Jueves, 10 de agosto de 2006
Galicia arde a nuestro alrededor. Lo sabemos porque el aire que se respira está cargado de ceniza, porque la luz de sol penetra a duras penas entre el humo que todo lo envuelve.
Dicen que hay veinte incendios en la zona concreta en donde nos encontramos -el Concello de Poio-, y unos ciento cincuenta en todo el territorio. Lo dicen el taxista que nos recoge para llevarnos a la estación, una chica del hotel y la amable camarera del restaurante de anoche, que, sin embargo, no parecen darle demasiada importancia a la cosa, porque desgraciadamente este mal rollo se repite todos los veranos. En esta ocasión, sin embargo, la destrucción es tremenda. Dicen que son pirómanos, y después de reflejar una evidente mueca de tristeza, vuelven a sonreír amables y hospitalarias.
Hace falta ser cabrones: estos tipos perturbados destrozan el ecosistema, siembran la desgracia y cambian las vidas de los demás sin pudor alguno, probablemente sin remordimientos. Tal vez nos encontramos a alguno de ellos el día que llegamos en la estación de tren de Pontevedra, o en el bar del puerto, o por las calles del pueblecito en donde estamos desde hace seis días. Seguramente son seres normales, aparentemente normales, quiero decir, casados y con hijos, que necesitan su minuto de gloria, la foto de su dudosa hazaña en la primera plana de “La Voz de Galicia”. En una emisora de radio, una señora sostiene que en este asunto hay un trasfondo político de mal perder.
Este factor impregna nuestras vacaciones: como en “Las tres hermanas”, de Chejov, esa bellísima catedral de la tristeza y de la desesperanza, vivimos literalmente entre llamas, algo que no sentimos demasiado pero que sabemos que está ahí, amenazante, enrareciendo la normalidad diaria. Ya hay víctimas mortales, algunas carreteras están cerradas y muchas personas han perdido sus posesiones, sus casas, incluso a sus seres queridos. Sus vidas tendrán un antes y un después tras este terrible mes de Agosto del 2006, pero nosotros estaremos ya lejos, indiferentes a sus destinos, a sus desdichas.
Pasan los días sin darnos cuenta y se acaba la primera parte de nuestras vacaciones, con esa vertiginosa lentitud que tan bien recuerdo de cuando veraneaba con mis padres en Torredembarra y las tardes pasaban despacio pero con una furiosa intensidad un poco indescriptible. No leo los periódicos, no tengo acceso a internet, ni veo la televisión. Tampoco escribo, y solo leo media hora al día. Solo me baño, tomo el sol, o lo que queda de él detrás de la cortina de humo, hago los ejercicios para la espalda en una terraza desde la que se ve la ría de Pontevedra, y veo a Isabel concentrada en sus estudios. Es alucinante: esta mujer puede pasarse horas y horas encima de los libros, escribiendo apuntes, repasando las lecciones, algo que jamás me pasó a mi cuando yo era universitario. Estas vacaciones son las de mirar como los demás hacen cosas, mientras que no hago realmente nada, excepto ojear “Suite francesa”, una novela densa y amarga de Irene Némirovsky, acordarme de mis queridos padres y fumar puritos pequeños. Me parece increíble, pero es así: soy más espectador que nunca, concentrado en lo que pasa por fuera y me pasa por dentro.
Hablo por teléfono con mi primo Roberto, de Sevilla. Le anuncio nuestra inminente llegada a su tierra, y sé que se alegra tanto como yo de volvernos a ver.
El hotel de Galicia es pequeñito y confortable, aunque no está tan alejado del mundanal ruido como nosotros deseábamos y la propaganda turística nos hizo creer. Como hicimos la reserva muy tarde, nuestra habitación no tiene vistas al mar, sino a una especie de montaña cortada en seco sobre la que han instalado unos artefactos para recoger la energía del sol. A mí estas cosas paisajísticas me son indiferentes, y a Isabel más todavía. Comemos mucho y bien, aunque a ella le cuesta siempre bastante adaptarse a las cocinas que no conoce. Después no hay quien la “desadapte”.
Y luego está Galicia, claro. Me encanta. Ese verde intenso de los campos, ese mar oscuro y sobrio, ese cielo potente. Me acuerdo de Pepe Penas y de mi grandísima amiga Amelia, de la que no sé nada desde hace semanas pero a la que siempre tengo muy presente. Hago fotos. Ayer me escapé hasta un pueblecito cercano y me hinché de hacerle fotos a las barcas del puerto y similares. ¿Me estoy haciendo mayor?. También me estoy hinchando de marisco, de buen marisco, y de carne de ternera gallega, esa que se deshace entre los dientes. El señor que atiende el pequeño restaurante del hotel, profundamente homosexual, ya ha establecido una cierta complicidad con nosotros, y, a diferencia de los que sucede en otras mesas, me pone un vasito de Ribeiro, para el primer plato, y otro de Somontano para el segundo.
Isabel y yo despertamos siempre curiosidad a nuestro alrededor. A veces esto es muy evidente, y en muy contadas excepciones llega a ser molesto. No saben bien qué somos ni de qué vamos. Creo que piensan que ella es una cantante americana famosa, porque su parecido con la piel, el cuerpo y el rostro una conocida top model internacional es muy evidente, y yo su manager, o algo parecido y seguramente peor. Hay niños pequeños que se nos acercan en algunos restaurantes para vernos de cerca...
Los días transcurren con gran placidez. Hablo con mi hijo por teléfono y me cuenta sus cosas de niño que empieza a ser mayorcito.
Por: Roberto Zucco | Como la vida misma. | Comentarios (11) | Referencias (0)
Siento lo que te ha pasado recientemente. No existen palabras para mitigar la pérdida de un ser querido. Lo siento. Las vacaciones te vendrán bien. A pesar de esos incendios tan tremendos que asolan Galicia. Todos esos pirómanos no podrán destruir un entorno precioso, a pesar de que lo intenten. ¿Te has fijado cómo luchan las gentes por apagar las llamas? Lo vi por televisión y me impresionó mucho.
Gracias por esa mirada in situ destacando los aspectos positivos de esos lugares. Que disfrutes mucho de tus vacaciones. Saludos
Gatito viejo | 10-08-2006 19:35:44
Cuentas esa brutalidad, y me comprimo. es algo rotundamente vil lo que hace gente cuya sensibilidad es como un metal estropeado, profundamente estropeado. Algo sin vida.
Roberto, esos barquitos...ah, es acomo si los viera en el puerto :)
y tu musa compañera, bella y amable, grato solaz para tus ojos y tu vida: bendición terrenal mi amigo.
Que sigan tus vacaciones en su punto intenso y que al volver a tu casa, esa espectativa por regresar a ver tus objetos, tus libros, tu vida donde duermes y sueñas, sea un abrazo para ti, un abrazo del bólido tiempo.
Gran salute.
Rain | 10-08-2006 21:39:38
Mi Zucco querido, yo también echo de menos a una Amelia, aunque casi ni me atrevo a decírselo.
Por otro lado, te imagino contemplando, descansando, comiendo marisco, fotografiando el mar, fumando esos puritos..., y me llena una sensación de paz y serenidad.
No cambies nunca.
amanda | 10-08-2006 22:28:55
Las vacaciones perfectas.
Mirar, observar, con lentitud...todo con lentitud.
El mar. Ese imán que supone para las gentes del interior como nosotros. Azul plomo o azul turquesa, la zona desde la que lo mires es igual. Es el mar.
Seguid disfrutando.
amaltea | 11-08-2006 07:47:04
Me encantan esas vacaciones, incluso salíendose un poco del guión preestablecido, da la impresión de ser la mar de fructíferas, ya decías que las necesitabas, la disposición era buena, el resultado a pedir de boca.
Lo de los incendios, un verdadero drama, independientemente de los motivos que hayan llevado a los criminales que lo ejecutaron o indujeron, siempre habrá quien le intente sacar partido, eso es innegable. Sólo cabe desear el final de esta locura, que dejen de incendiar, o que la naturaleza con una buena lluvia pare de una vez esta sinrazón.
Un abrazo muy grande, y que sigan bien las vacaciones.
reina | 11-08-2006 11:32:21
Estimado Roberto;
es admirable la manera como describes las vacaciones. Cierro los ojos y puedo verte sentado mirando el mar (por la foto tranquilo) de Galicia. Es todo un placer “escucharte”. Ojalá aprendiera yo a disfrutar de verdad del “dolce fare niente” en las mías.
Por cierto, ten cuidado si el camarero te sirve “Riveiro”. Exígele “Ribeiro” a ese ladrón. ;-)
Ambrose Chapel | 11-08-2006 13:40:58
Ambrose Chapel | 11-08-2006 18:06:56
No solo no me ha sabido mal sino que te lo agradezco. Por cierto, ¿tienes blog? Tus comentarios no me remien a él.
Roberto a Ambrose Chapel | 11-08-2006 20:00:26
Elena | 11-08-2006 21:27:14
Gracias por tomar la broma como lo que era... una broma.
Tuve un blog dedicado a una mujer mala y a las cientoypico entradas lo borré porque no conseguía nada. Ahora tengo otro que no se a quien dedicar. Tengo que buscar una buena mujer. En cuanto aprenda, si no tienes inconveniente, lo vinculo al tuyo.
Saludos maestro. (Aimar gran acierto).
Ambrose Chapel | 14-08-2006 11:04:34
Os mereceis unas buenas vacaciones! Sacar a pasear a las propias neuronas... qué gusto! A veces, una llega a pensar que solo se puede vivir de una manera y llega el calor y las vacaciones y hay posibilidad de ver algo más detrás del espejo... Yo también estoy mirando paisaje, andando y haciendo mucho bricolage.
un abrazo, Imma
Imma Colomer | 14-08-2006 20:43:14
Cuando era un niño soñaba tener una casa muy grande, llena de libros y de discos. Lo he conseguido. Como pronosticaba D´Annunzio, "he sido devorado por lo superfluo". Ya entonces me horripilaban los abusos del poder, e incluso el poder mismo.
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