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Roberto Zucco

Sábado, 28 de octubre de 2006

Las voces de mi vida (13). Lluis Llach



Me recibió en su casa de Barcelona una tarde soleada de Mayo de 1981. Era una casa enorme, con balcones a la plaza de San Jaime, al lado del Ayuntamiento y frente al Palau de la Generalitat, y muy levemente decorada. Me acuerdo de un piano instalado en una de sus enormes habitaciones semivacías y unas partituras desplegadas por el suelo como gaviotas adormecidas. Me contó sus planes, sus inquietudes y sus temores sobre el futuro de Cataluña y de España. Hablamos de poesía y me confesó su admiración por Cernuda y Mati i Poll a quienes yo idolatraba por aquel entonces. El, con gran sinceridad, me confesó que no les llegaba a la altura del tobillo y recuerdo que me sorprendió esa demoledora humildad porque yo lo tenía instalado en ese mismo olimpo de excelencia. Antes de irse a clases de canto y despedirnos en una calle abarrotada, me habló también mucho de Federico Jiménez Losantos a quien hacía muy poco tiempo que le habían metido un tiro en la pierna por proclamar su feroz antinacionalismo.

Eran tiempos confusos, como todos, y yo necesitaba voces autorizadas, opiniones de personas a quienes admiraba. Lluis era una de esas personas.

Después lo encontré de nuevo en Mallorca, en donde yo presentaba un espectáculo y él uno de sus recitales multitudinarios. Hablamos unos momentos en una terraza frente al mar y lo encontré frío y un poco engolado, en una actitud diferente y algo distante. Después de aquello he sabido de él por la prensa, y tanto su música como su persona pasaron a un segundo plano de interés. Sentí, sin embargo, orgullo de haberle conocido en mañanas de soledad parisina al verle compartir programación anual con Leo Ferré, Pina Bausch y otros grandes artistas en el Theatre de la Ville, en el corazón de Chatelet. Aunque en realidad no fue nunca para mí un cantante favorito, incluso ahora me siguen gustando sus canciones y los versátiles registros de su voz. Una voz que estaba aprendiendo a cantar, como él me dijo, aquella tarde barcelonesa.

No me enganché nunca a su repertorio político directo –“La estaca” como paradigma musical de la canción protesta-, sino a esa otra vertiente lírica, igualmente comprometida con ideas y situaciones, en donde ha terminado siendo un consumado maestro: “Viaje a Itaca”, “Campanadas a Mort”... Ahí sí me entusiasmó verdaderamente, en ese registro sí que llegué a admirarle de verdad porque consiguió trascender el plano de la denuncia y componer auténticas catedrales de la mejor música popular posible, en donde me pareció encontrar aromas incluso de Mahler y otros grandes compositores clásicos. En ese punto ha sido el mejor de España, y uno de los cantantes y compositores más auténticos de la música mediterránea. Kavafis se hizo música gracias a él, y Laura Aymerich, su fiel compañera a la guitarra, a quien le dedicó una de las más bellas canciones que se hayan escrito en el siglo XX, se convirtió desde entonces en una mujer a quienes conocemos hasta los que no la conocemos en absoluto.

Ahora Lluis Llach anuncia en Zaragoza una retirada de los escenarios y de los estudios de grabación. A sus cincuenta y ocho años por lo visto se ve cansado y mermado de fuerzas creativas. Dice que le da miedo “ponerse a merced de la edad, la enfermedad y el aburguesamiento” y que por eso está dispuesto a buscar nuevas maneras de vivir. Es decir, fiel a sus ideas hasta este inesperado y precipitado final de su carrera.

Yo me lo creo, porque me parece que este hombre tiene siempre la manía de no mentir ni mentirse, pero esta tarde, pudiendo hacerlo, no iré a escucharle al Auditorio. Hay ejercicios de nostalgia que prefiero ahorrarme a estas alturas de la vida. Prefiero escuchar esas canciones en mi casa y recordarle sonriéndome entre bambalinas cuando otra tarde/noche de hace más de veinte años lo traje a esta ciudad para que las cantara ante un teatro lleno de almas comprometidas en causas coincidentes.

Recuerdo esa sonrisa maliciosa y cómplice mentras en el patio sonaban clamorosamente los aplausos.

Me hubiera gustado ser amigo suyo.

Por: Roberto Zucco | Música. | Comentarios (3) | Referencias (0)

Comentarios

Nunca tuve ocasión de conocerlo, Cheli sí.
Me hubiese gustado. Dicen que su trato depende mucho del estado de ánimo en que se encuentra. En esto todos nos parecemos, pero a un hombre público parece ser que se le exije perfección.
Me ocurre lo mismo que a ti. Los trabajos que más admiro de él son los menos protestatarios.
Sabe mal que un hombre se retire así. Igual tiene razones que desconocemos, razones de salud...
Personalmente, como artista no concibo retirarme jamás. El día que uno de ellos se retira como tal, es como si muriera.

pau | 28-10-2006 23:47:46

No comprendo porqué no se pueden dejar comentarios...
Extraño tus visitas... Escribí algo esta semana que desearía compartir también contigo...
Un fuerte beso.

P.D. A qué te dedicabas que dices"estaba ahí dando un espectáculo"...

Con Sal en los Labios | 01-11-2006 22:10:54

Querido Roberto, ¿por qué se conoce a Lluis Llach, escasamente por aquí?

no sé si alguna vez habré oido algo suyo, sin saber que el que cantaba era Ll Ll . Al escucharle, pensaré en Roberto Zucco y en cómo te hubiera gustado ser su amigo. Pensaré en las utopías, en las jornadas de días llenos de canciones, teatro y danza.

Voy a ver a Zaragoza con su Roberto Zucco caminando por su corazón.


Abraxos

Rain | 05-11-2006 23:57:41

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