Viernes, 01 de diciembre de 2006

Doha
En el tren que me lleva a Madrid. Nuevamente oigo a los Beatles, pero esta vez versionados en la voz de Sarah Vaughan. “Get Back” y otras canciones suenan a música soul, y a mi esa música nunca ha terminado de gustarme. Pero bueno. Durante el trayecto ha sonado el teléfono varias veces ( a mí me molesta mucho cuando suena el de los demás...) Entre otras personas, mi tía M me llama angustiada por una tontería. Esta mujer ha perdido el norte por completo y no hay verdaderamente quién la aguante. Desde que murieron mis padres, y en especial su hermana, se ha convertido en una especie de alma en pena que vaga por su propia casa y por las calles de la ciudad con la mirada perdida. Lo digo porque la he visto así, y me produjo una pena tremenda.
Mañana cogeré el avión hacia Qatar. Llegaré siete horas más tarde y tendré que resolver el lío horario que me voy a montar con respecto al de República Dominicana. Antes de subirme al tren hablé un momento con Isabel. La noté contenta, a diferencia de cómo se encontraba ayer por la noche. Hablamos mucho: está desubicada. Nada es ya igual en su país, en su ciudad. Pero la que ha cambiado es ella, y de eso parece darse menos cuenta. Por cierto, he decidido adelantar mi viaje hasta allí. Llegaré a Santo Domingo el próximo día 28 de Diciembre, si Iberia y la Agencia de El Corte Inglés no ponen ningún inconveniente.
Pero ahora me voy a Qatar. Algún viejo lector/a recordará que allá por Septiembre de 2005 me marchaba a Japón sin entusiasmo alguno. Como ahora. Finalmente no salí de Zaragoza porque unos dolores terribles en la espalda me estaban anunciando que mi vida iba a cambiar a partir de ese momento. De ese modo se estaba manifestando una enfermedad o lesión llamada “espondilolisteis” a la que catorce meses más tarde creo que debo agradecerle muchas cosas. No hay mal que por bien no venga, dice el dicho. Por ejemplo, que cada día (casi cada día) realice en casa unos cincuenta minutos de ejercicios (estiramientos, abdominales, etc), que no solo me han quitado aquellos dolores lumbálgicos que me tenían literalmente doblado, sino que además me han hecho adelgazar, cuidarme por primera vez en mi vida, y sentirme francamente mejor. Escribo esto último porque sé lo importante que es leer mensajes optimistas entre las personas que nos pasan este tipo de cosas, por ejemplo a Sara, y que estamos amenazados allá a lo lejos por la espada de una imprevisible cirugía y de una amenazadora silla de ruedas.
Mañana no se quedará vació el avión y segramente llegaré con normalidad a Doha, una ciudad de la que desconozco absolutamente todo y que me imagino inicialmente como muy aburrida. Encarta me sopla al oído la siguiente información: “Doha, capital y mayor ciudad de Qatar, situada en el golfo Pérsico. Posee un gran puerto artificial de hondo calado, inaugurado en 1969, que sirve como principal centro de transporte marítimo de mercancías en el golfo Pérsico. Una industria importante es la elaboradora de moluscos y pescados. Aquí se encuentran la Universidad de Qatar (1973) y el Museo Nacional (1975). Dos famosos lugares históricos son el mercado y la Casa del Gobierno (1969) Más de la mitad de la población de Qatar reside en Doha”.
Pues qué bien. Intenté comprarme una guía del país y no he encontrado absolutamente nada en ninguna librería. Voy, por tanto, a la aventura, dentro de lo que cabe. Allí me esperarán unos señores muy amables, me llevarán a un hotelazo y me abandonarán a mi suerte hasta que al día siguiente me vengan a buscar para llevarme a no sé qué cóctel. Jaime: “Lost in traslation” pero con la chica joven a quince mil kilómetros...
Como puede apreciarse de este viaje no espero nada: solo que el tiempo pase deprisa y me mantenga distraído, viendo la televisión qatarí o las mismísimas dunas del desierto.
Antes de coger el avión, ceno en Madrid en el restaurante “El Ingenio” (pronto escribiré sobre este sitio maravilloso) con mi amigo Alvaro. Fue alumno mío, le gusta el fútbol, está enamorado de una chica polaca que conoció físicamente en una situación increíble, y lucha por ser actor en este mundo del teatro español tan extraño y competitivo. Un placer, Alvarito.
Por: Roberto Zucco | Ciudades de mi vida. | Comentarios (3) | Referencias (0)
Super! que compartas -y bien pensado está- lo del dolor de espalda, ¿qué comes que adivinas que de verdad eso ayuda? No eres el único, estás en lo cierto.
Roberto, este viaje del que no esperas nada ¡yo esperaría tanto! Es curioso ver cómo todo cambia desde diferentes ópticas, y siempre dependiendo de nuestra forma de vida, experiencias y/o circunstancias. Te invito, en la medida de lo posible por esto que te digo y otras cosas más, que no perder del todo la capacidad de asombro. Hay miles de cosas maravillosas y si te las digo va a estar medio cursi (no creas que la cursilería está peleada conmigo, todo lo contrario), pero de todos modos por hoy guardaré las formas. Pero cada minuto de vida es un milagro.
Jaja! me río de mí misma, parece un pedacito sacado de un libro de "autoayuda"... simplemente así lo siento.
Chévere lo de ir a ver a Isabel antes que el 2006 termine, ¡está de amor la llama! Este es otro milagro. ¡Felicitaciones
Un beso graaaande grandote!
maty | 02-12-2006 00:59:26
Rain | 03-12-2006 07:11:11
Bueno por tercera vez voy a intentar escribir este mensaje.
Lo he enviado ya varias veces y esto se queda colgado.
Estaba de madrugada leyendo las andanzas de Zucco en ese pais de Dios o mejor dicho de Alá.
Cuando cual es mi sorpresa que por fin soy protagonista de uno.
En seguida le envie la direccion ami chica para que lo leyera.
Y se quedara estupefacta viendose alli tambien reflejada.
Un detalle Mr Zucco.
Espero que te reunas pronto con tu amada.
Un abrazo, me encantó verte y que me contaras.
Ya nos volveremos a ver y volveremos a cenar en ese magnifico lugar
Brando Junior | 07-12-2006 02:12:46
Cuando era un niño soñaba tener una casa muy grande, llena de libros y de discos. Lo he conseguido. Como pronosticaba D´Annunzio, "he sido devorado por lo superfluo". Ya entonces me horripilaban los abusos del poder, e incluso el poder mismo.
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