica y me paso el día llorando.

-Lo que más le gusta de los hombres.
Casi nada, especialmente porque los he conocido a través tuyo. Es decir, he conocido a tus amigotes, que me parecen como tú, es decir, inestables emocionalmente, petulantes, frágiles y sin embargo arrogantes, con inclinación a cultivar un victimismo infantiloide, inmaduros y ególatras. Mala gente con cara de buenos. Tu propio apodo “Roberto Zucco” es un manifiesto de lo que te gustaría ser y no eres: ni buen poeta ni buen asesino.

-¿Ha pensado alguna vez en el suicidio?
Me paso el día pensando en eso. Apenas se me ve. Nadie notaría mi ausencia, y el que menos, tú.

-Su ideal de felicidad personal.
Que saliera el sol todos los días y que a ti te gustara ir a Benidorm de vacaciones.

-Su opinión sobre el siglo XX.
Para mí el siglo XX es esa enciclopedia ilustrada que tienes en la estantería de tu casa, justo al lado de la ventana. Como es tan gorda produce una cierta sombra que se proyecta en la pared de enfrente. A veces me la quedo mirando. Pero como la sombra de aquella maceta, ninguna. (2)

¿Podemos hacer algo para arreglar esta relación?

No.


(1) Efectivamente en ese balcón había una maceta espantosa que nunca supe la razón de su existencia. Cuando me separé de mi primera mujer, esa maceta desapareció. Posteriormente supe que era marihuana lo que en ella crecía.

(2) Se refiere a "Crónica del Siglo XX", editada por Plaza & Janes, S.A. Barcelona, 1992.

Por: Roberto Zucco | Personajes que me inquietan | Comentarios (12) | Referencias (0)

Comentarios

Sigo diciendo que me encantas tus entrevistas.. son tan distintas como los personajes entevistados.

pepe penas | 09-06-2006 00:31:09

Parece que tu sombra no te aguanta, aunque parece que te ha tratado mucho y te debe de conocer bien no ha debido pillar todas las aristas de tu personalidad y solo se ha fijado en tus facetas más negativas, ya se sabe estas sombras tienen muy mala sombra.
Un saludo

Chusbg | 09-06-2006 03:49:56

Magnífica, Roberto.
Un abrazo.

Portorosa | 09-06-2006 08:16:40

Pero, ¿por qué está tan encabronada tu sombra? Ja, ja, muy buena.
Un beso. C.

Calamity | 10-06-2006 01:05:04

:) Me encanta. No puedo evitarlo.

Fatima | 10-06-2006 09:47:01

¿Nos olvidamos, a veces, de nuestra sombra o es que nuestra sombra nos abandona de vez en cuando?
Hemos abierto las ventanas de siempre. Hemos encendido las mismas lámparas. Hemos subido las escaleras de cada noche, y sin embargo han pasado las horas, las semanas enteras, sin que notemos su presencia.
Una tarde, al atravesar una plaza, nos sentamos en algún banco. Sobre las piedritas del camino describimos, con el regatón de nuestro paraguas, la mitad de una circunferencia. ¿Pensamos en alguien que está ausente? ¿Buscamos, en nuestra memoria, un recuerdo perdido? En todo caso, nuestra atención se encuentra en todas partes y en ninguna, hasta que, de repente advertimos un estremecimiento a nuestros pies, y al averiguar de qué proviene, nos encontramos con nuestra sombra.
¿Será posible que hayamos vivido junto a ella sin habernos dado cuenta de su existencia? ¿La habremos extraviado al doblar una esquina, al atravesar una multitud? ¿O fue ella quien nos abandonó, para olfatear todas las otras sombras de la calle?
La ternura que nos infunde su presencia es demasiado grande para que nos preocupe la contestación a esas preguntas.
Quisiéramos acariciarla como a un perro, quisiéramos cargarla para que durmiera en nuestros brazos, y es tal la satisfacción de que nos acompañe al regresar a nuestra casa, que todas las preocupaciones que tomamos con ella nos parecen insuficientes.
Antes de atravesar las bocacalles esperamos que no circule ninguna clase de vehículo. En vez de subir las escaleras, tomamos el ascensor, para impedir que los escalones le fracturen el espinazo. Al circular de un cuarto a otro, evitamos que se lastime en las aristas de los muebles, y cuando llega la hora de acostarnos, la cubrimos como si fuese una mujer, para sentirla bien cerca de nosotros, para que duerma toda la noche a nuestro lado.

Oliverio Girondo, dixit


(Me gustó la entrevista y la entrevistada, y me hizo recordar ese texto de Oliverio Girondo que siempre me ha encantado.
Lo puse como comentario hace un par de días aquí, pero como veo que no ha salido, quizá no puse bien los datos, lo vuelvo a intentar otra vez.
Un saludo!)

Roma | 10-06-2006 10:45:22

Vaya... una entrevista extraña y genial. Un blog interesante. Felicitaciones.

Saludos.

Línea 12 | 10-06-2006 15:50:15

Jajajaja, genial, es genial, que mala sombra tiene la idem, pero mira, para ella toda, y así podrás seguir tan encantandor como siempre.

Suscribo el post anterior, es de vergüenza ajena. En una ocasión me comentaron que estos bajos instintos de las personas han existido siempre, pero antes se despellejaba al prójimo en las plazas y en los comercios, donde se llegaban a oir unos cotilleos la mar de escandalosos.
Ahora la comunicación directa entre las personas escasea y se impone la televisión, así que en la forma la cosa es diferente, pero en el fondo es más de lo mismo, morbo a raudales y mezquindad humana.

Un abrazo.

reina | 10-06-2006 16:22:57

qué bueno, qué bueno...
eres tan genial!

elisa de cremona | 11-06-2006 11:53:36

Sombra puñetera la tuya. Fantástico zucco, me ha encantado.
Eres mala mala sombra, eres mala de verdad, eres como una espina, que solo sabe pinchar y mas mala que la quinaaaaaaaaaa
Ha sido como una mezcla de Peter Pan y Locomotoro... jejejeje

linda | 11-06-2006 13:40:43

Vaya que ahora sí me has dejado intrigada, y con muchas más ansias de leer una entrevista dirigida al mismísimo Roberto Zucco, pero al nuestro, no al personaje ya conocido, sino al escritor que nos deleita en estas páginas... :-)

De cualquier manera impresionante la entrevista, demasiado exquisita, llena de sorpresas y datos imprevistos.. Felicidades, ya sabes que me fascina como haces esto de llevar nuestra mente más allá..

Espero leer pronto una entrevista íntima y personal para no tener la menste tan sugestionada imaginando, sino un poc más liberada entiendo...

Un beso

Con Sal en los Labios | 12-06-2006 19:26:25

Mi querido Roberto Zucco, por esta entrevista sé defintivamente (lo creo) que sino te conociera algo valioso le faltaría a mi vida

eh, sin exageraciones.

Vir& | 14-06-2006 08:17:24

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