Martes, 19 de septiembre de 2006
La vida te ofrece diferentes opciones, y según el momento en que cada uno se encuentre, cree que su camino puede ir definitivamente por ahí. Yo, en momentos diferentes, quise ser médico, sacerdote, misionero, arquitecto, abogado, futbolista, astronauta, batería de un conjunto rock, y no sé cuantas cosas más...
Nino Bravo
La opción de Medicina se desvaneció una mañana en Barbastro en el hospital en donde trabajaba mi tío Pepe como ginecólogo.
Algunos veranos solía acudir a ese pueblo grandote de la provincia de Huesca en donde con mis primos Jerónimo y José Ramón jugábamos a todo lo posible e imaginable. Eran periodos estupendos y muy divertidos que solían anteceder al comienzo tedioso y aburrido de los cursos en el Colegio de los Jesuitas. Aunque yo era siete años mayor que José Ramón, el hecho de ejercer de primo mayor y de capitanear los juegos infantiles, me divertía de una manera extraordinaria. Boxeábamos, con evidente peligro para ellos que eran sensiblemente más diminutos, organizábamos sigilosas y excitantes excursiones nocturnas hasta el cuarto de baño cuando mis tíos se quedaban dormidos, y algunas tardes nos bañábamos en las frescas aguas del río en un paraje desde el que se divisaba en lo más alto el Monasterio de La Virgen del Pueyo.
Aprovechando una de esas estancias estivales, mi tío me llevó al lugar donde ejercía su profesión de Ginecólogo con la esperanza de que ese ambiente hospitalario me gustara y la opción de ser médico cobrara más fuerza en mi interior. Pero ocurrió algo inesperado: estando esperando en la puerta de su despacho acertó a pasar por allí una enfermera que portaba una bandeja metálica en donde se balanceaban restos inequívocos de unas amígdalas recién extraídas, en medio de un líquido oscilante y sanguinolento.
Esa oscilación fue lo último que recuerdo. A partir de ese momento el que me puse a oscilar debí ser yo... Lo siguiente fue que me intentaban reanimar en un balcón, dándome aire con unas toallas, mientras repetía insistentemente: “quiero ser arquitecto, yo quiero ser arquitecto...” mientras no muy lejos sonaba en un transistor una canción de Nino Bravo. La casualidad hizo que al mediodía mi tía Pilar nos presentara en la mesa unas exquisitas albóndigas que inevitablemente me volvieron a recordar los hechos descritos y a reafirmarme aún más en mi cambio repentino de vocación.
Descartada la opción médica, y olvidadas por el camino las demás, opté por matricularme en Derecho, después de aquella penosa travesía por el desierto.
Experimenté un cambio drástico en mi vida. Definitivamente me separé de ese maldito circuito de pobres perdedores que había encontrando intentando aprobar por enésima vez el Latín y el Griego. El cambio afectó también a mi indumentaria: para imitar nuevamente a Pedrito y a Gerardo, me vestí de niño pijo y me puse una chaqueta azul marino con doble fila de botones dorados, y me peiné para atrás con el pelo bien pegado, intentando dar una imagen de madurez que no se correspondía en absoluto con mi contradictorio y caótico interior.
Comencé a ir a clase regularmente, e incluso durante unos cuantos meses traté de ser un buen alumno, preocupándome por recopilar apuntes a diario y organizarme una vida de estudiante normal. Poco me duró ese primer impulso. Muy pronto advertí que la Historia del Derecho era una asignatura inmensamente aburrida, y que las llamadas “Legis Actionis”, que nos enseñaban en Derecho Romano no despertaban en mí el más mínimo interés.
De ese año de mi paso fugaz por la Facultad de Derecho recuerdo con precisión otras cosas que poco o nada tenían que ver con la carrera en sí. Me hice novio formal de María Angeles me matriculé en Primer Curso de la Escuela de Arte Dramático, di una conferencia –cómo no- sobre Unamuno, de la que cierto apareció una crónica muy elogiosa en un periódico, y empecé a relacionarme con gentes del Opus Dei, como paso definitivo a mi ruptura con las creencias religiosas.
Por: Roberto Zucco | Mi patria es mi infancia. | Comentarios (6) | Referencias (0)
Carísimo amigo, te necesitamos vivito y coleando y dando toda la caña del mundo y más ... piensa en esas amígdalas de las que hablas cuando le mires al personaje venido de Polonia y házselas tragar. Roberto, eres el p amo.
Guapooooooooooooo | 19-09-2006 21:35:31
Querido Roberto...
Como siempre de tus recuerdos se enganchan los nuestros... Yo de pequeña no quería ser nada. Recuerdo a mis padres insistiendo con aquello de "¿qué quieres ser de mayor?!". Ahora que ya lo soy... resulta que quiero serlo todo...
(espero ansiosa que nos expliques ese momento en que decidiste que querías ser misionero..;D )
Fatima | 20-09-2006 02:42:19
Yo tengo un recuerdo estupendo de mi relación con el Opus en la escuela de BBAA.
Me traían unas tortillas de patatas y unos emparedados de lo más rico. Al menos me sabían a gloria santa.
No me hice, claro, pero me dejé querer...
Me encanta leer tus recuerdos, me hacen sentirme de nuvo por allí, en aquellos años.
Gracias.
M.
Miranda | 20-09-2006 10:23:40
Desearía tener todo este blog en formato papel (Bien encuadernado e impreso. Con cubiertas amarillas como las de Anagrama y olor a tinta fresca) para poder irme a la cama a leer como dios manda.
Zucco relacionándose con el Opus!!! Glups!!!
(Marcho de vacaciones, buscaré locutorios para conectarme y seguir tus “aventuras”)
Un saludo a todos.
Ambrose Chapel | 20-09-2006 12:10:27
Me trajo recordaciones, tambien. Tenemos por aqui a un agrupamiento llamado " tradicion, familia y propiedad" y por este nombre ya ves lo que puede ser. Cuando yo hacia los preparatorios para la universidad, nuestra escuela era adelante de una casa donde vivian estos chicos. A ellos no les era permitido noviar. Excusado decir que nosotras nos portavamos como provocadoras de la peor especie cuando ellos pasaban por nosotras. Una actitud de lo mas revolucionaria: queriamos sacarlos deste agrupamiento reaccionario y fundamentalista. No sé si tuvimos exito con alguno...Buenos recuerdos!
besos
maray | 21-09-2006 17:07:57
El pelo engominado :)
bueno, aquí hay una reacción saludable. Nadie te quitará su amistad porque cuentas cual Gunter Grass, tu contacto con los fascistas.
Eras un niño.
Abraxo.
Rain V | 22-09-2006 10:03:19
Cuando era un niño soñaba tener una casa muy grande, llena de libros y de discos. Lo he conseguido. Como pronosticaba D´Annunzio, "he sido devorado por lo superfluo". Ya entonces me horripilaban los abusos del poder, e incluso el poder mismo.
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