Domingo, 24 de diciembre de 2006
Este post, y todos los siguientes, también aparecerá en mi nuevo blog
www.robertozucco.blogia.com
1.
Un amigo me escribe: “Roberto, te felicito los días posteriores a la navidad, porque en estos no me es posible”. Con este espíritu escéptico yo solía enfocar estos días navideños, sus prólogos, sus fechas señaladas y sus epílogos. Nunca supe porqué, pero la navidad nunca me terminó de gustar, tal vez porque suponían un paréntesis en la rutina del colegio, del trabajo, de la vida normal, que es donde verdaderamente me gusta estar instalado.
Sucede, sin embargo, que este año las circunstancias de mi vida han dado un giro de ciento ochenta grados con respecto a la situación de hace 365 días. Fundamentalmente ya no están las personas con las que siempre compartí esas noches, y que, a modo de compensación, la vida me hizo coincidir con la que actualmente es mi compañera, aunque ahora se encuentra al otro lado del Atlántico. Todo esto le confiere a estas fechas un carácter de estreno de un nuevo capítulo en mi propia vida. No sé, no sé, me siento bien, aunque tristón, pero ansioso, expectante, esperanzado.
2.
Me refería antes a los prólogos. En concreto estaba queriendo hablar de las cenas prenavideñas, que suelen organizarse entre amigos del colegio que hace tiempo que no comparten pupitre, o compañeros de trabajo que actualmente comparten mal rollo o buen rollo laboral.
Este año no ha habido cena del colegio y lo siento. Desde que Emilio P. dimitió como coordinador del evento por razones que no quedaron demasiado claras, lo cierto es que ya no veo a algunas personas con las que me une un lazo invisible de simpatía. Compartir un naufragio da para mucho y volver a ver a sus víctimas es una buena terapia contra el olvido.
Sin embargo, he tenido varias cenas de las segundas. Es decir, cenas organizadas por la empresa o por círculos concretos de compañeros y compañeras del trabajo, algo que yo no solía frecuentar con anterioridad.
3
Así las cosas, el miércoles cené con Emma, Isabel, Teresa y Lucía, cuatro compañeras, queridas amigas ya, que en todo momento me trataron como “una más”, y no evidenciaron nuestra flagrante diferencia de sexo. Si antes me parecían enormemente majas, ahora estoy a la búsqueda y captura de un adjetivo que les haga justicia, y todavía no lo he encontrado. Emma me encanta: pase lo que pase, sabe estar en los sitios, mantiene una calma tibetana y todo lo que dice o hace pasa el control de calidad de la coherencia y de una sabiduría práctica que siempre me ha maravillado. Como Mayte es de Bilbao hay un primer peldaño que cuesta poco subir para relacionarse con ella. Ya en el entresuelo te das cuenta que sabe un huevo de lo suyo. En la azotea le has mirado el escote por el que asoma un gran corazón. De Isabel siempre pensé que un día la vida le dará un premio. Se lo merece por buena gente y buena profesional aunque ahora mismo atraviesa un periodo de crisis que, sin duda, va a superar pronto. Lucía fue primero una prometedora voz al teléfono. Cuando la voz tomó cuerpo y habitó entre nosotros, pude comprobar que es lista, lista, lista. Y buena, buena, buena. Y generosa, generosa, generosa. Ella sabe porqué digo esto.
4
Y hace dos días tuve la gran cena de la empresa donde trabajo de vez en cuando. La cena vino precedida por una jornada de convivencia de esas que se organizan en las grandes empresas americanas y que a algunos nos parecen auténticas bobadas. No hay convivencia mejor que irse a un bar a contarse la vida, sin animadores ni técnicas infantiloides para que “cada uno saque lo que lleva dentro”. Yo, lo que llevo dentro, lo saco sin esfuerzo alguno, excepto si me ponen un cretino a intentar sacarlo.
Por la noche cenamos, como digo, en un hotel céntrico de la ciudad. La mayoría de los comensales nos desconocíamos por completo, puesto que a lo largo de los últimos meses ha habido un importante número de incorporaciones. Gente, en su mayoría, “joven y muy preparada” en sus respectivos terrenos profesionales. Como siempre ocurre, nos fuimos acercando los corazones afines, que con un par de tragos se hacen todavía más afines. En medio de la verbena nos quedamos los escépticos, los humanistas, los que sabemos llorar de vez en cuando, los que nos pasamos el día riéndonos, los que compartimos un parecido sentido del humor, los que no nos fallaríamos nunca, los que tenemos al amor en un alto concepto, los que nos caemos de puta madre, los que cuando alguien está triste, como yo estas navidades, aparecen de vez en cuando, de puntillas, sin querer molestar demasiado, para recordarme que siguen estando ahí: además de las cinco anteriores, Javier, Eva, Isabel, Begoña, Alfonso, Angela, Elena, Paco...
Ahí mismito.
Por: Roberto Zucco | Como la vida misma. | Comentarios (2) | Referencias (0)
Las navidades, su enfoque quizás no es una de las fiestas que más me gustan, sin embargo me gusta celebrar la nochevieja y me gusta reyes, que haya un día en el que se intercambian regalos, comprendo que se puede hacer durante todo el año, cuando a uno realmente le apetece ragalar pero salvo estos dos días de las navidades.
También me gusta mucho desearles lo mejor a las personas amigas y tú aunque sea en un terreno virtual, lo eres para mi, que tengas un feliz año nuevo y que se cumpla aquello que tu esperas que se cumpla, aunque a veces con un simple quedarse como uno está y no peor es suficiente.
Un saludo
Chusbg | 30-12-2006 18:52:29
Mi estimadísimo Roberto...
Pasé por aquí a entregarte mi pedacito de corazón, destinado desde hace ya un tiempo a desearte un año venidero lleno de amor, salud y prosperidad. Y me encuentro con este post... y se me ha helado el corazón de lo bello que esta... La cena con tus amigas es la que más me ha conmovido... y si alguna vez encuentro un sólo amigo, que diga que: "En la azotea le has mirado el escote por el que asoma un gran corazón..." Te juro que me lo cargo conmigo par siempre... Eres un hombre excepcional al menos para mí, eres un hombre lleno de gentiliezas, y sabiduría, y eso lo confirmo cada vez que te leo, y no solamente por lo que escribes sino por lo que cuentas y cómo cuentas de la gente sus cosas...
Te dejo porque ando en prisas, y estoy en los preparativos de esa cena donde de seguro tu y tu esposa hubiesen sido mis perfectos invitados de honor...
Que el próximo año te llene de luz, y de prosperidad mi amigo. Un abrazo fuerte lleno de cariño en la distancia...
Con Sal en los Labios | 30-12-2006 18:56:59
Cuando era un niño soñaba tener una casa muy grande, llena de libros y de discos. Lo he conseguido. Como pronosticaba D´Annunzio, "he sido devorado por lo superfluo". Ya entonces me horripilaban los abusos del poder, e incluso el poder mismo.
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