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Roberto Zucco

Viernes, 28 de julio de 2006

Apócrifos (12) Animales y personas (y 2)

Y lo mismo , pero al revés. La aportación al libro citado del profesor Schiller, viene a ser como el correlato exacto de esta curiosa y sorprendente relación entre diferentes comportamientos. Recogemos como muestra unos fragmentos del prólogo con que él mismo comienza su aportación.


Jesús Gil y Gil.

“Mi colega Mortadelo siempre me había parecido un impresentable. No es un secreto, y él es el primero en conocer esta percepción subjetiva. Mortadelo es feo, alopécico, alitósico, no tiene maldita la gracia, es un pelmazo, y, si te descuidas, te roba hasta los recuerdos. Yo lo pude comprobar cuando de una manera ingenua acepté participar en un congreso que él organizaba, y que me pareció de entrada una estupidez sin nivel científico alguno. En él participaban también su cuñado Efraín, un profesor expulsado de no sé qué facultad de Veterinaria por tener relaciones sexuales con una cebra, un vecino que tenía un canario (que se murió precisamente durante el Congreso), y una gorda con cara de mala leche que nadie sabía con exactitud porqué estaba ahí. Pues bien, en realidad fui a Navalcarnero en el verano del 93 porque le había oído hablar a un colega de la Universidad de Zurich del “Pub El Beso Negro” un club de chicas de alterne situado en una carretera secundaria y muy cerca de esa espantosa ciudad de la provincia de Madrid. En este lugar infecto, en donde por cierto pillé una gonorrea muy molesta que me costó mi primer matrimonio, Mortadelo me desplumó (una expresión muy apropiada para describir esta simbiosis de comportamientos humanos y animales...), pero, al mismo tiempo, me sedujo con sus sugerentes teorías. El se comportaba como un cerdo, pero, entre ponencia y polvo, me fue poniendo al tanto de sus reflexiones y de los principales avances de su investigación.

(...)

En concreto se refirió a una conversación que, por lo visto, había mantenido con Jesús Gil y Gil, expresidente del Atlético de Madrid, y por aquel entonces alcalde de Marbella, en la que este gangster le había confesado su admiración por los hipopótamos y sus costumbres. Cuando a través de internet vi una foto de este tal Gil, a quien hasta entonces no conocía de nada, me pude dar cuenta de que él mismo era un hipopótamo más, a juzgar por su inequívoca imagen. Me puse a investigar y en “Interviú”, una revista de enorme rigor informativo y de gran tirada en España, leí unas declaraciones de este mafioso en donde decía literalmente: “duermo en el barro, soy gordo pero potente, y me siento feliz siendo visto por mis enemigos, los concejales socialistas, como un hipopótamo. No pasarán”.

Esto me hizo pensar mucho. Un hombre confiesa su simpatía por una especie animal concreta –en este caso por los hipopótamos-, tiene cara de esa especie animal, y se comporta progresivamente como un ejemplar de esa misma especie, hasta el punto de decidir dormir en una piscina de barro en vez de en su cama de toda la vida. Parece ser que en los últimos consejos de Administración del Atlético de Madrid, la presencia de Gil era muy peculiar: metido en una gran piscina de lodo y hablando desde ahí al resto de los miembros.

(...)

A lo largo de mi vida profesional he podido comprobar que el caso de Gil no es un caso aislado sino algo muy frecuente. La parte del este libro que a mí me compete intenta comprender casos como estos seis y que en su interior voy a desarrollar en extenso:

1. El caso de la monja austrica que decidió comportarse como una araña y vivía colgada de la tela que ella misma había construido en la celda donde habitaba en un convento de la ciudad tirolesa de Imst.

2. El caso de unos pigmeos en Uganda que se hacían seiscientas pajas al día.

3. El caso de una niña francesa que se le puso cara de ternera a los tres años. Sus padres tenían cara de vaca y antílope, respectivamente.

4. El caso del obispo anglicano que se comía siempre un monaguillo después de oficiar la santa misa.

5. El caso de Lewis Marshall, un empleado del ayuntamiento de una pequeña población del norte de Australia, que se encargaba de recoger las reclamaciones de la población y que comenzó a sentir extraños síntomas, entre los que estaba decir “beeeeeee” constantemente. Al poco tiempo Marshall se desdobló el solito en un rebaño de 900 ovejas. Este empleado, o, mejor dicho, las novecientas ovejas, acudían a trabajar todas las mañanas, como si tal cosa, provocando la ira de los habitantes del lugar que tenían que repetir novecientas veces la misma reclamación. Parece ser que el ayuntamiento lo utilizaba para disuadir a la población a ejercer sus razonables críticas.

6. El caso de una cerda, nacida en una piara de Poio, en la provincia de Pontevedra, que desde muy niña se aficionó a leer a Kafka, y, en concreto, su inmortal obra “La metamorfosis”. Como consecuencia de estas y otras lecturas, la cerda se dedicó a reivindicar la palabra cerda como sinónimo de pulcritud y esfuerzo y no como sinónimo de suciedad o desaliño. Una mañana amaneció convertida en Consejera de Agricultura y Consumo en la Xunta de Galicia, y pasó a llamarse Mercedes Cifuentes.

Espero que este libro, y especialmente mi aportación en él, que es realmente lo único valioso, sirva para comprender mejor los intrincados recovecos del comportamiento de animales y personas".

Por: Roberto Zucco | Apócrifos. | Comentarios (4) | Referencias (0)

Comentarios

Roberto Zucco, se va clarificando el panorama que entre contraste y contraste, es tremendo. A parte de las simbiosis, el Dr Schiller, ¿estará pensando en analizar por áreas?
es decir, por ejemplo, especialmente a los gobernantes, para ver con qué animal se han mimetizado, a las Tunas universitarias, a los actores de cine C, a los policías de tránsito, etc.

Gracias, espero respuesta.


V asterix | 29-07-2006 02:28:17

Cielos! Descubro que hace años fuí un pigmeo de Uganda!!

Ambrose Chapel | 31-07-2006 12:29:52

Me tienes que decir qué fumas cuando escribes estas cosas. Alucino, me río y me lo paso genial. Ay, zuquito, qué listo eres. Elena.

Elena | 31-07-2006 16:10:38

Regreso a tu casa después de un par de semanas de ausencia, y me la encuentro como siempre: abierta, acogedora, brillante.

Un saludo.

rythmduel | 31-07-2006 20:00:05

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