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Roberto Zucco

Sábado, 07 de octubre de 2006

República Dominicana (2)

Me voy de la República Dominicana con una extraña sensación: fueron tantas las cosas que me molestaron, incluida la perdida inicial del equipaje (aunque de eso no tienen la culpa los dominicanos sino la pésima organización de nuestras maravillosas líneas aéreas españolas), que no he disfrutado de manera relajada con las maravillas que también he tenido a mi alcance.


La playa de Las Terrenas

La maleta me llego finalmente al hotel de Las Terrenas en donde estuve alojado tres días. Un chico joven la desembarco de una furgoneta (vi que dentro de la misma estaban también las de otras victimas similares), y previo pago de una propinita me la entregó. Que demonios: ¡una propina por recuperar lo que es mío...! Se lo dije al tipo, que indudablemente no tenia la culpa de nada, como desahogo de mi estado de ansiedad. Es un paradigma exacto de lo que aquí ocurre: nada, nada, nada funciona bien, y, si por casualidad funciona algo es por la propina, la comisión, el sobresueldo, el regalito, etc.

Vine a hacer una gestión con un abogado de esta pequeña población de noreste de la Republica, que es una maravilla natural extraordinaria y un ejemplo de mala o nula planificación urbanística y social. Me vuelvo sin haberla culminado por la mala fe, la pésima gestión y la pereza canallesca de un cabrón con título de abogado que, según he sabido, tiene al pueblo en el bolsillo porque es un alto cargo del propio ayuntamiento. Sus competencias son de medio ambiente, y en este pueblo el medio ambiente es el ruido ensordecedor, el caos circulatorio, el barro por las calles, etc. Es decir, lo hace todo perfectamente mal. No quiero complicar las cosas, pero, cuando todo esto acabe, escribiré sobre esto poniendo su foto, su nombre y su apellido, y paralelamente le pondré una denuncia donde corresponda. Otro paradigma del mal funcionamiento del país.

Con todo, lo que mas he detestado a lo largo de estos días es la acomodaticia y resignada actitud de los lugareños, primero ante este lamentable estado de las cosas, y segundo ante la invasión masiva de los gringos. Me explico.

Este estado lamentable de la administración de los servicios públicos, genera las peores mafias y los peores clientelismos. Todo el mundo se queja del gobierno, del ayuntamiento, y ahora yo de mi propio abogado, pero todos están encantados de que las cosas sean así porque sacan tajada y se benefician por algún resquicio de esta anomalía estructural: el chico de las maletas se gana una pasta con las propinas, mi abogado me esquilma, y la chica que me limpia la habitación me pide que le pague por plancharme mas rápidamente las camisas, pero que no se lo diga al dueño del hotel... Todo así.

Los gringos... Ya lo escribí en el anterior post. Gente con mucha pasta, viejos con la polla pequeña y la VISA larga, que vienen a Las Terrenas y todo lo compran con la máxima naturalidad: las tierras, los negocios y las personas. Estas últimas se dejan a cambio de dinero. Me cuenta un hombre húngaro de origen alemán que me lleva al aeropuerto de El Portillo que es una actitud bastante frecuente y aceptada socialmente que los padres permitan, por ejemplo, que sus agraciadas hijas menores se prostituyan para traer unos pesitos a casa. Si eso es normal, el que un suizo de setenta y cuatro se case con la niña de dieciséis es, consecuentemente, algo realmente extraordinario, una buena noticia para el “status quo” social y, especialmente, para la familia de la interfecta. Esta última aparentará cariño, amor y hasta fidelidad a su carcamal, pero están contados los días en que le pondrá unos cuernos como de aquí a Ginebra, probablemente sin que este mamarracho se de ni cuenta.

Estos días lo he visto con mis ojos: el espectáculo de la decrepitud moral y física, representada por los europeos y europeas que han venido aquí a colonizar esto, y el de la sumisión de la población local, que los odia a muerte pero que vive anestesiada intelectualmente con el ron y la bachata, y se beneficia de esta colonización. Mentiría si dijera otra cosa, pero me ha parecida patética la imagen de una vieja transportada en una moto por un apuesto negrito.

Pero también digo que he conocido gente estupenda. Gente humilde, que vive en la pobreza, pero con extrema dignidad, y gente rica que ha decidido terminar aquí sus días manteniendo una relación respetuosa y ética con su entorno. Todo esto en un “totum revolutum” difícil de entender.

Mis primeras horas aquí estuvieron cargadas de desazón. El segundo día comencé a hacerme preguntas: ¿porque no hay viejos por las calles?, ¿porque los niños se comportan como los mayores, en un lugar en donde apenas existen zonas de ocio para ellos? ¿Porque en las Terrenas los chicos de ocho años montan ya en moto, beben gotitas de ron, se dan unas palizas tremendas y se comportan como auténticos canallas con cuerpos diminutos?.

Por: Roberto Zucco | Ciudades de mi vida. | Comentarios (2) | Referencias (0)

Comentarios

En el aire quedan tus preguntas, imagino que retóricas, o dejando en el aire el desafío para quienes entremos al trapo después de leer con creciente indignación tu estupendo post, el de la crónica de un país esquilmado, solo se me ocurren más y más preguntas, ¿cómo se llega a asfixiar un país? ¿de donde sale el estereotipo del gringo corrupto y corruptor? ¿ a quien le interesa que se mantenga este estado de cosas? ¿ hay alguien decente en la administración de estos lugares?

Cultura, Educación y Estado de Derecho son los términos que me vienen a la mente.

Ya sé que soy cansina, pero me encanta como escribes.

Un abrazo.

reina | 08-10-2006 09:12:18

Bueno, todo es cuestión de proporción, y supongo que cuando ésta es de gran magnitud, se puede percibir con una gran nitidez. Pero todo eso que dices aquí, yo lo he sentido nitidamente, después de vivir muchos años en el extranjero, al observar la relidad española. Sin ir más lejos esa especie de resignación con la que se acepta la corrupción, el mal funcionamiento de la Administración y de la empresa privada, la mentalidad de que más vale lamer que morder para conseguir algo, la propina, el soborno, la comisión en cuanto media un negocio con la administración local, el cansancio con el que se acepta que te esquilmen tus derechos más elementales, y la prostitución que posibilita que los caballeros bien situados que conozco se casen o enamoren a mujeres mucho más jóvenes, que, efectivamente, están tan encantadas con su suerte como sus papás.
Santo Domingo es el destino al que estamos abocados en este viejo país ineficiente. Ojo al dato.

Gatopardo | 08-10-2006 17:13:52

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