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Roberto Zucco

Miércoles, 23 de agosto de 2006

vacaciones (y 5)

Se acabó lo que se daba. A casa y mañana a trabajar como si de una maldición bíblica se tratara, aunque ese no sea, desde luego, mi caso


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Me dice mi gentil amigo AmbroseChapel que las entradas en mi blog son cada vez más escasas y tiene razón: escribo cada vez menos. En realidad creo que han sido las circunstancias que han rodeado mi vida últimamente las que me han descentrado de este menester que sigue siendo un auténtico placer y una buena terapia, en diferentes sentidos. Tal vez sea este el único propósito concreto que me hago para las próximas semanas: recuperar el ritmo perdido, por una parte, y volver a meter las narices en las páginas de otros blogeros y blogeras queridos, cuyos textos me reconfortan. He podido comprobar que muchos blogs han cerrado sus puertas o que sus dueños han dejado de escribir. No hay nada más obsoleto que un blog no actualizado... Sé que algunas personas queridas han ido perdiendo la motivación de escribir, y esto ya no es lo que era... Pero nunca las cosas son lo que eran, valga la expresión. No es mi caso: no estoy cansado. Seguiré escribiendo por mí mismo y porque sé que hay gente a quien le interesa lo que digo aquí ny que me honran con su mirada.

Vamos en el AVE camino de Madrid. Apareció mi primo en Sevilla, con su eterna sonrisa entre los labios. Le puse un mensaje a la salida de Cádiz en el móvil proponiéndole comer con nosotros durante la hora y cuarto que íbamos a permanecer en la estación de Santa Justa antes de montarnos en este tren en el que vamos ahora. Me contestó rápido diciendo que vendría un poco tarde, pero que vendría. Y vino. Yo sé que a él le hubiera gustado que nos hubiéramos visto más (a mí también), pero es una persona discreta que ha entendido sin decírselo que en esta ocasión mi viaje tenía otras prioridades. Hoy nos dio poco tiempo para hablar, pero al menos nos vimos, mientras él se tomaba una cervecita. Nos dejó en la boca de la escalera mecánica que conduce a la vía 5, bromeando sobre lo educados y formalitos que ya somos los europeos. Le dije que, sin embargo, Isabel alucina con mi capacidad para colarme en algunas colas de aeropuertos y estaciones, habilidad que me ha proporcionado la experiencia de vuelos y viajes. Isabel y Roberto se han caído muy bien: él dice que ella es una delicia y ella dice de él que es muy simpático. Ambos aciertan.

Mi primito está estupendamente. Lo veo feliz y más relajado desde que sus hijos se han hecho mayores y han terminado los problemas y situaciones de la adolescencia. Creo que ahora se dispone a vivir una especie de segunda juventud con María Eugenia, una mujer extraordinaria. No puedo, sin embargo, olvidarme de cuando lo conocí, hace ahora más de treinta años. El adolescente era él, o casi, lleno de vida, con la cabecita muy organizada y unas ganas de juerga que no se las saltaba un gitano. Recuerdo de manera especial también nuestras largas conversaciones nocturnas en Zaragoza y Sevilla, estas últimas en el balcón de la casa de sus padres, delante de un edificio que las circunstancias convirtieron en una reserva de aves migratorias. Una de aquellas noches reflexionábamos sobre nuestra familia y sus peculiaridades, como si fuéramos pequeños Hamlets delante de la calavera de nuestras ilusiones y expectativas frente a los fantasmas del pasado. Recuerdo también cuando nuestro tío Pepe irrumpió en ese domicilio en mitad de la madrugada anunciándose como la policía y Roberto que era más rojo que la pasionaria empezó a tirar papeles comprometidos por todos los conductos que pudo. Qué tiempos. Ahora somos hombres, padres de otros chicos que nos ven como nosotros veíamos a los nuestros: cercanos pero inalcanzables.

Lo dicho: se acabaron las vacaciones de 2006, las primeras que vivo con Isa tras la muerte de mis padres. Soy otro y soy el mismo, todo ha cambiado y todo permanece de otra manera: mi madre es una foto y una lágrima, mi padre es un corazón que late por las noches, cuando solo yo puedo oírlo. Isa es un camino, el mejor camino posible.


Por: Roberto Zucco | Como la vida misma. | Comentarios (7) | Referencias (0)

Comentarios

El día que empieces a escribir por obligación y no por placer, empezarás a traicionarte a ti mismo. La vida tiene sus propias cadencias. Cada compás, según la partitura que estés habitando en ese momento. Y mi impresión (la que ofrecen tus palabras) es que últimamente transitas por un placentero y algo melancólico adagio.

Un abrazo.

rythmduel | 24-08-2006 16:08:16

Yo sigo aqui, incondicional lectora y amiga... leyéndote al ritmo del ánimo unas veces y otras, cuando el ordenador me lo permite. Leo de tirón los últimos cuatros post.
Buena vuelta al trabajo. A mi todavía me queda una semana de -espero- disfrute.
besos.

linda | 24-08-2006 22:30:49

Uf, pero que cognazo que eres!

Terminator | 25-08-2006 11:01:51

Entre otras virtudes, tus comentarios hacen pensar en un montón de cosas que están ahí y en las que pocas veces reparo: por ejemplo en el presente post me quedo con las colas de los aeropuertos y el lo que se han convertido nuestros muertos pasado un tiempo.

Me alegro de que la disminución de entradas en tu blog se haya invertido en este último mes. Me animas a reactivar el mío.

Feliz vuelta al cole!! (Este año el Barça se salva fijo) ;-)

Ambrose Chapel | 25-08-2006 18:57:37

Sigo tu escritura ágil, precisa y sensible desde Sevilla. Me alegra y me satisface saber que disfrustaste al pasar por las playas de Cádiz.
Un fuerte abrazo desde el Aljarafe sevillano.

Fígaro | 25-08-2006 22:16:11

TODOS los días entro en casa. Enciendo la luz y miro en el esritorio de la entrada por si hay alguna nota nueva.

Si la hay, enciendo la lámpara de la lectura bajo cuya luz me gusta leer. Me relajo y disfruto.
Me agrada este señor que escribe con tanto sentido común, con ese sentido crítico tan respetuoso.

Pero todavía me agrada más haber descubierto al ser humano que aparece últimamente, tan cerca de los suyos, sobrellevando un duelo tras otro, con sus vacaciones tan sosegadas y asegura estar trazando un camino que no podía ser de otra manera que con la persona que lo está haciendo.

Cuando termino de leer, SIEMPRE me siento bien. No se muy bien si es por compartir todas esas ideas, parte de esas aficiones o por el simple placer de leer algo bien escrito. Sea por lo que sea me siento bien.

Intervengo poco, me da un poco de pudor.

Después, como se me indicó que eran las normas de la casa hace ya mucho tiempo, salgo y dejo la luz apagada.
De ahora en adelante, prometo dejar constancia de mi paso, pues es cierto que a las casas de los amigos hay que entrar y salir con cortesía.

Gracias por dejarme entrar

amaltea

Siempre a sus pies venerado Zucco



amaltea | 28-08-2006 11:24:29

Es grato saber que tienes el mejor camino posible: es una constatación de que la ventura dura y es tan benéfica.

Gran salute sonriente.

Rain | 04-09-2006 07:53:12

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