Sábado, 13 de enero de 2007
Este post , y todos a partir de ahora, aparece también en mi nuevo blog www.robertozucco.blogia.com
Hasta las doce de la noche Las Terrenas es puro bullicio. A esa hora las nueves leyes dominicanas dictaminan que todas las discotecas y bares deben cerrarse, excepto los fines de semana que se cierran a las dos. Curiosa ley en un pais como este en donde bailar y beber equivalen a respirar. Pues bien, todos a la cama, o a seguir la juerga en la casa de uno mismo, porque se supone que así se controlan mejor los excesos y se dificulta el tráfico de drogas. Ja. Me sorprende tanta ingenuidad legislativa, porque esas cosas, de ser controlables, no se controlan solo "prohibiendo", como ya sabemos los europeos por experiencia.
Como digo, las doce suponen una frontera entre el ruido y un silencio intenso. Se acabaron las bachatas. Es verdaderamente increible: aqui se pasa de bachata a bachata. Tu vas en un taxi, por supuesto escuchando una bachata, para, y comienzas a escuchar otras bachatas cercanas o lejanas, y siempre muchas a la vez y aun volumen inimaginable. Si entras en una casa particular, está sonando una bachata, y si no, alguien canta otra bachata. Por eso inevitablemente al cabo de una semana en República Dominicana yo ya me he aprendido más de veinte. Hasta sé ya cuáles son los artistas más destacados del ramo, sus vidas y sus últimos éxitos. Creo que en el gusto desmedido por la bachata es en lo único que están de acuerdo todos los dominicanos, jóvenes y viejos.
Estábamos en el silencio intenso. Es un silencio más potente si cabe que el ruido de por el día, que ya es decir. Si acaso, a lo lejos se oye el suave rumor del mar. Nada más. Alguna vez cae la lluvia unos minutos. Nada más. Silencio.
Pero a partir de las tres de la mañana comienza lo que yo llamo mentalmente la sinfonía. Primero es un gallo cabrón que tiene la obtusa virtud de despertarme. Insiste el gallo cabrón varias veces, y tanto insiste que contagia a otro, y luego a otro, y luego a doscientos más. Qué feo es ese kikiriki de los gallos. Hoy me he dado cuenta que es un sonido absurdo, desmochado, feo de narices. Es sencillamente la expresión acústica de la única reflexión intelectual que estos bichos, destinados inevitablemente a la cazuela, saben decir: "Mira qué bien, otro día más, aquí jodiendo al personal, con la única esperanza de terminar siendo AVECREM...".
Pero la cosa no acaba aquí: lo que comenzaron los gallos lo continuan los perros. Guau, guau... dice uno, y desde la distancia le contesta otro con las mismas palabras, carentes de sentido concreto. Parece que compiten con los gallos en hablar sin decir nada concreto. Se han puesto de acuerdo, o la naturaleza les ha puesto de acuerdo: A ver quien está más tiempo diciendo cosas inconcretas y jodiendo a un servidor.
Y por último, la fauna total se despierta. Los burros, los gatos, las vacas... Ya es una algarabía tremenda contra la que no hay leyes que puedan restringirla u organizarla. Y así estoy yo, insomne y desvelado ante este ordenador, escuchando ya los primeros motores y las primeras bachatas del día.
Odio a los gallos desde hoy.
Por: Roberto Zucco | Como la vida misma. | Comentarios (0) | Referencias (0)
Cuando era un niño soñaba tener una casa muy grande, llena de libros y de discos. Lo he conseguido. Como pronosticaba D´Annunzio, "he sido devorado por lo superfluo". Ya entonces me horripilaban los abusos del poder, e incluso el poder mismo.
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